lunes, octubre 22, 2007

Tinta roja: escritores asesinos

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Edgar Allan Poe
Devórame otra vez
Hace apenas unos días a la sociedad mexicana le estremeció la noticia de los hallazgos que se realizaron en el departamento de Mosqueta 198, en la céntrica y brava colonia Guerrero.Ahí habitaba José Luis Calva Zepeda, hombre de 37 años que se asumía como "escritor, dramaturgo y poeta". Lo cierto es que el hombre no pasará a la historia como autor de ningún libro o puesta en escena, sino por haber asesinado a Alejandra Galeana, su pareja sentimental, para después freir su carne e ingerirla.

Pero eso no es todo, la desafortunada Alejandra no fue la única víctima (y vianda) del supuesto escribano. Aparentemente ya una antigua novia del hombre y una sexoservidora habían formado parte de la dieta del que ya ha sido bautizado como "El poeta canibal".

El escritor y el homicidio

Desde siempre, la literatura ha estado ligada a la hemoglobina y al crímen. Desde obras como el Gilgamesh, La Iliada o la Odisea, el narrador se ha recreado en plasmar destripamientos, decapitaciones y asesinatos. Ni que decir que las tragedias griegas también eran pródigas en gore: escenas como la automutilación de Edipo (quien se saca los ojos), o la exhibición de la cabeza de Penteo en Las Ménades servian para impactar al respetable y hacerle asimilar las enseñanzas de los montajes griegos.
Quizá la primera vinculación directa entre las letras y los asesinos fue la obra de Thomas de Quincy titulada El asesinato como una de las bellas artes. En ella, el autor inglés satiriza acerca de las similitudes entre la creación artística y el crímen y proponiendo ver el asesinato más allá de la óptica moral para comenzar disfrutarlo como un acto estético. Para Quincy puede haber crímenes hermosos capaces de ser admirados, y ejemplifica con algunos de los ejemplos más sonados de la Inglaterra de su tiempo.
Pero no se crea que De Quincy era un ser amoral, pues como el mismo lo dice:
"permitidme que diga una palabra o dos a ciertos pedantes que se atreven a hablar de nuestra Sociedad (léase revista) como si en su tendencia hubiera algo inmoral. ¡Inmoral! ¡Dios me bendiga, señores! ¿Qué es lo que esa gente quiere dar a entender? Estoy y estaré siempre a favor de la moral y de la virtud y de todo eso, y afirmo y afirmaré siempre (pase lo que pase) que el asesinato es una forma de actuar impropia, altamente inadecuada, y no me importa decir que todo hombre que interviene en un asesinato tiene un modo de pensar muy incorrecto y unos principios muy erróneos (...) Pues si un hombre se deja tentar por un asesinato, poco después piensa que el robo no tiene importancia, y del robo pasa a la bebida y a no respetar los sábados, y de esto pasa a la negligencia de los modales y al abandono de sus deberes. Una vez empezada esta marcha cuesta abajo, no se sabe nunca dónde hay que pararse. Muchos hombres han iniciado su ruina al cometer un asesinato de un tipo u otro, que en ese momento creyeron que no tenía la menor importancia".

Definitivamente, lo más perturbador en El asesinato como una... fue su desparpajo al colocar el homicidio al mismo nivel que la pintura, la escritura o la poesía; como un acto capaz de ser disfrutado no sólo en su ejecución, sino también en su contemplación. De Quincy ahonda en ese incómodo sentimiento de morbo, de esa atracción/ repulsión malsana que nos provoca el derramamiento de sangre, la contemplación de cadáveres y,en sí, la crueldad.

El asesino literario

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Marqués de Sade

Escribir sangre siempre ha sido muy atractivo para cualquier narrador; por otro lado, el vincular la obra con el escritor como persona siempre ha sido un molesto vicio de las sociedades. Pocos escritores vivieron tan en carne propia esto como Donatien Alphonse François de Sade (1740-1814), mejor conocido como El Divino Marqués o, simplemente como el Marqués de Sade.

