sábado, abril 25, 2009

EL OTRO JINETE

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I

Lo que nos faltaba, la peste.
No nos bastaron los cortes de agua potable en la ciudad en los días más calurosos del año ni las proximas elecciones legislativas. Con el declarado brote de fiebre porcina (mal llamada influenza), que surge en México esta semana, podemos afirmar que algún caprichoso y antibeaner Dios ha decidido que el Apocalipsis inicie en nuestro país. ¿Por qué no? Finalmente, ya tuvimos el honor de ser anfitriones de una Olimpiada, dos mundiales de fútbol, varios concursos de belleza y de algunas cumbres mundiales, bien podemos ser los que hospeden las fiestas que darán como resultado el pomposo fin de los tiempos
(Que suene el huapango de Moncayo).

II

A parecer, los cuatro jinetes que consignaba el loquito de Patmos ya cabalgan en nuestros llanos.
Ya desde el 2006, desde la asunción del grupo que usurpó el poder haiga sido como haiga sido, se escuchan los cascos del Jinete de la Guerra. Felipe Calderón, el que se hace llamar presidente de la república, entabló en ese año una guerra estúpida y estéril contra el tráfico de estupefacientes. Por supuesto, al enano se le olvidó que el narco es la segunda fuente de ingresos del país, que regiones enteras viven y comen de las actividades relacionadas con el y que, por lo tanto, es imposible vencerlo. Derrotar al narcotráfico sería tanto como cortar una de las tres patas que sostienen al país (las otras dos son los ingresos petroleros -esos que Fox, el anterior presidente, se cansó de dilapidar-, y las remesas de los migrantes que se encuentran en los Estados Unidos).
Los resultados de las guerritas contra el narco están a la vista: cerca de 6000 víctimas mortales sólo en el 2008, la militarización –y, por lo tanto, la abolición de las garantías individuales-, en muchos puntos del país y el aumento exponencial de los abusos de las autoridades –policía y ejercito-, contra la población civil.
(Que le dé influenza a Agallón Mafafas).

III

Luego, en septiembre de 2008 se presenta el jinete del hambre.
Con el quiebre del sistema financiero norteamericano se nos deja venir una crisis económica sin precedente que, se estima –datos de la ONU-, aumentará en un 50% la pobreza extrema en el mundo. Este crack, que algunos analistas consideran peor que el de 1929, es causa de la aplicación dogmática de los preceptos emanados del consenso de Washington en los ochentas: libre regulación del sistema financiero mundial, la acción de la “mano invisible del mercado”, la retracción del estado a su mínima expresión y la defensa de los intereses empresariales por encima de los del ciudadano.
Actualmente, en muchos países del globo –incluyendo los Estados Unidos-, a raíz de la crisis mundial, se está dando marcha atrás al modelo neoliberal. El mismo Alan Greenspan, ex-director de la Reserva Federal de los Estados Unidos, y principal promotor del mencionado sistema económico, ha abjurado de él.
El único país que se ha negado hasta el momento a aplicar marcha atrás al modelo económico es –exacto, usted lo adivinó-, México. Felipe Calderón y su piara de funcionarios corruptos e ineptos fueron impuestos en el poder con el fin de defender a trompa, pezuña y espada el modelo privatizante y empobrecedor que ha llevado al mundo al borde del colapso. A partir de tal empecinamiento, y gracias a los esfuerzos del desgobierno panista, se han perdido alrededor de 500, 000 empleos por mes, el peso se ha devaluado alrededor de un 40% y el poder adquisitivo del mexicano se ha visto mermado considerablemente…
(Y vamos por más).

IV

El de la muerte ya hace tiempo que hace suertes charras en nuestro suelo.
Basta pensar en las muertas de Juárez, a las que no se les ha hecho justicia, basta recordar a las víctimas de la delincuencia –organizada o no-; basta recordar a las victimas de la represión de estado (Tlateoloco, Casco de Santo Tomás, Acteal, Atenco, Oaxaca y la APPO, etcétera). Basta recordar la terrible impunidad que campea en nuestro país y que hace posible que cualquier asesino, pederasta (con sotana o sin ella), violador, defraudador o ladrón salga libre si tiene las influencias adecuadas –y los dólares para adecuarlas- para hacer patente el imperio de la dama blanca en el país.
(Flaca, tu también...)


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V

Finalmente, el otro jinete.
Ya desde marzo de 2009 se tenían indicios de un brote epidémico cuyos síntomas eran muy semejantes a los de la influenza. Ya se tenían focos rojos en Oaxaca, San luís Potosí y el área metropolitana.
Por supuesto, las autoridades hicieron lo que acostumbran: ignorar el problema y mentir compulsivamente. Durante todo ese tiempo no se tomó una sola acción para contener lo que podía derivar en una pandemia dada la espeluznante capacidad de contagio del virus. Fue hasta esta semana, cuando el problema llamó la atención de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que las dizqueautoridades tomaron cartas en el asunto. Actualmente, por lo menos la ciudad de México y la zona metropolitana, están bajo alerta epidemiológica. Las clases, a todos los niveles ya sea de enseñanza privada o pública, se han suspendido hasta nuevo aviso; en las calles las pocas personas que transitan lo hacen con cubrebocas; prácticamente todos los espectáculos masivos, privados o públicos, se cancelaron; el la tele –ese novísimo púlpito-, se transmiten mensajes invitando a la raza a quedarse instalados en la comodidad de su hogar.
Así pues, los chilangos estamos instalados en una novela de Camus o de Saramago, o esperando que la fiebre porcina nos convierta en zombis antropófagos dispuestos a devorarnos entre nosotros…
(¿Dónde dejé mi sierra de cadena?)

