miércoles, abril 30, 2008

Las manos de mamá

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La cultura mexicana tiene una deuda impagable con la escritora y bailarina Nellie Campobello, pues, además de ser una de las bailarinas coreógrafas más importantes de la primera mitad del siglo XX, dejó algunos testimonios novelísticos imprescindibles para interpretar las turbulentas épocas de la revolución mexicana.

Nacida en Villa Ocampo, Durango, en 1909, a Nelly le tocó crecer junto al conflicto armado, por lo que en sus recuerdos infantiles lo mismo conviven la máquina de coser de su madre que los cuerpos de villistas fusilados. Pasó sus primeros años peregrinando junto con su familia por todo el norte de México, justo en los tiempos en los que villistas y federales hacían un matadero del desierto chihuahuense. Nellie vio demasiado, y todas sus vivencias están condensadas en su obra prosística. La más importante, Cartucho, está considerada una de las novelas más importantes de la revolución, a la altura de La sombra del caudillo de Martín Ruiz Guzmán o de Los de abajo de Mariano Azuela. Las manos de mamá, en cambio, es quizá la obra más personal de Campobello. En ella, la escritora no se ocupa en los entretelones del conflicto armado, sino que toca con maestría las consecuencias que la revolución tuvo en un núcleo más íntimo y sentido: su propia familia.

En Las manos… Nellie cuenta, con un estilo que delimita entre la prosa y el lenguaje poético, sus primeros años. Utiliza un lenguaje casi infantil, enmarcado dentro de un narrador en primera persona, para ir formando la inmensa figura de Ella, su madre, ese ser semidivino de cuerpo esbelto como huizache y manos rojas por la tierra. Ella es el rasero por el que filtra sus recuerdos, la medida que utiliza la autora para describir y contar los hechos que presenció durante esta etapa de su vida, desde la muerte del padre —una más de las víctimas de la revolución—, hasta la muerte de Ella, ocurrida algunos años después, consumida por la tristeza de perder al más querido de los hijos. Mucho es lo que vio la narradora- protagonista de Las manos… Demasiado para unos ojos tan niños. Campobello nos refiere escenas tan cruentas como el descarrilamiento del tren en que viajaban —y el subsecuente conteo de cadáveres—, o el momento en el que uno de sus hermanos —un niño, apenas—, pierde el brazo durante una batalla, todo con un lenguaje tan cándido como brutalmente directo.

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Nelly Campobello bailando

El narrador —o la narradora—, de Campobello es sensible, cómplice, e incluso comprensiva con Ella, especialmente cuando se deja morir, agobiada por la tristeza. Tampoco hay autocompasión. La narradora de Campobello —ella misma—, toma los hechos vividos como naturales, como lo usual en el cauce de la vida. Ni la orfandad, ni la muerte o mutilación de los hermanos, ni la guerra, son para Campobello motivo de reproche. Son sólo las cartas con las que le tocó jugar en el gran albur de la vida.

La bella Nellie, junto con Elena Garro y Rosario Castellanos, nos muestra que en la literatura mexicana es imprescindible la visión femenina.

Omar Delgado

2008


El Libro de la Nelly lo pueden comprar en línea aquí

(Este no se los regalo: cómprenlo, cabrones)

martes, abril 15, 2008

Soy leyenda

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Antes que Will Smith y de Charlton Heston, existía Robert Neville.
Su nombre se dice, cuando alguien se atreve a decirlo, con voces entrecortadas, impregnadas de temor supersticioso; ellos, los nuevos habitantes de la tierra, hablan horrorizados de él. Neville es un terror del mundo antiguo, es más salvaje incluso que los vampiros a los que con tanta furia combatió. Es la leyenda más oscura de la naciente sociedad, un trasgo, el ingrediente principal de las pesadillas colectivas. Es por eso que, para que la civilización sobreviva, Neville debe morir.
Richard Matherson (New Jersey, 1926), escribe en 1954 la historia de Neville, entregándonos una obra maestra de la narrativa fantástica -y de la literatura en general-. La premisa es muy simple: en un mundo futuro, la raza humana es arrasada por un bacílio que transforma en vampiros a las personas. Neville, un hombre común y corriente, es inmune a la enfermedad. Pronto, la humanidad se ha reducido a un enjambre de criaturas hematófagas, y Neville es el único que puede combatirlas. Día tras día, el solitario Robert recorre las calles de la antigua ciudad de Los Ángeles para exterminar a los seres que antes fueron sus iguales. Por supuesto, debe de regresar antes del ocaso, si no quiere convertirse en la cena de sus presas. Por años, el estóico Neville cumple su penitencia a base de resignación y estacas, hasta que se encuentra con una mujer que, sin ser vampira, le mostrará el inicio de la nueva era en la que él no tiene cabida.
Matherson forma su novela con una voz en tercera persona simple; su prosa es limpia, directa, sin pretensiones. Por ello, la efectividad de la obra no radica en los juegos linguísticos, ni en las machincuepas sintácticas, sino en la capacidad del autor para evocar un mundo devastado y salvaje, reflejo mismo del solitario Neville. El personaje principal, el legendario Robert, sufre los estragos del aislamiento y la crueldad a los que fue orillado, y el lector los sufre con él. La maestría de Matherson no radica en describirnos los cruentos enfrentamientos entre el cazador y los vampiros, sino en mostrarnos, por medio de detalles cotidianos, las modulaciones emocionales del protagonista. Además, los intentos de Matherson por dar una explicación científica a la enfermedad del vampirismo son más que rescatables.
En los Estados Unidos se dice que, cuando una película es melosa y romántica, es una flik for chicks (en slang, película para chicas), dando a entender que a hombres y a mujeres nos mueven distintos resortes emotivos a la hora de ver un filme. En ese tenor, También existirían, por supuesto, las pelis para hombres hombres, llenas de balazos, automóviles deportivos, madrizas, carnudas rubias en bikini y testosterona. Si estas categorías pueden ser exportadas a la literatura, podríamos decir que Soy Leyenda es una auténtica novela para hombres muy hombres... Disfrutable para ambos sexos.
Les dejo esta liga para que no lo paguen.
Omar Delgado
2008

