sábado, julio 11, 2009

HORNY OBAMA

Siempre he confiado más en la persona con vicios manifiestos que en aquella que se da baños de pureza.

Es por eso que, de alguna manera, me tranquilizan estas fotos en donde se ve al mismísimo Barak Obama -y a narigón de Nicolas Sarkosy-, dandole un scanning a las nalgas de una suculenta jovencita brasileña.
¿Qué me indica tal desliz? Que Obama es sensible a la belleza y al llamado de la piel, y que eso le da un conocimiento de lo humano que no tienen aquellos que -dicen-, jamás se dejan llevar por sus impulsos.
Eso me hace pensar que el actual presidente de los Estados Unidos es una mejor persona que el etílico y fanático George W. Bush o que el acomplejado Felipe Calderón, quienes seguramente verían tales prodigios de la naturaleza -las nalgas de la morra-, con recelo, e incluso, con temor.


Obama Girl 2

Aquí, Barak y Nicolas observando las suculentas Bundas.


Obama girl 1


Aquí se ve a Mayara Tavares, dueña de esas maravillas, al lado del presidente Lula.

Omar Delgado
2009

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jueves, julio 09, 2009

MUERTOS QUE BAILAN



Recuerdo con claridad la primera vez que vi del video de Thriller, en un ya muy lejano 1985. A partir de entonces, y a pesar de las limitaciones cromáticas del cinescopio de la televisión de mi abuela, los desaliñados difuntos que lo protagonizaban se me quedaron bailando en la memoria: muertos aeróbicos que danzaban con brío a pesar de su condición putrefacta, que saltaban aún con el riesgo de que por el impacto se les desprendiera un brazo, que pelaban los amarillos dientes mientras se cernían sobre una inocente y suculenta negrita, encabezados ellos por un hombre que por esas épocas ya comenzaba su lenta transformación en Peter Pan: Michael Jackson.

¿Qué se puede agregar acerca de la figura del cantante, luego de su muerte? ¿Qué más puedo decir que no hayan dicho la miríada de bloggers, columnistas, comunicadores o simples chismosos que han comentado algo acerca de él? Casi nada. Lo cierto es que el autodenominado Moonwalker era, desde mucho antes de su deceso, una figura icónica de esta época, tanto por su innegable talento como por su turbulenta vida personal. Michael Jackson pasará a la historia por haber interpretado algunas de las canciones más emblemáticas de fin de siglo y por su dolorosa existencia, expuesta sin tapujos al escarnio público. Seguramente muchos pepsicólogos y pepsiquiatras ya estarán dilucidando los múltiples y enormes traumas del músico nacido en Indiana, su evidente no aceptación, su proverbial odio hacia la imagen que le lanzaba el espejo, sus enfermizos intentos de dejar de ser aquel negrito bailarín, de bastón y con bombín, del que hablaba Crí Crí. Seguro ahora muchos hacen leña de sus gustos eróticos ―deleznables, por supuesto―, de sus matrimonios de merengue o de la manera en la que –se dice-, concibió a sus tres hijos. Es probable que, en unas semanas, su insaciable familia, esa que se cansó de explotar su talento infantil, ahora pretenda embalsamarlo con el fin de habilitarlo de atracción principal en ese patético mausoleo- parque temático que es Neverland.

Sin embargo, hay que recordar que, antes que todo ello, en un tiempo anterior incluso de cuando el respetable se enterara de las madrizas que le acomodaba Mister Jackson Sr., hubo una imagen que se nos quedó en el inconsciente, una más entrañable y cálida que el gamberro que cantaba Bad o el protoelfo que se declaraba indeciso entre el Black or White: la del virtuoso danzante que, en ese ya muy lejano 1985, contagiaba con su ritmo hasta a los mismitos difuntos.

