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jueves, enero 15, 2009

DE REGRESO A LA ISLA




Ricardo Montalbán

(1920-2008)


Recuerdo cuando era niño y mi familia se congregaba en la sala de la abuela para ver el programa de "La isla de la fantasía".
Me aterrorizaba.
Un lugar de ese tipo, tan de sueño, con anfitriones tan elegantes y atentos, no podía ser -para mi mente infantil, cultuvada en pesadillas por una matrona cristera-, otro que el infierno. El buen señor Roarke (Montalbán), me parecía un taimado Mefistófeles mientras que Tatoo -encarnado por el actor francés Hervé Villechaize-, era en realidad un pequeño trasgo en frac que seguramente se cebaba con las carnes los incautos visitantes una vez que caían los créditos finales.
Luego, con los años, me di cuenta de que el demonio es, en realidad, aún más refinado.
"La isla de la fantasía", de sólo 14 capítulos, tenía el encanto inocentón de las series de su tiempo. sus tramas eran sencillas y repetitivas -variaban sólo en la medida en que variaban los deseos de los visitantes-, y sus personajes principales jamás sufrian progresión o proceso evolutivo alguno, eran los mismos en el primer y en el último capítulo de la serie. Todo el atractivo de La isla... recaía en el carisma de Montalbán, maduro latin lover de sonrisa topical, y en las gracias de Villechaize y en su archiconocido grito al anunciar el arribo de nuevos visitantes: El avión, jefe, el avión.
Ahora, Ricardo Montalbán se ha despedido de este (in)mundo. Seguramente, en el momento el que escribo estas líneas, va arribando a algún inframundo isleño mientras el ilustrisimo Tatoo -quien se le adelantó, incrustándose una dosis letal de plomo en el cráneo alla por 1993-, lo anuncia desde la torre vigía. Es de esperar que el chaparrito Hervé, tan sufriente en vida, haya encontrado en el otro mundo alguna cura para su desesperación.
De no ser así, por lo menos ya no está solo.
Buena estancia, don Ricardo.
Omar Delgado
2009

jueves, agosto 16, 2007

El muerto al pozo... Six feet under

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En todas las culturas, en cualquier latitud, han existido personas que se especializan en lidiar con todos los aspectos relacionados con la muerte: embalsamadores, verdugos, amortajadores, plañideras, lapidarios, sepultureros, rezanderas... Estas buenas gentes siempre han tenido un estatus muy particular en las sociedades a las que pertenecen, pues al mismo tiempo se les necesita y se les rechaza. Por esa misma exclusión que sufren, se han visto obligados a formar castas y gremios especiales, lo cual los hace dueños de unas normas y reglas muy propias y particulares. (La dinastía de los Sansón, célebres verdugos en la Fráncia de los Luises, es ejemplo cabal de ello).
Finalmente, todos estos muerteros se ocupan de aquello que negamos los demás miembros de la humanidad: nuestra propia finitud. El ver a un sepulturero o a un carpintero especializado en féretros nos llena de aprensión, pues sabemos que, en cualquier momento, necesitaremos de sus servicios, ya sea para alguien que amamos, ya sea para nosotros mismos.

A todos ellos el vox populi se les ha investido con cualidades por encima de lo humano, consecuencia de su trato diario con los muertos: causan mal de ojo, pueden ver a las ánimas, tienen la capacidad de curar la epilepsia; llevan la muerte a cuestas. Incluso, en estos tiempos tecnificados y asépticos, siguen existiendo dinastías que por generaciones se han ocupado de los finados. Ahí tenemos a los Gayossos y los García López como referencia obligada al ataúd y la sepultura.
La serie Six Feet Under (2000-2005), original de Alan Paul y Alan Ball, traducida al castellano (y al sistema métrico) como Dos metros bajo tierra, trata precisamente sobre la vida de unos empresarios de pompas fúnebres. Los Fisher, habitantes de la soleada California (específicamente, L.A.), tienen una hermosa casa tipo americano que también alberga su negocio: Fisher & Sons mortuary services. Los miembros de la familia son Nathaniel, el padre; Ruth, la neurótica madre; Nate, el hijo pródigo, un prángana que a los 35 años sólo ha logrado ser gerente de una tienda tipo 7 Eleven; David, el seriecito y promiscuo hermano gay, y Clarie, la junkie de alta sensibilidad artística. La serie da inicio un 24 de diciembre, cuando los Fisher se reunen para la fiesta de Navidad. Nathaniel padre va a recoger a su hijo cuando sufre un accidente que resignifica en su totalidad la frase Cigarrete Kills. A partir de su deceso, explotan las atormentadas psiques de los demás miembros de la familia, pues Ruth acepta sus constantes infidelidades, Nate se embarga en un affaire con una desconocida, David se sumerge en las aventuras de una noche y Clarie asiste al velorio de su padre bajo los efectos del crack.

