martes, marzo 31, 2009

PORNOSCAR

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I

Hace poco más de un mes se le otorgó el Oscar a la actriz Kate Winslet por su actuación en la película “The reader”. Lo cierto es que la hermosa australiana, si bien realizó un verdadero prodigio de interpretación con su papel de ex- celadora de un campo de concentración, no tiene tantos méritos como para recibir la estatuilla dorada.

Lo cierto es que divas como Raven, Sylvia Saint, Marilyn Chambers y Linda Lovelace (por hablar de las clásicas), o Cytherea, Gianna Michels y Eva Angelina (Para mencionar algunas de las novísimas porn queens), tienen muchas más dotes histriónicas que la Winslet o que cualquiera de las princesas hollywoodenses. Es necesario un talento excepcional para sonreír mientras se tienen dos penes de veinte centímetros dentro del ano, para poner cara de gozo mientras una machorra musculosa te orina la cara o para pedir a gritos que una veintena de machos te lubriquen el esófago con su carga espermática.

Esas si son actrices del método y no chingaderas.



II

Para la inmensa mayoría de los varones de mi generación, las primeras maestras del sexo fueron las divas de las XXX.

Bastaba que tuviéramos una tarde libre, una videocasetera VHS y un amigo alcahuete —o un videoclub al que no le importara eso de “Sólo para mayores de edad”—, para pasar un rato bastante divertido en compañía de tan ilustres damas. Así fue como nos comenzamos a empapar en los misterios de ese arcano llamado sexo. Pasamos gozosas horas admirando la vagina de Amber Lynn —probablemente la pussy más vista de la historia de la humanidad—, la prodigiosa capacidad tragatoria de la Lovelace o las hipertrofiadas tetas de Vanessa del Río. Ahí también, en esas tardes de manos pilosas, envidiamos con ganas la maldita suerte de Ron Jeremy, la dilatada masculinidad de John Holmes (Q.E.P.D) o las torrenciales eyaculaciones de Peter North.

Luego, cuando crecimos y nos topamos con the real thing, nos percatamos —a veces de manera vergonzosa—, de la condición ficticia del porno. Tarde nos dimos cuenta de que, para ejecutar algunas posiciones sexuales, hacen falta años de práctica y una elasticidad de gimnasta coreano. En nuestras primeras experiencias sexuales —esos furtivos asaltos en la solitaria casa de la novia—, no fueron pocas las veces en las que intentamos emular los numeritos de Behind the green door o Devil in miss Jones con funestos resultados. Lo menos que nos llevamos algunos fue una muy sabrosa bofetada, una mesa de centro rota o un esguince; lo más, una visita al ministerio público por crédulos y pendejos.

Pinche Ron Jeremy.


III


Quizá la práctica sexual más antigua, luego del coito (por supuesto), sea el vouyerismo.

Son los ojos los órganos sexuales más activos después de las gónadas. A través de ellos podemos vivir el acto en otros. La simple sugerencia del acto amoroso puede activar los mecanismos de la excitación —esas ruedas de molino que llevan la sangre justo en donde se requiere—. A pesar del carácter hiperrealista del porno, en el cual vemos encuadres y ángulos imposibles —verdaderas exploraciones de lo ginecológico—, podemos traslapar las sensaciones de los actores hacia nuestra propia carne por medio de nuestra —bendita—, imaginación.

En el inicio, el sexo era Dios. Las primeras religiones, las animistas, casi todas relacionaron la fecundación de la tierra con el acto sexual. En muchos de los ritos de fertilidad estaban presentes el semen, la sangre menstrual, y las prácticas de sexo colectivo. El hombre primitivo, tan urgido de certezas, finalmente sólo buscaba traslapar au capacidad procreadora a los elementos. Ya en la antigua Asiria la prostitución —entendida esta como el intercambio de favores sexuales por algo más que el simple placer—, era el rito primordial del culto de Ishtar. Antes de casarse, cada jovencita tenía que ir al templo de dicha diosa a esperar a que alguno de los mancebos que pasara por ahí le ofreciera una moneda a cambio de sus favores, acto que era supervisado de cerca por los sacerdotes de la diosa. Es probable que, en ocasiones, y dependiendo de los bigotes de la feligresa, los santos hombres también hubieran llegado a participar de la eucarística cogida.

