martes, marzo 05, 2013

HASTA LA VISTA, CHAVEZ




Voy a repetir lo que todo mundo está diciendo: hoy murió Hugo Chavez.
Y tengo que repetirlo tan cual, con el respeto que merece la desaparición física de uno de los personajes históricos más trascendentes de las últimas décadas, un hombre que, para bien o para mal, cambió para siempre la faceta de su país y, me atrevo a decirlo, de toda Latinoamérica. Un gobierno netamente indígena como el de Evo Morales en Bolivia no hubiera sido posible sin su hospicio; tampoco hubieran sido viables una presidencia dilatada como la de los Kirchner (quienes, por cierto, sacaron a la Argentina de la peor crisis de su historia moderna y la reencarrilaron en los rieles del crecimiento), o un Lula en Brasil.  El mandato de Chavez fue determinante para estas y otras naciones que, bien siguieron su ejemplo, bien abjuraron de su imagen y corrieron a refugiarse a los brazos de la derecha más cavernícola que encontraron (como, por ejemplo, Colombia, y ¡Ups! México)
No me atrevo a dar un juicio sumario, ni para bien ni para mal, del presidente Hugo Chavez. Ya hay suficientes analistas de bolsillo despotricando contra él o sahumándolo en las redes sociales, los medios de comunicación y en las calles. Creo que, al final, será su pueblo el que emitirá el juicio definitivo. Serán los venezolanos quienes definirán si la revolución Bolivariana que inició el recién finado es el camino correcto para ellos, o si mejor buscan uno alterno, ya sea de la guía de otras naciones o confiando en su propio juicio.
¿Qué fue un dictador? Quizá… Eso parecería según la definición clásica del término. Sin embargo, a mi parecer, fue un dictador muy atípico, pues llegó al poder por medio de una elección popular, y que se refrendó en el puesto cuatro  veces más por el mismo método. Que ganó en unos comicios a los que se considera los más vigilados de la historia moderna, y que en todos obtuvo una cómoda ventaja. Un dictador al que, hasta el momento, no se le conocen ni masacres ni genocidios, y que más bien se dedicó a utilizar los recursos naturales de su país para llevar educación y salud a los más pobres habitantes de su nación; un dictador que, si bien cerró canales de televisión y expropió medios electrónicos, lo hizo sólo después de que los dueños de estos los utilizaran para llamar a dar un golpe de estado, luego de que los comentaristas de estas televisoras dijeran, así abiertamente y sin tapujos, que había que matar al presidente. Hasta donde sé, ninguno de estos locutores fue encarcelado, torturado o fusilado.
(Ni ninguno de los dueños de estos medios).
Quizá Chavez cometió el terrible error de gobernar por casi quince años, de 1998 hasta el día de hoy (y que, eso sí, pensaba seguirse un rato más). Para muchos de los bienpensantes que ahora despotrican contra él, este simple hecho lo hace de inmediato inquilino del panteón de la infamia. Tal vez, si repasaran un poco la historia se darían cuenta de que los forjadores de las naciones actuales, los grandes estadistas que le dieron forma al mundo moderno, también tuvieron dilatados gobiernos. Ahí está, por ejemplo, Pedro el Grande, quien fue zar de todas las Rusias por catorce años; también está Federico II de Prusia, llamado el Grande no precisamente por sus medidas anatómicas, gobernante de su pueblo por más de cuatro décadas. Y si quieren un ejemplo más democrático y cercano, sólo tengo que mencionarles a Franklin D. Roosevelt, presidente por doce años de los Estados Unidos, y que ganó, al igual que Chavez, cuatro procesos electorales consecutivos.
Y es que, esa tal señorita Democracia quizá está muy sobrevalorada. En estos días es casi una blasfemia decir que hay otras formas funcionales de gobierno además  de ella, pero lo cierto es que, por lo menos en el caso mexicano, no ha sido demasiado eficaz. Luego de doce años de flamante alternancia, luego de los dos gobiernos ultrademocráticos de Vicente Fox y Felipe Calderón, nuestro país cuenta con quince millones más de miserables y  más de cien mil muertos debido a la consabida “guerra contra el narcotráfico”. Mientras que en ese periodo, en la dictatorial y bolivariana Venezuela, oiga usted, se alfabetizó a dos millones de personas en pobreza extrema, se llevó atención médica a las zonas más depauperizadas del territorio y al mismo tiempo se mantuvo la economía en superávit.
Pero era un dictador, no lo olviden.
Pienso que, en el fondo, lo que las oligarquías, las clases medias latinoamericanas, Estados Unidos, España y tantos otros no le perdonan, ni le perdonarán al Comandante Chavez es que cometió el enorme pecado de ponderar a los más humildes, a los negros, a los pobres. De empoderizarlos, de mostrarles que podían determinar su propio camino. Él mismo, mulato y pobre de origen, se atrevió a decirles que eran importantes, a ponerlos como prioridad en un país en donde, hasta el momento de su mandato, los únicos que tronaban los chicharrones eran los criollos, los rubios terratenientes, y los extranjeros. Mire usted que descaro, que insolencia, decirle a esos descalzonados que eran importantes, tratarlos como ciudadanos, y no como mano de obra barata. Eso es socavar los principios sagrados del mundo occidental y del libre mercado.
Por eso es que decimos: Chavez, qué tirano eras.
En próximos días, el pueblo hermano de Venezuela tendrá que tomar decisiones importantes. Espero sinceramente que sean las mejores para su futuro. Sólo quiero agregar que, en efecto,  y por si aún no se habían dado cuenta, me simpatizaba Hugo Chavez y me duele su muerte. Y esta postura es por una cuestión demasiado simple: siempre me ha caído a toda madre el chiquilín que se le pone al pedo al abusón de la cuadra.
Hasta siempre, Comandante.

Omar Delgado
2013











lunes, marzo 04, 2013

DE SOMBRA LLENOS LOS OJOS




Una visión de “Ojos llenos de sombra” de Raquel Castro

Podríamos afirmar, quizá aventuradamente, que Las desventuras del joven Werther es la primera novela que podría considerarse dentro de los cánones de la “literatura juvenil”. Escrita por Johann Wolfang Von Goethe, y publicada en 1774, tuvo un impacto tremendo dentro de la juventud acomodada de su época: los muchachos, arrebatados por la novela, se vestían con ropas similares a las del protagonista e incluso, en casos extremos llegaron a suicidarse en solidaridad con Werther y sus desventurados quereres.
            Sin embargo, a pesar del impacto que ocasionó esta obra, el fenómeno de la literatura juvenil no se masificó sino hasta bien entrado el siglo XX por una razón muy sencilla: todavía, hasta hace unos sesenta o setenta años, era usual que los muchachos, apenas pasando la primera década de vida fueran ya considerados hombres hechos y derechos, aptos para morir en las guerras o ejercer un oficio, mientras que las mujeres generalmente tenían a su primer hijo antes de los quince años y los seguían teniendo, uno tras otro, por otros veinte.
            La imagen del adolescente, tal y como lo concebimos hoy, proviene de los tiempos de la postguerra, cuando en la década de los cincuentas, la prosperidad que dejó la guerra en los Estados Unidos permitió que una gran parte de los jóvenes accediera a las universidades de manera masiva. Es de esa época en que surge el estereotipo del rebelde sin causa, ese chico en sus primeras juventudes, chamarra de cuero y Harley, rebosante de energía y testosterona, que con su pose altanera  hacía vibrar las entrañas de las jovencitas ─y de las mamás de las jovencitas, faltaba más─. Fue en ese momento cuando la dupla rebelión-juventud quedó unida de manera indeleble, y fue también, por supuesto, el inicio de las contraculturas. Es de ese periodo cuando provienen, por ejemplo, los beatniks y su literatura, que tuvieron eco dentro de las letras mexicanas en la corriente conocida como literatura de la onda: novelas (mayoritariamente), en donde eran frecuentes los azotes post púberes, las drogas, las primeras experiencias sexuales, los viajes iniciáticos, la incertidumbre por ese gran llano llamado Vida Adulta. José Agustín, Parménides García Saldaña, Gustavo Sainz, Eusebio Rubalcaba e incluso Óscar de la Borbolla son escritores que han aportado valiosos ejemplos de literatura en donde los jóvenes y sus problemas son los protagonistas absolutos.
A este grupo selecto habrá que agregar, por supuesto, a Raquel Castro, quien con Ojos llenos de sombra (Editorial SM, 2012),  da una revisión muy afortunada de la literatura mencionada, incorporándole, además, nuevos y muy propios elementos que hacen de su novela una obra única y fresca. Ojos Llenos… trata acerca de Atari ─sí, así se llama─, chica con un notable talento musical que recibe, de improviso, una oferta académica que dará un giro a su vida. La novela transcurre a lo largo de tres días que la protagonista se toma para decidir si va a Rusia a estudiar música por un año o si se queda en su país a continuar como tecladista dentro de la banda que dirige su hermano Mario, treintón estacionado dentro del movimiento oscuro.
            Castro, comunicóloga de profesión, con amplia experiencia dentro de la elaboración de guiones, sabe cómo crear personajes entrañables. Desde los primeros momentos de la trama el lector ubica perfectamente a Atari, a sus hermanos Mario y Luis, a sus padres y a sus amigos, mismos que forman, todos, una variopinta y disfuncional familia. Dentro de la historia, conocemos toda la circunstancia de la protagonista, desde sus amores infecundos con un darkie  hasta el misterio de su atípico nombre, pasando, por supuesto, por la cercana relación entre el movimiento oscuro y la música, la muerte de uno de sus hermanos o la relación amor-odio-amor de sus progenitores y de estos con los diferentes rostros del fanatismo ─sea el de el buenaondismo de excelencia o de las religiones evangélicas─. Ojos llenos de sombra está narrado en una voz en primera que, sin tomar partido ni hacer juicios de valor, da una saludable balconeada a muchas instituciones contemporáneas y nos obsequia, como lectores, una historia de crecimiento personal que poca relación tiene con discursos prefabricados o manuales de autoestima. Lo más notable de la historia de Atari es que su maduración proviene, más bien, del autoconocimiento y de encontrar el valor que se necesita para ser lo que uno desea ser.