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Luego del sepelio del patriarca de los Fisher, Nate, quien siempre se ha reusado a trabajar en el negocio de la familia, descubre que tiene un talento especial para confortar a los dolientes; David se enrola amorosamente con Keith, un miembro de la policía de los Ángeles y Clarie se enamora de un delincuente juvenil. Los dos Fisher varones deciden asociarse para continuar con el negocio, por lo que Nate se queda en Los Ángeles. Además de su familia, el hijo mayor de los Fisher tiene otra razón para no irse: la hermosa Brenda Chenowitz, mujer de alto coeficiente intelectual, masajista e hija de psicoanalistas, quien a la postre se volverá muy importante en la vida de los Fisher. Además, para complicar las cosas, en Fisher & Sons trabaja Federico Díaz, conflictivo y talentoso embalsamador que se converirá en socio de la firma, y después, al final de la serie, en su competencia, al fundar Diaz Mortuary Services.

Six feet under duró 5 temporadas, las cuales corresponden cronológicamente, en el tiempo diegético de la serie, a 5 años en la vida de los Fisher (Del 2000 al 2005), con una prolépsis al final en donde nos muestran la futura muerte de todos los protagónicos de la serie. A lo largo de las temporadas de Six feet... convergen multitud de personajes que incidiran de manera directa o indirecta en la vida de los Fisher: desde George, quien se convertirá en el marido de Ruth, hasta Lisa, primera esposa de Nate; desde Billy, el perturbado hermano de Brenda, hasta Maggie, hija de George y amante de Nate. En esos cinco años la familia sufre decesos, enfermedades, accidentes, nacimientos, encuentros, disgustos y vaivenes (E incluso, visitas del fantasmal padre o viajes al otro mundo). Dentro de la muerte que los rodea, los funerarios y troupe que los acompaña se develan como seres humanos intensamente vivos.

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Al contrario de lo que pudiera parecer en un principio, los Fisher no son la versión mamona de La Familia Addams. Los capítulos de la serie tienen una estructura bien definida: todos ellos comienzan con un prólogo en donde se muestra la muerte de alguien que, evidentemente, será velado en Fisher & Sons (Luego Fisher & Díaz). El episodio bien puede tratar acerca de este muertito, bien puede ser tomado de excusa para una narración paralela. En general, la historia de cada episodio es autoconclusiva, aunque deja diversos cabos sueltos que serán amarrados en capítulos posteriores. La trama de las temporadas gira alrededor de un conflicto principal, el cual afecta a todos los protagónicos, y varios secundarios que sirven para desarrollar a cada uno de los personajes. Así, Nate transmuta de un rebel whitout a job a un padre de familia; David se encuentra a sí mismo junto a Keith y los hijos adoptivos de ambos; Clarie se convierte en una fotografa de mérito y Ruth, la codependiente madre, acepta la soledad como compañera en los últimos años de su vida.
Cualquiera que se dedique a esto de la narrativa (en todas sus vertientes, desde la literaria hasta la cinematográfica), debería de estudiar ésta obra. En general, aunque en muchas ocasiones el tono que se maneja es de un delicioso humor negro (apropiado para las circunstancias), la serie se suscribe en el género melodramático, al igual que las telenovelas de Televisa o las películas de Pedrito Infante. Sin embargo, la gran riqueza de Six feet... radica en el desarrollo de los protagonistas. Las tramas de cada capítulo, y de cada temporada, son relativamente sencillas, pero lo que les da la vitalidad y dinamismo que tienen es la construcción de personajes complejos, polifacéticos y contradictorios. Clarie, Ruth, Brenda, Nate, David y los demás son, todos, verosímiles y sólidos. Sus reacciones están perfectamente enraizadas en la lógica. Ninguno de ellos es un héroe, ni un villano, ninguno es ejemplar o deleznable, sino que todos guardan esa magnífica ambiguedad con la que estámos conformados los seres humanos. Los Fisher, los Díaz, los Chenowitz (La familia de Brenda), se van haciendo entrañables conforme el espectador los conoce, tanto que, en el epílogo de la serie, cuando se les ve morir, no se deja de sentir un agujero en el estómago.
Y siempre presente, la Muerte, en cada una de nuestras células, en cada uno de nuestros alientos. Calaca que nos sonríe por debajo de la piel. Los Fisher lo saben, conviven de ella, comen gracias a ella. Quiza por ello, la familia de funerarios entiende (y nos muestra) que el sentido de vivir es la vida en sí.
Omar Delgado
2007

jueves, mayo 31, 2007

Gil Girssom versus Eliott Ness

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Señor polecía… lo vi en la tele
Si viviéramos en el mundo que nos muestra la T.V, casi todos seríamos policías o criminales. En los programas de la pantalla chica, por cada ingeniero que aparece, hay diez agentes de ley; dos por cada abogado y tres por cada médico. El universo hertziano nos muestra una realidad en donde hay una constante y eterna confrontación entre las fuerzas del orden (representada por los detectives, los uniformados, los S.W.A.T´s) y el caos (Cuyos estándares son los narcotraficantes, Serial Killers, tratantes de blancas y asaltantes de bancos).