No hay más que dar una vuelta por el arte mundial para darnos cuenta de que las representaciones —alegóricas o literales—, del coito son más que frecuentes. Desde los altorrelieves de los templos hindúes hasta los murales de los burdeles de Pompeya, desde las vasijas griegas (donde pitudos silenios departían alegremente con ponedoras ninfas), hasta las figurillas eróticas preincaicas. Algunas culturas son mayoritariamente frígidas e intentan canalizar la energía generada libido de sus miembros hacia actividades más redituables para su casta dirigente —como la guerra o el trabajo—. Otras, en cambio, lograron a lo largo de siglos una sofisticación admirable en sus costumbres eróticas.

Sin embargo, hay que decirlo: en casi todas el gozo de la carne (entendido como el acto sexual con un fin meramente recreativo, sin fines de proceación), fue un privilegio de las clases altas. Eran los Brahmanes, los Pachás, los nobles, (todos ellos protagonistas últimos del Kamasutra y de otros textos por el estilo), los que cultivaron las artes amatorias mientras los campesinos, los esclavos y los artesanos los mantenían con el sudor de sus lomos. Sin embargo, para muchos de estos últimos, debido a su condición de no-personas, pertenecía el deleite fortuito del voyeur. No faltaba el valet que lograba ver como la condesa se echaba un sabrosísimo palo con el marqués, la sirvienta que le llevaba lienzos húmedos a la enculada princesa o el husar que escuchaba en estereofónico las santísimas orgías de Su Santidad.


IV

De ahí es donde nace el porno, del matrimonio de los ojos y el acto sexual.

La pornografía implica desde siempre un menage a muchos entre los participantes y el observador, triángulo en el cual los dos —o tres, o cuatro, o muchos—, que gozan desnudos se comparten con el voyeur.

El hardcore siempre ha existido como parte de nuestra sexualidad. De hecho, es más nuevo —y quizá más antinatural—, el modelo judeocristiano basado en la monogamia y la abstinencia que las prácticas poliamorosas de otros pueblos del mundo. Sin embargo, tanto en un modelo como en otro, es usual que la violencia sea un ingrediente dentro de las prácticas amatorias. Dicen los neurólogos que los impulsos agresivos y los de reproducción son generados por la misma área del cerebro y que, por lo mismo, ambos se llegan a confundir. Por lo tanto, el sadismo, masoquismo y demás prácticas no son sino una manifestación de nuestra necesidad animal de dominio y sumisión. Quizá por ello en cualquier pareja —o trío, o cuarteto, o…—, ya sea heterosexual, gay, lésbica, transexual o loqueustedmandesexual—, siempre habrá una parte dominante y una dominada. Al final todo, desde el slapping y el bondage hasta el más extremo leather también forman parte de lo humano y lo que divide el terreno entre lo consensual y lo delictivo es, únicamente, el safeword.

Por otro lado, son ciertas muchas de las críticas que se le ejercen al porno: machista, hiperviolento, denigrante para la mujer. En la gran mayoría de las películas está presente un ingrediente de humillación de lo femenino y una tremenda carga misógina. En la retórica del porno, mientras que el punto culminante es la eyaculación del macho (momento que obligatoriamente debe ser registrado), el del orgasmo femenino —si es que lo hay—, pasa desapercibido. La mujer es, para el imaginario XXX, un ser que vale en la medida en que sus orificios pueden ser utilizados como receptores e instrumentos de placer. El rostro, entendido como la característica de identidad por excelencia, se les difumina o se les desplaza hacia la vagina, el ano, los senos o la boca y su relación con el género masculino se limita a su capacidad de recibir penes y esperma con alegría y actitud ganadora.

Sin embargo, el hombre también sufre de cierta objetivización en ese territorio del mondo porno; el actor casi siempre nunca tiene rostro, sólo es una pito erecto que puede ser introducido y descargado a voluntad. No por nada, en la inmensa mayoría de las tomas XXX, se aprecia el rostro de la actriz (con todas sus gesticulaciones), y casi nunca el de los actores. ( A excepción del infaltable cara de haba).

