miércoles, septiembre 30, 2009

X GENERATION PRINCESS

Reseña de la novela “No tengo tiempo” de Arturo Vallejo



Photobucket

En las artes —muy especialmente en la literatura y el cine—, hay personajes que, por su construcción, encarnan el espíritu de toda una época o de un momento histórico. Así pues, no se podría entender el espíritu del deber en la Grecia clásica sin las penurias de Edipo, a la España del siglo XVI sin la despatarrada figura del Ingenioso Hidalgo, la cruda realidad urbana de la Inglaterra del siglo XIX sin Oliver Twist o ese heroísmo cáustico y sin gloria que encarna Rick Blaine, el protagonista de la inolvidable Casablanca (Michel Curtiz, 1942), y que era la moneda de cambio en la vorágine de la Segunda Guerra Mundial.

De igual manera, en los últimos años del siglo XX surgieron personajes que de seguro en algunos siglos serán alegoría de la crueldad y cinismo de nuestros tiempos. Quizá el que vaya al principio de la fila sea el entrañable Hannibal Lecter, seguido de cerca por el relamidito y brutal Patrick Beatman de American Psycho, ambos asesinos que encarnan el individualismo a ultranza y el espíritu hedonista —a cualquier costo—, que la ideología reinante se empeña en ensalzar.

Sin embargo, faltaba el otro lado de la moneda. Era necesario que surgiera quien fuera alegoría del desencanto y la falta de dirección de los miembros de la archiconocida generación X, ese segmento de la población, nacida en los setentas y ochentas, que tuvo que conformarse con un trabajo sin futuro y con remojar sus aspiraciones en un café de máquina mientras desayuna en una tienda de conveniencia. Ya había surgido una novela que le reclamaba a la sociedad el fraude del que fue víctima: Fight Club, de Chuck Palahniuk, en donde a través de una disociación de personalidad el protagonista exhibe la falsedad de los postulados del neoliberalismo. Sin embargo, hacía falta que alguien hiciera lo propio para los damnificados de las periferias, aquellos para los que ni siquiera la locura es opción.

Arturo Vallejo (Ciudad de México, 1973), pudo resumir ese espíritu en la figura de la Chaparra, la protagonista de su novela No tengo tiempo (Premio Caza de Letras 2008). Ingeniosa sin llegar a ser genial, rebelde sin llegar a ser realmente subversiva, la apocada jovencita sobrevive entre sus mecánicas labores de vendedora de hamburguesas, el derrumbe de su vida familiar y la compañía desangelada de sus amigos —que más que amigos son compañeros de tabla después del naufragio.

El escritor tiene el enorme mérito de construir, a partir de un medio ambiente bien definido —el sur de la ciudad de México—, una fábula sin moraleja que tiende a lo universal. La Chaparra nace en Villa Coapa, pero igual pudo haber nacido en Nueva Dehli, en Caracas o en Brasilia. Igual su piel pudo ser negra o pesar 120 kilogramos; lo mismo pudo vender mates en buenos aires que remorar en un cubículo de callcenter en Barcelona. La inmensa personaje —y su muy personal corte de los milagros—, representan a esas multitudes abandonadas por las multinacionales y los gobiernos gerenciales; a aquellos a quienes la prosperidad que prometió el modelo económico reinante nunca llegó —ni llegará—; a aquellos, sobre todo, a quienes los hacedores de utopías defraudaron, amputándoles la esperanza de una mejor realidad.

La novela está escrita en una cuidada voz en primera persona, la cual la hace entrañable al tiempo que la limita: por un lado, es posible empatizar de inmediato con la realidad de la protagonista y condolerse —aunque no mucho—, de sus penurias. Sin embargo, su propia voz la acota en el sentido de que, al ser ella misma un personaje sin mucha reflexión, no permite ahondar con profundidad en su circunstancia. Aún así, con la pura relación de sus andanzas, la Chaparra nos regala la suficiente reflexión como para espejearnos en su deshilachada figura.

Una muy buena novela de un escritor que promete ser cronista de toda una época.

Leerla es indispensable (Con y sin 2% de impuesto a la pobreza)


Omar Delgado

2009

1 comentario:

Ö dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.