miércoles, septiembre 12, 2007

De talachas y apariencias

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Esta tarde aprendí el concepto de deja vû cuando, en el puente de Aquiles Serdán (En la Gloriosa Chingatitlán) un bache reventó una de las llantas de mi coche. Lo increíble es que, justo el día de ayer, otra goma se me había reventado en el mismo lugar y a la misma hora.
Independientemente de las reducidísimas probabilidades de que eso le ocurra dos veces a la misma persona, me encontré, dos días seguidos, cambiando la llanta en la misma esquina. Para mi fortuna, siempre llevo dos repuestos, por lo que no me quedé ahí, inmovilizado cual señora gorda de Las lomas. Una vez que terminé, me dirigí a una vulcanizadora cercana para que parcharan mis dos maltrechos hules.

Luego de 15 minutos me atendió un esmirrado talachero con pinta de buscavidas, quien en menos de dos patadas y media reparó las gomas de mi coche. El chistecito me salió en 90 del águila (algo así como ocho dólares). Mientras abría mi cartera, el maistro me contó que conmigo eran catorce automóviles los que habían perdido sus llantitas en dicho puente, sólo ese día.

Hice cuentas y me asombré. si el mencionado talachero que me atendió les cobró a los accidentados un promedio de 50 pesos, se había ganado desde las once de la mañana hasta la hora de mi accidente (Las 18:30) no menos de setecientos pesos. Si asumimos que los insumos que utiliza en su trabajo (parches, goma, pegamentos, renta del local y luz), serían de, aproximadamente, doscientos pesos diarios, el hombre, así de mugrosillo y cábula, se está llevando, libres de polvo y paja, alrededor de un quinientón diario, nomás para sus chuchulucos.
Justo en el momento en el que abandonaba el changarro, llegó un individuo de esos de traje y corbata, celular en mano y aires de suficiencia; conducía un Chevrolet compacto con aspiraciones (Es decir, un Chevy con rines de magnesio, tan mamón como su dueño). Se estacionó chirriando llanta, saltó de su vehículo y llamó con prepotencia al maistro. “Hey, oye, tú. Arréglame la llanta ¿Quieres?” Me cagué de la risa. Es probable que ese pobre almidonado, de cabello lleno de gomina y lentes, apenas le llegué en sueldo al sufrido y carero maestro de las gomas.

Nuestra mexican society adora las apariencias; tendemos a asociar la prosperidad, la clase y la educación con la pulcritud. Casi todo el mundo piensa que aquel que viste de jeans y camisa raída seguramente es un pelagatosmuertodihambre; en cambio, tendemos a ver con respeto al hombre de portafolios y corbata o a la mujer de traje sastre. Lo paradójico es que, la mayoría de esos maestros manchados de grasa automotriz son más prósperos que muchos de sus acartonados clientes. Mientras que un licenciado, en promedio, al salir de la universidad, gana 7000 pesos en turnos de doce a quince horas, el humilde talachero que le arregla sus llantas gana más que eso por ocho relajadas horas de trabajo. En lo que el oficinista tiene que sufrir estrés, regaños de los jefes, fechas límite de entrega, acoso laboral, inventarios, dos horas en el automóvil, auditorias, pagos a doce meses sin intereses, comidas hechas de prisa y mal, el malvestido talachas realiza su trabajo con calma, bebiéndose sus chelas, bataneando unos sabrosos tacos, cotorreando con sus cuates del barrio, cachondeando a las vecinas. Al contrario que su cliente, el maistro ríe, pues sabe que, a pesar de que aquellos trabajan en una oficina lo ven con desprecio, él se la lleva cachetona y tiene tiempo de apreciar la vida.

Y lo mismo aplica para mecánicos, hojalateros, pintores de automóviles y demás oficios calificados como sucios.

Moraleja: Ya no mame. Tire su título de Contador de la Universidad ICEL y aprenda hojalatería. Su hígado y su humor se lo agradecerán.

Omar Delgado
2007

2 comentarios:

Berenoise dijo...

jajaja!

entonces más me animo a entrarle a la lic de letras, luego me hago chalan de un maistro y me gano la vida sin estres y luego cuantas historias por contar de todo lo que pasa en un tallercito de esos. que delicia!!

:P

Cebolla dijo...

Muy de acuerdo, Lobo, muy de acuerdo. Es tan así que pienso dejar todo e ir a fabricar cestos de mimbre en Tailandia o Laos.