martes, octubre 16, 2007

La Santa Muerte y otros crímenes cinematográficos

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Y la flaca le dice a la señora: "Si vas a ver esa chingadera, te madreo"

El culto a la Santa Muerte es un fenómeno social que está alcanzando dimensiones importantes en el México moderno. No ahondaré mucho en ello, pues ya traté el tema por acá. Lo único que subrayo es que es sintomático que cultos como el de la Niña Blanca, Jesús Malverde o la Santería estén tomando fuerza en estos tiempos de incertidumbre social y personal.
Independientemente del culto, la sóla mitología de la flaca es lo bastante rica y compleja como para hacer una excelente ficción. Sólo basta en imaginarse lo que hubiera sido una película sobre el tema bajo la dirección de Guillermo del Toro, Carlos Enrique Taboada o cualquier otro cineasta talentoso...
Por desgracia, los que se apañaron la idea fueron los aleluyas.
Alabaré producciones atenta nuevamente contra la cinematografía mundial con La Santa Muerte (Paco del Toro, 2006), que ni siquiera merece el estatus de película. Esta chingadera no es sino un folletín religioso audiovisual; algo así como si a alguien se le ocurriera filmar pasquines como Atayala o El Aposento Alto. El esperpento fílmico de Del Toro (¡Que además tiene el descaro de piratearle su apellido a Don Guillermo!) trata de entrelazar tres historias que tienen como elemento común el culto a la Santa Muerte y sus (según los conspicuos realizadores) devastadoras consecuencias. En la primera, Ruby, (Karla Álvarez) una fresa ama de casa, decide recurrir a la Santa para salvar a su hija de un cáncer en el cerebro; en la segunda, un desempleado (Ramiro Huerta), cae en el culto buscando prosperidad; la tercera no es sino un vulgar triangulo amoroso en el que la cachonda Amaranta Ruiz usa a la huesuda para bajarle el marido a la comadre.
Las actuaciones de todo el elenco (incluida la Amarantita o el actor de origen colombiano Harry Geithner) no alcanzan ni siquiera el nivel de una pastorela de primaria; todos los personajes son caricaturescos, clichés sacados directamente de las más pueriles obras de Corin Tellado; el culto a la Santa Muerte es tratado de manera superfical y maniquea, y sobre todo, en todo el metraje de esta monstuosidad filmica se huele el hedor del discurso cristianoide. Los debates entre los personajes, acerca de la Biblia, el poder de Jesús y la maldad de la flaca llenan una gran parte de los largos minutos que dura este garrote vil cinemetográfico.
Tal vez lo más interesante de este filme es poder constatar la minúscula visión del mundo que tienen algunas iglesias cristianas, pues La Santa... está plagada de lugares comunes y simplificaciones de lo más burdo: Las mujeres y los jodidos son los débiles, pues siempre son ellas las que caen en el culto por ignorancia o desesperación; El hombre blanco, rico y exitoso es quien tiene la fortaleza de resistir a la idolatría; la noche es el territorio del diablo, pues las calles están plagadas de criminales y secuestradores (por supuesto, prietos y nacos), dispuestos a saltar sobre los buenos cristianos; el marido puede ponerle el cuerno a su vieja y con unas lagrimitas de arrepentimiento es perdonado (Finalmente, la culpable es la otra, por huila); los malos siempre acaban castigados de fea manera y la RELIGIÓN VERDADERA es el único camino posible para llegar a verdad. El clasismo y la misogínia son elementos constantes en el discurso que nos presentan.
Aclaro: no tengo nada contra los integrantes de las religiones cristianas. Muchos de ellos son personas agradables, honestas e inteligentes. Más bien pienso que, si yo fuera parte de alguna de estas iglesias, me encabronaría sobremanera que se quiera evangelizar al gran publico con productos tan oligofrénicos como La Santa Muerte. En verdad que los buenos cristianos merecen ser representados por un discurso mucho más inteligente que este espanto de película.
Aunque, en honor a la verdad, creo que La Santa... cumple el cometido de acercar a los espectadores a la religión. Sinceramente, después de que se prendieron las luces y salí al pasillo del Cine, no resistí el impulso de hincarme en la alfombra y gritar:
- ¡Diosito... Disculpame por haber visto esta chingadera!
(No les dejo el trailer. Los quiero demasiado como para hacerles eso. Lo que sí les recomiendo es que visiten el blog de la mismísima huesuda aquí)
Omar Delgado
2007

2 comentarios:

Berenoise dijo...

pobres cristianos les arriman unas chingas, luego personas como yo mejor nos alejamos de ese tipo de gente y los que si son chidos se quedan en el desprestigio, sin oportunidad de defenderse,chale!

Sandro Cohen dijo...

Omarcito, me has ahorrado 50 pesotes. Muchísimas gracias. No sé por qué, con este nuevo auge en el cine mexicano, insistimos en producir bodrios, habiendo tantísimo talento.