lunes, abril 14, 2008

Adelita

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Adelita es como se le llama en México a la mujer combatiente. El término surge de la revolución mexicana (1910-1917), cuando las sufridas esposas de los revolucionarios tomaban a los chilpayates y el comal para seguir a sus maridos al combate. Se cuenta que, durante las, muchas veces, salvajes escaramuzas, ellas tomaban el fusíl de la mano del esposo muerto y entraban en batalla. La foto que se encuentra a la cabeza de este post fue tomada por los hermanos Casasola en 1911, y muestra el espíritu de estas mujeres jaguar.
Se cree que la Adelita real fue una mujer llamada Altagracia Martínez, hija de acaudalados hacendados del profiriato, que se unió a la revolución bajo el mando de Francisco Villa. Al parecer, fue muy cercana -pero muy, muy cercana-, al Centauro del Norte, pues la rebautizó como Adela. Refiere la conseja popular que Altagracia fue asesinada por órdenes de Pascual Orozco, acérrimo enemigo de Villa. Sin embargo, su valentía hizo que las demás mujeres guerreras se comenzaran a llamar así. Otras versiones sostienen que fue enfermera, que se llamó Adela Velarde y que alternaba sus funciones de curar a los heridos con las de mandar al otro mundo a los del bando contrario.
Háyase llamado como se haya llamado, la Adelita se convirtió un símbolo muy estimado en la cultura mexicana, pues, contrario a lo que se pueda pensar en una sociedad tan machista como la nuestra, la mujer ha tenido siempre un papel central dentro de la historia del país. Ahí está, por ejemplo, Eréndida, la guerrera purépecha que se levantó en armas en contra de los invasores españoles y que murió traicionada por su propio pueblo; también encontramos a Maria Luisa Rodriguez, alias "La güera", quien fue activista e ideóloga de la independencia en los primeros años del siglo XIX. Estan, también, las conspiradoras Leona Vicario y Josefa Ortíz de Dominguez, quienes combatieron la lado de los insurgentes de patilla gruesa y sotana de sacerdote. Finalmente, podemos mencionar a las bravas hermanas Serdán, quienes en compañia de su hermano Aquiles despacharon a tiros a gran cantidad de policías de la ciudad de Puebla el 18 de noviembre de 1910, en un acto que se considera el precusor inmediato de la revolufia mexicana.


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La soldadera, del grabador José Guadalupe Posada