La figura del policía (y por consiguiente, la de su siamés criminal), ha sido protagonista estrella desde siempre en los medios masivos: la novela policiáca siempre sido popular desde su nacimiento en el siglo XIX; los programas de radio que rifaban eran los de género negro; los pulp fueron el género literario por excelencia durante la postguerra; gracias a las pantallas (grandes y chicas), conocemos cuicos que van desde Sam Spade hasta Kojac, desde Starky & Hutch hasta Mágnum; desde Sérpico hasta Harry el sucio.

Definitivamente, el cuico televisivo se ha adaptado a los tiempos, tanto como ha avanzado (por lo menos, técnicamente), el trabajo policial. Como ejemplo se puede analizar la enorme distancia que existe entre el agente Eliott Ness y el doctor Gilbert Grissom.

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Los Intocables y su Ness
El esmirrado y seco actor Robert Stack encarnó al Eliot Ness televisivo durante las tres temporadas que duró el programa de Los Intocables (The Untouchables, 1959), serial basado en el libro homónimo que escribió el Eliot Ness real con la ayuda de un periodísta. Dicho texto, que muchos han denostado por sus múltiples impresiciones (cuando no abiertas mentiras) narra el trabajo policial del agente y sus muchachos cuando peleaban contra las mafias de Chicago en los años treinta del siglo pasado. En Los Intocables televisivos los criminales son presentados como seres brutales que no se detienen ante nada con tal de alcanzar sus objetivos (El ejemplo del sanguinario Frank Nitti es paradigmático); por lo mismo, los policías comandados por Ness son rudos y agresivos. El mismo Ness es un hombre intimidante, que utiliza técnicas de presión psicológica para obtener sus confesiones. (Métodos que, por cierto, actualmente serían inadmisibles en un jurado estadounidense) Las investigaciones en el universo narrativo de la serie se basan en la indagación, en los testimonios de testigos, en los soplones, y en la investigación directa en la escena del crimen. Los policías de Ness tienen mucho de golpeadores y casi nada de psicólogos; mucho menos de científicos. En ningún capítulo de la serie se ve la toma de alguna huella digital o de algún rastro y los casos casi siempre terminaban con balacera y muerte del malo en cuestión
Los personajes femeninos en Los Intocables siempre son entes pasivos, subyugadas por las terribles fuerzas de lo masculino. Las pocas damas que no son víctimas desvalidas son mostradas, bien como femme fatales que utilizan a los personajes masculinos débiles, o bien como fieras dispuestas a liarse a plomazos con cualquiera (la célebre Ma Barker, por ejemplo). Eso sí, hombres como Ness jamás son tocados por los encantos de alguna de las lagartonas en cuestión. El trato entre géneros es de antagonistas: los criminales las tratan como objetos y los agentes de la ley como tontas o como putas. En toda la serie se huele la misogínia tanto como se huele la pólvora.
En suma, en Los Intocables los personajes están pocos elaborados y son unidimensionales: buenos rudos rudisimos o Malotes reojetes. Las situaciones, por otro lado, son simples: la lucha de las fuerzas del orden, totalmente puras, limpias y honestas, contra los mafiosos, asesinos a sueldo, asaltabancos y otros agentes del caos. (Todavía no aparecía el Asesino Serial) El final de cada capítulo es, por consiguiente, la victoria de los primeros sobre los segundos.

Nota: Cómo dato curioso, podemos mencionar que el Eliot Ness real, después de su cruzada contra el crímen en Chicago, se mudó a Cleaveland. En dicha ciudad, El ex-agente del tesoro se enfrentó a uno de los asesinos seriales más sanguinarios de la historia norteamericana: el asesino del Torso (imagínense cómo se ganó el nombrecito). Eliot Ness, quien había vencido a Al Capone y otros signores de la mafia, fue incapaz de detener a su nuevo contrincante.



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La escena del Crimen de Gilbert Grissom

CSI Las Vegas, una de las series televisivas más exitosas de todos los tiempos, comenzó a transmitirse en el 2000. En ella, la resolución de los casos policiales no se basa en las persecuciones o en los interrogatorios, sino en la recolección y análisis de evidencia. Ahora ya no son los policias madreadores y rudos, sino los científicos los que resuelven los crímienes.

Gilbert Grissom, interpretado por William L. Petersen, es uno de ellos. Es doctor en entomología por la UCLA y jefe de la unidad de investigaciones en la escena del crímen de la ciudad de Las Vegas. No es ningún hombre de acción; más bien, le gusta escuchar ópera, coleccionar insectos y leer. Aunque es agente de la ley, nunca empuña una pistola. Gil Grissom no hace arrestos espectaculares, no le rompe el hocico a los criminales ni camina por los bares de mala muerte, vestido de gabardina, buscando maleantes. Su trinchera es su laboratorio, y desde ahí, mete a los gandallas a la sombra.

Gil Grissom no esta sólo en su lucha contra el crimen: lo acompañan Catherine Willows, una ex- bailarina de streap tease, hija de mafioso, madre soltera y experta en trazos de sangre; Warrik Brown, un ludópata y brillante criminalista; Nick Stokes, un experto en fibras, hijo de un juez de la suprema corte y de gustos extremos en mujeres y Sara Sidle, una sagaz investigadora que tuvo una infancia dificil y que paulatinamente se enreda sentimentalmente con Grissom.