Indispensable leerla.

Omar Delgado
2013

FICHA BIBLIOGRÁFICA
Sección: literatura » ciencia ficcion
EAN: 9786072405608
Editorial: SM DE EDICIONES
ISBN: 9786072405608
Formato: RUSTICO
Año: 2012
No. de páginas: 201
Idioma: ESPAÑOL
País: Mexico



viernes, febrero 22, 2013

EL SATÁNICO DOCTOR VICTORIAN



Dentro de ese gran narrativa comiquera que es la historia de México, existen múltiples personajes que la simpleza del discurso y la idealización social han encasillado dentro de los trajes de héroes o villanos. Ahí está, por ejemplo, el estoico Cuauhtémoc frente al enloquecido y codicioso Hernán Cortés; el inamovible (hasta en el peinado) presidente Juárez luchando contra el evil empire del Emperador Maximiliano de Habsburgo o el chaparrín  demócrata Madero dándole de patadas en las pantorrillas al tirano del mal Porfirio Díaz.
Por supuesto que, conforme pasan los tiempos, la revaloración de las figuras históricas se modifica. Esto se debe tanto al hallazgo de mayor información como al cambio de polaridad ideológica que sufre paulatinamente una sociedad. Así, Cortés, antes considerado un genocida criminal y primo hermano de Vlad Tepes, ahora es estudiado por sus notables cualidades como político y estratega, e incluso, por sus dotes como novelista Maximiliano de Habsburgo ha crecido como una figura de ideas progresistas que quería instaurar un gobierno funcional para México, y Porfirio Díaz en los últimos años se ha convertido en el gran modernizador del estado nacional. Actualmente gran parte de la intelectualidad mexicana considera a don Porfis el mandatario que rescató a México de la edad de piedra y que lo insertó de lleno la época industrial, y cuya labor fue interrumpida por los zarrapastrosos revolucionarios que pedían oiga usted, cosas tan sin importancia como la justicia social y la repartición de la riqueza.
Sin embargo, hay figuras que ni el más hábil de los cosmetólogos podría embellecer. Seres  capaces de crispar al historiógrafo más pragmático. Existen varios de estos especímenes en la historia nacional, pero ninguno que brille con la luminiscencia putrefacta de Victoriano Huerta.
El llamado Chacal de Lecumberri, entre otros bellos epítetos, es culpable, principalmente, de haber orquestado, junto con otros generales porfiristas y con el embajador de Estados Unidos de Norteamérica, el golpe de estado conocido como la Decena Trágica (12-22 de febrero de 1913), así como el asesinato a traición del presidente depuesto, Francisco I. Madero, y de su vicepresidente José María Pino Suarez. Más aún, también se le atribuye la autoría intelectual de otros crímenes igual de detestables, como el de Gustavo A. Madero o el de Belisario Domínguez, ambos ejecutados con una refinada malicia. Fue tan deleznable su conducta que logró lo que ningún jefe revolucionario había obtenido: la unión de todas las facciones rebeldes en su contra.
Hasta en sus fotografías, don Victoriano destila (nunca mejor dicho), maldad absoluta: bajo, moreno, con expresión de mojón seco, usando siempre unos espejuelos opacos que protegían sus ojos de las luces brillantes, dipsómano, adicto a la cannabis; el hombre es material idóneo para un drama Shakespeano, para una óperas bufa, o para crear alguno de esos sanguinarios coroneles sudistas que aparecían frecuentemente en El Libro Vaquero. Lo curioso es que, si don Vicky se hubiera manejado con más mesura, o si su facción hubiera ganado la partida al ejército constitucionalista, no sería considerado el Lex Luthor nacional, sino una de sus glorias más grandes.
Y es que Huerta fue en sí mismo un personaje notable. Nació en 1850 en la ranchería de Agua Gorda, en Colotlán, estado de Jalisco (por cierto, si quiere usted joder a algún cuate jalisquillo, puede preguntarle por el único presidente que ha sido nativo de ese estado. Efectivamente, es don Vicky), y  fue hijo de indígenas huicholes. Desde muy pequeño demostró una gran inteligencia. Cuando tenía 15 años, el general Donato Guerra llegó a Colotlán y solicitó entre la comunidad a alguien que pudiera hacer de su secretario. Victoriano, uno de los pocos que sabía leer y escribir, se ofreció, e hizo tan notable labor que el general Guerra le otorgó una beca para el Colegio Militar. Tozudo, Victoriano obtuvo notas sobresalientes al estudiar como ingeniero militar, tanto que el mismo presidente Juárez lo elogió, diciéndole durante su ceremonia de recepción, que “[…] De indios que se educan como usted, la patria espera mucho”.