Donatien escribió algunos de los libros más perturbadores de la historia de la literatura. Títulos tales como Filosofía del tocador o Las 120 jornadas de Sodoma siguen haciendo que los lectores se estremezcan mientras los leen. En su tiempo, se pensó que Sade había expermentado con todas las atrocidades que narra en sus obras, por lo que se convirtió en un paria que sufrió el cautiverio gran parte de su vida adulta (tanto en cárceles como en manicomios). Lo cierto es que Donatien, como todos los nobles de su tiempo, era bastante abusivo y sádico con sus criados (y con cualquier plebeyo que se le atravesaba), pero nunca pudo llevar a la realidad las atrocidades que narró. De hecho, casi toda su producción la escribió tras las rejas.

El que aparentemente sí fue más allá en la producción de sus obras fue Edgar Allan Poe (1809-1849), autor de joyas como El Gato Negro, El Barril de Amontillado o Berenice. Poe es un paradígma en la literatura occidental debido a que prácticamente fundó algunos de los géneros y subgeneros literarios sobre los cuales se cimentó gran parte de la narrativa del siglo XX, tales como el terros sicológico y la novela de detectives. Edgar Allan tuvo una vida tan nublada y turbulenta como su obra, pues fue adicto a alcohol y al opio, y falleció a los cuarenta años luego de una guarapeta de varios días. Sin embargo, quizá el espisodio más macabro de su vida tuvo que ver con su obra titulada El asesinato de Mary Roget, en donde narra el asesinato de una linda morena y su posterior análisis por parte de Augusto Dupin. Aparentemente, el autor norteamericano llevó a la realidad lo que escribió en la ficción.

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Imágenes relacionadas con el homicidio de Mary Roger. (Arriba, Izquierda). Daguerrotipo de Mary. (Arriba, Derecha) Cartél de una obra basada en el asesinato. (Abajo) Imágen de los pescadores rescatando el cuerpo de la Roger

En 1841, en una tabaquería llamada "John Andersou" de Manhatan, trabajaba una hermosa chica morena llamada Mary Rogers. Era amiga -y probablemente musa-, de algunos de los escritores más celebres de aquel tiempo, tales como Washington Irving, James F. Cooper (el autor de El último mohicano), y el propio Poe. La linda Mary era una mujer muy buscada por los clientes del negocio, y sostuvo amoríos con varios de ellos. Una mañana de verano, el cuerpo de Mary apareció en el río Hudson, luego de haber desaparecido tres días antes. Cerca del lugar en donde se encontró el cadáver se encontraron la faja, el chal, el pañuelo y la sombrilla de Mary, y en la hierba cercana al lugar se encontraron rastros de forcejeo.

De inmediato, y debido a la notoriedad de la víctima, se iniciaron las investigaciones. El primer sospechoso fue el patrón de Mary, el señor Anderson, con quien aparentemente sostenía un amorío y la acompañaba constantemente a su casa. Otro de los sospechosos fue David Payne, prometido de la muchacha, quien poco después del deceso se suicidó en el lugar del hallazgo por medio de una sobredosis de láudano. En su nota final se hallaron algunos indicios de su posible culpabilidad: "Aquí es el lugar", escribió. "Que Dios me perdone por mi malgastada vida".

Luego de la muerte de Payne, la policía dio por sentado que él era el culpable, por lo que dejó la investigación. Sin embargo, estudiosos posteriores han teorizado acerca de la probable culpabilidad de Poe en el homicidio de la Rogers. En primer lugar, el día de su desaparición fue vista con un hombre con que correspondía a la descripción del escritor: un hombre alto, moreno y vestido con una capa del ejército (Poe sirvió a las fuerzas armadas, pero desertó).

Sin embargo, lo que más apunta al posible involucramiento de Edgar Allan en el asesinato fue su cuento titulado El asesinato de Mary Roget, en el cual narra un asesinato prácticamente idéntico al de la empleada de la tabaquera, sólo ubicando su ficción en París y cambiando los nombres de los personajes. Los detalles en el relato son tan precisos y abundantes que pareciera que el autor estuvo en el lugar de los hechos. Paradójicamente, Poe jamás estuvo mencionado como sospechoso durante la investigación. Hay otra teoría que sostiene que el autor se influyó por las abundantes notas periodísticas que se imprimieron a raiz del asesinato de Mary, y que adquirió su información de dichas fuentes. De ser así, Poe puede ser considerado, además del padre del relato de detectives y de suspenso, el primero que realizó una obra de No ficción. Es probable que Poe se le haya delantado 123 años a Truman Capote y a su obra A sangre Fría.