Comparándolo con el rudote Eliot Ness, Grissom es un tímido nerd que nunca ha metido las manos (figuradamente hablando), para atrapar a un criminal. Sin embargo, a diferencia del policia de Chicago, el entomólogo es mucho más efectivo para resolver los crímenes, pues atrapa a los criminales con las frías y afiladas armas que le da la ciencia. Para los CSI, el criminal no es encarcelado definitivamente por obra de los interrogatorios, las persecuciones o gracias a la ayuda de los soplones, (Aunque ayudan, por supuesto), sino por la evidencia que recoge y analiza Grissom y su gente (Muy especialmente, el ADN). Los métodos de Grissom, si bien son menos rudos que los de los Intocables, son inapelables ante la corte.

La diferencia en la imágen del policía de los años treintas y la del siglo XXI ha cambiado de manera notable; también los métodos de investigación se han modificado: actualmente, la evidencia es el principal recurso judicial y los interogatorios y testigos han quedado en un segundo plano. También los policias han cambiado: ahora las mujeres (Willows, Sidle), ya no son las damiselas en desgracia o las lángaras seductoras de azules: son mucho más intrépidas, incluso a un nivel mayor que los hombres, y los investigadores pueden ser, lo mismo anglosajones (Como Grissom o Strokes), que afroamericanos (como Warrik); cosa impensable en el Kukuxclanesco mundo del agente federal.

Los que transgreden la ley también han cambiado: Grissom se enfrenta lo mismo a estafadores que a mafiosos o asesinos en serie, y muchas veces sus casos son más difíciles que los de Ness. El mundo del misántropo entomólogo tiene muchos más recursos tecnológicos, pero también los criminales son más complejos y retorcidos. Eliot Ness utilizaba las balas de su Tommy gun; Gilbert Grissom sólo necesita los cotonetes de su kit científico.

Nota: Probablemente Gilbert Grissom, de hser un personaje real, hubiera podido detener al asesino del torso, misión en la que falló escandalosamente el viejo Eliot, con todo y sus poses de perdonavidas.

Omar Delgado

2007

lunes, febrero 05, 2007

Calaveras y diablitos: Supernatural

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Hay que reconocer que en la actualidad algunas series de televisión son bastante interesantes.

Desde hace algunos años los diferentes estudios norteamericanos que se dedican a producirlos se han preocupado por entregar productos más decentes que los horribles bodrios de los años ochentas o noventas. Sólo hay que pensar en la televisión de hace veinte años llena de Duques de Hazzard, T.J. Makey´s, Magnums y Beverly Hills 90210´s para que a uno se le revuelva el estómago.

Por fortuna, a partir de los dosmiles, gozamos de algunos muy buenos productos televisivos, aptos para todos los paladares. Desde las series policiacas que no agreden a la inteligencia (Tales como C.S.I, Bones, Criminal Minds), hasta programas de tema sobrenatural que no caen en la caricatura o, que si caen en ella, por lo menos lo hacen con elegancia. Entre estos últimos podemos mencionar a Buffy the vampireslayer (Que tomó los elementos clásicos de las historias de vampiros y los parodió), Ghost Whisperer (En donde una jóven psíquica ayuda a almas en pena), los expedientes secretos X (Que simplemente marcó época), y la que nos compete en esta ocasión: Supernatural.
Ghostbusters in leather
El tópico que toca Supernatural no es nuevo ni en la televisión ni en otros medios de comunicación. En la literatura uno de los primeros ejemplos lo tenemos en el profesor Abraham Van Helsing, némesis del cónde Drácula, un connotado médico e investigador de lo paranormal que al final logra destruir al píncipe de los chupasangre. Más adelante, surge el personaje de John Silence (1908), mezcla de Sherlock Holmes y Alister Crowley, creación de Algernon Blackwood. Silence tiene los primeros rasgos del investigador paranormal por definición: lógico, preciso y al mismo tiempo conocedor profundo del esoterísmo y de la mágia.
Ya en las últimas décadas del siglo, cuando los monstruos y los vampiros no eran el tema principal de los grandes estudios de cine, surge otra ves la figura del investigador-exterminador de lo paranormal, esta vez en la figura del Padre Carras en El Exorcista (1974), aterrador filme en donde dicho padrecito pelea contra el demonio Pazuzu por el alma de Linda Blair. De ahí, aunque el tema estaba vigente en medios como el cómic, tuvo un segundo aire en el celuloide.
La caza de espectros, vampiros y demás fauna se ha tratado en todos los géneros y tonos en Los Cazafantasmas I y II(1984 y 1989), en Hellboy (Comic de Mike Mignola y luego película de Guillermo del toro), y, por supuesto, en el excelente comic de Hellblazer (Creado en los ochentas por el maestrazo Alan Moore, del cual se hizo una pésima película interpretada por Keannu Reeves). Es notable que los guionistas bebieron de estas fuentes para desarrollar a los atípicos chicos Winchester.