Omar Delgado
2009

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martes, julio 07, 2009

REVISTA INTRAVENOSA. NÙMERO 2

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Se les informa que nuevamente un grupúsculo de pacientes del pabellón de Creación literaria del sanatorio psiquiátrico de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (U.A.C.M) ha perpetuado un atentado al buen gusto y a la cultura universal.

Ha salido el número 2 de la Revista Intravenosa -Literatura Subcutánea-

Píquenle aquí para que lo descarguen.

Omar Delgado
2009

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lunes, julio 06, 2009

VLAD TEPES REX

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Reseña de El año de drácula, de Kim Newan


Año 1888. Tres años han pasado desde el arribo del Démeter —junto con su siniestra carga— a los muelles Londinenses. Luego de vencer a Abraham Van Helsing y de clavar su cabeza en una pica, Drácula se ha apoderado del trono de Inglaterra al seducir —y transformar en no muerta—, a la reina Victoria. Ahora la Gran Bretaña es un territorio en donde malamente conviven los humanos y la progenie del hematófago, cada vez más numerosa. En tal escenario, en Whitechapel, comienzan a aparecer cadáveres de vampiras asesinadas con salvajismo por un personaje del que sólo se conoce el apodo de Cuchillo de Plata. Los crímenes ponen el vilo la estabilidad de la naciente sociedad, por lo que Geneviève, una vampira de cuatro siglos de edad, une sus esfuerzos a Charles Beauregard, miembro del poderoso y sombrío Club Diógenes, para detener al asesino.

Con tal premisa se desarrolla El Año de Drácula, del autor británico Kim Newman (Londres, 1959). De primera impresión, la novela podría inscribirse en el sub género de la ucronía, es decir, del desarrollo de una realidad alternativa derivada de un hecho histórico ficticio, tal y como podría ser la victoria de las potencias del Eje en la segunda guerra mundial —de cuya premisa nació la genial El hombre en el castillo de Philip K. Dick—, o la derrota de los independentistas de las trece colonias.

En este sentido, Newman lleva al extremo las mecánicas de la ucronía al mezclar universos diegéticos totalmente ficticios —como el de la novela Drácula, de Bram Storker, o las creaciones de Sir Arthur Conan Doyle—, con la realidad histórica del Londres de finales del siglo XIX. El resultado es una muy agradable y lograda narrativa en donde lo mismo conviven Oscar Wilde con el Doctor Moriarty; John Reed con Fú Man Chú; el Conde Orlock con la Reina Victoria o Carmilla con Sir Bernard Shaw.

El autor escribe —y logra con creces—, una novela sin pretensiones, con ánimo lúdico, narrada con una pulida tercera persona, en donde desarrolla de manera creíble todas las implicaciones de la inserción de los vampiros en la vida cotidiana. Newman jamás promete otra cosa que no sea una entretenida historia de aventuras, por lo demás de resolución bastante predecible —aunque consistente—, llena de peripecias y de guiños cómplices al lector del género. El oficio de Newman se demuestra en el hecho de que, a pesar de que el lector sabe desde casi el principio la identidad del asesino, no le pierde interés a los acontecimientos narrados.

Quizá lo más valioso de El Año de Drácula sea retrato que la obra hace de la integración de dos sociedades tan distintas como los humanos y los nosferatus. (que se puede trasponer a cualquier choque violento de dos núcleos humanos, tal y como ocurre con las conquistas militares o con las migraciones masivas). Newman narra, con plena verosimilitud, el cómo los chupasangre se van asimilando a la sociedad inglesa, el cómo su llegada da como resultado el surgimiento de nuevas clases sociales —los Neonatos, vampiros recién convertidos, contra los Antiguos, o los risibles Góticos—, las implicaciones que derivarían de obtener, así de repente, la vida eterna; la resistencia de ciertos núcleos humanos ante los recién llegados y la persistencia de ciertas emociones humanas —tales como la dignidad, el honor o las querencias—, aún en los vampiros más viejos.

