lunes, julio 20, 2009

THE WONDER (TAKA TAKA) YEARS

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Reseña de "Tokio Blues" de Haruki Murakami

Ocurre que, cada cierto tiempo, la intelectualité mexicana -y me imagino que la de otros lares también-, adopta a un escritor como su gurú. De repente, cierto narrador o narradora, determinada poetisa, un específico tejedor de cuentos, se convierte en el nomameswey, en el tienesqueleerlodeahuevo, el estecabrónlanetadelplanetaysinololeesnotienesniidea, el non plus ultra de las letras, más grande aún que Homero o que Cervantes (Sí, Chucha...)

Diversos literatos se han posado en ese nicho sacramental en diferentes épocas: hace como quince años, Milan Kundera y sus ladrillos de papel eran la verdad absoluta; Luego siguió Umberto Eco y su Auguste Dupin del medievo; José Saramago fue mandamiento inscrito en piedra para la casta pensante de gran parte de los años noventas (cuando, además, era absolutamente indispensable ser fresapatista y escuchar a Madredeus); Paul Auster y sus neoyorquinos neuróticos se convirtieron en el paradigma literario post 11-S; Orhan Pamuk tuvo una fugaz gloria luego de su muy merecido nobel, y así hasta ahora...

Actualmente -creo-, en estas épocas en las que los miembros del gremio de los intelectuales quieren parecer surfers y vestir playeras aeropostale combinados con deshilachados cargo, el dueño de todas las netas parece ser Haruki Murakami (1949, Kioto), escritor de culto en el Japón que, gracias a Norwegian Blues, novela con tintes autobiográficos, también se ha vuelto uno de los narradores más leídos en el mundo occidental.

A pesar de que el tema del libro, también conocido como Tokio Blues, no es nada nuevo -la maduración de un chico llamado Toru Watanabe, alter ego del autor, de los 17 a los 21 años-, si lo es la mirada con la que el autor japonés recrea el entorno del Tokio de finales de 1960. En ella se retrata de manera sutil, y al mismo tiempo, contundente, la adoración por la muerte que es proverbial en la cultura japonesa: El mejor amigo del protagonista, así como su amante, se suicidan en distintos momentos de la historia; uno de sus conocidos desaparece sin dejar rastro; la hermana de una de sus cercanas se cuelga de una viga justo antes de cenar; la antigua prometida de uno de sus amigos se corta las venas sumergida en la bañera; los padres de la que será luego el objeto de sus cariños mueren devorados por sendos tumores cerebrales, probable regalo de las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Lo que pudo ser una versión de "Los Años Maravillosos" con los ojos rasgados se transmuta, gracias a la pluma del autor, en un siniestro relato bañado de sol en donde Watanabe testifica cómo sus cercanos van cayendo presas de la desesperación, de la locura o de la simple apatía por vivir. La mayoría de estas muertes ocurre sin justificación, tal y como si algún dios vengativo gozara de llevarse jóvenes en la flor de la vida.

Las letras de Murakai se dejan leer. Son fluídas y certeras. Sin utilizar grandes machincuepas literarias ni forzadas elaboraciones filosóficas -aunque la historia se presta-, el autor teje una historia tan sencilla como llena de nostalgia. Tokio Blues es una novela muy competente, aunque, dicen los que han profundizado en su obra, desmerece ante trabajos más recientes del nipón. Aún así, su hermoso canto a los bosques noruegos es una excelente manera de acercarse a su obra.

Mandatorio el leerlo.

Omar Delgado
2009


TOKIO BLUES
de
MURAKAMI, HARUKI
TUSQUETS EDITORES 2005
16.0x22.0 cm
383 pags
Lengua: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788483103074
Colección: ANDANZAS
Nº Edición:1ª
Año de edición:2005
Plaza edición: BARCELONA

sábado, julio 11, 2009

HORNY OBAMA

Siempre he confiado más en la persona con vicios manifiestos que en aquella que se da baños de pureza.