(Por cierto, si quiere trolear a su amigo indigenista y EZLN fan, coméntele que los únicos tres presidentes de raíz indígena que ha tenido el país fueron Juárez, Huerta y  Porfirio Díaz)
Huerta se desempeño notablemente como ingeniero topógrafo. En 1890 fue ascendido a coronel y desplazado a combatir las rebeliones yaquis y mayas, a los que combatió con la ferocidad que luego le conocería el Apóstol de la Democracia. Su labor fue tan notable que el ejército le concedió el grado de General Brigadier, la medalla al mérito militar y lo nombró miembro de la suprema corte militar.  
Sin embargo, sus andanzas en el sudeste le hicieron desarrollar cataratas, por lo que en 1907 solicitó un permiso para ir a trabajar a Monterrey con su amigo Bernardo Reyes, en ese entonces, gobernador de Nuevo León. Hasta 1910, año en que estalla de la revolución, se desenvolvió como jefe de obras públicas, y mucho de la traza de la llamada Sultana del Norte proviene de su labor.  Cuando en 1910 estalla la rebelión, se incorpora al ejército porfirista; luego, cuando gana Madero, se pliega del lado de los rebeldes. Poco a poco se va ganando la confianza del flamante presidente al tiempo que seguía apoyando a los opositores: su cuatacho Bernardo Reyes, Félix Díaz, sobrino de Don Porfirio, Aureliano Blanquet y Manuel Mondragón, corrupto funcionario militar y padre de la starlet de la cultura Nahui Ollin.  Durante los hechos de la decena trágica, logra convencer a Madero de que está de su lado y es nombrado secretario de guerra. Y de ahí, su ascenso al salón de la infamia es de todos conocido.
Victoriano Huerta, en realidad, no distaba en sus haceres de otras figuras históricas tales como Venustiano Carranza o Álvaro Obregón (ni mucho menos de los métodos de otros prohombres actuales). Si acaso, era mucho más tosco a la hora de deshacerse de sus enemigos. Le faltaba mano izquierda. Quizá si hubiera permitido la salida de Madero y Pino Suarez a Cuba (como estaba previsto); si nomás hubiera encerrado a Gustavo A. Madero para luego suicidarlo sutilmente, o si hubiera dejado a Belisario Domínguez hablando de a loco en lugar de mandarle arrancar la lengua en el Panteón de Xoco, don Vicky hubiera quedado como el gran demócrata, (y el senador chapaneco, como el Noroñas de principios de siglo). Después de todo, y en honor a la verdad, el cuartelazo que depuso a Madero fue celebrado por prácticamente toda la sociedad mexicana: en las crónicas de la época se habla de las verbenas que se organizaron luego de que Huerta asumiera el poder. Además, los más connotados intelectuales de su tiempo, tales como Federico Gamboa, (Autor de Santa), y Salvador Díaz Mirón, lo apoyaron sin restricciones (aunque no publicaban en Letras Libres).  Con un poco más de mesura, y con una frase del tipo “haiga sido como haiga sido”, don Vicky hubiera quedado como el mandatario fuerte, el que trajo la paz luego del desmadre revolucionario, al que no le tembló la mano y el que logró la estabilidad que es tan cara para los inversionistas que vienen a generar empleos.
Pero en lugar de eso, luego de ser derrotado por los constitucionalistas, murió en el exilio, con el hígado destrozado por la cirrosis, el 13 de enero de 1916.
(Y es que Harvard aún no becaba sociópatas)

Omar Delgado

2013


lunes, noviembre 26, 2012

LA TIRANÍA DE LOS BIENPENSANTES


Pareciera que con la consolidación de la llamada democracia ─ese nuevo Tótem del cual es el más grande Tabú poner en duda su papel como el remedio a todos  los males del a humanidad─, hubiéramos dejado atrás los tiempos del oscurantismo y las visiones absolutas. Ya no existe, por lo menos abiertamente, un aparato censor centralizado que le impida al ciudadano expresarse, y con la llegada de nuevos métodos y tecnologías de comunicación como la Internet y las redes sociales, cada habitante del globo tiene la facilidad de decir lo que se le dé su rechingada gana.
            Sin embargo, esta libertad no es cierta del todo. Si bien ya no existe ese gran organismo represor del lenguaje, si han aparecido múltiples grupos y personalidades que aparentemente se han atribuido a sí mismos la potestad de pensar por el resto de la sociedad; organizaciones en apariencia bienintencionadas que se caracterizan por una intolerancia que no hubiera desentonado entre los miembros más obtusos de la K.G.B, y que se manifiesta en ese mamotreto que hemos llamado lo “políticamente correcto” o nueva moral lingüística. Este amor por no ofender a grupos y personas vulnerables se ha convertido en un verdadero lastre para el libre pensamiento y la expresión sin tapujos. Pongo dos ejemplos de los más recientes (y ridículos):
1)    Hace algunos meses, en la Ciudad de México, la compañía refresquera  Coca Cola mandó instalar unos espectaculares como parte de su campaña para promover la versión light de su producto más emblemático. En ella, una guapa chica sonreía burlona mientras con su mano mostraba una coca de dieta. Al calce se podía leer “Macho es mi novio porque pide Coca Cola Light”.  Aún no se acababa de secar la pintura de los anuncios cuando varios grupos feministas, entre las que destacaban algunas famosas actrices de teatro cabaret, se desgañitaban en contra de la campaña alegando que promovía el machismo. Evidentemente, esta serie de colectivos jamás reparó en el carácter evidentemente irónico de la frase un macho macho jamás se preocuparía por su peso; mucho menos en tomar productos dietéticos, sino que se lanzaron duro y a la cabeza contra la refresquera con una serie de desplegados, manifestaciones y demás actos públicos. Coca Cola no quiso tener más problemas y decidió retirar su campaña, ganándose el aplauso del sector aparentemente más “liberal” de la sociedad.  La nota se puede leer en las siguientes ligas: http://www.proceso.com.mx/?p=320371

2)    Desde hace algunos tiempos, En los Estados Unidos, varios colectivos LGTB buscan que los personajes Beto y Enrique (Bert y Ernie en su idioma original) del programa infantil  Plaza Sésamo salgan del closet y se unan en matrimonio. Su argumento radica en que los populares muñecos han vivido mucho tiempo juntos y que es antinatural y dañino para los niños que no aclaren la naturaleza de su relación. Ante ello, la productora de la teleserie declaró que “Beto y Enrique son mejores amigos. Fueron creados para enseñar a los preescolares que la gente puede tener buenos amigos en aquellos muy diferentes a ellos mismos”.  La información completa en la liga de abajo:
Toda esta controversia se dio obviando el hecho irrefutable de que el par de personajes no son seres humanos, sino marionetas (por si alguien no se había dado cuenta), y que su conducta es congruente a la lógica de un niño de cinco años, (Público mayoritario de Sesame Street) para quienes es pefectamente explicable que dos buenos amigos vivan juntos y hasta compartan cama sin que por ello tengan que declararse pareja o unirse en matrimonio.

Ambos casos demuestran las sinrazones hasta las que puede llegar ese mamotreto de lo “políticamente correcto”. Por un lado, grupos feministas satanizan per se la palabra macho así como hace algunos ayeres las abuelitas nos abofeteaban si nos atrevíamos a decir puta o verga, y en el otro, se quiere obligar a que dos personajes de ficción se casen sólo porque viven juntos.   Para entender lo risible de ambos planteamientos, sólo tenemos que hacer el truco de la inversión. Imaginemos por ejemplo, que una empresa de productos para deporte extremo de repente ideara una campaña que dijera: "Mi chica es toda una mujercita; usa botas para cliffhanging marca Everest". Nadie diría nada ante la aparente paradoja (es más, hasta la celebrarían).   O por ejemplo, si Beto y Enrique fueran Beatriz y Enrique y que luego de vivir por décadas en la misma casa, la iglesia católica declarara que “No es natural que un hombre y una mujer vivan juntos sin estar casados”. ¡Por supuesto que todos los grupos que ahora pugnan por el matrimonio de Beto y Enrique declararían que la Santísima Iglesia es una cueva de mentes medievales y retrógradas! (lo cual es muy cierto, by the way).
Entonces ¿Por qué lo que es aceptable para unos no lo es para los otros, siendo que es la misma actitud? Por lo políticamente correcto. Podemos perfectamente destacar y burlarnos de las sinrazones de los grupos conservadores, pero no las de los colectivos feministas o LGTB. Podemos declarar que el obispo ____________ (ponga aquí al eclesiástico deslenguado del momento), es un estúpido descerebrado, pero ni siquiera podemos pensar en hacer un juicio acerca de lo que declaró _____________ (Ponga usted aquí al intelectual de izquierdas o al activista de moda), porque se nos viene encima la tropa de bienpensantes a zapearnos con su libro de Murakami.
Pienso que en los grupos de activistas que iniciaron ambas campañas (y otras semejantes), además de los clásicos militantes acríticos y descerebrados, también hay miembros inteligentes que de inmediato se dieron cuenta de la sinrazón de su protesta  y, aún así, la continuaron. Puedo imaginar que lo hicieron pensando en la conveniencia política, en lo redituable mediáticamente que es pegarle a empresas gigantes trasnacionales, (tales como la Coca Cola o la productora Disney, dueña de los derechos de Plaza Sésamo), acusándolas respectivamente de machistas a intolerantes a la diversidad.  En ese caso, peor para ellos, pues las causas que defienden son lo suficientemente sólidas y loables como para andar haciendo faramallas sin sentido únicamente por el gusto de salir hacíendola de a tos feroz en la televisión.
Por último, considero personalmente que la primera obligación de los grupos que luchan a favor de las libertades sociales como los LGTB─, o a favor de grupos vulnerables, es mostrar tolerancia, apertura y sobre todo, un amplio cirterio (ese que a todo mundo exigen pero que en ellos es generalmente poco). Las contradicciones de muchos colectivos que en el discurso enarbolan la tolerancia, pero que en la práctica no son sino clubs de Toby, debilitan más sus causas muy válidas, por cierto─, que los haceres de sus adversarios.
Porque si no, serían como aquel ficticio capitán de submarino, caracterizado por Gene Hackman, que en alguna película palomera le decía a Denzel Washington “Estamos en esta nave para defender la democracia, no para practicarla”.
Omar Delgado
2012

