viernes, agosto 24, 2007

Elogio del ingeniero

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Dilbert

Y ahí va el inge, con su laptop al hombro, con su palm en su (casi siempre) abultada cintura, con sus gafitas y su desaliño. No es frecuente que use traje; casi siempre se vestirá de pantalón de gabardina y camisa (de manga corta, con bolsillo lleno de plumas), o bien, un simple pantalón de mezclilla y una playera. Definitivamente, no es fashion; nunca se unirá al clan de los metrosexuales. Tampoco es fotogénico: en los medios audiovisuales (cine, comic, televisón), casi siempre aparece como un freak rodeado de computadoras, como un rudo mecánico bañado en aceite o como un tímido hombrecillo de casco amarillo dirigiendo la construcción de un edificio.
Su profesión no es, ni por asomo, glamorosa. Por lo mismo, salvo excepciones, no tiene el mefistotélico encanto de los abogados, la envenenada labia de los políticos, la cínica frialdad de los financieros o las tormentas morales de los artistas (léase: escritores, pintores, poetas y demás... favor no incluir a los televisos). Su mundo se rige por el órden, por pesos y medidas estandarizados, por reglas y leyes cimentadas en las ciencias puras. No ven el mundo como los demás seres humanos, pues su cerebro esta calibrado para resolver problemas: en donde todos vemos un contratiempo, ellos ven un reto a su intelecto. Tienden a ser inamovibles en sus opiniones y algo ríspidos en su trato con los demás. Es comprensible: pretenden aplicar algorítmos matemáticos en zonas en donde reina la serendipia, como las relaciones humanas o los vaivenes de la sociedad.
Parecen bien chiquitos, sutiles, intangibles. Sin embargo, sobre sus hombros se posa todo el funcionamiento del mundo moderno: los edificios, la Internet, los teléfonos móviles, los cada vez más esperpénticos automóviles, la comida empaquetada... y etcétera hasta el infinito. Sin ellos, en pocos días (Que va... ¡En pocas horas!) la civilización entera se desmoronaría a nuestros pies.


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Hefestos

Dos figuras pueden ser consideradas los santos patrones del inge. Curiosamente, las dos pertenecen a la cosmovisión grecolatina. El primero es Hefestos,(Vulcano para los romanos) el herrero del Olimpo, hijo de Hera. Resulta que la diosa, celosa debido a que Zeus había tenido una hija por sí mismo (Atenea, quien sale de su cabeza), decide hacer lo mismo. El resultado de su capricho fue Hefestos, el cual era un bebé no demasiado bonito. Horrorizada, la piadosa Hera lo arroja del monte Olimpo, causando que el futuro herrero de los dioses quedara cojo y aún más gacho. Luego de caer por nueve dias y nueve noches, dio el ranazo en la isla de Lemmnos, donde lo cuidaron dos diosas del mar: Tetis (la futura madre de Aquiles), y la titánide Eurínome. Fue en ese lugar en donde Hefestos se convirtió en un maestro de la forja.
Los demás dioses, por lo mientras, la pasaban mal, pues lo que tenían de bonitos lo tenían de inútiles. Pronto se dieron cuenta de lo necesario que era Hefestos y lo invitaron a regresar. El Cojito les mandó varios regalos, entre los que estaba un trono para su tierna progenitora que la hizo quedar inmovil. Los demás dioses le rogaron al herrero que la liberara, pero él se negó.Fue hasta que llegó Dionisios y lo embriagó que pudieron llevarlo, perdido de beodo, de regreso al palacio de los dioses. Engañado, el artesano acepto quedarse con su divina familia, no sin antes exigir como precio de sus artes el casarse con el bizcochote de Afrodita.
El feo, fuerte y formal, ya esposo de la diosa del amor, se puso a trabajar como loco para agasajarla con joyas e ingenios. Para su desgracia, el belicoso Ares se la ensartaba a sus espaldas.Un día, el herrero descubrió la traición y forjo una red para capturarlos en pleno brinco. lo logró y los expuso, desnudos y amarrados, ante los demás dioses. Sin embargo, el pitorreo del que fue víctima debido a su divina cornamenta fue tal que tuvo que liberar a los amantes y regresar a su isla.
Hefestos era un maestro de la forja. los rayos con los que Zeus defendía al Olimpo salian de sus manos, así como todas las armas de los dioses. Además, creaba autómatas para su propio servicio o para hacer algún favor especial a los humanos. (El gigante Talos, protector de Creta, fue su invención). De su taller Prometeo se robó el fuego que luego le obsequiaría a los humanos (con todos sus asegunes). En las historias de la mitología griega siempre fue un actor de reparto, pues se dedicaba a construir los instrumentos que los demás dioses desmadraban en sus guerras y líos de faldas. Al cojito lo veneraban los artesanos, los herreros, los constructores de barcos y los arquitectos... En sí, todos aquellos que trabajaban con sus manos y su mente.


