martes, septiembre 11, 2007

Cuernos de chivo en papel: Un asesino solitario

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No es Jorge Hank Rohn, es Elmer Mendoza

El arte se nutre de la realidad diaria. Los creadores, como cualquier otra persona, viven, comen, trabajan, cogen, sufren y gozan en un determinado momento histórico y en un lugar preciso. Es entonces comprensible que sus obras reflejen los sucesos que los rodean. Cuando se viven tiempos convulsos, entonces, se generan obras convulsas. En esos momentos, es usual escuchar a los espantadizos y pusilánimes clamar a gritos por la censura: "No editen TAL libro"; "Cierren ESA exposición"; "No distribuyan ESA película"; "ÉSTE videojuego lleva a la violencia". Dichas personitas (dicho así, con toda la mala fe) piensan que, en una sociedad ahogada por la delincuencia, por ejemplo, una novela que hable de delincuentes hará que se incrementen en la realidad. Nada más falso. Si un escritor vive en un país peligroso, su obra estará impregnada por el riesgo; si un cineasta ve la miseria en su sociedad, necesariamente la incluirá (de manera consciente o no), en sus filmes; un pintor empobrecido teñira sus lienzos de frugalidad. El arte no crea la realidad, unicamente se alimenta de ella.
Por ello, es comprensible que en las últimas décadas un buen número de escritores se hayan dedicado a la tarea de formar algo que, a estas alturas, ya se podría nombrar Literatura del narco. Este nuevo sub-sub género, cultivado en su mayoría por escritores del norte de la república mexicana, vendría siendo una mezcla extraña de novela negra y relato costumbrista, aderezada con pizcas de realismo mágico. El narcotraficante (y fauna que lo rodea), con su cuerno de chivo, sus trocas arregladas, sus pacas de a kilo y sus cadenotas de oro, ya es todo un personaje de ficción, tanto como lo es Gargantúa , Don Quijote o Macbeth.
Ejemplos de esta reciente narrativa se encuentran en La reina del sur, fallida novela en donde Arturo Perez Reverte trata de construir a Teresa, humilde mujer que se convierte de manera inverosímil en una de las mafiosas más grandes de México; en Tiempo de alacranes, en donde Bernardo Fernandez (BEF) retrata con brevedad y maestría a un sicario avejentado, y en la novela que en este caso nos ocupa: Un asesino solitario, de Elmer Mendoza.
El Europeo es un matón underground al servicio de los capos de la política mexicana, apodado así por su precisión y puntualidad. Es oriundo de Culiacán, a donde viaja en ocasiones a visitar a su jefita y a cuchiplancharse a la Charis, amor imposible y esposa de uno de sus amigos. Luego de anda sin trabajo por un tiempo, al sicario lo contacta un antiguo compañero, el Veintiuno, quien le ofrece una jugosa gratificación a cambio del trabajo más peligroso de su vida: matar al candidato a la presidencia de la república. El Europeo acepta, sólo para verse envuelto en una conjura que alcanza los más altos niveles del poder, del narcotráfico y de los cuerpos de seguridad. Más aún, el Europeo y su compa del alma, el Willi, se dan cuenta de que sus empleadores lo han contactado no para ser el ejecutor, sino para ser un triste chivo expiatorio.
Elmer Mendoza (Culiacán, Sinaloa, 1949), explota con buena pluma las posibilidades del lenguaje delincuencial. Su obra está narrada en primera persona, y no es sino el Europeo quien la cuenta. Los giros de la lengua, los tropos y los localismos de la mafia sinaloense son perfectamente embonados en el relato de manera que el lector nunca se pierde. La historia está solventemente hilvanada, y aunque cae en la fórmula clásica de la novela negra (lo cual la hace un poco preisible), concluye de manera satisfactoria. Los personajes tienen un desarrollo suficiente para el relato, aunque sería deseable que Mendoza hubiera ahondado en algunos (el Venintiuno, la Charis), para hacer el relato más rico y complejo.
Sin embargo, el mérito más grande de Un asesino... es haber logrado plasmar, desde el punto de vista de un asesino, el convulso entorno político y social que se vivió durante el año de 1994. A pesar del uso de seudónimos y nombres falsos, es notable que algunos personajes de la novela están inspirados en personalidades de carne y hueso (Luis Donaldo Colosio,Carlos Salinas de Gortari, Cuahutemoc Cárdenas), gracias a lo cual Mendoza logra dar un cuadro fidedigno de las circunstancias que rodearon el asesinato del candidato del PRI en el 94. Otro punto a resaltar de la obra es el mismísimo Europeo, personaje repulsivo y simpático a la vez, heredero en más de una manera del inolvidable Filiberto García de El Complot Mongol.
El autor sinaloense nos entrega una obra amena y reflexiva (aunque sea de esa relfexión chacotera y cínica que emana del matón a sueldo), acerca de las condiciones que prevalecían y prevalecen en nuestro país. Mendoza vaticina, sin quererlo, una realidad espeluznante: en México, el género negro está por convertirse en relato costumbrista.
Omar Delgado
2007
Chéquelo usted:
Título: Un asesino solitario
Autor: Elmer Mendoza
Editorial: TUSQUETS EDITORES
Sección: Lit. Ibero.Mexicana
ISBN: 9706990437

1 comentario:

Berenoise dijo...

Culiacán es mágico, surrealista, Culiacán es mio y yo soy de Culiacán.

Y algunos "escritores" culichis se atrevieron a decir que era una ciudad donde no pasaba nada...y, ya vex como sí pasa.

Leete "el amante de janis joplin" para que me lo platiques, andale.


Del profe Elmer que te puedo decir, ahí está su obra para que hablé de él. Admito que cuando ví la cabecera del post con ese retrato tan, mhhh... nostalgico para mi, me dió pena, del verbo vergüenza, por lo que te comentaba en días pasados, en fin.

Te mando muchos besos mi lobo hermoso.