Es por eso que, de alguna manera, me tranquilizan estas fotos en donde se ve al mismísimo Barak Obama -y a narigón de Nicolas Sarkosy-, dandole un scanning a las nalgas de una suculenta jovencita brasileña.
¿Qué me indica tal desliz? Que Obama es sensible a la belleza y al llamado de la piel, y que eso le da un conocimiento de lo humano que no tienen aquellos que -dicen-, jamás se dejan llevar por sus impulsos.
Eso me hace pensar que el actual presidente de los Estados Unidos es una mejor persona que el etílico y fanático George W. Bush o que el acomplejado Felipe Calderón, quienes seguramente verían tales prodigios de la naturaleza -las nalgas de la morra-, con recelo, e incluso, con temor.


Obama Girl 2

Aquí, Barak y Nicolas observando las suculentas Bundas.


Obama girl 1


Aquí se ve a Mayara Tavares, dueña de esas maravillas, al lado del presidente Lula.

Omar Delgado
2009

jueves, julio 09, 2009

MUERTOS QUE BAILAN



Recuerdo con claridad la primera vez que vi del video de Thriller, en un ya muy lejano 1985. A partir de entonces, y a pesar de las limitaciones cromáticas del cinescopio de la televisión de mi abuela, los desaliñados difuntos que lo protagonizaban se me quedaron bailando en la memoria: muertos aeróbicos que danzaban con brío a pesar de su condición putrefacta, que saltaban aún con el riesgo de que por el impacto se les desprendiera un brazo, que pelaban los amarillos dientes mientras se cernían sobre una inocente y suculenta negrita, encabezados ellos por un hombre que por esas épocas ya comenzaba su lenta transformación en Peter Pan: Michael Jackson.

¿Qué se puede agregar acerca de la figura del cantante, luego de su muerte? ¿Qué más puedo decir que no hayan dicho la miríada de bloggers, columnistas, comunicadores o simples chismosos que han comentado algo acerca de él? Casi nada. Lo cierto es que el autodenominado Moonwalker era, desde mucho antes de su deceso, una figura icónica de esta época, tanto por su innegable talento como por su turbulenta vida personal. Michael Jackson pasará a la historia por haber interpretado algunas de las canciones más emblemáticas de fin de siglo y por su dolorosa existencia, expuesta sin tapujos al escarnio público. Seguramente muchos pepsicólogos y pepsiquiatras ya estarán dilucidando los múltiples y enormes traumas del músico nacido en Indiana, su evidente no aceptación, su proverbial odio hacia la imagen que le lanzaba el espejo, sus enfermizos intentos de dejar de ser aquel negrito bailarín, de bastón y con bombín, del que hablaba Crí Crí. Seguro ahora muchos hacen leña de sus gustos eróticos ―deleznables, por supuesto―, de sus matrimonios de merengue o de la manera en la que –se dice-, concibió a sus tres hijos. Es probable que, en unas semanas, su insaciable familia, esa que se cansó de explotar su talento infantil, ahora pretenda embalsamarlo con el fin de habilitarlo de atracción principal en ese patético mausoleo- parque temático que es Neverland.

Sin embargo, hay que recordar que, antes que todo ello, en un tiempo anterior incluso de cuando el respetable se enterara de las madrizas que le acomodaba Mister Jackson Sr., hubo una imagen que se nos quedó en el inconsciente, una más entrañable y cálida que el gamberro que cantaba Bad o el protoelfo que se declaraba indeciso entre el Black or White: la del virtuoso danzante que, en ese ya muy lejano 1985, contagiaba con su ritmo hasta a los mismitos difuntos.

Omar Delgado
2009

martes, julio 07, 2009

REVISTA INTRAVENOSA. NÙMERO 2

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Se les informa que nuevamente un grupúsculo de pacientes del pabellón de Creación literaria del sanatorio psiquiátrico de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (U.A.C.M) ha perpetuado un atentado al buen gusto y a la cultura universal.

Ha salido el número 2 de la Revista Intravenosa -Literatura Subcutánea-

Píquenle aquí para que lo descarguen.

