sábado, enero 03, 2009

LA ERA DE SCROOGE



Cuando Charles Dickens escribió en aquel invierno de 1843 su famoso Villancico de Navidad (A Christmas Carol, traducido casi siempre “Un cuento de navidad”), seguramente no se imaginaba que le estaba regalando al mundo (Por lo menos al occidental), uno de sus estereotipos más entrañables: Ebenezer Scrooge, el anciano avaro y usurero por definición, ese capaz de abandonarse a la más absoluta de las soledades con tal de seguir acumulando riquezas y cosas, ese que, sin embargo, puede ser redimido.
Cualquier psicólogo de medio pelo podría leer en Ebenezer una personalidad anal acumulativa producto de un tremendo sentimiento de indefensión interior. El apergaminado Scrooge junta moneda sobre moneda tratando de conjurar al demonio de la escasez y del hambre, mismos que –según la novela-, vivió durante su infancia; pero, sobre todo, el avaro acumula para tratar de llenar los huecos emocionales que una vida infeliz le cavaron en el alma, tratando de resanar con oro su maltrecho espíritu, intentando alcanzar una unidad interna imposible de comprar.
Recordemos que, acorde a la historia del Villancico… el entrañable cuentachiles logra su redención durante la víspera de navidad por la obra de cuatro espectros: el de Marley, su antiguo socio, y los de las navidades pasadas, presentes y futuras. Dichos seres de ultratumba le muestran tanto sus orígenes como niño solitario y joven ayudante de notario, como las consecuencias de su proceder a corto y a largo plazo. Así, Scrooge puede tomar conciencia de las resonancias de sus actos para así corregirlas y cambiar su destino. Del anciano codicioso y workaholic que era transmutó hacia un apreciado y querido benefactor capaz de arrancar de las manos de la muerte al enfermo Tiny Tim y de llevar adondequiera que fuera ese calorcillo que sólo emana de las gentes bondadosas.

Por desgracia, su ejemplo ha sido desatendido.

Asistimos a la era de Scrooge, al tiempo de los hombres sin tiempo y sin entraña. Por donde nos volvamos, nos encontraremos con individuos e individuas –por supuesto que también hay she-scrooges-, de mirada predadora, manos temblorosas y labios endurecidos de avidéz. Esas personas son las que se quedan hasta las once o doce de la noche su trabajo sólo para presentarse nuevamente no bien pasadas las ocho de la mañana. Son esas personas las que atormentan a los incontables Bob Cratchits del mundo, las que matan con su indiferencia a los Tiny Tims que duermen en las calles. Son las que piensan que una flatscreen de 200 pulgadas, un BMW y un condominio en la Colonia Condesa[1] son parte indispensable de cualquier felicidad. (Navideña o no)

Pensemos también en esos otros herederos de Ebenezer, aquellos que construyeron el sistema financiero mundial. Esos mismos hombres que conformaron la maquinaria mercantil británica del siglo XIX, esos mismos que, mudados al otro lado del Atlántico, fundaron Wall Street para abalanzarse sobre los recursos naturales del mundo. Ellos fueron los que depredaron el petróleo, los que desmembraron la América Latina, África y Asia para poderlas despojar con más facilidad de sus riquezas. Esos herederos de Scrooge fueron los mismos que aplaudieron el auge del nazismo y la segunda guerra mundial; son también los mismos que signaron en consenso de Washington en los ochentas, los que apoyaron a Augusto Pinochet, a Margaret Tatcher, a Ronald Reagan y a otros protectores del libre mercado. Son ellos los mismos que aplaudieron la caída del muro de Berlín, los mismos que realizaron el fraude de Enron (y el de las Afores, y el del Fobaproa mexicano, y el del corralito Argentino, y…), y son los mismos que se enviciaron con los créditos subprime y que ahora tienen al mundo suspendido sobre el acantilado.