Muerte en polaco

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El río Oder

Año 2000. Entre las heladas corrientes del río Oder, cerca de la ciudad polaca de Wroclaw, unos pescadores ven un cuerpo flotando. Al llevarlo a la orilla, las autoridades lo identificaron como Dariusz Janieszewski, dueño de una empresa de publicidad y miembro de mediana importancia de la comunidad. Janieszewski había desaparecido días antes, y en su cuerpo se encontraron huellas de tortura. La causa de su muerte se determinó como ahogamiento. El asesino, al parecer, una vez que lo torturó hasta cansarse, se limitó a atarlo y arrojarlo al río.
Tiempo después, el escritor Krystian Bala, egresado de filosofía con aspiraciones literarias edita su novela Amok. En ella, narra un asesinato demasiado similar al de Janieszewski. El libro, sin ser un exito en ventas, alcanzó cierta relevancia dentro del mundillo polaco de las letras, y gracias a esta fama, fue que un funcionario de la ciudad dio accidentalmente con algunos comentarios referentes a la obra de Bala en un foro de Internet.

De inmediato, la policía de Wroclaw arrestó al autor, a quien interrogó por setenta y dos horas. Finalmente, Bala fue liberado por falta de pruebas. La prensa se ensaño con las fuerzas del órden y con sus llamados "devaríos literarios". el escritor fue considerado una víctima de negligencia de las autoridades y de su desesperación por encontrar (o fabricar), algún culpable. Bala aparentemente no conocía a la víctima y no había ningún motivo para que el escritor hubiera matado al empresario. sin embargo, la policía no desistió, y mediante una investigación más detallada encontró que el filósofo había hablado con Janiszweski el día de su desaparición; además, se descubrió que el teléfono celular de la víctima, el cual no se encontró en su cadáver, había sido subastado por Internet cuatro días después del crímen. El vendedor: Krystian Bala.



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Bala en juicio

Sin embargo, faltaba una pieza para armar todo el caso: no había móvil para el crímen. La policía entonces buscó indicios entre los allegados de ambos, y encontró que Bala era amigo íntimo de la ex esposa del empresario en el tiempo de la desaparición. El escritor fue nuevamente capturado y, ahora sí, enjuiciado por homicidio. A pesar de que siempre defendió su inocencia, fue condenado a 25 años de cárcel por el asesinato del publicista. En su defensa, alegó que se había inspirado en el crímen para hacer su novela, y que se había documentado a través de la prensa escrita. Sin embargo, según las autoridades locales, los hechos plasmados en la ficción son demasiado exactos y la novela menciona datos que únicamente conocían las autoridades. Gracias a los truculentos hechos que rodearon su hechura, la novela Amok alcanzó el rango de best seller.

Ahora, si bien Bala cometió un homicidio que luego plasmaría en papel, y a pesar de que su crimen fue bastante sádico, no se compara al horror que los miembros de la policía judicial encontraron en un departamento del centro de la ciudad de México.

Hannibal López

Muchas paginas se tendrán que escribir todavía acerca de José Luis Calva Zepeda quien, junto con Juana Barraza, La Mataviejitas, y Raúl Osiel Marroquín, el Matagays de la Zona Rosa, conforma la triada de asesinos seriales mexicanos de principios del siglo XXI.

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José Luis Calva

Luego de su detención, Calva Zepeda se ha convertido en una triste celebridad. Desgraciadamente, la notoriedad que nunca alcanzó con su obra la obtuvo por la crueldad con la que trató a sus víctimas.

Un día de principios de octubre, Alejandra Galeana fue a visitar al que era su pareja en ese momento a su domicilio, un departamento de la colonia Guerrero. La visita amorosa acabó en tragedia cuando, mientras discutían, su pareja la asfixió hasta matarla.

