lunes, junio 30, 2014
PORQUE NO ME GUSTA EL SOCCER
martes, mayo 15, 2012
DE MAESTROS Y VERDUGOS
lunes, abril 16, 2012
NEARER, MY GOD, TO THEE
lunes, noviembre 21, 2011
TRES REFLEXIONES ACERCA DE "EL CABALLERO DEL DESIERTO"
miércoles, agosto 11, 2010
LA BELLA INGENIERA
No acostumbro mencionar en este espacio mi otra ocupación, esa que lleva alimentos a mi mesa. Para mí, las letras hacen que la vida valga la pena, además de impedir que me desbarranque por las laderas de la locura. Sin embargo, por lo menos en este momento, me es necesario otro oficio para proveer al escritor de los insumos y lujitos necesarios para su desempeño.
Cualquier estudiante de ingeniería sabe que el elemento más escaso en la profesión son las mujeres, pues por lugar común, cliché, comodidad o por la negra fama que tiñe a las ciencias exactas, la mitad bella del género humano prefiere decantarse hacia profesiones como la psicología, la administración, la pedagogía o la arquitectura. No muchas son en realidad —o por lo menos, en mis tiempos—, las que se aventuran en las sendas de las matemáticas aplicadas, la física avanzada y el sofisticado albur de los inges. Las pocas que de repente se aparecíeron en las aulas de mi profesión, o bien estaban demasiado ocupadas defendiéndose del asedio masculino, o bien eran dueñas de una anatomía tan alejada de la proporción áurea que uno prefería verlas más como compadres que como potenciales compañeras de cama.
Por ello, para mi fue una agradable sorpresa descubrir que la diva del cine Hedy Lamar (1914-2000) era también una notable colega ingeniera.
La hermosa inge, de nombre real Hedwin Eva María Keisler, nació en Austria en 1913. Era hija de una pianista y de un banquero de origen judío. Desde muy pequeña, demostró una notable inteligencia, misma que a los 16 años la lleva a inscribirse en la Escuela de Ingeniería en Comunicaciones. Sin embargo, tres años después, su belleza la lleva hacia la actuación. Siendo dirigida por el director Max Reinhardt, Hedwin protagoniza el primer desnudo del cine comercial en la cinta checa Ektase, en la que muestra sin ninguna inhibición su magnífica anatomía. Dicha escena ocasionó que su familia, para evadir la verguenza social, la prometiera y casara a la fuerza con el magnate Frederich Mandl, tratante de armas e influyente actor político.
El marido de Hedy resultó ser un energúmeno celoso que prácticamente la encerró en casa, y que incluso no le permitía bañarse si no era bajo su ojo vigilante, por lo que la hermosa tuvo el tiempo suficiente para concluir su formación como ingeniera. Al mismo tiempo, durante las reuniones y fiestas a las que asistía junto con su marido, quien por cierto proveía de armas al régimen de Mussolini, logró sonsacarle algunos secretos militares a los altos mandos del ejército fascista. Estos datos le serían de utilidad años después.
Hedwin logró escaparse de Frederich saliendo por la ventana de un restaurante y tomando carretera hasta llegar a París, en donde obtendría el primero de los seis divorcios que acumularía en el transcurso de su vida. Luego de viajar a Londres, se embarcó a las Américas en el trasatlántico Normandía. Ahí conoció a Louise B. Mayer, copropietario de los estudios Metro Godwin Mayer, quien le ofreció un contrato de exclusividad. Debido a la polémica del desnudo, su nuevo patrón le pidió que se cambiara el nombre artístico para no espantar a la pacata sociedad estadounidense. Así, la diva unió apócope de su primer nombre al apellido de Bárbara La Marr, actriz del cine mudo muerta por una sobredosis de heroína en 1926 (y que por cierto, había tenido un romance con Mayer). Hedy Lamarr, la mujer más hermosa de las películas, había nacido.
Lamarr protagonizó algunas de las cintas más representativas de la época, siendo las más recordadas Tortilla Flat (1943), Boom Town (1940), Samson and Dalila (1947) y The Female Animal (1957). Sin embargo, seria la representación de la ingrata pérfida filistea que ocasionó la caída de Sansón la que imprimió para siempre su imagen seductora en el inconsciente colectivo. De la misma manera, se enamora en 1941 de compositor vanguardista George Anteil (1900-1959), con quien accidentalmente haría uno de los descubrimientos más importantes de las telecomunicaciones: la conmutación de frecuencias.