Es curioso que dos enemigos tan acérrimos como lo son la iglesia católica y el feminismo radical se unan en su condena a la pornografía. Los hombres de sotana gruñen de rabia mientras argumentan que lo porno destruye las bases de la institución familiar y promueven la promiscuidad mientras que las segundas sostienen que la denigración de lo femenino que se refleja en el cine XXX es un crimen de lesa humanidad y que sus perpetradores deberían ser castrados en Nuremberg . A las dos partes se les olvida que no son pocos los actores, actrices, productores directores y demás crew que están ahí por voluntad propia y que —al igual que otras manifestaciones artísticas—, el porno sólo refleja lo que en la sociedad existe. Por eso, en lugar de condenar al mensajero, bien harían tanto unos como otros de interpretar mejor el mensaje.

Es evidente que en los últimos tiempos las prácticas que plasma el porno se tornan cada vez más violentas. Del gozo casi inocente gozo de las actrices de lo setentas a las múltiples penetraciones —casi apuñalamientos—, de Bangbros.com o las prácticas de facefuking hay un considerable trecho de distancia. El sexo se violenta porque la sociedad lo hace. Quizá el porno, al igual que su primo hermano el gore, es una manifestación de lo más incómodo de nuestros impulsos, un referente que debe existir para evitar que, por desconocimiento o distracción, nos amague y tome el control de nosotros el día menos pensado.

Y sí… Un Oscar para Jenna Jameson. (Quiero ver que hace con el)


Omar Delgado

2009


P.S. De regalo, dejo un video tipo SFW Porno (Safe for work). Cine XXX para todos los públicos, producido para Diesel clothes. (Como dato les digo que el estilista que le está aplicando lapiz labial a una rubia no es sino Peter North)





4 comentarios:

Dolores Garibay dijo...

Una de mis mayores fantasías con Jenna Jameson, además de lo obvio, sería convertirme en la heredera de su imprerio de entretenimiento para adultos.

Mi única queja hacia la industria del porno es que, en su gran mayoría, la pornografía está hecha para hombres y no para mujeres. Cuando una mujer desea ver alguna película XXX tiene que recurrir forzosamente al material disponible para el género masculino, lo cual me parece injusto.

"Hay mucho porno que ver en internet y no se descarga solo."
(el Dr. House justificando su ausencia del consultorio a su jefa)

Besos chilangos

El Lobo dijo...

Hola, Lolita:

Bueno, yo en lo personal a Jenna Jameson no le haría el feo (But of course not), pero preferiría mil veces echarme un revolcón con la tetona Gianna Michels o con Eva Angelina (esas gafitas, esas gafitas), que con ella.
Fijate que, de un tiempo para acá, algunas actrices XXX se han vuelto directoras del género y han comenzado a escribir y dirigir sus propias películas pensadas para ser comercializadas entre mujeres. Contra lo que se pudiera pensar, tales producciones no son del tipo Pink porn (muy suavecitas y románticas, casi como una película de Meg Ryan con pelos), sino que son auténticas películas hardcore que harían ruborizar a más de un camionero.

Quien lo dijera...

Besos, linda.
Lobo

El Jinete Cibernético dijo...

Qué trabajo, que excelso trabajo el de las porno queens, o porno stars. Ya me imagino que para una cogida de 15 minutos habrán pasado por la misma escena cuando menos cinco días. Nada más por eso deberían darles no un Oscar, sino dos; entonces sí que me detendría a ver que es lo que hace la Jameson con ellos.
De los radicalismos de la banda histórica de Los Eclesiásticos y las no menos radicalozas Feministas Band, ni hablar. Nada más hay que ver como andan las estadisticas de la industria pederástica de los rincones de la confesión, no digo de las feministas nada, porque no se nada. Si alguien sabe algo que nos role el chisme.
Mi querido Lobo Sapiens, gracias por permitirme agarrarme los huevos mientras leía. Sentía que se me venían abajo de tanta risa. Por cierto, deberías de ponerle musiquita de cogida al estilo cara de haba, para que agarre un sabor acá chido.

El Lobo dijo...

Mi estimado jinete:

Gracias por tu visita. Me da gusto que mis exhabruptos te hayn hecho reir.
Con respecto a los óscares de la Jameson, ya lo pensé mejor. Creo que lo más adecuado sería darle dos Arieles.

(Son más grandes)
Saludos.
Lobo