martes, julio 25, 2006

Superman Regresa. La necesidad del mito

¡Pinche director cabrón!
Bryan Singer nos la ha hecho otra vez.
Ya en su díptico de los hombres X (X-men y X-men 2, 2000 y 2003 respectivamente), había tomado un comic popular y lo había reelaborado, entregando verdaderas obras maestras. Con la saga mutante, Singer fue capaz de elaborar un discurso coherente y profundo acerca de la segregación y sus consecuencias, yendo en sus conceptos, más allá incluso que la obra que lo inspiró (ya interesante per se).
Ahora, con su versión del Hombre de Acero (Superman returns, 2005), nos pone sobre la mesa la permanencia y lo vigente en el mito del heroe, la necesidad del mito en una sociedad como la nuestra, tan huérfana de íconos.
La superreseña (con superspoilers. Si no has visto la película, no leas... en serio, no leas... ¡Bah! Es tu pedo).
El largometraje presente se ha tomado como una continuación de las dos primeras películas protagonizadas por Christopher Reeve en los ochentas, Superman I y II. En parte es cierto, pero también es posible apreciar la película sin los referentes mencionados. Basta con saber un poco de la mitología del Kriptoniano para gozarla.
La película inicia cuando Superman, después de cinco años de ausencia, regresa a la tierra. Su padre adoptivo, Johnathan Kent, ha muerto. Su madre, Martha, lo recibe en su granja en Kansas. Mientras, Lex Luthor ha salido de prisión por enésima vez, se ha ligado a una millonaria anciana que está en sus útlimos momentos y, de la noche a la mañana, hereda una fortuna. Estos inicios corren en paralelo, cómo si uno generara al otro. En el equilibrio de éste universo narrativo, Lex Luthor no es posible sin Superman, y visceversa.
El mundo ha cambiado. La injusticia, la desesperanza y la desazon se han agravado. La humanidad se ha vuelto escéptica, incrédula. Louise Lane, antigua amante - a todos los niveles-, de Superman, incluso ha abjurado de su anterior objeto del deseo extraterrestre. Tiene un hijo, está comprometida con el sobrino de Perry White (el dueño de The Planet, periódico en donde trabaja Lane), y ha ganado el Pulitzer por un ensayo titulado "Why the world doesn´t needs Superman" (Porqué el mundo no necesita a Superman).
Superman/Clark Kent, regresa a su vida cotidiana. Le reintegran su chamba en The Planet y espera llamar la atención de la ingrata Louise. Luthor, entre tanto, aprovecha sus recursos e inicia una expedición al polo sur, en donde se encuentra la Fortaleza de la Soledad, el refugio del Hombre de acero. Ahí, el villano roba unos cristales de tecnología Kriptoniana, capaces de generar continentes enteros al ponerlos en contacto con el agua.
Superman, gracias a la aportación de Luthor, sale nuevamente a la luz pública, salva un vuelo en donde va Louise Lane y regresa nuevamente a su chamba de salvavidas. Entre tanto, el calvo maloso conspira para crearse su propio continente, destruyendo a los Estados Unidos, de paso.
Superman descubre que la paternidad responsable no es lo de los Kriptonianos, y Luthor mezcla los cristales con Kriptonita. Genera el nuevo continente y Superman pierde los poderes al tratar de detener al Pelón encajoso que nos hace llorar. A riesgo de su propia vida, el Kriptoniano arranca el continente Luthoriano de raíz y lo explusa al espacio, lo cual casi le cuesta la vida. La película acaba con un reconocimiento tácito entre el superhijo y el superpadre, y con la insinuación de una -o más- secuelas.
De Reeve al Superman Psyco.
El guión, como todos los de las películas de Singer, está finamente trabajado. Los personajes tienen -incluso el casi indestructible Superman-, conflictos reales y profundidad dramática. Además, el bueno del director nos planta una sorpresa: Superman, antes de irse, había dejado un hijo en elaboración. El niño Lane es suyo también. Superman/Kal-El/Clark Kent se encuentra, de imporviso, de que aparte de todo, es padre, matices que encarna perfectamente el actor que representa al Kriptoniano, Brandon Routh. Louise Lane es interpretada por Kate Bosworth, quien caracteriza de manera solvente a una Lane medio neurótica, adicta al trabajo, fumadora y madre soltera quien, además, se encuentra con su antiguo amor -y padre de su bodoque-, y además, éste es Superman. Kevin Spacey hace su chamba. Este fabuloso actor, quien ha encarnado a villanos de la talla de John Doe en Seven, presenta un Lex Luthor amenazante, elegante, culto, y algo guasón sin llegar al extremo de Gene Hackman en las películas anteriores.
Los personajes secundarios también están perfectamente caracterizados. De entre los que resalta Richard White, el Fiancé de Luise Lane. Cualquier guionista o director menos dotado lo hubiera caracterizado como un personaje antipático y tonto, perfecto para que la Louise le dejera Bye, Bye y corriera a brazos de Superman. Afortunadamente, Singer es mucha pieza para ello. Richard White es un personaje íntegro y valiente, que se arriesga por rescatar a Louise y a su chamaco , e incuso el propio Superman le acaba debiendo la vida.