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La historia.
Todo comienza 22 años antes en Kansas cuando la familia Winchester, formada por John, Mary y los pequeños Dean y Samuel, son atacados por una entidad demoniaca . En el ataque la madre resulta muerta y la casa destruida. John, un duro ex marine, decide dar caza al asesino de su esposa en compañia de sus hijos, convirtiendose todos en "investigadores-exterminadores", de lo paranormal.
Años después cuando Sam tiene 22 y Dean, 26, se enteran de que su padre se ha "perdido en acción", mientras perseguia a un demonio que probablemente sea el causante de la tragedia de su familia. Los hermanos inician la busqueda de John y forman un equipo de cazadores. Sam, quien está a punto de entrar a estudiar derecho en Stanford, se resiste a seguir a su rudo hermano en la búsqueda del padre. Todo ello cambia cuando Jessica, la novia del hermano menor, es asesinada de la misma manera que Mary Winchester.
Durante sus aventuras, Dean y Sam se enfrentan a distintas entidades, desde fantasmas del camino hasta demonios. Las historias se basan en la mayoría de los casos en leyendas del folcklor norteamericano (Las consabidas Urban Legends) tales como la mujer del camino, Bloddy Mary, el Wendigo o el hombre del gancho; además, siguen encontrando pistas acerca del paradero de su padre, quien al parecer se resiste a ser encontrado.
Las historias están por lo general bien estructuradas y generalmente los planteamientos de los capítulos son relacionados hasta sus útlimas conseciencias. A veces hay finales felices, pero en otras el final es amargo. Los guionistas tratan con bastante respeto las fuentes populares y la personalidad de ambos hermanos está bien construída. Dean Winchester el hermano mayor, es el rebelde del dúo. Es irónico, fanfarrón y no toma nada en serio. Nadie confía en él por que tiene pinta de delincuente; sin embargo, sigue al pie de la letra las órdenes del padre. Sam, por el contrario, se resiste a seguir las indicaciones de John Winchester, es el inteligente del equipo gracias a su amplio conocimiento del folcklore y de sus incipientes poderes psíquicos. Su apariencia es la de un chico bien portado, lo cual le permite ganarse la confianza de la gente con la que tiene que tratar. Mucho del motor dramático de la serie no está en lo sobrenatural, sino el la tensa y muy ambivalente relación entre los hermanos y su padre.
Debido a que la caza de demonios no es un oficio muy lucrativo (Lo que puntualiza Dean en el primer episodio) los hermanos se mantienen haciendo fraudes con tarjetas de crédito, apuestas y pequeños robos. Además, para realizar sus investigaciones, tienen que hacerse pasar por distintos funcionarios (Desde agentes del F.B.I hasta guardabosques). Todo lo anterior los enfrenta constantemente con las autoridades, por lo que su vida de cazadores también es de fugitivos. Son héroes bandoleros que tienen que explicar que persiguen cosas para las que no tienen una explicación. En más de una ocasión, en el transcurso de la primera temporada, los hermanos Winchester han caido en el tambo o han sido tildados de locos por la gente que auxilian.


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La serie de Supernatural tiene la enorme virtud de que trata el tema de lo sobrenatural con respeto. A diferencia de algunas otras series como la mencionada Buffy, Angel, o Hechiceras, los entes a los que se enfrentan los hermanos Winchester representan un verdadero peligro. También se da tiempo para la chacota, pero dirigida hacia las convenciones del género a la que pertenece la serie. Por ejemplo, Dean se burla de Sam diciendole que "Ve gente muerta". Sin embargo, a pesar de los descansos cómicos, la serie (La primera temorada, por lo menos), va capítulo a capítulo tomando solidéz dramática. La tensión de la historia que sirve de hilo conductor (La búsqueda del padre y del demonio asesino) va in cresendo. Conforme pasan los episodios, los hermanos Winchester se enfrentan con retos cada vez más peliagudos: una posesa que controla demonios asirios, vampiros nada putetes y sí muy cabrones, una pistola con el poder de matar cualquier ente sobrenatural y finalmente, el mismísimo chamuco. el final de la serie, el capítulo 23, deja al espectador sorprendido y aterrorizado. ( Y mentándole la madre a guionistas tan ojetes).
En este momento dicha serie está en su segunda temporada. La primera está siendo transmitida por televisión abierta mexicana. El doblaje es pésimo (Cosa rara en la Mexican T.V), por lo que se sugiere que vaya usted con su pirata de confianza y adquiera las aventuras de los hermanos Winchester. Valen la pena.
Omar Delgado.
2007