El desarrollo de misiles teledirigidos fue una preocupación para los dos bloques de países que pelearon la segunda guerra mundial. El problema de dicha tecnología radicaba principalmente en que los proyectiles eran controlados por señales electromagnéticas muy fáciles de interceptar e interferir por el enemigo, quien podía con relativa sencillez crackear la señal y mandar la bomba de vuelta a su destino. Hedy Lamarr pudo resolver el problema al diseñar el esquema que daría origen a la tecnología de espectro ensanchado por salto de frecuencias (FHSS).
Un día cualquiera, dándose arrumacos con su músico, Hedy decidió tocar el piano. Mientras calentaba los dedos, se le ocurrió que, al igual que un pianista alterna las notas del instrumento para construir una melodía, las frecuencias de un transmisor podían variar en intervalos cortos, de manera sincronizada con su receptor. En base a este principio, la bella inge, utilizando tanto sus habilidades técnicas como los conocimientos que le esquilmó a los socios de su ex marido, diseño un sistema, registrado bajo la patente 2.292.387, que permitía a los misiles ser dirigidos remotamente con una señal segura. Este sistema, llamado posteriormente de Espectro Ensanchado, es el mismo que casi ocasiona la voladura del planeta durante la crisis de los misiles de Cuba en 1962 y que, más de sesenta años después, adaptaría la compaía canadiense Blackberry para su esquema de trasmisión movil de datos.
La ingeniera Keisler también contribuyó a la victoria de los aliados al comunicar todos los tejes y manejes de los que se había enterado mientras era la esposa de Friedrich Mandl, por lo que, además de diva del cine y notable inventora, también debe guardársele un lugar de honor en el nicho de los espías antinazis. Luego de una vida llena de glorias, aventuras y turbulencias, Hedy Lamarr murió en Orlando, Florida, el 19 de enero del año 2000. Algunos años antes se le había hecho un reconocimiento público por sus descubrimientos en el campo de las comunicaciones, e incluso se decidió que el día de su cumpleaños, el 9 de noviembre, fuera declarado en su honor el día de los ingenieros.
Hedy Lamarr, además de sus invaluables méritos, demuestró que la belleza de ninguna manera está peleada con la capacidad cerebral. Al igual que sus colegas Katherine Hepburn (quien provenía de una familia de intelectuales y era dueña de un afilado ingenio) y Marilyn Monroe (casada con el dramaturgo Arthur Miller y lectora compulsiva de Kerouac y Joyce), Lamarr fue una de esas mujeres totales que cualquier hombre con más de tres dedos de frente busca con desesperación.
(Aunque sean tan complicadas)
Omar Delgado
2010
sábado, mayo 15, 2010
AMATXU
Itziar Alejandre Cerasolo (1937-2010)
Querida amiga, madre literaria:
Van ya tres días de que te desprendiste de esta carne tan falible, de que tu espíritu se deshizo al fin de ese cuerpo tuyo tan traicionero, mismo que hace veinte años se empecinó en volverse tu mortaja.Y hoy es también el tercer día en que me doy cuenta que el hueco que dejaste en nuestras vidas jamás se llenará del todo.
Recuerdo que el martes pasado, 11 de Mayo, te encontré anidada en la cama de hospital que se convertiría en tu lecho mortuorio. La enfermedad ya te había arrebatado la palabra, cualidad que siempre fue tu patrimonio y tu potencia. Era una mañana de calor untoso, y dormitabas. Parecías deshidratada. Una enfermera distraida me preguntó si te estaban dando suficiente agua, y yo no supe que contestar. Fue cuando abriste los ojos y tus labios vibraron apenas; ya no pudiste hablarme, ya los alientos se te quedaron atrapados en la mascarilla. Sin embargo, tus ojos me lo dijeron todo: supe que sería la última vez que te vería en este plano de la existencia. Se me concedió que te despertaras, y pude ver en la chispa de tu mirada que me reconocías, pero no se me concedió escucharte por última vez. Quizá sea en otro momento, en el instante en el que sea a mí a quien me toque entregar las ánimas, cuando podamos charlar otra vez.