viernes, septiembre 28, 2012

EN DEFENSA DE LA ESCLAVITUD


Amigo empresario, capitán de industria, comerciante mayorista, empleador de la Iniciativa Privada o del gobierno, este anuncio es para usted:
En este momento que en el  país se están discutiendo y promulgando las reformas a la ley federal del trabajo que tienen cono fin hacer de éste un país competitivo (de una vez por todas, chingada madre),  es pertinente que pongamos sobre la mesa un asunto controvertido, más no por ello menos importante: los beneficios de la esclavitud.
Sí, estimado capitalista salvaje. Si usted piensa que la presente reforma laboral es la panacea para flexibilizar las relaciones de trabajo entre usted y sus subalternos, le pedimos considerar algo: la susodicha modificación, en realidad, es muy fresa; demasiado blanda para estos tiempos de alto rendimiento en donde los Chinos, los Taiwaneses y los Hindúes nos están comiendo el mandado. Vamos… Si hasta los Brasileiros han dejado la samba y se han puesto a chambear para ponernos una zumba en lo que se refiere a generación de riqueza (porque lo que es en el fucho, ya nos la pelan). Nosotros, los mexicanos, podemos dejarlos varios pasos atrás simplemente con volver a hacer legal la esclavitud.
Sí, señor. Olvídese de la proclama del padrecito Hidalgo que finalmente, como dicen los intelectuales, estaba loquito y era un peligro para México─, olvídese de los bienpensantes que ponen el chillido en el cielo cada vez que algo hace algo propositivo para aumentar sus legítimas ganancias. Olvídese también de toda la imaginería amarillista de los barcos negreros, las plantaciones de algodón, el blues,  y las haciendas henequeneras (sí, lo admitimos, esos hombres y mujeres azotados por el látigo y reventados por el trabajo tienen algo de erótico para usted, pero olvídese de ello). Si proponemos un nuevo modelo de esclavismo para el siglo XXI tendremos múltiples ventajas, las cuales le expongo a continuación:
1)    Disponibilidad permanente de su personal. Lo sabemos, es engorroso que sus empleados tengan que venir todos los días de sus casas en la periferia y perder dos horas y media de su tiempo (mismo que podrían ocupar en trabajar para usted), en transportarse. Si en lugar de ser sus empleados, se vuelven sus esclavos, podría tenerlos en el corporativo las veinticuatro horas del día, los 365 días del año. Podrían hacerle sus auditorías o sus cortes de caja en las madrugadas de los domingos sin pedir compensación ninguna. Además, usted ya no gastaría en medios de comunicación tales como radios o teléfonos celulares para estar en contacto con ellos y regañarlos por sus errores. Basta con que vaya a sus cubículos en cualquier momento y los agarre a golpes con algún cable de impresora o barra de tablaroca.
2)    Manutención y hospedaje. Entendemos la inquietud que le surgió del punto anterior: la manutención del personal. Usted dirá: “Bueno, suena bien que vivan en el corporativo, pero ¿Dónde y cómo vivirían? ¿Cómo vivirían sus familias? ¿Dónde comerían y cagarían? En este rublo, le sugerimos que haga una pequeña inversión para construirles bonitas barracas. Puede usted utilizar, por ejemplo, el estacionamiento (que ya no se utilizaría, puesto que los nuevos esclavos no necesitan de automóvil), y utilizar las cajas de cartón de reciclaje o las maderas de los contenedores de mercancía como materiales. Todo es cosa de inventiva, que por supuesto, a usted le sobra. Con respecto a los gastos, no se apure. Podemos sugerir (o sea, ordenar) a los diputados y senadores a aprobar una ley que indique que los gastos relacionado con la construcción de las barracas sea deducible de impuestos o, mejor aún, que lo pague el propio gobierno por medio del INFONAVIT. Digo, finalmente, entre el medio metro cuadrado que le tocaría a cada nuevo esclavo en las barracas y sus chiquidepartamentos en Tecamac o Coacalco  no hay mucha diferencia.
3)    Alimentación. Con respecto a la comida, no se apure. Olvídese de comedores corporativos o de cocinetas, de tuppers con milanesas y de secretarias engullendo tortas en su escritorio, manchando el sacrosanto equipo de trabajo. Le puede comprar a McDonalds o a Domino´s Pizza los sobrantes del día y con ellos alimentar a sus esclavos. Si le preocupa que le duren más puesto que las pizzas y las hamburguesas les pueden acortar el tiempo de vida útil, puede ir a la Central de Abastos a recolectar gratuitamente la sobra de legumbre y proveerlos de las vitaminas y minerales que requieren para tener el máximo desempeño.
4)    Especialización. A estas alturas, sabemos que usted se dice: “bueno, eso está bien para cierto tipo de empresas, pero la mía es de computación/ diseño industrial/ tecnología/ ensamble de maquinaria. Yo necesito personal muy especializado y ese modelo no me sirve”. Piense por un momento en las posibilidades: en lugar de mantener un engorroso y paquidérmico departamento de Recursos Humanos, lo único que tiene que hacer es ir a recolectar al esclavo de su medio natural. Por ejemplo, si su empresa es de TI y tiene un proyecto para desarrollar un sistema operativo, puede ir a la universidad más cercana y comprar a toda la generación saliente de ingenieros en informática o licenciados en sistemas. Ganado nuevecito, listo para trabajar veinte horas seguidas por tres McTrios y un refresco extragrande. Y si acaso alguno de ellos le sale defectuoso remolón, o con intereses artísticos, bien puede vendérselo en saldo a su amigo el de la empresa de construcción para que lo pongan a cargar ladrillos y construir segundos pisos, nomás para que aprenda a respetar.  En ese sentido, prefiera usted a los egresados de las universidades privadas, quienes ya vienen adiestrados de antemano. 
5)    Multihabilidades. La reforma actual hace mucho hincapié en que el personal a contratar debe tener múltiples habilidades. Con la reforma proesclavitud que le proponemos eso se hará realidad: imagine a su personal, durante el día, realizando análisis financiero; en la tarde, preparando tortas para vender en los cruceros y por las noches recolectando latas de aluminio para vender a los recicladores. Así, el esclavo, contribuiría a su manutención (cual debe ser).
6)    Nuevas oportunidades de negocio. Y por último, aunque no menos importante: el esquema propuesto le abriría nuevas oportunidades para obtener pingues ganancias: la trata de esclavos. Imagine: en lugar de tercerizar su área de logística, bien puede venderla a una empresa especializada (de un amigo suyo), para que sean sus mismos esclavos los que le sigan trabajando al tiempo que obtiene bonitas ganancias por la operación. En lugar de las múltiples exposiciones inútiles en el World Trade Center o en el Centro Banamex, se pueden organizar grandes ventas  de esclavos en donde cada caballero de industria oferte lo mejor de su ganado. Imagínese: todos sus empleados/esclavos desnudos, en pasarela, con su curriculum vitae sobre sus partes pudendas (familias incluidas, por supuesto. Recuerde que todo lo que nazca en sus cuadras es suyo). Sólo una recomendación: para marcarlos, utilice tatuajes o hierros discretos, pues es muy incómodo ver todas las marcas que en la piel tiene uno de esos esclavos que ha cambiado tantas veces de empresa que ya hasta parece mara salvatrucha. Recuerde, la clase ante todo.
Así que, amigo empresario, no todo tiempo pasado fue peor. (es más, ningún tiempo pasado lo es), si usted nos apoya en esta reforma, váyase visualizando como esos elegantes cavaliers del sur de Estados Unidos, que plácidamente tomaban limonada mientras observaban a sus multitudes de negros recolectando algodón. Con la novísima reforma proesclavitud, olvídese de contratos a prueba, capacitaciones,  Conciliaciones y Arbitrajes, abogados laborales y otros lastres. Así, en lugar de todo ese infernal papeleo, sólo tendrá que preocuparse por el documento que realmente valdrá de un esclavo: la factura (con IVA desglosado, but of course)

Todo sea por llevar a nuestro México al Primer Mundo (aunque pasemos primero por el inframundo, pos que).