Ahora más que nunca, hacen falta esos fantasmas, ese Jacob Marley que les muestre lo banal de sus esfuerzos de acumular dinero. Hoy son indispensables esos espectros de las navidades que les muestren su propio pasado y que los confronten con su destino. Quizá es que tales espectros ya se jubilaron, quizá, como dicen algunos alucinados de lo paranormal, las radiaciones de los teléfonos celulares les impiden manifestarse. Lo cierto es que sería muy agradecible que se presentaran cualquier día de esos –no es necesario que sea en navidad-, para echar una platicadita con los hombres de negocios que -para nuestra desgracia-, mueven al mundo.

Millones se lo agradeceríamos.

Omar Delgado
2009


[1] Barrio de la ciudad de México para personas de alto nivel adquisitivo y ambiente bohemio. Podríamos afirmar que es la versión nativa del SOHO Neoyorquino.

7 comentarios:

Paul Medrano dijo...

Excelente reflexión, mister Disaki. Oiga, conseguí el original de su novela y confirmo mi gusto por su prosa. Ai me avisa cuando se la publiquen y armamos una presentada por acá. Abrazo

El Lobo dijo...

Estimado S3co:
Gracias por tu comentario. Me alegra mucho que te haya gustado.
A la novela le faltan algunos pequeños detalles, pero es probable que sea publicada durante 2009. Tenga por seguro que la presentaremos por allá.
Luego le hago llegar la primera. Mándeme su dirección para enviarsela por correo.
Abrazo
Disaki

Puroshuesos dijo...

muy buen blog, y chingona la entrada sobre el zapatazo, salud señor de la noche, y feliz año, aunque suene a tópico...

El Lobo dijo...

Don huesos, un placer tenerlo por acá.
Me hubiera gustado más que el periodista le hubiera atinado a Bush en la cabeza.
Pero me hubiera gustado más aún que el zapato hubiera tenido antrax.
En fin...
Un abrazo de año nuevo, con todo y tópico.
Lobo

Fernanda dijo...

Adoro el cuento de Scrooge. Fue una de las primeras lecturas de mi vida y una que me acompaña siempre que quiero ponerme un poquito cursi. Oye lobo, pero creo que solo el fantasma de Marley viene de ultratumba ¿no? Los otros nunca estuvieron vivos.

En fin, se siente calorcito con esa historia y ¡que dios nos bendiga a todos! ja ja ja

Anónimo dijo...

Ay Lobito... todavía crees en los Santos Reyes ¿verdad?

A todos esos empresarios cuya única menta en la vida es acumular dinero, ningún fantasma de ultratumba los hará cambiar de opinión.

Apoyo el proyecto del Coco a domicilio, me parece una idea fenomenal.

Te extrañamos Lobito, y te nos has desaparecido. Te traje café de Chiapas :)

Besos chilangos

Feliz año atrasado :)

D.G.

El Lobo dijo...

Fernanda preciosa:
Cómo tu bien lo señalas, sólo el espíritu de Marley provenía de ultratumba, sin embargo, espero que a los otros espíritus les hayan subarrendado, aunque sea, una covachita en el inframundo. Porque, sin no ¿Dónde pernoctarán los pobrecitos?
Te comento algo: una de las escenas literarias que más me aterraban en mi infancia era el momento en el que Jacob Marley se le hacía presente a Scrooge, se desataba la mascada de la cabeza y su quijada quedaba colgando, mostrando su condición cadavérica. Creo que soñe varios meses con viejos de quijada suelta... Brr!

Un placer leerte. Besos muchos
__________________________________


Lolita preciosa:
Bueno... Si Calderón es tan iluso como para creer que la crisis no nos afectará -o lo hará bien poquito-, en el 2009, yo bien puedo hacerme la ilusión de que los fantasmas de la navidad iran a jalarle las patas a Guillermo Ortiz y a Calos Slim (A Agustín Castrens no, por que se hernían sus espectrales lomos).
En fin. Te mando un abrazote a tí y a la otra gorda adorada. También las extraño. Les hablo para vernos esta semana.
Besos.
Lobo.