José Luis Calva se dio cuenta de su situación cuando vio el cuerpo de la mujer tendido en su sala. No debió de ser una sensación nueva, pues el angelito ya había matado por lo menos a dos mujeres con anterioridad. Pasó varios días con el cuerpo, inhalando cocaina e ingiriendo alcohol. Cuando los despojos de Alejandra comenzaron a mostrar signos de putrefacción, Calva decidió descuartizar a su enamorada con el fin de desaparecer el cuerpo. Le cortó el brazo derecho y una de las piernas con un cuchillo de cocina; guardó el resto del cuerpo en un clóset; metió una de las pantorrillas en una caja de cereal. Tomó una sartén y frió algunas partes del cuerpo para, según él "dárselas a comer a los perros".

Mientras, la familia de Alejandra la buscaba con desesperación. El seis de octubre la madre de la víctima y sus hermanos se presentaron en el departamento de Calva Zepeda para preguntar por ella. El homicida les dijo que no la había visto en quince días y ellos, no muy convencidos, se fueron. De haber entrado, hubieran notado el olor a muerto que impregnaba la vivienda, y muy seguramente, habrían encontrado el cuerpo de Alejandra en el piso de la estancia.

Al no encontrarla, la madre dio aviso a la policía. Los agentes se presentaron nuevamente en los alrededores de la casa de Calva Zepeda. Luego de preguntar a una vendedora de dulces, confirmaron que Alejandra había ido a casa de su galán el día de su desaparición. Minutos después, los policias encontraban a la víctima regada por todo el departamento. Entre las pertenencias del poeta canibal, también se encontraban algunas películas tales como Hostal 2 y Hannibal. Lo que más les llamó la atención fue la foto del asesino de ficción Hannibal Lecter colgado en la estancia. También había borradores de novela, libros y poemas sueltos sobre el piso.

José Luis Calva Zepeda fue catalogado por los psicólogos de la policía como "psicópata con marcados rasgos narcisistas y tendencias sádicas", y puesto a disposición de las autoridades, quienes muy probablemente pedirán para él la pena máxima punible en el estado mexicano (50 años), por homicidio en primer grado con el agravante de profanación de cadáveres. Calva sólo será procesado por el asesinato de Alejandra, pero hay sólidos indicios de que pudo haber participado en, por lo menos, dos mas.

La vida de Calva Zepeda puede bien ser calificada como "errática". Huérfano a los dos años, sufrió constantes abusos por parte de una madre agresiva hasta que huyó de la casa, a los doce. Vivió intermitentemente en varios lugares, desde casas de amigos hasta el hogar familiar, y ejerció diversos oficios que van desde taxista hasta gerente de una escuela de computación. Sin embargo, el deseo de ser escritor siempre fue una constante en su vida: fue periodista aficionado, editó algunos poemarios (los cuales vendía en la plaza de Coyoacán), y montó algunas obras teatrales de su autoría, especialmente monólogos, entre los que destacan Réquiem por un alma en pena y La Parca del Metro.

Es evidente que el Caníbal de la Guerrero tenía una fijación por la muerte, visible en la temática de sus obras teatrales. Sus poemarios, por otro lado, muestran un marcado narcisismo. Los crímenes de Calva muestran un profundo resentimiento hacia la figura materna que proyectaba hacia personas de características similares a su progenitora: tanto Alejandra como Verónica Martínez, otra de sus víctimas, eran madres solteras, de alrededor de treinta años, que trabajaban como dependientas de farmacia.

Tengo la teoría de que un asesino serial, cuando comete un crímen, siempre mata simbólicamente a la misma persona; ya sea su madre o a sí mismo. Los asesinos misóginos (los que matan mujeres), matan una metáfora de su propia progenitora para vengarse de los maltratos (o la indiferencia), padecidos durante la infancia. Ejemplos de este tipo de criminal serían Ted Boundy, Goyo Cárdenas o el propio José Luis Calva.