Omar Delgado
2012

lunes, agosto 13, 2012

ELOGIO DE LA CHAQUETA



Recuerdo que en alguna fiesta cierto invitado cursi afirmó que el sexo es el mejor regalo que los dioses hicieron a los hombres, que la capacidad de que dos personas acoplen sus gónadas con el puro fin de darse placer es el más bello don de la naturaleza.
            Disiento. El mejor de los obsequios que se nos dio como seres humanos no fue el sexo compartido, sino la noble capacidad de darnos placer a nosotros mismos.
            Sí, la masturbación, la hispánica paja, la provinciana puñeta, la puberta chaqueta, es la prueba fehaciente de que allá afuera, en otro plano, en el espacio exterior o en un nivel distinto de la creación, hay un dios, ángel, demiurgo o extraterrestre cabezón que nos aprecia aunque sea tantito.
             Piénselo un poco el apreciado lector: para el sexo consensuado entre dos personas, cualesquiera su sexo, hacen falta una serie de rituales al cual más tedioso; para que una persona convenza a otras de ser su compañero o compañera de lecho es necesario que siga una serie de pasos engorrosos, de trámites de la epidermis que a la larga se hacen insoportables. Desde los chocolatitos y las flores para la noviecita cándida a la que uno se piensa atornillar por primera vez hasta los laberintos de la seducción intelectual con la que los viejos faunos intentan acercarse a la ninfa o al efebo; desde las horas de repeticiones gimnásticas que tienen como fin moldear un torso y unos bíceps apetitosos hasta la demencial carrera para obtener poder y dinero con los cuales convencer al sujeto de deseo, las estrategias con las que buscamos acercarnos a ese otro anhelado son, aceptémoslo, un vía crucis pagano. Incluso las relativamente más simples, tales como contratar a alguna puta o gigoló —con quienes el intercambio es absolutamente transparente, y quizá por ello más noble—, o el más socialmente aplaudido del matrimonio, tienen su chiste, sus mínimos requerimientos: para el sexo mercenario necesitas dinero, y para la matrimoniada hacen falta todos los rituales que la sociedad exija en ese momento y lugar: los anillos, el lazo, y bailar la Víbora de la Mar sólo para que te caiga encima la prima Robustiana, que pesa como ciento cincuenta kilos y huele a ajo.
            Horror.
             En cambio, la masturbación está al alcance de todos: la pueden ejercer el teporocho y el cautivo del separo más infecto, el oficinista gris y el capitán de industria más poderoso. La chaqueta es universal, verdaderamente democrática, no restringida a ningún color de piel, credo, orientación sexual o capacidad intelectual. Es asequible a cualquiera con alguna extremidad útil y unos órganos genitales capaces de ser obsequiados con honores. Es por ello que Madame Puñette, de nombre castizo Manuela Palma, es generosa dama de compañía que se manifiesta lo mismo en la cloaca más lamentable que en el penthouse desde donde se mueven los dineros de media humanidad. El banquero, lo mismo que el ropavejero, dejan a un lado de cuando en cuando sus mercantilismos para retirarse y entrar a su privadísimo spa que les provea de ese descansito del que todos tenemos necesidad de vez en cuando.
            La verdad, todos  —y todas, dirían las feministas—, nos la jalamos alguna vez. El niño, cuando por accidente o curiosidad descubre el delicioso poder de su entrepierna, no ceja de utilizarlo sino hasta que una mamá castrosa u otra figura de autoridad lo descubre y lo reprime. “Pinche chamaco cochino, déjese ahí”, le gritan luego de darle de manazos. El infante entonces aprende una terrible lección: que lo que lo hace feliz es, al mismo tiempo, lo que lo llena de vergüenza, que un derecho tan, pero tan íntimo como el autoplacer es también la mayor de las perversiones, fuente de pelosidades en la mano y de cegueras prematuras.  Por lo tanto, relegará el ejercicio de sus chaquetas a los lugares más íntimos, al cuarto de baño, al hueco entre sus sábanas, al armario de los trebejos, a la clandestinidad. Y sólo mucho tiempo después, si tiene suerte, podrá, luego de muchas meditaciones, lecturas y experiencias, podrá liberarse un poco de la maldita culpa que le inocularon, esa que perversamente es motor de toda la sociedad en la vivimos.
            Quizá por ello, por la culpa, hemos generado ingeniosas alegorías de la chaqueta. Masturbaciones socialmente aceptadas en las cuales podemos darnos placer cuasisexual sin necesidad de que el respetable se ria o hiperventile de la impresión. Por ejemplo, el yuppie que hace rugir el motor de su Corvette en el semáforo ¿No está masturbando su ego? La reina que se pasa horas arreglándose y admirándose, o que se vanagloria de la envidia de quienes la ven llegar a la fiesta  ¿No está friccionando el clítoris de su vanidad?  El político que ante la cámara de televisión acepta con una sonrisa que sí hizo cierto delito, pero que el ilícito no es punible porque tiene fuero ¿No está metafóricamente eyaculándonos en el rostro? O los miembros de alguna mafia cultural que se la pasan escribiéndose críticas favorables y dándose premios literarios entre ellos ¿No están, en el fondo, en una rueda de masturbación conjunta, en el que el de la derecha le jala el cuello al ganso a su compañero y así hasta cerrar el círculo?
            Quizá si adoptáramos a la puñeta como ejercicio sistemático  y sin tapujos este mundo sería un lugar más habitable. Miles de psicoanalistas, psicólogos, laboratorios farmacéuticos especializados en medicina psiquiátrica y charlatanes del New Age se quedarían sin trabajo si la gente, en lugar de tener brotes psicóticos o caer en panic attacs, corriera al baño a regalarse un orgasmo; muchos conflictos cotidianos podrían resolverse ipso facto (Sí, señora, usted me chocó, pero si me la jala aquí en el coche me quedo con mi golpe), los conflictos laborales desaparecerían casi en tu totalidad (Pues mire, Godínez, no le vamos a dar la liquidación de ley, pero aquí le dejo a las licenciadas de Recursos Humanos para que le extraigan la ponzoña), e incluso la chaqueta podría convertirse en instrumento de buen gobierno (Senadora, que dice el Presidente que se ponga crema en las manos. Ya viene el líder de la cámara a pactar el presupuesto del año entrante).
            Sí, amigos, la Chaqueta haría de este mundo un lugar mejor. O quizá todo esto que digo no es sino una monumental jalada.
           

