jueves, agosto 16, 2007

El muerto al pozo... Six feet under

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En todas las culturas, en cualquier latitud, han existido personas que se especializan en lidiar con todos los aspectos relacionados con la muerte: embalsamadores, verdugos, amortajadores, plañideras, lapidarios, sepultureros, rezanderas... Estas buenas gentes siempre han tenido un estatus muy particular en las sociedades a las que pertenecen, pues al mismo tiempo se les necesita y se les rechaza. Por esa misma exclusión que sufren, se han visto obligados a formar castas y gremios especiales, lo cual los hace dueños de unas normas y reglas muy propias y particulares. (La dinastía de los Sansón, célebres verdugos en la Fráncia de los Luises, es ejemplo cabal de ello).
Finalmente, todos estos muerteros se ocupan de aquello que negamos los demás miembros de la humanidad: nuestra propia finitud. El ver a un sepulturero o a un carpintero especializado en féretros nos llena de aprensión, pues sabemos que, en cualquier momento, necesitaremos de sus servicios, ya sea para alguien que amamos, ya sea para nosotros mismos.

A todos ellos el vox populi se les ha investido con cualidades por encima de lo humano, consecuencia de su trato diario con los muertos: causan mal de ojo, pueden ver a las ánimas, tienen la capacidad de curar la epilepsia; llevan la muerte a cuestas. Incluso, en estos tiempos tecnificados y asépticos, siguen existiendo dinastías que por generaciones se han ocupado de los finados. Ahí tenemos a los Gayossos y los García López como referencia obligada al ataúd y la sepultura.
La serie Six Feet Under (2000-2005), original de Alan Paul y Alan Ball, traducida al castellano (y al sistema métrico) como Dos metros bajo tierra, trata precisamente sobre la vida de unos empresarios de pompas fúnebres. Los Fisher, habitantes de la soleada California (específicamente, L.A.), tienen una hermosa casa tipo americano que también alberga su negocio: Fisher & Sons mortuary services. Los miembros de la familia son Nathaniel, el padre; Ruth, la neurótica madre; Nate, el hijo pródigo, un prángana que a los 35 años sólo ha logrado ser gerente de una tienda tipo 7 Eleven; David, el seriecito y promiscuo hermano gay, y Clarie, la junkie de alta sensibilidad artística. La serie da inicio un 24 de diciembre, cuando los Fisher se reunen para la fiesta de Navidad. Nathaniel padre va a recoger a su hijo cuando sufre un accidente que resignifica en su totalidad la frase Cigarrete Kills. A partir de su deceso, explotan las atormentadas psiques de los demás miembros de la familia, pues Ruth acepta sus constantes infidelidades, Nate se embarga en un affaire con una desconocida, David se sumerge en las aventuras de una noche y Clarie asiste al velorio de su padre bajo los efectos del crack.

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Luego del sepelio del patriarca de los Fisher, Nate, quien siempre se ha reusado a trabajar en el negocio de la familia, descubre que tiene un talento especial para confortar a los dolientes; David se enrola amorosamente con Keith, un miembro de la policía de los Ángeles y Clarie se enamora de un delincuente juvenil. Los dos Fisher varones deciden asociarse para continuar con el negocio, por lo que Nate se queda en Los Ángeles. Además de su familia, el hijo mayor de los Fisher tiene otra razón para no irse: la hermosa Brenda Chenowitz, mujer de alto coeficiente intelectual, masajista e hija de psicoanalistas, quien a la postre se volverá muy importante en la vida de los Fisher. Además, para complicar las cosas, en Fisher & Sons trabaja Federico Díaz, conflictivo y talentoso embalsamador que se converirá en socio de la firma, y después, al final de la serie, en su competencia, al fundar Diaz Mortuary Services.

Six feet under duró 5 temporadas, las cuales corresponden cronológicamente, en el tiempo diegético de la serie, a 5 años en la vida de los Fisher (Del 2000 al 2005), con una prolépsis al final en donde nos muestran la futura muerte de todos los protagónicos de la serie. A lo largo de las temporadas de Six feet... convergen multitud de personajes que incidiran de manera directa o indirecta en la vida de los Fisher: desde George, quien se convertirá en el marido de Ruth, hasta Lisa, primera esposa de Nate; desde Billy, el perturbado hermano de Brenda, hasta Maggie, hija de George y amante de Nate. En esos cinco años la familia sufre decesos, enfermedades, accidentes, nacimientos, encuentros, disgustos y vaivenes (E incluso, visitas del fantasmal padre o viajes al otro mundo). Dentro de la muerte que los rodea, los funerarios y troupe que los acompaña se develan como seres humanos intensamente vivos.

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Al contrario de lo que pudiera parecer en un principio, los Fisher no son la versión mamona de La Familia Addams. Los capítulos de la serie tienen una estructura bien definida: todos ellos comienzan con un prólogo en donde se muestra la muerte de alguien que, evidentemente, será velado en Fisher & Sons (Luego Fisher & Díaz). El episodio bien puede tratar acerca de este muertito, bien puede ser tomado de excusa para una narración paralela. En general, la historia de cada episodio es autoconclusiva, aunque deja diversos cabos sueltos que serán amarrados en capítulos posteriores. La trama de las temporadas gira alrededor de un conflicto principal, el cual afecta a todos los protagónicos, y varios secundarios que sirven para desarrollar a cada uno de los personajes. Así, Nate transmuta de un rebel whitout a job a un padre de familia; David se encuentra a sí mismo junto a Keith y los hijos adoptivos de ambos; Clarie se convierte en una fotografa de mérito y Ruth, la codependiente madre, acepta la soledad como compañera en los últimos años de su vida.
Cualquiera que se dedique a esto de la narrativa (en todas sus vertientes, desde la literaria hasta la cinematográfica), debería de estudiar ésta obra. En general, aunque en muchas ocasiones el tono que se maneja es de un delicioso humor negro (apropiado para las circunstancias), la serie se suscribe en el género melodramático, al igual que las telenovelas de Televisa o las películas de Pedrito Infante. Sin embargo, la gran riqueza de Six feet... radica en el desarrollo de los protagonistas. Las tramas de cada capítulo, y de cada temporada, son relativamente sencillas, pero lo que les da la vitalidad y dinamismo que tienen es la construcción de personajes complejos, polifacéticos y contradictorios. Clarie, Ruth, Brenda, Nate, David y los demás son, todos, verosímiles y sólidos. Sus reacciones están perfectamente enraizadas en la lógica. Ninguno de ellos es un héroe, ni un villano, ninguno es ejemplar o deleznable, sino que todos guardan esa magnífica ambiguedad con la que estámos conformados los seres humanos. Los Fisher, los Díaz, los Chenowitz (La familia de Brenda), se van haciendo entrañables conforme el espectador los conoce, tanto que, en el epílogo de la serie, cuando se les ve morir, no se deja de sentir un agujero en el estómago.
Y siempre presente, la Muerte, en cada una de nuestras células, en cada uno de nuestros alientos. Calaca que nos sonríe por debajo de la piel. Los Fisher lo saben, conviven de ella, comen gracias a ella. Quiza por ello, la familia de funerarios entiende (y nos muestra) que el sentido de vivir es la vida en sí.
Omar Delgado
2007

1 comentario:

cebolla dijo...

Vi el primer capítulo una vez y me gustó. No seguí la serie porque no soy seguidor de series. De ninguna. Pero pensé que en México la relación con la muerte es bien distinta por las fiestas que tienen en relación a ellos. ¿Me equivoco?