En resumen, El Año de Drácula es una magnifica excusa para escapar un poco de esta realidad tan llena de crisis globales y golpes de estado —militares o electorales—. Por supuesto que su blog de confianza , en apoyo a la economía popular, lo pone a su disposición free of charge.

Sólo píquele por acá, y comience a leer.


Omar Delgado

2009


Datos


Autor: Kim Newman
Editorial / Colección: Timun Mas / Fantasía Terror
Género: Terror
Edición: Rústica
Año Publicación: 1999
Ilustrador:
Traductor: Jaime de Marcos Andreu
Diseño o fotografía de portada: Víctor Viano
ISBN: 84-480-4207-7
Idioma: Español



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martes, junio 23, 2009

VISIONES DEL INFIERNO (Segunda parte)



Huys infierno

Infierno. Pieter Huys

Si deseas ir a la primera parte de este ensayo, pulsa aquí

Infierno en las tradiciones judía e Islámica

Fuera de algunas culturas, tales como la sintoísta y la egipcia, casi todas las civilizaciones imaginaron inframundos que, si bien lóbregos, no llevaban un reproche y un castigo por el comportamiento en vida, tales como el Hades, el tártaro, el hel o el Mictlán. Tan ilustres aposentos no alcanzan la categoría de infierno, al no haber una intención explícita de castigo. La morada infernal, ya con su carga conceptual, es un producto del auge de las religiones monoteístas.

El concepto de la vida después de la muerte dentro de la cultura judía va teniendo una evolución, desde una simple morada de los muertos, hasta un lugar de permio o castigo dados en consecuencia a los actos. En el Deuteronomio (32:22) se hace referencia al Seol como simple morada de los muertos. Este concepto cambia en el transcurso de los siglos, hasta llegar al Gehenna. En algunas partes del antiguo testamento también se hace referencia al Hades grecolatino; con respecto a las penas sufridas en él, no se consideran como consecuencia de una entidad diabólica que funja como verdugo, sino producto del remordimiento y el reproche, de la falta de luz divina o de la “Vergüenza y confusión perpetuas” (Daniel 12:2). El castigo es la culpa y la recriminación propias. (Algo así como una eterna sala de espera de consultorio psiquiátrico)

En los tiempos del nacimiento de Jesús, el concepto de la Gehenna ya es claro. La palabra hace referencia al valle de Ge Hinomm, ubicado al norte de Jerusalén; en este lugar se encontraba un santuario al dios Moloch, a quien se le rendían sacrificios humanos. A principios de nuestra era el lugar era usado como basurero por los habitantes de la ciudad. Dicho valle pasó a ser, para los contemporáneos de Cristo, sinónimo de lugar maldito y baldío, recinto de abominaciones y actos perversos.

Los musulmanes, herederos de las doctrinas hebraicas y cristianas, prácticamente tomaron el concepto del Gehenna del judaísmo, agregándole algunos tintes presentes en el cristianismo primitivo. Si bien su infierno era el de los hijos de Abraham (Con el mismo nombre, aunque algunas fuentes lo llaman Hutamá), los castigos que en él se impartían eran más externos, más virulentos, tal como los tormentos del infierno cristiano, tal como se ve en las referencias a él en el Corán:

“¡No! ¡Será precipitado, ciertamente, en la hutama! Y ¿cómo sabrás qué es la hutama? Es el fuego de Allah, encendido, Que llega hasta las entrañas. Se cerrará sobre ellos en extensas columnas.” (Corán 104 : 4-9)

“Ese día, unos rostros, humillados, preocupados, cansados, arderán en un fuego abrasador. Se les dará de beber de una fuente hirviente. No tendrán más alimento que de ‘dari’, que no engorda, ni sacia.” (Corán 88 : 2-7).

Como se ve, eran igual de hospitalarios para con los pecadores. Tal vez la única variación pintoresca consistía en que los bienaventurados del Edén islámico podían regocijarse viendo los castigos de los condenados. (Paraíso sin Blockbuster no es paraíso del todo).