Omar Delgado
2012

domingo, julio 22, 2012

INVÍTAME A TU CAMA


 Fiestas sexuales en la ciudad de México
Photobucket

Un lugar acogedor
Elena[1], una elegante señora de cincuenta y dos años, viste de minifalda de cuero y blusa de seda. Su cuerpo aún tiene rastros de una belleza que en su juventud debió ser arrebatadora. Sin embargo, sigue linda. Lo más atractivo de ella, además de su sonrisa, es su cabello, largo y tan oscuro que se pierde entre las tonalidades negriazules de su blusa. Luego de algunos tequilas, toma la mano de dos jóvenes y los lleva a la habitación conjunta  en tanto que varios hombres más la siguen como si fuera la abeja reina. Unos minutos después, la blusa y la falda yacen sobre la alfombra mientras ella, de rodillas, chupa los miembros de tres caballeros, alternando las caricias de su boca con las de sus manos. Se le ve dueña de la situación, experta.
Uno de sus acompañantes, de cabeza rapada, vestido aún con un elegante Ermenegildo Zegna, la pone en pié y la empina. Cuando la penetra, ella suelta un gemido discreto y vuelve a atender con su lengua el pene del otro partner.  A pocos metros del trío —que en pocos minutos se volverá sexteto—, un hombre canoso, de camisa a cuadros, observa complacido mientras se masturba. Se vuelve a mí, me sonríe y con un movimiento de cabeza me invita a participar con el grupo. “¿A poco no es tremenda mi esposa, joven?”, me comenta sin que yo perciba en sus palabras algún rastro de ironía. “¡Éntrele también, ándele!”.
Nos encontramos en Swingeros, nombre de un club informal en donde se todas las semanas se realizan fiestas sexuales. En realidad, es una casa habitación que se ubica sobre una de las principales avenidas del sur de la ciudad. En el frente de la casa se tiene un local que los administradores han habilitado como expendio de tacos, en parte para disimular el giro verdadero de la casa y en parte para diversificar sus ingresos.
A Swingeros lo atiende un matrimonio que se conforma por Laura, una espigada y discreta morena, y Mauricio, al que ni siquiera su permanente sonrisa le borra la ferocidad de la mirada. A quien llega al lugar sólo le basta cruzar unas palabras con él para intuir los problemas en los que se meterá si no se comporta según las normas de urbanidad. El es el que me recibe a la entrada. “¡Qué bueno que llegaste! Pásale. Todavía estamos esperando a tres parejas”. Luego de que me revisa que no traiga ni armas ni cámaras fotográficas, le pago los trescientos pesos de la entrada.
Me invita a tomar asiento en la estancia, en dónde veo a una pareja y a siete hombres solos más. Mentalmente hago cuentas acerca de los ingresos de esa noche: dos mil cuatrocientos de los singles, seiscientos de las cuatro parejas (la que está y las tres que llegan en el transcurso de la noche), hace una nada despreciable cantidad de tres mil pesos para una sola noche. Cada semana, Swingeros hace entre tres y cuatro fiestas, lo cual hace suponer que, con una mínima inversión (algunas botellas de tequila, vasos de plástico, refrescos), Laura y Mauricio tienen una ganancia neta de más de cuarenta mil pesos al mes.

La parte baja de la casa en donde se hospeda Swingeros está dividida en tres habitaciones: la estancia, que es donde los invitados conviven y participan en juegos y bailes, y dos privados en donde las personas que quieren interactuar con otras pueden gozar de un espacio más íntimo.
Las fiestas tienen la misma rutina: los convocados llegan entre las ocho y ocho y media de la noche, conviven, platican entre sí, se desinhiben. A las 9:00 de la noche llega un show de topless y chipendale que prende los ánimos de los invitados. Luego del espectáculo, Mauricio organiza juegos —principalmente de cartas especialmente impresas para la ocasión—, en dónde los invitados tienen que someterse a diversos tipos de castigo: los hombres pronto son desnudados y las mujeres son inducidas a cachondearlos. Hay una regla de oro: nadie está obligado a hacer lo que no quiere hacer; sin embargo, muy pocos de los invitados se resisten a interactuar.
Pronto, escenas como la protagonizada por Elena se multiplican por toda la casa, en los rincones se acumula la ropa y en los botes de basura, los preservativos usados. Mauricio y Laura vigilan todo con discreción sin participar en la fiesta. Se mantienen al margen, cuidando a sus invitados. Cuando regreso por mi ropa, encuentro que todo está en su lugar: la cartera, los celulares, el reloj. La seguridad —me comenta Mauricio—, es algo que para ellos es indispensable: nadie se ha quejado de haber sido robado en el club.
La política funciona: el grupo Swingeros es uno de los de mejor fama en el circuito de fiestas sexuales de la ciudad. 

Photobucket

Las llaves del paraíso

 Las fiestas sexuales de este tipo son un producto de las que se realizan, desde hace años, en el ambiente swinger en el país. A diferencia de éste, en donde lo usual es el intercambio sexual entre parejas, en las fiestas sexuales es más frecuente el sexo grupal. Tríos, cuartetos y sexo multitudinario (especialmente en su variante Gangbang[2]) son prácticas frecuentes en este tipo de reuniones.
Sin embargo, esta clasificación no es tan rígida, pues dentro del ambiente de parejas liberales, que llegó a México aproximadamente en los años setenta y se consolidó en las décadas posteriores, también se consideran swinger los tríos, tanto de dos hombres con una mujer como los de dos mujeres con un hombre. La enorme diferencia que existe entre las prácticas swinger clásicas y las reuniones actuales es que en las primeras el factor económico no estaba presente.
En la página WEB www.swingers.com.mx, se hace referencia a un párrafo que explica a profundidad la esencia del concepto swinger:
A diferencia de "las relaciones abiertas " de los años 70 que promovieron la tolerancia a la infidelidad de los cónyuges (ÓNeill y ÓNeill, 1972), o el "poliamorío" (Wesp, 1992) - el amor entre mucha gente - Ser swinger es la actividad sexual no-monogámica, tratada como cualquier otra actividad social, que se puede experimentar en pareja. La monogamia afectiva, o el compromiso amoroso con el cónyuge o pareja, sigue siendo el punto focal. El practicar "swinging" se hace en la presencia de el (sic) esposo o compañero amoroso y requiere generalmente el consentimiento de ambos previo a la experiencia. Aunque los swingers a menudo se vuelven amigos cercanos de otros swingers, existen reglas que restringen el involucramiento (sic) emocional con los compañeros que no pertenecen a la relación. Aunque practicar el estilo swinger implica el tener sexo con otra gente además del esposo, sus adherentes proclaman que afianza la relación de las parejas sexual y emocionalmente. Quitando la secrecia (sic) y la falta de honradez inherentes en sus deseos naturales para la variedad sexual, los pares pueden explorar sus fantasías juntas, sin engaños o culpabilidad. Quitando la necesidad para el engaño en la relación, un nuevo nivel de confianza y franqueza sobre los propios sentimientos es alcanzado, supuestamente, sin el bagaje destructivo de los celos. (McGinley, 1995)[3]

En general, hasta hace unos años, los contactos entre parejas swinger se daban en clubes privados, cines XXX, bares especializado y a través de publicaciones especializadas. Dichas mecánicas de contacto no eran muy distintas a las que utilizaban —y utilizan—, otras minorías sexuales tales como los grupos lesbico-gays, travestis, bisexuales y afectos a prácticas BdSm[4].
Afortunadamente, para ellos, llegó la Internet, por lo que todos estos grupos pudieron contar con una herramienta invaluable para vivir su sexualidad de una manera más libre. Pronto se generaron páginas WEB especializadas, grupos de mensajes exclusivos, páginas de charla y demás instrumentos de difusión y contacto.
Las fiestas sexuales se han llevado a cabo en México desde hace décadas —e incluso desde hace siglos[5]—. Sin embargo, debido a la necesidad de discreción y, sobre todo, salubridad,  hicieron que estas reuniones fueran de acceso restringido. Muy pocas personas que no estuvieran ya dentro del ambiente swinger —o tuviera un conocido en él—, podía entrar a aquellos paraísos de piel y sudor. Fue hasta hace pocos años —cuando mucho cinco—, cuando gracias a la red, algunas parejas tuvieron la posibilidad de organizar reuniones de acceso menos encorsetado. Nombres como Gus y Mary, Marcela y Alex o Diosa Greca aún suenan dentro del ambiente aunque algunos de ellos ya se retiraron.
Actualmente hay múltiples grupos que organizan fiestas de carácter sexual. La oferta de prácticas también es extensa, pues existen desde fiestas de intercambio y tríos heterosexuales hasta reuniones bisexuales, homosexuales y de travestismo; también se organizan reuniones sadomasoquistas o prácticas de sexo grupal en donde una mujer interactúa con tres o más caballeros.
Sin embargo, las opiniones acerca de estos grupos son muy divergentes. La conocida sexóloga Anabel Ochoa opina que estos grupos “No son más que un padroteo y un putero”[6], pues sostiene que dichas reuniones, y algunos clubes que se asumen como “swinger”, han desvirtuado totalmente la ideología de tal movimiento.
Aparentemente, los organizadores de dichas fiestas se percataron en algún momento de la oportunidad de negocio que representaban los miles de singles ansiosos de participar en una fiesta de índole sexual. En dichas reuniones, donde es obligatorio el pago por derecho de participación, priva la modalidad conocida como gangbang, ya mencionada en líneas anteriores.
Para cualquiera que desee ir a alguna de estas reuniones, el camino es sencillo. Sólo tiene que tener una cuenta de correo electrónico pública (ya sea en los servidores Yahoo!, Google o Hotmail), y con ella inscribirse en algunas de las páginas de grupos especializados de dichos servidores.  Una vez hecho esto, pronto le llegará un mensaje como el siguiente:
PATY PRIMOROSA  
Y
PAREJAS MEXICO
  
