sábado, septiembre 03, 2005

Un blues por Nueva Orleans



Voy regresando de vacaciones. Durante cinco días estuve totalmente desconectado del mundo intencionalmente, y al regresar a esta ciudad de México, me entero de que una de las ciudades más hermosas de la tierra ha sido devorada por las aguas. El primero de septiembre un huracán arrasó con Nueva Orleans.
La perla del Missisipi, la patria de Tom Sawyer, para mí siempre fue un polo importante para conocer-de hecho, alguna vez juré que esa sería la única ciudad de los Estados Unidos que visitaría por gusto-, una ciudad mística en donde el espectro de Marie Laveau aún cantaba a los loas del Vudú, donde Louis Amstrong todavía dirigía las aguas del Missisipi con el sortilegio de su trompeta, donde el cítrico Mark Twain de vez en cuando deambulaba en alguna noche cálida. En esa ciudad, la más europea de los U.S.A, nacieron los vampiros mariposones de Anne Rice, el Jazz y el Nigth Train, que durante la esclavitud ayudaba a los esclavos fugados a llegar al norte.
Era una ciudad sólida, llena de vida y de historia -alguna no tan vivificante, pero historia al fin-, que desapareció bajo el gólfo de México. Un huracán, llamado Katrina (Ironía macabra del destino: Aqui en México la Catrina es una de las representaciones de la muerte) se la llevó.
En la televisión se ven imágenes de una ciudad devastada, de personas escapando de las aguas, de gente abandonada a su suerte en los tejados de sus casas. La naturaleza les ha reclamado, se ha llevado su tierra. Ahí están los damnificados, hacinados en el Astrodome de Houston, sin casa, sin nada, mientras su presidente les dice que huyan y que oren.
Sería tonto culpar a alguien por un huracán. Katrina no podía ser detenida, pero si es factible subrayar que el desastre creció debido a la idiotez y la crueldad del Presidente Bush y toda su camarilla. Días antes del primero de septiembre se sabía que Katrina iba a destruir Nueva Orleans, y no se hizo nada; cuando el desastre estaba en su apogeo, la ayuda lleegó tarde. El gobierno estadounidense prácticamente dejó solos a los damnificados. "Huyan, Óren" fue el mensaje de un Bush perdido en las catacumbas de su estupidez. Ahora miles de gentes murieron -nunca se sabá cuentas: los Estadounidenses son demasiado orgullosos como para decírnoslo-, y miles más perdieron todo lo que tenían. La guardia Nacional llegó, más que a ayudar, a salvaguardar la propiedad privada de los saqueos y el caos. En este momento, el sur de Louisiana es el peor lugar para estar. El ejercito más poderoso del mundo es incapaz de ayudar a su propia gente. Horrible paradoja: está tan especializado en matar que no sirve para salvar vidas.
Voy regresando de vacaciones, como lo dje antes. Estuve en la costa de Veracruz, en el Golfo de México, a solo unos mil kilómetros al sur de Nueva Orleans. Ví el mismo mar que azotó a la ciudad del Blues. no puedo creer que ese mar hermoso, lleno de calma y sabiduría, haya sido el mismo que destruyó miles de vidas y engulló una ciudad entera. Acerca de lo que pasó se pueden decir muchas cosas, muy ciertas todas: qué el calentamiento global hace a fenómenos como Katrina más violentos y frecuentes; qué hace un año el gobierno de los Estados Unidos recortó fondos para la conservación y mejoramiento de los diques de la ciudad y los utilizó para su guerra imperial en Irak; qué Cuba, muchas veces más pobre y pequeña que los Estados Unidos, está mejor preparada para los desastres. Muchas cosas se pueden seguir diciendo.
Sin embargo, al ver a Nueva Orleans devastada, me quedo con una conclusión: En la naturaleza hay fuerzas terribles, pero ninguna tanto como la idiotez del hombre.
Omar Delgado. 2005

1 comentario:

Vero dijo...

me encantó tu blog... hay mucho sarcasmo, pero bastante justificado.. y bien puesto.... escribí.... muy bien... saludos