Muerte eterna

Infierno. Autor no identificado.


El infierno cristiano


Contra lo que pudiera creerse, el Jesús de las escrituras es el que da referencias más directas al Gehenna; inclusive, se observa que en sus sermones habla más del lugar de castigo a los pecadores que del paraíso de los justos. Cristo se refiere a dicho lugar como el “lugar donde el fuego nunca se apaga” y “donde el gusano de ellos no muere” (Marcos 9:48), un lugar de “Lloro y crujir de dientes” (Mateo 13:42), en donde el sufrimiento es más por el hecho de que sus habitantes están “echados afuera” (Mateo 8:12), “excluidos de la presencia del Señor” (Tesalonicenses 1:9).

El Jesús de las escrituras no se aleja mucho del concepto judío. Sin embargo, el catolicismo después de Pablo comenzó a adquirir características propias, alejadas de la religión-madre. Uno de los factores que hicieron al cristianismo una religión “innovadora” con respecto a las anteriores fue su valorización del sufrimiento y del dolor, el haber …” transformado el dolor, de estado negativo, en experiencia de contenido espiritual positivo. La aserción vale en la medida en que se trata de una valoración del sufrimiento por sus cualidades salvadoras[i] Si bien, ninguna cosmogonía anterior al cristianismo consideró al dolor desprovisto de significación, el cristianismo lo reconceptualiza como algo ordenado y permitido por Dios. Si bien para los antiguos el dolor (En el amplio concepto) era causa de númenes o espíritus, el cristiano lo ve como algo deseable, que le ayuda en su perfeccionamiento y purificación. Este concepto afectaría en su visión tanto de la vida después de la muerte como en su conceptualización del reino de las tinieblas.

Es en épocas posteriores a Jesucristo, cuando la doctrina cristiana deja de ser una secta judaica para convertirse en una religión en forma, es cuando también toma posesión de su propio infierno; que si bien está basado en el Geheena, tiene sus características muy particulares. Una de las primeras referencias que se tienen acerca de tan ilustre lugar proviene del Apocalipsis de Pedro en el siglo II D.C. , el cual cita un lugar en donde “... Algunos condenados estaban colgados de la lengua: eran aquellos que habían blasfemado contra la justicia, y tenían bajo sus pies un fuego cuyas llamas los atormentaban... Y en otro lugar había piedras más afiladas que espadas, calentadas como ascuas de fuego, sobre las que los hombres y mujeres cubiertas con harapos eran arrastrados con gran tormento... Junto a ellos había unas muchachas sin más vestido que las sombras, las cuales eran cruelmente castigadas y sus carnes desgarradas en pedazos. Son aquellas jóvenes que no supieron conservar su virginidad hasta el momento de ser entregadas en matrimonio... “ Aquí ya se le ven características bien definidas, tales como la intencionalidad como lugar de tormento; la índole del castigo, inflingido por entidades externas y sádicas, aunado al propio castigo interno; la diferenciación de este lugar con respecto a otros recintos inframundanos tales como el limbo (donde residen las almas de los no-bautizados), el purgatorio o el paraíso mismo. El concepto adquiere un carácter cosmogónico distinto: al ser el sufrimiento deseable, los cristianos se imaginan un “semi-infierno” o purgatorio en donde se puedan purificar de los pecados bienales para después ascender al paraíso. El infierno, con su horrorosa eternidad, estaba destinado a purificar no al alma del pecador individual, sino a toda la humanidad, a cambio de las almas de los individuos más perversos de la misma.