VI

Una excelente manera de marear la epidemia es a la Edgar Allan Poe:
Se consigue uno un castillo, se atiborran las bodegas de comida, licores y chelas, psicotrópicos, condones y sex toys, se recluye en él a algunos de los más borrachotes camaradas y de las más ligeras damiselas que se encuentren, se cierran las puertas a piedra y lodo y se organiza un megarave que dure, bien hasta que pase la epidemia, bien hasta que algún colado hijo de la mala madre llegue vestido de rojo a tosernos encima.
(Y sin tapabocas)

VII

Y para rematar, fueron los cerdos.
La actual cepa de influenza que amenaza con hacer de un simple estornudo un motivo de cuarentena, contiene ADN porcino, por lo que se presume que fue una mutación que nos saltó de algún émulo de Porky Pig.
Justicia poética. En este momento todos los chanchos que hemos consumido en tacos, carnitas, pozoles, cochinitas pibiles, lomos agridulces, tostadas de pata, tacos al pastor, lechones y demás delicias se deben estar doblando de la risa desde el inframundo porcino al que nuestra gula los destinó.
Por lo mismo, creo que lo más juicioso que podemos hacer los mexicanos en este momento sería incinerar a todos los puercos que nos encontremos, comenzando, por supuesto, por los que están en el gabinete, en los partidos políticos y en las camaras legislativas. Tal vez no contengamos la epidemia, pero moriríamos con una gran sonrisa en los labios.
(Pido mano con Agustín Catrens)


IX

Si, en serio, a México le tocó ser la sede del Armageddón, por lo menos deberíamos de resucitar a Pique, la entrañable mascota del mundial México 86, para poder hacer todo el merchandising de tan magno acontecimiento.
(Así por lo menos sería evidente que nos está cargando el chile)

Omar Delgado
2009


P.S: Cuentan que, al ver los datos de las víctimas de la epidemia, y al enterarse de que la cepa está atacando a la población de entre 20 y 50 años, Felipe Calderón, Presidente espurio de este pobre país, esbozó una ligera sonrisa y exclamó:
"Bueno... Hay que verle el lado bueno... Por lo menos descenderán los índices de desempleo".
(Esto no es necesariamente cierto, pero es perfectamente verosímil)

martes, abril 14, 2009

LOS ESCLAVOS de Alberto Chimal

Quien haya seguido la trayectoria como cuentista del escritor mexiquense Alberto Chimal (Toluca, 1970), se habrá percatado de la minuciosidad con la que trabaja las palabras. Es ese talento de miniaturista, de tallador de marfil, lo que hace al autor uno de los mejores cuentistas de esta década. La obsesión por la palabra exacta, el adjetivo preciso, la frase cuidadosamente bruñida son las características de sus libros de relatos Grey (2006), Estos son los días (2004), El país de los hablistas (2001) y Gente de Mundo (1998).

Ahora, con su primera novela, Los esclavos (2009), Chimal no hace sino refrendar su condición. Por medio de capítulos muy pequeños, rápidos a la vez que fulminantes, invita al lector al inframundo de las relaciones extremas. Con poquísimas palabras, sin explicaciones abultadas, con una cuidada fragmentación temporal, el escritor nos presenta dos historias que se tuercen entre sí como si fueran espirales de ADN, siempre viéndose, pero sin tocarse jamás. En la primera, se consignan las andanzas de la pornógrafa Marlene y su discípula/objeto, la Yuyis, perdidas ambas en algún anónimo pueblucho; en la segunda, nos narra las peripecias de Golo, sadiano bon vivant que combate el hastío atormentando al opaco Mundo. Ambas historias, ambientadas cada una en un estrato social muy distinto (La marginación enfermiza confrontada a la más impune riqueza), dan fe de un mismo fenómeno de la naturaleza humana.
Chimal juega con sus personajes haciéndolos reflejarse entre sí, dando a entender que las dos parejas son en realidad diadas de espejos que se reflejan entre sí. Los presenta revelando los hechos con morosidad, haciendo que, al momento de las grandes epifanías —cuando se revelan los porqués—, estas le impacten al lector como un martillazo en medio de la frente.
Quizá la máxima virtud de Los Esclavos es que, a pesar de lo tremendo de lo narrado, nunca se percibe de parte del autor intención de pontificar. Jamás se condena ni se exaltan ni los hechos ni los personajes. La prosa de Chimal le da la suficiente cercanía al lector como para percibir los olores y las texturas sin salpicarse; como para simpatizar lo justo con Golo o con Marlene; como para sentir la mínima —no demasiada—, compasión por la Yuyis y por Mundo. Y es que, en realidad, ninguno de los cuatro personajes alcanza a erguirse como auténtico protagonista. Ni siquiera Golo, con sus ecos de Domancé, o Marlene, a medio camino entre la Virgen de las Pieles y alguna Poquianchi, pueden quitarle el protagónico a esa entidad, siempre presente, que jala los hilos de su voluntad: el deseo de someter y ser sometido.

Imprescindible leerla.

Omar Delgado 2009


FICHA BIBLIOGRÁFICA

CHIMAL, Alberto.
Los Esclavos,
Almadia Editorial S.C.
ISBN 978-607-411-011-I
149 pp.