lunes, septiembre 18, 2006

Quantum leap. La cuántica de lo divino

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Un salto a los noventas
Quantum leap (Conocida en México como "Viajeros en el tiempo"), inició transmisiones en 1989, aunque en el mundo de habla hispana la conocimos hasta dos años después. Tuvo una duración de cinco temporadas. Dicha serie compitió con otras como Los Dukes de Hazzard, Miami Vice y la archireconocida (y archipendeja) Beverly Hills 90210. A diferencia de las anteriores, Quantum Leap era una serie inteligente, que integraba en un discurso seductor la ciencia cuántica y las preocupaciones metafísicas. ¿Dónde acabas la ciencia? ¿Dónde inicia lo divino? ¿Es la física cuántica y sus preceptos una rendija a través de la cual nos podemos asomar y dar un vistazo a Dios?
De viajeros en el tiempo
El viaje en el tiempo es una constante en la ciencia ficción. Desde finales del siglo XX, cuando H.G. Wells publicó su novela La máquina del tiempo, las historias de los crononáutas (Viajeros en el tiempo, pues) han pululado en el cine y en la literatura (y por supuesto, en el hijito de ambos: el comic).
Hay que decir que el maestro Wells sentó las bases de las historias de viajes en el tiempo, pero también su novela resultó ser un "prototipo" de las futuras hazañas de los viajeros. Es decir, que son pocas las historias de viajes en el tiempo que salen del esquema que crea el autor británico: una máquina, inventada por un brillante científico es utilizada para saltar de época en época y cambiar la historia. De ello, se pueden citar varios ejemplos: La ya mencionada La máquina del tiempo, (Tanto el libro como las películas que se han hecho en su nombre), la excelente y cotorra trilogía Volver al futuro, la espantosa película Timecop (estelarizada por Jean Claude Van Damme... no hay que decir más), la excelente Time after time (Película en donde el mismísimo Wells inventa la máquina y viaja a nuestro tiempo para detener a ¡Jack el destripador! ), la serie de los sesentas El tunel del tiempo, los fabulosos relatos de Ray Bradbury y de Philiph. K. Dick, entre otros.
En los medios audiovisuales han existido intentos para abordar el tema del viaje en el tiempo desde un concepto diferente al de "Maquinita del tiempo y científico loco", entre ellos se puede mencionar la reciente película The butterfly effect (2005), en donde el protagonista puede cambiar aspectos de su vida a través de sus diarios, o la ya mencionada Quantum Leap.

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La historia del Quantum
La historia se puede resumir así: Samuel Beckett (Sam, para los cuates), es un brillante científico, ganador del premio nobel en física, médico y políglota. Está considerado la mente más brillante del siglo XX. A principios del año 2000, Sam trabaja en el proyecto "Salto Cuántico", que se basa en la teoría de que una persona puede viajar al pasado hacia momentos de su propia vida por medio de la aceleración de partículas. Presionado por el gobierno, el doctor Beckett experimenta en sí mismo, y desaparece...
El experemiento sale de control. (o, más bien, álguien le quita las riendas a los científicos) Sam aparece en el cuerpo de otras personas, en distintas épocas (como si se posesionara de ellas), y tiene la misión, impuesta por una entidad superior, de mejorar la vida de sus "hospederos". Para ello, cuenta con la ayuda de su mejor amigo, Al, un consultor del proyecto al que puede ver en forma de holograma transmitido directamente a su cerebro. Es decir, Al sólo puede ser visto por Sam, y Al no puede interactuar en la época en la que está el viajero en el tiempo. Al no es solo la compañia de Sam; también es su fuente de información, pues por medio de una computadora (llamada Ziggy, no me pregunten por qué), le hacía saber el motivo de su salto y lo informa, en general, de su entorno.
La premisa de la serie es compleja, así que en cada capítulo había un breve prólogo explicándola de manera sucinta, lo que permitía al espectador ubicarse rápidamente. Los capítulos de la serie eran autoconclusivos, con un epílogo que era el inicio del siguiente, y que siempre hacía que Sam se encontrara en una nueva y difícil situación, lo que conservaba el interés del público. En sus saltos, Sam tenía que "encarnar" a distintos personajes: hombres, mujeres, afroamericanos, niños, minusválidos (Perdón, todavía no era políticamente correcto aquello de las "capacidades diferentes"), que vivieron en distintas épocas de la última mitad del siglo XX (Lo que concuerda con la edad de Sam y no desmiente la premisa del viaje "a lo largo de la vida del viajero"). Ésta regla tuvo una excepción: en algún momento de la serie llega a encarnar a uno de sus abuelos, un combatiente de la guerra civil norteamericana (1860-1865).
Éstas características hacían que las tramas de los capítulos fueran ricas y complejas, pues Sam lo mismo encarnaba a un pianista invidente que a un piloto de pruebas, a un muchacho con síndrome de Down o a una hermosa e inteligente secretaria de los años sesentas. Además, tanto Sam como Al eran entes actuantes dentro de las historias, y a veces, obraban de acuerdo a sus interese personales: en una ocasión, Al falsea la información que le da a Sam para que el viajero evite que su ex esposa se vuelva a casar y lo abandone. (Al, en el tiempo de ese salto en específico, estaba prisionero en Viet Nam y dado por muerto), y en otra ocasión, el propio Sam se niega a salvar de la invalidez a un rival de amores, un arrogante actor que la hacía de don Quijote en The man of la Mancha.