Tu vida fue un tejido riquísimo y vasto, polícromo y complejo, lleno de vericuetos y espirales, un tejido cuyo primer hilo inició en el país vasco en 1937, en plena guerra civil española. Eras niña cuando ya huías de las barbaries de la guerra, cuando tomaste conciencia de lo que eran capaces de hacer la ambición desmedida y la crueldad del hombre. Tu venías de ese pueblo bravo de los vascos, ese que siempre ha tratado de trazar sus propios destinos y que siempre se ha confrontado a los tiranos. Quizá por ello tu espíritu también nació indómito y tal vez por eso siempre apoyaste y amaste a la mejor parte de este México, a los que buscan construir un país menos injusto.
Poco a poco, a lo largo de los años, nos fuiste revelando a nosotros, tus compañeros del taller literario, la maravilla de tu existencia. Tu llegada a México, después de vivir hambres y fríos en un campo de refugiados francés, después de viajar a La Habana en un carguero ingles —bajo la amenaza de los torpedos nazis—, después del arribo a Veracruz en los tiempos en que este país aún tenía un presidente digno de ese nombramiento Recuerdo embelesado como nos contabas de aquellas odiseas ultramarinas, de tu predilección por el té y las tostadas con mantequilla, de tus memorias del terrible calor cubano y de tu espanto infantil al ver a la gente de color. En esas noches, gracias a tus palabras, puede conocer a tu padre, el guerrillero que peleó contra Franco, el empresario mexicano, el arqueólogo aficionado, el padre ambivalente que te hería al tiempo que te quería. Y, por supuesto, también nos presentaste a tu Amaxtu, a esa señora de valor callado y firme que te trajo desde la Europa de la guerra y te crió —a ti y a tus hermanos, a tu abuela, a una de sus hermanas—, en un país que pronto adoptaron como propio.
Durante esas maravillosas veladas nos hiciste cómplices aún de los más espinosos momentos de tu vida: nos relataste como la pulmonía y el mar te arrebataron a tus dos hermanos; nos contaste de tu matrimonio con el omnipresente Regio, de tu carrera como científica —cuando eras investigadora en el centro médico, nomás—, de tu viaje de estudios a Francia —en donde casi te fulmina un rayo—, de tu matrimonio sin felicidad, de tus dos hijos, del cómo te abandonó el marido en cuanto supo de tu enfermedad; en fin, que nos hiciste partícipes de todos aquellos momentos que te construyeron como persona.
Cuando te recuerdo, querida amiga, no me queda sino asombrarme de la fortaleza de su espíritu, de la gallardía con la que enfrentaste la guerra, el exterminio, la enfermedad, la soledad, el dolor y la muerte; de la sonrisa con la que siempre las retaste. Por que eso sí, Itziar, jamás escuché de ti una sola queja: sólo chanzas ingeniosas, anécdotas diamantinas, frases sabias, luz filigranada en palabras y, por supuesto, maldiciones dirigidas contra los corruptos, los ladrones y los autoritarios (razas que hoy día son más que abundantes). En estos tiempos en que los jovencitos cagüengues —y no tan jovencitos, pero igual de cagüengues—, se arropan en la autocompasión y las lamentaciones, tú, que auténticamente tenías motivos para rendirte, para intentar bajarte del tren, jamás lo hiciste, y ni siquiera lo intentaste.
Ahora que tus cenizas — ¿Podrá una urna tan chiquita contener a una mujer tan inmensa?—, van camino a Euskadi, a descansar junto a tu madre, sólo me queda el extrañarte, el tratar de emular aunque sea un poco tu valor y tu coherencia, y agradecerte de manera infinita por la preciosa amistad con la que me distinguiste.
Fue un privilegio conocerte.
Nos vemos al otro lado.