También puede ser que el asesino se esté matando a sí mismo de manera alegórica. Esto sería una reacción del criminal contra una parte de su propio ser, de la cual reniega. Algo así como un autoreproche proyectado hacia otro ser humano (Te mato (me mato) por que, cuando era necesario, permitiste que te (me) pasara algo horrible). Ejemplos de este tipo de asesinos lo encontramos en John Wayne Gacy, Jeffery Dahmer o Raúl Marroquín. El abuso sexual durante la infancia es una constante en la vida de este tipo de asesinos.

Sin embargo, en el caso del Hannibal de petate, encontramos un elemento extra: el canibalismo. A pesar de que el niega haber ingerido partes de Alejandra, lo más probable es que mienta. El canibalismo ritual era frecuente en las culturas antiguas, y se daba debido a que, simbólicamente, los pueblos que la practicaban querían robar (a través de la ingesta), ciertas cualidades presentes en sus oponentes. El guerrero amazónico que se comía los ojos del enemigo quería adquirir su mirada; el mexica que ingería un poco de barbacoa de prójimo lo hacía por que quería compartir el poder de la víctima divinizada; el normando que bebía la sangre del adversario ambicionaba su valor.

Es probable que el canibalismo moderno también obedezca a esos impulsos tan atávicos. José Luis Calva ingirió a su novia debido a que deseaba incorporar algo de ella a sí mismo. Si tomamos en cuenta que sus víctimas, para él, eran una alegoría de la madre, es casi seguro que el asesino quería tener, para sí las cualidades de fuerza y agresividad que recordaba de su progenitora. En general, trataba de convertirse en una imagen tan amenazante como lo fue para él su cabecita blanca.

Conclusión

En al historia de la literatura, siempre han existido dos tipos de creadores: aquellos que generan su obra a partir de las lecturas y aquellos que lo hacen por medio de la experiencia adquirida en una vida aventurera. En el primer grupo podemos ubicar a Jorge Luis Borges y a J.R.R. Tolkien, dos ratoncitos de biblioteca que lograron crear maravillas desde un lugar tranquilo (Aunque en el caso del inglés tal vez no sea tan cierto, puesto que fue combatiente durante la primera guerra mundial y muchas de esas vivencias estan reflejadas, sobre todo, en El señor de los anillos).

En el segundo grupo podemos ubicar a aquellos que vivieron una vida digna de ser contada, y la contaron. Escritores como Ernest Heminway, Jack London y Jean Ray ejemplifican dicha estirpe.

Incluso podemos hablar de la existencia de un tercer grupo emparentado con el segundo. En el, estarían aquellos creadores que se dedican a explorar las catacumbas más umbrías del ser humano con el fin de retratarlo integramente. Dichos escritores escogen para sí mismos una vida decadente y brumosa con el fin de narrarla de primera mano. Dostoievsky, Baudelaire o Poe serían los paradígmas de esta tercera categoría.

Finalmente, tal vez los escritores asesinos han querido llevar esa premisa hasta sus últimas consecuencias. Ojalá y no sean imitados.

Omar Delgado

2007.

4 comentarios:

Carmen dijo...

Que buen ensayo, desde mi humilde sillita te mando unos aplausos

RBK dijo...

bo lobo lobo¡¡¡¡¡¡esta chido el ensayo.....nos falto ishikagua no?el japonesido q se trago a la q no quizo aflojarle y se la trago en trocitos tambien escribia, te conte de el...hasta hizo su rcetario, lo exoneraron por ser hijo de un diplomático, lo metieron al manicure y se volvio una celebridad...creo esta en la pagina de los asesinos esta q es material de consulta.......ya hay q vernos manito, pa conversar siempre hace falta.....mientras sigo como flagelacion pavo, q se quite el frio, q se quite el frio, q se quite el frio........eso de tragar nueces y cafe no es lo de hoy, pero pinche frio se robo mi hambre algun desgraciado pingüino........
saludotes

Cebolla dijo...

Excelente, excelente. Termino de leer y ya puedo respirar, porque leyendo la vida de esos asesinos escritores, uf, cómo me varió el ritmo cardíaco.

Ese perfil psicópata de tendencias narcisistas, mmmm, he conocido varios.

bonhamled dijo...

Excelente artículo.