  
TE INVITAMOS A SER PARTE IMPORTANTE DE NUESTRAS YA TAN GUSTADAS TARDEADAS DE MARTES EN DONDE TODOS, LO MENOS QUE SE LLEVAN ES UNA CARA  SATISFACCION QUE ES IMPOSIBLE DE DISIMULAR. 
NOS CAMBIAMOS DE DOMICILIO DEBIDO A QUE YA NO CABEMOS EN EL DEPARTAMENTO Y QUIENES HAN IDO NO ME DEJARAN MENTIR, ASI QUE POR COMODIDAD Y TAMBIEN MAS SEGURIDAD CAMBIAMOS LA SEDE.  
CONFIRMADAS 5 CHICAS PARA ESTE DIA Y POR SUPUESTO YO.

Y UNA SOPRESITA PARA TODOS !!!!!!!!!
TE ESPERAMOS VEN Y CONOCEMOS

LA CITA ES EN: 
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
A LAS: 
5:00 PM

COOPERACION  
$250.00

PAREJAS Y CHICAS SOLAS 
GRATIS  
RESERVA TU LUGAR AL NÚMERO
  
      PATY:             XXX XX XX XX XXXX 
                                                               ARMANDO:    XXX XX XX XX XXXX 
      ODETT:          XXX XX XX XX XXXX
  
CUALQUIER DUDA, ACLARACION, COMENTARIO,  
 O LO QUE QUIERAS,   
LLAMAME!!!!
  
"""" NO CONTESTAMOS MENSAJES DE TEXTO """"  
POR FAVOR LLEVA TUS CONDONES SON ARTICULO DE PRIMERISIMA NECESIDAD
  
TU AMIGA DE SIEMPRE
PATY PRIMOROSA[7]

El mensaje contiene todos los datos que el asistente necesita para asistir a la reunión. Puede presentarse en el lugar o, si tiene alguna duda, llamar a los teléfonos que se indican en él. 
Una vez que llega al lugar, algún grandulón malencarado le abrirá la puerta y le pedirá la “cooperación”, la cual está bien indicada en el mensaje de correo que previamente le llegó.  El interesado, entonces, esperará un rato hasta que lleguen los demás convocados. Para aligerar el tiempo, bien puede ir a darse una ducha al baño, o bien puede servirse un trago en la improvisada cantina que está en alguna de las mesas del lugar. A un tiempo, llegarán las anfitrionas vestidas para la ocasión: negligés, lencería con encaje, baby dolls. Luego de algunos juegos, el invitado tendrá relaciones tantas veces como lo permita su anatomía y su constitución.
En el ambiente de las fiestas sexuales en ocasiones no es tan sencillo diferenciar la línea entre lo puramente recreativo y lo ilegal. En muchos casos, el interés pecuniario de algunas parejas o grupos coincide con la necesidad de explorar su sexualidad de manera libre y diversa. Este fenómeno se muestra en los dos casos que se muestran a continuación.

 Photobucket

La capital del sexo
El hotel Senador, que se encuentra en la colonia Doctores, a una cuadra del monumento al lacónico general Cárdenas, es un inmueble construido en los años cincuentas. En sus instalaciones, ya mordisqueadas por la humedad y el descuido, se le notan pretensiones de hostal de gran turismo: alfombras que en su tiempo fueron rojas, paneles de madera, elevadores, barandales de caoba en las escaleras. Está ubicado en una de las zonas con más índice de criminalidad en la ciudad de México. Sin embargo, casi todos los días de la semana —y especialmente los viernes y sábados—, su estacionamiento está repleto de automóviles que van desde el taxi ecológico hasta la SUV Mercedes Benz. La causa de tan variopinta afluencia radica en que el Senador se ha convertido en la sede de por lo menos media docena de grupos que organizan fiestas sexuales.
Esa tarde de diciembre llego a la recepción y por “el cuarto de Grecia”. El empleado me cobra ochenta pesos y me indica un número de habitación. Me recibe un tipo rechoncho con camisa hawaiana y cuyas anchas esclavas hacen juego con el oro de sus molares. Me palmea la espalda mientras me cobra los consabidos doscientos cincuenta. “¡Quiúbo, cabrón! ¿Eres nuevo? Pásale, que ya mero salen las muchachas”.

A sus espaldas, en la otra pieza de la habitación, hay dos mujeres acostadas en la cama. Me ven con desgano. Pienso que la expresión de sus rostros y su actitud es idéntica a la de las sexoservidoras que atienden en las múltiples casas de masajes de los alrededores.           Dentro de la otra pieza hay dos hombres más: un joven yuppie de traje gris y un cuarentón de camisa raída y brillantina en el cabello. También se encuentra otro de los anfitriones, vestido casi igual que el que me recibió, sólo que más viejo. Cuando salen las “muchachas”, tengo que reconocer que son mucho más guapas que el promedio de las asistentes a otras fiestas. A cada una le asignan a dos de nosotros; a mi me toca estar con una norteña alta y de senos generosos que gime cuando le beso el cuello. “Pero suavecito, que soy sensible”, me dice cuando le acaricio un pezón y comienza la alegría. Mientras interactúo con ella, tengo que reconocer que Afrodita y Alma[8] son más apasionadas y amigables que las mujeres con las que me he topado en otras reuniones. “Mira… Es que una es secretaria de acá de una oficina y la otra creo que trabaja en estudios de mercado, o algo así”, me aclara luego Christian, el hombre que me recibió. “Neta que nomás lo hacen por gusto. Además se ganan una lanita entretanto”.
Charlo un rato con el anfitrión mientras nos recuperamos para el recalentado. Me comenta que colaboraba con otra pareja conocida en el medio, Mayela y Manuel, pero que decidió independizarse. “…Es que el pinche Manuel es bien clavado con la lana. Nomás me daba bien poquito, y a las chicas, también. Cien baros nomás”.
Me comenta que su esposa quería asistir, sólo que motivos mensuales se lo impidieron. “Ayer que me enseña la bandera roja, May. Así mejor ni moverle. Si vienes la próxima semana te la presento para que estés con ella”
“Interactuar”, “servicio”, “privado”, “chicas”. Es notable lo parecidos que son los códigos de las fiestas y los de la prostitución establecida. Sin embargo, cuando se lo hago ver, Christian me replica con énfasis. “¡No!¿Cómo crees? Si nuestra tirada es nomás crear un grupo de amigos, así íntimo, y hacer reuniones. Esto lo hago por mi esposa, [pues] a ella le gusta mucho este desmadre”.
Veo a Cristian y finjo estar de acuerdo con él. No sabe que he hablado anteriormente con Manuel, su ex socio, y que he tomado nota de lo similares que son las justificaciones de ambos “A ella le gusta. Sólo somos un grupo de amigos”. Me pregunto si cualquiera de los dos consideraría amigos a quienes se nieguen a pagar la tarifa establecida para gastos de recuperación.
            En ese momento, desvío la mirada y me topo con Alma. Su cuerpo, de 1.50 de estatura, parece moldeado por algún dios alfarero; su piel brilla por el sudor y sus labios vaginales tienen la apariencia de dátiles recién cosechados. Me sonríe.
            Doy por concluida la entrevista con Cristian.

