jueves, diciembre 27, 2007

Licenciado Chamuco y asociados

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- Who are you?
- Hum... I´d so many names
-Satan?
- You can call me "dad"
Diálogo de la película El abogado del diablo


Para que una historia funcione, las fuerzas opuestas al protagonista deben ser por lo menos tan poderosas como él mismo. Si tomamos la historia de la civilización occidental como una gran narrativa, también encontraremos en ella los arquetipos del héroe, del villano, los aliados, los mentores y demás figuras de los que nos habla Joseph Cambell en su obra "El héroe de las mil máscaras".
Ahí están Jesús de Nazareth, Franklin D. Roosevelt, Julio César, Ricardo Corazón de León, Napoleón, Louis Pasteur y tantos protagonistas de distintas épicas, unidos irremediablemente a sus antagonistas: Judas Iscariote, Adolph Hitler, Bruto, Saladino, el Duque de Wellington y el virus de la rabia. En algunos casos, como el del científico francés, el papel de héroe- villano es indiscutible; en otros, como en la diada del dictador cognaquero y el coronel Inglés, los papeles se atribuyen en función del que cuenta la historia.
A pesar de ello, hay un antagonísta al que nadie le ha disputado el papel, ni en la historia (por lo menos en algunas de sus interpretaciones), ni en el arte: El Diablo, del cual, incluso uno de sus nombres originales, "Satanás", no significa otra cosa sino "adversario". Patas de Catre aparece alegremente en todos lados, desde los concilios de la Iglesia Católica hasta las representaciones del arte popular, pasando por los oscuros cuentos medievales y las obras Dostoievskianas. Y no es para menos, pues tiene una función importantísima: ser el receptáculo de todo lo maléfico con lo que el hombre convive, desde los desastres naturales hasta el frénesi homicida.
El Diablo esta ahí (y ahí seguirá), simplemente por que al ser humano le resulta muy dificil asimilar su propia naturaleza maléfica y necesita una figura a la cual atribuirle sus impulsos y actos perversos. A pesar de que llevamos siglos en la época de la razón y el método científico, el cornudo no ha podido ser exterminado; incluso, se ha fortalecido en ciertos ámbitos.
Es por eso que no es extraño que tres de los mejores actores del celuloide actual (por lo menos el Hollywoodense), no han resistido la tentación de interpretarlo. Jack Nicholson, Al Pacino, Robert de Niro han entregado su propia versión de Gestas en algún momento, con resultados desiguales entre uno y otro.
Ya vimos al buen Jack interpretando a un chamuco muy cotorro y seductor en Las Brujas de Eastwick (George Miller, 1987), película de la que ya hablamos por acá. En cambio, Robert de Niro encarna a un nada divertido y si muy siniestro Lucifer en Corazón de Ángel (Alan Parker, 1987), donde Harry Angel, prángana detective neoyorquino, es contratado para encontrar al cantante Jonnhy Favourite, uno de los morosos del Banco del Averno.
Sin embargo, tal vez la versión más exquisita de Luzbel sea la entregada por Al Pacino en El abogado del Diablo (Taylor Hackford, 1997). Largometraje basado en una novela de Andrew Neiderman, escritor casi desconocido en el mundo de habla hispana y autor de novelas como La otra cara del espejo e Illusions.
La película tiene la peculiar característica de mezclar dos subgéneros en apariencia incompatibles: el drama de juzgados y el terror metafísico. El personaje principal es un abogado de Florida llamado Kevin Lomax (el plomazo de Keannu Reeves), quien es contratado por un importante bufette neoyorquino. Lomax, un redneck talentoso, hijo de una dura evangelista que lo concibió como madre soltera, pronto es "adoptado" por su patrón, un pragmático y fascinante hombre llamado John Milton. El novel litigante se irá adentrando en un mundo que se va tornando cada vez más tenebroso hasta que recibe una noticia perturbadora (por decir lo menos), acerca de su propia identidad.
La película tiene muchas virtudes. Tal vez la principal sea la inteligencia de los diálogos que salen de la boca de demoniaco Milton. El diablo interpretado por Pacino es un maestro de la retórica, a quien le gusta exponer sus razones de manera contundente y entretenida. Milton no es un demonio descerebrado y prepotente, sino un ser con argumentos racionales, dificiles de debatir. Este Lucifer habla de temas muy diversos, desde la desastrosa situación del medio ambiente hasta el nilhismo consumista en el que está inmerso el hombre occidental (lo cual lo emparenta con más de un filósofo contemporáneo). Incluso es dificil no estar de acuerdo en su solilóquio final, en donde expone brillantemente la naturaleza caprichosa de Dios (por lo menos del que nos refinan las religiones establecidas):
"Te voy a decir algo: Dios tiene su propio saco cósmico de chistes. Le da al hombre instintos, y luego se divierte creando reglas y oponiéndolas entre sí: te dice que mires pero no toques... Que toques, pero no pruebes… Que pruebes pero no tragues... Y mientras ¿Qué hace? Se está cagando de la risa el muy pinche enfermo. ¡Es un apretado!, ¡es un sádico! ¿Alabar ESO? ¡Jamás!"