Ya en la alta edad media (Siglos IV al XI), se hablaba del infierno en europa como un concepto común y cercano, así como de sus moradores; inclusive se forma la idea de toda una población infernal, con divisiones sociales, caricatura de la sociedad del medievo: se encuentran duques, condes y barones; las legiones infernales están comandadas por capitanes y generales; todos guiados por el príncipe de los demonios, el mismo Satanás. En esa época el diablo y su morada todavía no tenían resonancias muy fuertes en la sociedad medieval, debido, entre otras cosas, a que el cristianismo perneó de manera muy gradual, permitiendo que las gentes conservaran sus creencias primitivas y las ejercieran en paralelo con el ritual católico.

Retratos más concisos del averno nos llegan hasta la época prerenacentista, y no por la doctrina, sino por la literatura. Será ese el tiempo de los grandes estudiosos del infierno: John Milton, Dante Alighieri y William Blake.

(Continuará)

Omar Delgado

2009


[i] Mircea Eliade “El mito del eterno retorno” P.P.94. Alianza Emecé.

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sábado, abril 25, 2009

EL OTRO JINETE

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I

Lo que nos faltaba, la peste.
No nos bastaron los cortes de agua potable en la ciudad en los días más calurosos del año ni las proximas elecciones legislativas. Con el declarado brote de fiebre porcina (mal llamada influenza), que surge en México esta semana, podemos afirmar que algún caprichoso y antibeaner Dios ha decidido que el Apocalipsis inicie en nuestro país. ¿Por qué no? Finalmente, ya tuvimos el honor de ser anfitriones de una Olimpiada, dos mundiales de fútbol, varios concursos de belleza y de algunas cumbres mundiales, bien podemos ser los que hospeden las fiestas que darán como resultado el pomposo fin de los tiempos
(Que suene el huapango de Moncayo).

II

A parecer, los cuatro jinetes que consignaba el loquito de Patmos ya cabalgan en nuestros llanos.
Ya desde el 2006, desde la asunción del grupo que usurpó el poder haiga sido como haiga sido, se escuchan los cascos del Jinete de la Guerra. Felipe Calderón, el que se hace llamar presidente de la república, entabló en ese año una guerra estúpida y estéril contra el tráfico de estupefacientes. Por supuesto, al enano se le olvidó que el narco es la segunda fuente de ingresos del país, que regiones enteras viven y comen de las actividades relacionadas con el y que, por lo tanto, es imposible vencerlo. Derrotar al narcotráfico sería tanto como cortar una de las tres patas que sostienen al país (las otras dos son los ingresos petroleros -esos que Fox, el anterior presidente, se cansó de dilapidar-, y las remesas de los migrantes que se encuentran en los Estados Unidos).
Los resultados de las guerritas contra el narco están a la vista: cerca de 6000 víctimas mortales sólo en el 2008, la militarización –y, por lo tanto, la abolición de las garantías individuales-, en muchos puntos del país y el aumento exponencial de los abusos de las autoridades –policía y ejercito-, contra la población civil.
(Que le dé influenza a Agallón Mafafas).

III

Luego, en septiembre de 2008 se presenta el jinete del hambre.
Con el quiebre del sistema financiero norteamericano se nos deja venir una crisis económica sin precedente que, se estima –datos de la ONU-, aumentará en un 50% la pobreza extrema en el mundo. Este crack, que algunos analistas consideran peor que el de 1929, es causa de la aplicación dogmática de los preceptos emanados del consenso de Washington en los ochentas: libre regulación del sistema financiero mundial, la acción de la “mano invisible del mercado”, la retracción del estado a su mínima expresión y la defensa de los intereses empresariales por encima de los del ciudadano.
Actualmente, en muchos países del globo –incluyendo los Estados Unidos-, a raíz de la crisis mundial, se está dando marcha atrás al modelo neoliberal. El mismo Alan Greenspan, ex-director de la Reserva Federal de los Estados Unidos, y principal promotor del mencionado sistema económico, ha abjurado de él.
El único país que se ha negado hasta el momento a aplicar marcha atrás al modelo económico es –exacto, usted lo adivinó-, México. Felipe Calderón y su piara de funcionarios corruptos e ineptos fueron impuestos en el poder con el fin de defender a trompa, pezuña y espada el modelo privatizante y empobrecedor que ha llevado al mundo al borde del colapso. A partir de tal empecinamiento, y gracias a los esfuerzos del desgobierno panista, se han perdido alrededor de 500, 000 empleos por mes, el peso se ha devaluado alrededor de un 40% y el poder adquisitivo del mexicano se ha visto mermado considerablemente…
(Y vamos por más).