 Photobucket

Mi esposa es mi negocio
Mayela decide darse un baño frente a mí. Deja la puerta de la regadera abierta para que pueda admirarle el cuerpo menudo, aún firme y sin marcas de maternidad a pesar de sus dos partos. El vapor comienza a llenar la habitación. Le pregunto si no le molesta que el agua esté tan caliente y ella lo niega con un movimiento de cabeza. Se lava con un estropajo de guaje, tallándose la epidermis hasta enrojecérsela. Se enjuaga la espalda y queda de frente a mí. Puedo verle las dos serpientes que le nacen en el ombligo para enroscársele en las piernas y que están  dibujadas con esos trazos verdosos e irregulares  que son tan característicos de los tatuajes de prisión.
“Manuel y yo tenemos dos hijos”, me comenta al tiempo que sale de la ducha. Lleva una toalla del hotel en la cabeza y el cuerpo desnudo a pesar de que su marido se encuentra a pocos pasos. “El mayor ya tiene casi quince ¡Ya me pasó de estatura!”. Se coloca frente al espejo para secarse los pies, haciendo que sus bonitas nalgas queden a pocos centímetros de mi nariz. Me dan ganas de acariciarlas otra vez, bajarme el cierre y penetrarla y así, darle otra excusa para ducharse nuevamente, pero me contengo. “Llevamos quince años de casados”, continúa. “Jamás hemos tenido ningún problema serio como pareja”. Mayela me ve desde el espejo y sonríe, pícara. Sabe que me ha puesto en un predicamento. A pesar de que acabo de hacerle el amor, su desenfado me sigue excitando. Se ríe. “Si no  tuviéramos que irnos ya, me echaba un privado contigo”.
“Privado”  Ese vocablo sólo lo he escuchado en las bocas de teiboleras y masajistas. Es raro escucharlo en una mujer que afirma  organizar fiestas sexuales por gusto. Sin embargo, al platicarme la rutina de sus últimos dos días, comienzo a dudar seriamente que ella y Manuel lo hagan sólo por gusto. Mayela y Manuel llegaron al Senador aproximadamente a las cuatro de la tarde del día anterior. En la habitación ya los esperaban cinco caballeros que habían contactado previamente vía correo electrónico. Luego llegarían cuatro más. Una vez que estuvieron todos reunidos, Mayela y otra chica (cuya identidad me reservo), tuvieron sexo con los nueve invitados hasta la hora de la cena.
Una vez que acabó este primer evento, Mayela, Manuel y Ulises, amigo de la pareja,  comienzan a ordenar la habitación: tienden la cama, esparcen aromatizante y habilitan el lavabo con botellas de tequila, refrescos y vasos deshechables. Se apresuran, pues a las diez de la noche inicia el segundo evento del día: una fiesta swinger. Comienzan a llegar parejas de todas las edades, hombres solos y una o dos mujeres sin compañía. Luego de un rato, cuando ya se juntó una buena concurrencia, Manuel organiza una actividad que no es sino una variante del juego de las sillas en versión de adultos. Los hombres, desnudos, se sientan en diversos puntos de la habitación mientras las mujeres asistentes, en ropa interior, hacen una ronda al ritmo de la música. Cuando esta se interrumpe, cada una de ellas se sentará encima de uno de los asientos humanos. Pronto, los ánimos se caldean, inician las caricias, los besos furtivos, las manos por debajo de la tanga.
 El juego llega a su fin y aparece un stripper que se comienza a contonear frente a las damas. Ellas, ya excitadas, lo acarician mientras él se mueve al ritmo de regeeatón. Finalmente una cincuentona, de cabello recogido, le baja la tanga y le pesca el miembro con la boca.
Todas las demás siguen su ejemplo con el primer hombre que tienen a mano. En pocos minutos, las dos camas de la habitación son un hervidero de manos, nalgas, senos, penes, pies y pelambres. Mayela, quien ha participado en los juegos bajo la mirada complaciente de su marido, es atendida por tres individuos en un sillón. Manuel se recrea un poco la mirada, luego se desnuda y se une a un trío cercano.

“Me da gusto que hayas venido hoy”, me dice Mayela mientras se viste. Al lado se encuentran las ropas que utilizó en la reunión de la noche anterior: un disfraz de catwoman hecho de plástico y un baby doll de encaje. Ve el reloj y se apresura.

El segundo evento de Mayela y Manuel terminó ya entrada la madrugada. Una vez que el último invitado se fue, se dispusieron a dormir unas cuantas horas. Debían descansar, en especial ella, pues a las diez de la mañana habían citado a otro grupo de amigos. Luego me explicaría Manuel que “A Maye se le antojó un ganbang mañanero”.

Esa mañana de sábado estuvimos cuatro hombres con Maye: Manuel, Ulises, un invitado vía Internet, y yo. Ella nos atendió sin quitarse el baby doll, recibiendo nuestros miembros alternadamente. Mientras uno la penetraba por atrás, otro le colocaba el pene entre las manos al tiempo que Manuel le dejaba el suyo al alcance de la boca. En tanto, el cuarto —impaciente por participar—, se masturbaba al lado para no perder la erección.  Para ese momento, Mayela había recibido un promedio de entre quince y veinte miembros en menos de veinticuatro horas, la mayoría de perfectos desconocidos. Aún así, la amable mujer seguía moviendo sus afanosas caderas sin mostrar cansancio.

“¿Vas a venir la semana que entra?”, me pregunta Mayela, ya perfectamente vestida con una blusa de algodón y unos jeans que la hacen ver como cualquier ama de casa clasemediera. Al verla, nadie se podría imaginar lo agitado de sus horas anteriores. “Nosotros ya nos vamos: tenemos que llevar a los niños a pasear”, me comenta con algo de fastidio. “¿No te has cansado?”, le pregunto. “Sí, pero… ¿Qué le podemos hacer? Hay que atenderlos también”. Me da un beso en la mejilla que siento sincero y va a encontrarse con su marido al estacionamiento.
   
Photobucket


Conclusión. El lenocinio Light
Ciertos grupos que organizan fiestas de carácter sexual navegan por el filo de la ilegalidad. A pesar de que, en los casos expuestos, la participación de las mujeres se da sin coerción aparente y con pleno consentimiento, el código penal del distrito federal estipula que cae en el lenocinio quien:
“ I. Habitual u ocasionalmente explote el cuerpo de una persona u obtenga de ella un beneficio por medio del comercio sexual.
 II. Induzca a una persona para que comercie sexualmente con su cuerpo con otra o le facilite los medio para que se prostituya, o
III. Regenteé, sostenga o administre prostíbulos, casas de cita o lugares de concurrencia dedicados a explotar la prostitución, u obtenga cualquier beneficio con sus productos”[9]
Tomando de manera literal la letra de la ley, se llega a la conclusión que los organizadores de dichas fiestas incurren en este delito, arriesgándose a una pena de entre dos y cinco años de cárcel. Sin embargo, debido a las características de los grupos que organizan dichas reuniones, es difícil aplicar las sanciones correspondientes. La frontera entre las prácticas sexuales libres y la abierta comisión de delitos tales como la prostitución de menores o el lenocinio sigue siendo muy difusa. Aunque finalmente, el libre albedrío, el derecho a decir No, es lo que finalmente diferencía una reunión swinger legítima de una práctica ilegal.

Omar Delgado
2008



[1] Todos los nombres propios que se mencionan en este artículo han sido cambiados para proteger la privacidad de quienes son mencionados en él.
[2] Wikipendia la define como: “[…] Un tipo particular de orgía en la que un individuo, hombre o mujer, mantiene relaciones sexuales con varias personas por turnos; esto puede llegar a incluir a indefinido numero de participantes.”
[3] Bergstrand & Williams, Today's Alternative Marriage Styles: The Case of Swingers, Electronic Journal of Human Sexuality, Vol.3, 10 October 2000.
[4] Bondage & Sadomasochism. En general, prácticas sadomasoquistas.
[5] Recordar el famoso episodio de los 41 homosexuales detenidos en animado convite, el 17 de noviembre de 1901 durante la presidencia de Porfirio Díaz.
[6] http://lavisiondelciudadano.tripod.com/LaVision/2005/CI01FEB05.htm
[7] El mensaje ha sido editado con el fin de proteger la confidencialidad de las personas implicadas en él. También se ha manipulado el tamaño de la fuente de los caracteres. Todo los demás elementos se han copiado de manera literal.
[8] Los nombres de guerra de las damas.
[9] Artículo 189 del Código penal del Distrito Federal. Versión electrónica consultada en: http://www.paot.org.mx/centro/codigos/df/pdf/cpdfn.pdf