miércoles, junio 20, 2007

Reflexiones tintasangre.

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I
El escritor no tiene párpados.
No hablo de manera literal. Los ojos de aquel que escribe están tan completos como los del abogado que lo demanda, del taxista que lo transporta, de la contadora que le cuenta sus centavos o de la mujer que lo observa en el café.
Le falta ese párpado del alma que es el olvido.
II
El escritor no olvida. Todo lo que ve, lo que siente, se le acumula dentro. Si no lo saca, se enferma, flaquece, se sumerge en la locura. Es por eso que tiene que recurrir a las hojas en blanco para dejar ahí sus recuerdos, para drenar, aunque sea un poco, todo lo que se le acumula en el diario andar. Es por medio de la pluma, esa extensión de su vena que escribe con sangre, con la que se aplica su sistemática sangría para poder seguir andando.
Es por eso que, a veces, tratar a esta clase de especimen es tan dificil: ante tanto mundo que le entra por los sentidos, el que escribe tiende a veces a ser cínico; casi siempre, volátil; muchas veces, melodramático; ciertas veces, malévolo. Tiene entre las tripas un pedazo de universo en expansión, una dosis de caos cósmico que es el que lo hace andar, llorar, reir, explotar. Siente todos los días, en todo momento, un pequeño big bang dentro.
III
El escritor es todos, y ninguno a la vez. Entiende los pensamientos y los sentires de quienes lo rodean. Más aún, los vive en él. Es por eso que puede ser, en su obra, lo mismo un asesino que un santo; una puta que una virgen; un humilde burócrata o un monarca. A veces, esta cualidad (¿O maldicion?), le pesan, pues pocas veces el mundo lo sorprende. Es por eso que este es un oficio de gente desconfiada y escéptica.
IV
Este es un oficio lleno de inconformes, de inadaptados. (Algunos tan extravagantes que hasta son carismáticos). La escritora, el escritor, nunca están del todo cómodos. Es necesario estar en desacuerdo con la realidad para tener el deseo de contruir otra, alterna, con reglas distintas. Aqui es donde se encuentra su principal virtud: el desafiar la homogeneización de la vida (que muchos quisieran unícroma y monocorde), presentándola como una serie infinita de realidades posibles y, muchas veces, mejores que la que vivimos.
Es por ello que los tiranos no quieren a los que escriben: pueden imaginarse un mundo sin ellos.
V
Ningun escritor, ninguna escritora ha hecho nunca una obra completa. Esto tiene una razón muy símple: es el lector quien la concluye. El autentico escritor quiere ser leído, no por vanidad: por supervivencia.
VI
En teoría, todos podemos escribir una gran obra,(Aunque no muchos necesiten escribirla), pues todos tenemos una visión única e irrepetible del mundo. Dos personas nunca ven la misma manzana. Es en la diversidad de puntos de vista en donde reside la riqueza.
VII
Dicen que el escribir es un oficio, así como la prostitución o la ebanistería.
No es un oficio, pienso.
Tampoco una técnica.
Menos un arte
Es, simple y llanamente, la vida.
Omar Delgado
2007

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Carnal:
Muy chingona tu oda al escritor. Tienes mucha razón, agregaría el poblar nuestra soledad, como diría Borges, de igual manera, la palabra es nuestra mejor aliada, y al mismo tiempo, nuestra asesina.

Un abrazo.

Dolores Garibay dijo...

De todo lo que has escrito en tu blog, esto es lo siguiente que más me ha gustado (primero está lo de los escritores y el suicidio).

He leído tus reflexiones una y otra vez y en ocasiones me siento frustrada por algunas de las cosas con las que me identifico pero que todavía siguen enmarañadas en ese "caos cósmico" que se llama mi cabeza... tengo la esperanza de poder domar algún día a mis ideas que en este momento se encuentran en estado salvaje.

Besos chilangos