lunes, octubre 12, 2009

IRMA


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I

Ella es un ama de casa de sesenta y tres años que desde hace siete obtuvo su jubilación de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro (LyF). No se la regalaron: la consiguió luego de dedicar más de cuarto de siglo laborando para dicha empresa. Cuando habla de su trabajo, lo hace con el orgullo brillándole en los ojos, pues LyF le permitió desarrollarse laboral y humanamente a pesar de que las carencias de su juventud no le permitieron obtener un grado académico más allá del segundo año de secundaria. Cuando finalmente dejó el trabajo, ejercía como supervisora de tabuladoras —las mujeres encargadas de calcular los montos de las facturas eléctricas—, labor que actualmente realizan tres actuarios.

El sábado 10 de octubre tuvo que ver, con la impotencia amargándole la boca, cómo las fuerzas policiales del estado mexicano entraban en las instalaciones de la compañía a la que le dedicó la vida. Luego, durante un domingo caluroso y triste, sufrió los machacones mensajes de diversos funcionarios públicos —desde un porcino secretario de gobernación hasta el coproforme presidente de la República—, quienes por todos los medios la intentaron convencer de que ella era, y solo ella, la culpable de que su jubilación, su fuente de ingresos y, sobre todo, la empresa de la que orgullosamente formó parte, hubiera sido liquidada —en toda la terrible connotación del término—, por el gobierno mexicano.

Ahora Irma vive en una angustia permanente por su futuro. Aún no sabe si seguirá percibiendo su jubilación, aún no sabe por cuanto tiempo lo hará; aún no sabe que pasará con el porvenir de su hija menor, dependiente económica suya y estudiante. Lo único de lo que está segura es de que, luego de tantos fraudes y engaños caradura, luego de prometer la derogación de la tenencia y la generación de millones (pero millones, millones), de empleos, luego de perjurar que no se subirían impuestos a la población ni que se tocarían los fondos de las AFORES[1], la palabra de Felipe de Jesús Calderón, presidente impuesto de la república, no vale una chingada.

II

Irma no comprende porqué hay tanto encono hacia ella y hacia sus compañeros electricistas. Ha debido soportar burlas, reclamos y comentarios ácidos incluso de sus propias hermanas: “Ay, qué bueno… Hasta que se van a poner a trabajar”. “Son unos huevones”, “Tienen muchísimos privilegios: qué bueno que se los quiten” A ella, como a muchísimos segmentos críticos de la población —desde los estudiantes de universidades públicas hasta los militantes del movimiento Lopezobradorista—, los medios de comunicación los han hecho deleznables. Los han convertido en el receptáculo de las frustraciones de la mayoría de la población, como si fueran culpa de ella —de Irma—, las crueles políticas de despojo económico con las que desde tres décadas nos atacan las elites del país; como si fuera su responsabilidad que el gobierno federal, desde hace años, ha dejado de invertir en ciertas empresas paraestatales —como la extinta LyF , Pemex, la UNAM—, con el fin de volverlas obsoletas y evitar que presten un buen servicio para su posterior privatización. Por último, ella jamás ha comprendido porqué la gente, en lugar de enojarse por las condiciones de su contrato colectivo de trabajo —prestaciones todas ellas, por cierto, estipuladas en la Constitución Mexicana—, no luchan por obtener prebendas similares. Lo cierto es que Irma ha vivido, con toda crudeza, la tendencia natural del mexicano —que es casi una tradición como la Guelaguetza—, a atacar con rabia a quien ha logrado una situación un poco menos desesperada. “O todos jodidos, o todos jodidos”.

III

Irma es consciente que la batalla que sigue es crucial y será a muerte.

Intuye que la acción del gobierno mexicano —que expertos juristas han calificado como ilegal y anticonstitucional—, tiene como fin último la apertura del sector eléctrico al capital privado. Sabe que es un negocio más que jugoso, que tiene alcances internacionales y que los panistas en el gobierno —a quienes les quedan menos de dos años antes de dejar el poder—, harán lo posible por abrir la industria y llevarse una tajada del pastel. Es más que obvio que hay capitales extranjeros —especialmente españoles, cuyo personero y punta de lanza era el difunto Juan Camilo Mouriño—, que buscan incursionar en la generación eléctrica. Irma sabe también que algunos de los magnates mexicanos ya se frotan las manos por la infraestructura de LyF, indispensable para la distribución de fibra óptica que les permita invertir en el llamado Triple Play[2]

Tan grande es el negocio que viene que al gobierno federal no le importó dejar sin sustento a más de sesenta y seis mil familias; tampoco le preocupó —por cierto—, lanzar a la calle al Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), una de las más antiguas y aguerridas organizaciones laborales de México. A Calderón, a sus socios y representados —quiero decir, a los que realmente representa, que es a la casta empresarial—, no les importa que corra sangre en las calles, que se paralice la ciudad de México —total, la gobierna la oposición—, ni que centenares de miles de personas queden en la indefensión. Es más, para ellos, todos estos inconvenientes no son sino ajustes necesarios para su proyecto de país.

Un proyecto de país en el que Irma, mi madre, no existe.

Pos ya veremos.

IV

A todos aquellos que piensan “A mi que me importa”, “¿Y yo por qué?”, “Me viene valiendo madres”, me gustaría que reflexionaran acerca de los argumentos que el gobierno utilizó para liquidar a LyF: ineficiencia, gasto excesivo, burocracia, mal servicio. Quisiera que pensaran que esos mismos argumentos pueden ser utilizados para liquudar cualquier paraestatal o instituto incómodo. Hoy es Luz y Fuerza del Centro, mañana será PEMEX, la UNAM, el IPN, el CONACULTA, el INBA, (El CNTE no: hay que mantener contenta a la maestra para que opere la elección del 2012); mañana será cualquier universidad pública, cualquier organismo descentralizado, o pueden servir para decretar la desaparición de poderes en algún gobierno local incómodo. Mañana la constitución —especialmente el artículo 123 que tantas nauseas causa a los empresarios—, puede ser derogado por obsoleto. El día de mañana podemos despertar en las mismas condiciones que teníamos hace cien años: como peones de hacienda henequenera o como internos de campo de concentración.

Mañana, si no nos solidarizamos con Irma y con LyF, puede pasar lo que consignó Martin Niemöller:

“Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,
Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,
Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar”



LA PATRIA NO SE VENDE


Omar Delgado

2009



[1] AFORES: Fondos privados para el retiro de los trabajadores de México, actualmente en vías de ser requisadas por hacienda para financiar infraestructura.

[2] Triple Pay: Telefonía, Internet y Televisión. Un negocio en el que es necesaria infraestructura como la de LyF —postes, canaletas, subestaciones—. Para pasar líneas de fibra óptica e hincharse de billetes.