Omar Delgado
2010
lunes, octubre 12, 2009
IRMA
I
Ella es un ama de casa de sesenta y tres años que desde hace siete obtuvo su jubilación de
El sábado 10 de octubre tuvo que ver, con la impotencia amargándole la boca, cómo las fuerzas policiales del estado mexicano entraban en las instalaciones de la compañía a la que le dedicó la vida. Luego, durante un domingo caluroso y triste, sufrió los machacones mensajes de diversos funcionarios públicos —desde un porcino secretario de gobernación hasta el coproforme presidente de
Ahora Irma vive en una angustia permanente por su futuro. Aún no sabe si seguirá percibiendo su jubilación, aún no sabe por cuanto tiempo lo hará; aún no sabe que pasará con el porvenir de su hija menor, dependiente económica suya y estudiante. Lo único de lo que está segura es de que, luego de tantos fraudes y engaños caradura, luego de prometer la derogación de la tenencia y la generación de millones (pero millones, millones), de empleos, luego de perjurar que no se subirían impuestos a la población ni que se tocarían los fondos de las AFORES[1], la palabra de Felipe de Jesús Calderón, presidente impuesto de la república, no vale una chingada.
II
Irma no comprende porqué hay tanto encono hacia ella y hacia sus compañeros electricistas. Ha debido soportar burlas, reclamos y comentarios ácidos incluso de sus propias hermanas: “Ay, qué bueno… Hasta que se van a poner a trabajar”. “Son unos huevones”, “Tienen muchísimos privilegios: qué bueno que se los quiten” A ella, como a muchísimos segmentos críticos de la población —desde los estudiantes de universidades públicas hasta los militantes del movimiento Lopezobradorista—, los medios de comunicación los han hecho deleznables. Los han convertido en el receptáculo de las frustraciones de la mayoría de la población, como si fueran culpa de ella —de Irma—, las crueles políticas de despojo económico con las que desde tres décadas nos atacan las elites del país; como si fuera su responsabilidad que el gobierno federal, desde hace años, ha dejado de invertir en ciertas empresas paraestatales —como la extinta LyF , Pemex,
III
Irma es consciente que la batalla que sigue es crucial y será a muerte.
Intuye que la acción del gobierno mexicano —que expertos juristas han calificado como ilegal y anticonstitucional—, tiene como fin último la apertura del sector eléctrico al capital privado. Sabe que es un negocio más que jugoso, que tiene alcances internacionales y que los panistas en el gobierno —a quienes les quedan menos de dos años antes de dejar el poder—, harán lo posible por abrir la industria y llevarse una tajada del pastel. Es más que obvio que hay capitales extranjeros —especialmente españoles, cuyo personero y punta de lanza era el difunto Juan Camilo Mouriño—, que buscan incursionar en la generación eléctrica. Irma sabe también que algunos de los magnates mexicanos ya se frotan las manos por la infraestructura de LyF, indispensable para la distribución de fibra óptica que les permita invertir en el llamado Triple Play[2]
Tan grande es el negocio que viene que al gobierno federal no le importó dejar sin sustento a más de sesenta y seis mil familias; tampoco le preocupó —por cierto—, lanzar a la calle al Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), una de las más antiguas y aguerridas organizaciones laborales de México. A Calderón, a sus socios y representados —quiero decir, a los que realmente representa, que es a la casta empresarial—, no les importa que corra sangre en las calles, que se paralice la ciudad de México —total, la gobierna la oposición—, ni que centenares de miles de personas queden en la indefensión. Es más, para ellos, todos estos inconvenientes no son sino ajustes necesarios para su proyecto de país.
Un proyecto de país en el que Irma, mi madre, no existe.
Pos ya veremos.
IV
A todos aquellos que piensan “A mi que me importa”, “¿Y yo por qué?”, “Me viene valiendo madres”, me gustaría que reflexionaran acerca de los argumentos que el gobierno utilizó para liquidar a LyF: ineficiencia, gasto excesivo, burocracia, mal servicio. Quisiera que pensaran que esos mismos argumentos pueden ser utilizados para liquudar cualquier paraestatal o instituto incómodo. Hoy es Luz y Fuerza del Centro, mañana será PEMEX,
Mañana, si no nos solidarizamos con Irma y con LyF, puede pasar lo que consignó Martin Niemöller:
“Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,
Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,
Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar”
Omar Delgado
2009
[1] AFORES: Fondos privados para el retiro de los trabajadores de México, actualmente en vías de ser requisadas por hacienda para financiar infraestructura.
[2] Triple Pay: Telefonía, Internet y Televisión. Un negocio en el que es necesaria infraestructura como la de LyF —postes, canaletas, subestaciones—. Para pasar líneas de fibra óptica e hincharse de billetes.