El guión de la película difiere enormemente de la novela escrita por Neiderman, aparentemente, para bien. La caracterización de Milton está ciudadosamente elaborada, y tiene múltiples referencias tanto a la cosmovisión medieval del demonio como a sus distintas representaciones en el arte de occidente. El seudónimo del Diablo no es sino el nombre del autor de Paraiso perdido; la esposa de uno de los compañeros de Lomax sólo se viste de verde, color que en la Edad Media se le atribuía al Príncipe del Mundo; vive en lo alto de un edificio que recuerda a la torre del Tarot, y además, en su habitación jamás falta el fuego; el pánel de mármol que adorna su guarida se anima al final de la cinta para mostrar una escéna digna del segundo círculo del infierno dantesco; prefiere "seguir en las trincheras", homenajeando la frase de Baudelaire acerca de su mejor estratagema; Milton conoce todas las lenguas y nadie guarda secretos para él; puede ser seductor, pero al final, siempre aparece su naturaleza brutal (lo cual constata dolorosamente la esposa de Lomax); se sabe la Biblia de cabo a rabo, y utiliza sus contradicciones para convencer. En síntesis, es la perfecta evolución del Mefistófeles de Goethe.
Además de todas estas características, Milton tiene los comportamientos de un exitoso y liberal empresario de nuestros tiempos: no le importa la calidad moral de sus socios y/o clientes, ni sus torcidos negocios; no tiene empacho en tratar con narcotraficantes, vendedores de armas, hechiceros afroantillanos, asesinos y terroristas. Incluso parece que, entre más corrompida sea el alma de algún conocido, más se esfuerza por cubrirlo bajo sus alas (el ejemplo de Alexander Cullen es claro). El diablo protege a sus hijos, se diría por ahí.
Milton es un maestro del arte de la negociación, es el gran escenógrafo que le monta al ser humano la obra en la que caerá en llamas. Sin embargo, y eso lo deja muy claro, el no forza a nadie. No es un titiritero. Al final, la responsabilidad última del pecado recae en el pecador, quien tiene el poder del libre albedrío, al que ni siguiera el chamuco mismo puede desafiar.
El Abogado del Diablo, a pesar de sus defectos (el principal, Keannu Reeves y su cara de palo), es una inteligente disquisición acerca de la naturaleza del mal. En su discurso los argumentos del Maléfico estan expuestos de manera tan brillante que es dificil rechazarlos con los instrumentos de la razón. Tal vez sea ésta la intención tanto del guionista como del director: demostrar que es la fe, y no la razón, la única arma con que la humanidad dispone contra los embates del Malo.
Me quedo con la inteligencia, por demoniaca que sea.
De regalo, esta joyita de la retórica infernal:




Omar Delgado
2007

3 comentarios:

Carmen dijo...

Tienes razón, pasa la película de panzaso con la actuación de Al Pacino, el otro actor cara de pie a mi tampoco me gusta.
Siempre que miro películas chafas me acuerdo de ti con tu etiqueta, jaja. http://saboreartentusiasma.blogspot.com/2007/11/etiquetas.html

RBK dijo...

jajajajajajajaja
ta bueno tu articulo manis, a mi tampoco me gusta caño reeves la neta, el chita q dijo esa frase magistral ya hizo escuela y el ni lo sabe.......

Alejandro Sierra dijo...

Interesante nota sobre ese viejo incomprendido. El final de la película sería mejor si acabara con el suicidio del hijo ingrato.

Otro punto a favor es la hermanita (Connie Nielsen).