Sin embargo, hay que decir qué, aunque los actores son certeros en sus caracterizaciones, a veces no encajan con la descripción física de los personajes. Kate Bosworth es una Louise Lane demasiado jóven, tanto, que parece a veces hermana mayor del superchamaco. Brandon Roth está bien, sólo que no tiene la mirada cándida de Christopher Reeve. A veces, en ciertas tomas, su expresión se ve siniestra, recordándo más al Anthony Perkins de Psicósis que al Superman anterior.
La revaloración de los calzones rojos
En general, Superman siempre me ha parecido algo tonto. Comparado con el psicótico Batman, el Kriptoniano me daba hueva por su invulnerabilidad y por su falta de ambiguedad moral. Nada podía dañarlo -excepto la Kriptonita- y no tiene dudas acerca de su misión.
Desde su creación en 1938, Superman tiene las mismas bases. (aunque muchas de ellas se fueron develando poco a poco) Su llegada de Kripton, la adopción de sus padres terrícolas y su idilio con Louise Lane ya son parte de la cultura colectiva del Siglo XX. Viendonos muy académicos, su historia cumple con lo que Mircea Heliade llama el Mito generador, llevada a cabo In illo tempore (al inicio de los tiempos), y recreada en cada acto religioso o eucaristía, o, en este caso, en cada relaboración del personaje.
Algunos críticos de cine han denostado la película argumentando que Singer, a veces, utiliza un lenguaje demasiado religioso. Debo reconocer que tienen rázón, pero el personaje se presta para ello. Desde que Jerry Siegel y Joe Shuster lo crearon, tiene características de héroes y semidioses clásicos. Superman podría considerarse una amalgama entre Moises (Chéquese su llegada a la tierra: en una canasta-nave espacial a través del Espacio-Nilo), Hércules, Jesucristo y Horus. Es el semidiós, hijo del sol (Simbólicamente, pues de ahí toma sus poderes), pero también es la figura mesiánica llegada del cielo y, en la relaboración de Singer, enviada por un ente superior (El padre Jor- El, interpretado en la película por el difunto Marlon Brando), para ayudar y salvar a los terrestres.
Por lo mismo, su contraparte, Lex Luthor, también tiene una fuerte carga simbólica. Es él el portador de la ciencia corrompida (Luthor, en las películas y en los comics, es un hombre sumamente inteligente y culto), y también es la encarnación del caos. Sus gracejadas son necesarias para contrastarlo con la imágen pulcra del Kriptoniano, tanto como el Joker sirve de espejo a Batman. Figura que evoca al nódrico Loki, al Heféstos griego -también es un creador de ingenios- y al Fausto de Gohete. Luthor es una especie de Prometeo en negativo.
El mundo en el que se mueve Superman, Metrópolis y sus alrededores, también va de acuerdo al personaje. La ciudad es una proto- Nueva York, así como The Planet no es sino un eco de The New York Times. Metrópolis es la ciudad cumbre del mundo, la Babilonia del siglo XX, en donde el Semidios caído del cielo se enfrenta al Fáustico hechicero- científico Luthor, portador de una ciencia-magia que utiliza para su conveniencia. Tanto Superman como el Pelochas son las fuerzas qué, por su movimiento y confrontación -nunca exterminio-, mantienen cohesionado dicho cósmos narrativo.
Esta parte del mito -los símbolos- fue lo que mejor interpretó Bryan Singer. Su Superman es introspectivo, conciente de la carga que lleva en las espaldas, y de la cual, incluso, reniega sutilmente; Su Luthor es amoral. No es vengativo ni malvado -aunque sí algo megalomano- en realidad, sino que posee el egoísmo de un ciclón o de un tornado. Es, simplemente.
El mito es el elemento que cohesiona a una comunidad, que la identifica y que la caracteríza. Metrópolis, The Planet, Louise Lane, Perry White son Superman y son Lex Luthor. uno no existe sin el otro, y sin ellos, no existe Metrópolis. No por casualidad, la película inicia con el regreso de ambos.
De igual manera, la aportación mas grande de este trabajo es el giro que le ha dado Singer a la historia de Superman. El hecho que que el heroe tenga un hijo muy seguramente cambiará totalmente la historia y la orientará hacia nuevos puertos. Esto ya pasó una vez, con el Batman de Tim Burton (Batman, 1989), en donde el darkie director, se se deshacía de la comedia en el murciélago y le devolvía su antiguo aire cuasi funerario. El uniforme negro -actualmente el oficial-, de Batman, y la estética de Gotham City, son aportaciones de Burton, son sus ladrillos al mito que inció en 1939 el bueno de Bob Kane.
Y Singer la vuelve hacer, y le enjareta un hijo al hombre de acero.
Omar Delgado
2006.

1 comentario:

Paola Monter Uribe dijo...

A mí me encanta el giro que le da a la historia de Superman el director, lo que más me gustó fue Lex Luthor, este enemigo de Superman me encanta, además los efectos especiales son buenísimos.