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Sam Beckett. El Quijote Cuántico.
Samuel Beckett tiene una historia como personaje bastante rica y compleja, la cual incíde directamente en sus viajes en el tiempo. Nació en una granja de Kansas y tuvo un hermano, el cual pierde la vida en la guerra de Vietnam. Sam posee la mente más brillante del siglo XX: es doctor en física cuántica, medicina y otras cinco disciplinas más, habla siete idiomas activos y dos lenguas muertas, es un pianista prodigio que a los diecisiete años dió un concierto en el Madison Square Garden; además, es un artemarcialista experto. Tiene un historial de amores fallidos y es soltero al momento del experimento. A pesar de todos sus saberes, tiene poca experiencia práctica en la vida. Ahí es donde entra su inseparable escudero, Al. Conforme transurre la serie, los saltos de Sam tendrán un impacto directo en su vida en el año 2000.

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Al, el Marine Sancho Panza.
Albert Calavari, el mejor amigo de Sam, es huérfano. se cria en un orfelinato del que escapa varias veces. Tuvo una hermana, Trudi, débil mental, que murió joven y que es un referente emocional muy fuerte para él. Ingresa a la fuerza aerea y es héroe de la guerra de Viet Nam, en donde es capturado por el Viet Cong y hecho prisionero por cinco años. Se ha casado cinco veces y ha tenido incontables aventuras sexuales. Además, en sus roles de la vida hizo de todo: fue motociclista en los cincuentas, gigoló, ladrón, carterista, y un largo etcétera. Al es la referencia vital de Sam, es quien lo guía a través de sus aventuras con su conocimiento práctico y su desparpajo. Tiene una moral ambigua (al contrario de Sam, que casi siempre es asquerosamente recto), pero su fidelidad al viajero está más allá de toda duda. Al momento del experimento es almirante de la U.S N.A.V.I y observador por parte del gobierno (de hecho, el proyecto es de una agencia militar de los EE.UU.), y cuando Sam queda perdido en el tiempo se vuelve su referencia y su compañero. Al le debe mucho a Sam, pues lo ayudó a vencer un alcoholismo crónico que estaba destruyendo su carrera y su salud.

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Las virtudes
Quantum Leap, producida por Donald Belissario, se transmite entre 1989 y 1993. Está en la frontera de las series de los ochentas (onda los dukes de Hazzard, t.J. Mackey y Magnum P.I.), y las series de los noventas y del nuevo siglo. (Desde Friends hasta C.S.I, pasando por Buffy y Melrose Place). Quantum Leap contó con dos excelentes actores como los protagonistas: Scott Backula (Sam Beckett) y Dean Stockwell (Al) que encarnaban a la perfección a los dos personajes. Los guiones generalmente son de una calidad muy alta, y la historia le requería al espectador cierto grado de inteligencia (lo cual es de agradecerse).
Además, el meollo de Quantum Leap era el hecho de que una entidad superior (¿Dios?) tomaba el control del experimento para cambiar la historia. No la historia de los libros, la historia de los pequeños hechos, de las vidas de los hombrs y mujeres que Sam encarna. Generalmente, Sam llega en un momento en el que su "hospedero" o los allegados de este están en un grave peligro (desde un divorcio hasta el ser asesinados por un Serial Killer), y Sam tiene que corregir estos hechos.
El gran planteamiento de la serie consiste en que son las decisiones que toma cada persona, pequeñas o grandes, las que pueden cambiar el curso de su vida para bien o para mal. En Quantum ...se pueden ver las consecuencias de dichas acciones, y el papel que toma Sam para modificarlas y, así, mejorar la vida de los involucrados con el viajero. Esta mejora se basa en el equilibrio. Sam equilibra el órden del cosmos con sus actos, los cuales, lejos de resultar espectaculares y titánicos, son tan cotidianos cómo el hablar con un hijo desorientado o escuchar a una amiga al borde del suicidio.
Sam, en uno de los mejores capítulos de la serie, encarna en un actor que protagoniza The Man of la Mancha. Esta es una muy acertada metáfora de su labor: un hombre que "endereza entuertos" a través del tiempo, un caballero que mejora la vida de la gente con la que se topa, un hombre de mil rostros que, en realidad, no tiene ninguno, y que por ello representa a la humanidad entera.
Al y Sam son dos personajes excepcionales, extrahumanos, incluso. El científico es el hombre más inteligente del mundo (y por mucho, a la manera del Reed Richard de los cuatro fantásticos), que representa una figura fáustica invertida. Su descubrimiento y su búsqueda de verdad, que al principio tuvieron un fin egoísta, son utilizados por la virtud. Sam es el hombre que encontró la verdad (o más bien, que la "verdad" lo encontró a él), y que por ello tiene la obligación de utilizar dicho conocimiento. Al, por otro lado, es la encarnación de la experiencia mundana, un héroe trickster en el más puro sentido Junguiano. Al es el que ha vivido todo, el que sabe que muchas veces la moral es relativa, el que aterriza a Sam en el mundo de The real madrazos.
Pero tal vez la virtud más grande de Quantum Leap era la oportunidad de conocer distintos ambitos, atmósferas, sociedades y momentos históricos desde el punto de vista del científico. Sam salta en el periódo comprendido entre 1950 y 1985, un periódo lleno de actividad y efervecscencia dentro de la historia de Norteamérica. El espectador puede, junto con Sam, vivir los inicios del rock and roll, sentir la segregación racista de los estados sureños, atemorizarse con los motínes de los Ángeles en los años sesentas, experimentar lo que es ser un mutilado de guerra, un invidente, un niño con sindrome de down o un negro en Louisiana, sufrir el acoso sexual y la discriminación de género, oler el temor a los rusos en la guerra fría, etcétera.
En sí, lo mejor de Quantum Leap era su capacidad de hacernos vivir la historia desde dentro, desde sus protagonistas y testigos, no desde las fechas ni los libros de texto.