Omar Delgado
2009

lunes, julio 06, 2009

VLAD TEPES REX

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Reseña de El año de drácula, de Kim Newan


Año 1888. Tres años han pasado desde el arribo del Démeter —junto con su siniestra carga— a los muelles Londinenses. Luego de vencer a Abraham Van Helsing y de clavar su cabeza en una pica, Drácula se ha apoderado del trono de Inglaterra al seducir —y transformar en no muerta—, a la reina Victoria. Ahora la Gran Bretaña es un territorio en donde malamente conviven los humanos y la progenie del hematófago, cada vez más numerosa. En tal escenario, en Whitechapel, comienzan a aparecer cadáveres de vampiras asesinadas con salvajismo por un personaje del que sólo se conoce el apodo de Cuchillo de Plata. Los crímenes ponen el vilo la estabilidad de la naciente sociedad, por lo que Geneviève, una vampira de cuatro siglos de edad, une sus esfuerzos a Charles Beauregard, miembro del poderoso y sombrío Club Diógenes, para detener al asesino.

Con tal premisa se desarrolla El Año de Drácula, del autor británico Kim Newman (Londres, 1959). De primera impresión, la novela podría inscribirse en el sub género de la ucronía, es decir, del desarrollo de una realidad alternativa derivada de un hecho histórico ficticio, tal y como podría ser la victoria de las potencias del Eje en la segunda guerra mundial —de cuya premisa nació la genial El hombre en el castillo de Philip K. Dick—, o la derrota de los independentistas de las trece colonias.

En este sentido, Newman lleva al extremo las mecánicas de la ucronía al mezclar universos diegéticos totalmente ficticios —como el de la novela Drácula, de Bram Storker, o las creaciones de Sir Arthur Conan Doyle—, con la realidad histórica del Londres de finales del siglo XIX. El resultado es una muy agradable y lograda narrativa en donde lo mismo conviven Oscar Wilde con el Doctor Moriarty; John Reed con Fú Man Chú; el Conde Orlock con la Reina Victoria o Carmilla con Sir Bernard Shaw.

El autor escribe —y logra con creces—, una novela sin pretensiones, con ánimo lúdico, narrada con una pulida tercera persona, en donde desarrolla de manera creíble todas las implicaciones de la inserción de los vampiros en la vida cotidiana. Newman jamás promete otra cosa que no sea una entretenida historia de aventuras, por lo demás de resolución bastante predecible —aunque consistente—, llena de peripecias y de guiños cómplices al lector del género. El oficio de Newman se demuestra en el hecho de que, a pesar de que el lector sabe desde casi el principio la identidad del asesino, no le pierde interés a los acontecimientos narrados.

Quizá lo más valioso de El Año de Drácula sea retrato que la obra hace de la integración de dos sociedades tan distintas como los humanos y los nosferatus. (que se puede trasponer a cualquier choque violento de dos núcleos humanos, tal y como ocurre con las conquistas militares o con las migraciones masivas). Newman narra, con plena verosimilitud, el cómo los chupasangre se van asimilando a la sociedad inglesa, el cómo su llegada da como resultado el surgimiento de nuevas clases sociales —los Neonatos, vampiros recién convertidos, contra los Antiguos, o los risibles Góticos—, las implicaciones que derivarían de obtener, así de repente, la vida eterna; la resistencia de ciertos núcleos humanos ante los recién llegados y la persistencia de ciertas emociones humanas —tales como la dignidad, el honor o las querencias—, aún en los vampiros más viejos.

En resumen, El Año de Drácula es una magnifica excusa para escapar un poco de esta realidad tan llena de crisis globales y golpes de estado —militares o electorales—. Por supuesto que su blog de confianza , en apoyo a la economía popular, lo pone a su disposición free of charge.

Sólo píquele por acá, y comience a leer.


Omar Delgado

2009


Datos


Autor: Kim Newman
Editorial / Colección: Timun Mas / Fantasía Terror
Género: Terror
Edición: Rústica
Año Publicación: 1999
Ilustrador:
Traductor: Jaime de Marcos Andreu
Diseño o fotografía de portada: Víctor Viano
ISBN: 84-480-4207-7
Idioma: Español