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Dédalo e Ícaro

Dédalo, por otro lado, puede ser considerado el primer ingeniero outsourcing de la historia. A diferencia de Heféstos, era humano. Trabajó bajo las órdenes del rey Minos de Creta, a quien le construyó el famoso laberinto. Dicho ingenio estaba destinado a encerrar al minotauro, hijo de la reina Parsífae y de un toro sagrado del cual se había enamorado perdidamente. Al ver el sufrimiento de la soberana, Dédalo le construyó una vaca de madera para que se pudiera acoplar con el bovino, por lo que probablemente también haya creado el primer juguete sexual del que se tenga memoria.

Resulta que el minotauro, hijastro del rey de Creta, era carnívoro, por lo que Minos le pedía a las naciones que estaban bajo su yugo a jóvenes con los cuales alimentar a la bestia. Uno de ellos, el príncipe Teseo, mató a la fiera ayudado por Ariadna y por Dédalo, a quien se le hizo el corazón de pollo al ver el amor de los jóvenes y les enseño la clave para salir del laberinto (El hilo). El héroe y la doncella (que por cierto, era hija de Minos), lograron escapar de la isla bajo los bigotes del soberano.
Al verse engañado por su proyect manager, el rey no se puso muy contento. Encerró á Dédalo y a su hijo Ícaro en una torre para que murieran de hambre. El artesano, entonces, diseño dos pares de alas para poder escapar de su prisión. Ya en el aire, su hijo se acercó demasiado al sol y las alas se le deshicieron debido a que las plumas estaban unidas con cera. Dédalo se dio cuenta muy dolorosamente que la inteligencia no es hereditaria. Ya sin el baquetón de Ícaro, estuvo a las órdenes de varios reyes hasta que su vida se diluye.
Dédalo era un ser contradictorio, pues lo mismo podía ser generoso, como con Teseo y Ariadna, que mezquino. Alguna vez tuvo a su cargo a un sobrino suyo de nombre Perdix, quien demostró tener un enorme talento al inventar la sierra de hierro basándose en las espinas de un pescado. Furioso por el éxito de su pariente, Dédalo lo arrojó de un risco. Afortunadamente, la diosa Atenea salvó al jóven convirtiéndolo en ave. A pesar de sus defectos, la fama del inge Dédalo fue tal en la antigua Grecia se les llamaba dédalos a los artesanos y arquitectos.
Estos dos númenes del inge resumen las características que se le atribuyen. En el imaginario colectivo, el nuevo Dédalo es taciturno, tímido, de estampa no muy agradable a la vista; siempre está a las órdenes de superiores que, si bien son mucho menos listos que él, tienen más poder. Todo ingeniero es maltratado por un Minos de corporativo o vapuleado por un Ares de recursos humanos. Al igual que el diseñador del laberinto, el inge es generalmente un ser noble, aunque pude llegar a ser un energúmeno ante algún competidor. El hijo de Hefestos se encuentra desubicado en sociedad: prefiere los apacibles diálogos binarios de sus computadoras, los planos de sus puentes o la sonrisa de los engranes de las máquinas. Al igual que los mitológicos técnicos, muchas veces ocupa un lugar de segundón en las grandes narrativas del mundo, por detras de los reyes y los guerreros. Sin embargo, ahí esta el heróico Aquiles del linux, tejiendo las tramas de Internet; va pasando el Hércules de los ladrillos construyendo edificios o encajándole tuberías a la tierra; corre veloz el Perseo lenteojudo tratando de decapitar a la gorgona del caos. No se ve, no se percibe, como no se percibe la rotación de la tierra. sin embargo, gracias a que en este momento algún ingeniero se sumerge en sus mundos de algoritmos e integrales es que estas letras pueden ser leídas en una pantalla.
Omar Delgado
2007

2 comentarios:

Carmen dijo...

No me imagino a Efestos de ingeniero, más bien siempre es representado como el dios de los artesanos.
Hay un chiste sobre ingenieros y arquitectos, no sé si lo conozcas:
a los ingenieros las casas se les caen de feas, a los arquitectos de veras.
Un saludo y gracias por tus palabras

Alberto Chimal dijo...

Hola, Omar. Muy buen ensayo. Muchos saludos.