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Los defectos.
Pocos defectos tiene, en realidad la serie. Uno de ellos es la repetición de ciertos tópicos cómo el hecho de que la misión de Sam muchas veces era el detener a algún asesino serial (Recordemos que la serie fue estrenada en 1989, en la misma década en que el desconocido Zodiaco, John Wayne Gacy y Ted Bundy alcanzaron una estatura casi mítica). Por lo menos en dos capítulos Sam Beckett se relacionaba con una de las posibles víctimas de algún maniático.
Otro de los defectos radicaba en la construcción de los personajes. Sam y Al eran personajes inverosímiles en el sentido de que representaban al extremo dos de las facetas de lo humano (El sabio supersabio, el pícaro aventurero), y por lo mismo, muchas veces tenían demasiadas "habilidades" o "conocimientos" cómo para ser seres humanos normales. Sam y Al estában concebidos como titanes (cada uno en su campo), y eso comprometía muchas veces la verosimilitud de las historias.
Un ejemplo típico: Sam, en uno de sus saltos, encarna a una mujer, madre de tres hijos y divorciada. Su misión en esa época era salvar al hijo mayor, de quince años, de las garras de un par de paidófilos asesinos (Y que no eran legionarios de cristo, por cierto). Sam nos sale con la sorpresa de que, además de ser un físico Novel, médico, políglota y pianista, es un artemarcialista que bien le podía dar batalla a Jackie Chan, pues Al le recuerda que "... sabes Muhay Thay, Kung Fu, Tae Kwon do, Karate y Akido".
A pesar de estos deslices que muchas veces eran recursos fáciles para concluir la historia del capítulo, la veracidad de las historias se sostenía. Finalmente, Sam y Al, escogidos por una fuerza superior para llevar a cabo cambios en la historia, tenían que ser personajes que fueran más allá de lo humano. Tal cómo las novelas de caballerías de la Edad Media, Sam Beckett tiene la estatura de un Amadís de Gaula, Tirant le blanc o Lanzarotte.
Sin embargo, una cosa salvaba la viabilidad de Sam y Al: su carácter profundamente humano. Ambos tenían una historia compleja y rica, y muchas veces, dolorosa. Sam perdió a su hermano en Viet- Nam, pierde a su padre muy joven, nunca tiene una relación amorosa sólida y, por lo mismo, es una persona terriblemente sola. Al, cómo huerfano, sufrió el abandono y tuvo que hacerse a sí mismo. Entró a la marina y combatió en la misma guerra, donde es capturado y hecho prisionero por años. En ese periódo de cautiverio, pierde a Elizabeth, la única mujer que había amado. Después de esa decepción amorosa, Al va (¿Brinca?) de matrimonio en matrimonio, de mujer en mujer, tratando de hallar lo que tenía su Beth. De hecho, los capítulos en donde los protagonistas tratan de cambiar su propia historia son, con mucho, los mejores de la serie.
En las últimas temporadas a Sam y Al se les contraponen dos personajes, dos mujeres que también están viajando en el tiempo pero, a diferencia de los protagonistas, a ellas las comanda el mismísimo chamuco. La viajera también encarna en distintas personas, pero para hacer el trabajo contrario al de Sam. Si bien, este recurso dramático no es del todo malo, la forma en la que se manejó en las historias fue pésimo: las dos demoniacas viajeras, además de mujeres, gandallas y cachondonas, eran ¡Rusas! ¿Hay algo más maniqueo?

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Conclusiones.
Quantum Leap fue un serial televisivo que se adelantó a su tiempo, pues al contrario de los bodrios ochenteros, tenía una historia compleja, personajes bien logrados y guiones -casi siempre-, elaborados e inteligentes. Además, el mismo tema de la serie puso a discusión muchas veces la distancia entre lo divino y lo lógico, la viabilidad de la experiencia de lo divino a través de la ciencia (en este caso, la física cuántica). En los episodios, por lo demás muy bien ambientados, los protagonistas no se enfrentaban a grandes conflictos que afectaran a la humanidad entera, sino a los pequeños colapsos, a los problemas humanos que pueden cambiar la historia de una persona para bien o para mal: divorcios, muertes, abandonos, decisiones. Quantum Leap también mostró, a través de su historias, que son los actos cotidianos los que alteran el curso de nuestras vidas, y que a través de lo -aparentemente- trivial encontramos lo trascendente.
Omar Delgado
2006