IV

El de la muerte ya hace tiempo que hace suertes charras en nuestro suelo.
Basta pensar en las muertas de Juárez, a las que no se les ha hecho justicia, basta recordar a las víctimas de la delincuencia –organizada o no-; basta recordar a las victimas de la represión de estado (Tlateoloco, Casco de Santo Tomás, Acteal, Atenco, Oaxaca y la APPO, etcétera). Basta recordar la terrible impunidad que campea en nuestro país y que hace posible que cualquier asesino, pederasta (con sotana o sin ella), violador, defraudador o ladrón salga libre si tiene las influencias adecuadas –y los dólares para adecuarlas- para hacer patente el imperio de la dama blanca en el país.
(Flaca, tu también...)


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V

Finalmente, el otro jinete.
Ya desde marzo de 2009 se tenían indicios de un brote epidémico cuyos síntomas eran muy semejantes a los de la influenza. Ya se tenían focos rojos en Oaxaca, San luís Potosí y el área metropolitana.
Por supuesto, las autoridades hicieron lo que acostumbran: ignorar el problema y mentir compulsivamente. Durante todo ese tiempo no se tomó una sola acción para contener lo que podía derivar en una pandemia dada la espeluznante capacidad de contagio del virus. Fue hasta esta semana, cuando el problema llamó la atención de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que las dizqueautoridades tomaron cartas en el asunto. Actualmente, por lo menos la ciudad de México y la zona metropolitana, están bajo alerta epidemiológica. Las clases, a todos los niveles ya sea de enseñanza privada o pública, se han suspendido hasta nuevo aviso; en las calles las pocas personas que transitan lo hacen con cubrebocas; prácticamente todos los espectáculos masivos, privados o públicos, se cancelaron; el la tele –ese novísimo púlpito-, se transmiten mensajes invitando a la raza a quedarse instalados en la comodidad de su hogar.
Así pues, los chilangos estamos instalados en una novela de Camus o de Saramago, o esperando que la fiebre porcina nos convierta en zombis antropófagos dispuestos a devorarnos entre nosotros…
(¿Dónde dejé mi sierra de cadena?)

VI

Una excelente manera de marear la epidemia es a la Edgar Allan Poe:
Se consigue uno un castillo, se atiborran las bodegas de comida, licores y chelas, psicotrópicos, condones y sex toys, se recluye en él a algunos de los más borrachotes camaradas y de las más ligeras damiselas que se encuentren, se cierran las puertas a piedra y lodo y se organiza un megarave que dure, bien hasta que pase la epidemia, bien hasta que algún colado hijo de la mala madre llegue vestido de rojo a tosernos encima.
(Y sin tapabocas)

VII

Y para rematar, fueron los cerdos.
La actual cepa de influenza que amenaza con hacer de un simple estornudo un motivo de cuarentena, contiene ADN porcino, por lo que se presume que fue una mutación que nos saltó de algún émulo de Porky Pig.
Justicia poética. En este momento todos los chanchos que hemos consumido en tacos, carnitas, pozoles, cochinitas pibiles, lomos agridulces, tostadas de pata, tacos al pastor, lechones y demás delicias se deben estar doblando de la risa desde el inframundo porcino al que nuestra gula los destinó.
Por lo mismo, creo que lo más juicioso que podemos hacer los mexicanos en este momento sería incinerar a todos los puercos que nos encontremos, comenzando, por supuesto, por los que están en el gabinete, en los partidos políticos y en las camaras legislativas. Tal vez no contengamos la epidemia, pero moriríamos con una gran sonrisa en los labios.
(Pido mano con Agustín Catrens)


IX

Si, en serio, a México le tocó ser la sede del Armageddón, por lo menos deberíamos de resucitar a Pique, la entrañable mascota del mundial México 86, para poder hacer todo el merchandising de tan magno acontecimiento.
(Así por lo menos sería evidente que nos está cargando el chile)

Omar Delgado
2009


P.S: Cuentan que, al ver los datos de las víctimas de la epidemia, y al enterarse de que la cepa está atacando a la población de entre 20 y 50 años, Felipe Calderón, Presidente espurio de este pobre país, esbozó una ligera sonrisa y exclamó:
"Bueno... Hay que verle el lado bueno... Por lo menos descenderán los índices de desempleo".
(Esto no es necesariamente cierto, pero es perfectamente verosímil)

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martes, abril 14, 2009

LOS ESCLAVOS de Alberto Chimal

Quien haya seguido la trayectoria como cuentista del escritor mexiquense Alberto Chimal (Toluca, 1970), se habrá percatado de la minuciosidad con la que trabaja las palabras. Es ese talento de miniaturista, de tallador de marfil, lo que hace al autor uno de los mejores cuentistas de esta década. La obsesión por la palabra exacta, el adjetivo preciso, la frase cuidadosamente bruñida son las características de sus libros de relatos Grey (2006), Estos son los días (2004), El país de los hablistas (2001) y Gente de Mundo (1998).

Ahora, con su primera novela, Los esclavos (2009), Chimal no hace sino refrendar su condición. Por medio de capítulos muy pequeños, rápidos a la vez que fulminantes, invita al lector al inframundo de las relaciones extremas. Con poquísimas palabras, sin explicaciones abultadas, con una cuidada fragmentación temporal, el escritor nos presenta dos historias que se tuercen entre sí como si fueran espirales de ADN, siempre viéndose, pero sin tocarse jamás. En la primera, se consignan las andanzas de la pornógrafa Marlene y su discípula/objeto, la Yuyis, perdidas ambas en algún anónimo pueblucho; en la segunda, nos narra las peripecias de Golo, sadiano bon vivant que combate el hastío atormentando al opaco Mundo. Ambas historias, ambientadas cada una en un estrato social muy distinto (La marginación enfermiza confrontada a la más impune riqueza), dan fe de un mismo fenómeno de la naturaleza humana.
Chimal juega con sus personajes haciéndolos reflejarse entre sí, dando a entender que las dos parejas son en realidad diadas de espejos que se reflejan entre sí. Los presenta revelando los hechos con morosidad, haciendo que, al momento de las grandes epifanías —cuando se revelan los porqués—, estas le impacten al lector como un martillazo en medio de la frente.
Quizá la máxima virtud de Los Esclavos es que, a pesar de lo tremendo de lo narrado, nunca se percibe de parte del autor intención de pontificar. Jamás se condena ni se exaltan ni los hechos ni los personajes. La prosa de Chimal le da la suficiente cercanía al lector como para percibir los olores y las texturas sin salpicarse; como para simpatizar lo justo con Golo o con Marlene; como para sentir la mínima —no demasiada—, compasión por la Yuyis y por Mundo. Y es que, en realidad, ninguno de los cuatro personajes alcanza a erguirse como auténtico protagonista. Ni siquiera Golo, con sus ecos de Domancé, o Marlene, a medio camino entre la Virgen de las Pieles y alguna Poquianchi, pueden quitarle el protagónico a esa entidad, siempre presente, que jala los hilos de su voluntad: el deseo de someter y ser sometido.

Imprescindible leerla.

Omar Delgado 2009


FICHA BIBLIOGRÁFICA

CHIMAL, Alberto.
Los Esclavos,
Almadia Editorial S.C.
ISBN 978-607-411-011-I
149 pp.

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