Y ahora, por supuesto, se pueden contar a las miles de mujeres que conforman las brigadas de resistencia civil de Andres Manuel López Obrador y que, el 10 de abril pasado, cercaron al Senado de la República. La razón es muy simple: tratan de evitar a toda costa que un puñado de legisladores corruptos apruebe la inciativa de reforma energética del gobierno ilegítimo de Felipe Calderón.
Recordemos: en el 2006, en México, se realizó un fraude de proporciones pantaguélicas que tuvo como fin imponer al mencionado Calderón como presidente de la república y despojar de la presidencia a Andres Manuel López Obrador. A pesar de los esfuerzos de la sociedad civil y de la resistencia, Calderón tomó protesta como presidente desde el primero de diciembre del 2006, y sigue desgobernando el país hasta el momento.
Desde el inicio se podía percibir que a Felipe Calderón lo patrocinaban intereses muy tenebrosos y grandes. El fraude -y su posterior "legitimación"-, fue una multimillonaria inversión para aquellos que le apostaron al chaparro dictatorial. Ahora se ve que lo que esperaban los sponsours del gobierno de facto es la apertura del sector energético a la inversión privada.
El botín esta ahí: Petroleos Mexicanos (PEMEX), Comisión Federal de Electricidad (CFE) , y la Compañia de Luz y Fuerza del Centro (CFE), empresas que manejan los hidrocarburos y la generación de energía eléctrica en México. Ya desde el 2006, tanto los piratas trasnacionales como Halleburton, Repsol y Shell, como los rapaces grupos empresariales mexicanos, se lamen los bigotes, esperando que les permitan atascarse a manos llenas con los recursos que, como lo estipula la Constitución, son usufracto del pueblo de México.
Felipe Calderón y su equipo de filibusteros tardó estos dos años en tejer las complicidades necesarias para abrir el botín de los energéticos. Se alió con signores del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y compró las conciencias de una parte de los legisladores del izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD); además de darles muy buenas prebendas a los concesionarios de medios para que le fueran afines al proyecto... Todo parecía estar listo, hasta que llegaron las adelitas y les jalaron el mantel.
Cierto. El clima político-social en México está crispado. El PRD es un cascarón por el que están luchando diversos grupos de políticos carroñeros, más preocupados por seguir viviendo sin trabajar que por el bienestar de la nación. Cierto que el Frente Amplio Progresista (FAP), la organización de la que son parte las Adelitas, ha tenido múltiples errores. Sin embargo, la defensa de los energéticos es medular. Sin ellos, el país se colapsaría al perder el control de su empresa más rentable, y muchos servicios que aún funcionan -aunque malamente-, como el IMSS, el ISSSTE, y la infraestructura de educación gratuita, se desquebrajarían sin remedio.

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Acá, una Adelita como de libro de texto gratuito

Además, hay algo que muchos de los que prestan oídos a los coríferos del poder no ven aún: si PEMEX se abre a la iniciativa privada, los impuestos subirían de manera espeluznante. Petroleos Mexicanos, al darle a Hacienda 7 de cada 10 pesos de sus ganancias, es el principal sostén económico de la estructura gubernamental mexicana -esa que da dietas de 9000 U.S.D a los diputados y sueldos de 50,000 U.S.D. mensuales a los jueces de la suprema corte-. Mucha gente sigue diciendo que "No siente a PEMEX en sus bolsillos". Si la empresa es entregada a la iniciativa privada, seguramente lo sentirán... pero hasta adentro.
Ahora, la moneda está en el aire. el desgobierno de Calderón y asociados está arrojándose con todas sus fuerzas con tal de obtener la ansiada reforma. Seguramente, el enanohijodeputa y sus charros negros -Juan Camilo Mouriño, Cesar Nava, Germán Martínez, y demás-, esperan obtener su ten per cent de la transacción y vivir como reyes de por vida. De ahí su desesperación por saquear al país. Sin embargo, les ganó la soberbia, pues jamás se imaginaron que un grupo de mujeres guerreras, dignas hijas de México, los lograran parar, por lo menos por un tiempo.
En definitiva, si todavía hay esperanza para este país, esta no se encuentra en los pasillos de las cámaras legislativas, ni en los edificios de los partidos políticos, sino que acampó bajo las lonas de la calle de Xicotencatl.
Omar Delgado
2008

domingo, abril 13, 2008

Woodstock domesticado

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No sé que tipo de escozor me dan estos festivalitos de rock, onda el Corona Music Fest o el Vive Latino. Me provocan la misma nausea que ver unos calzones con estampados del rostro del Che Guevara.
Esto lo comento debido a que tuve la oportunidad de ir al Coca Cola Zero Fest, el sábado pasado, en el autódromo Hermanos Rodriguez, acá en la ciudad de México.
Lo que pude ver es que, por lo menos el CCZF, me pareció un picnic musical diseñado para satisfacer lo mismo a adolesemos que a adultescentes forever young. El evento tenía una programación de bandas que, intentando ser plural, daba como resultado una mezcla algo indigesta entre el rock psicodélico de los Mars Volta, la musiquita color pastel de Belanova, el emo rock de My chemical romance y los poderosos taladros auditivos de Shashing Pumpkins. Además, complementaban el cartel bandas del calibre de La Gusana Ciega, Miranda y Kinky, las tres bastante decentes, cada una en su ambito y género. Como cerezita del pastel se presentó guapa Ely Guerra enseñando lo mejor de su repertorio clásico (y de sus atributos físicos, but of course)
Llegué con mi hermana al autódromo por aquello de las dos de la tarde, bajo un sol que amenazaba con volvernos bonzos a la menor provocación. Lo primero que noté es que el festival estaba dividido en varios escenarios, entre los que destacaban el rojo y el negro (es notable el ingenio de los organizadores para bautizarlos), separados uno de otro por una distancia de aproximadamente trescientos metros. Las presentaciones de los grupos se alternaban entre uno y otro, por lo que se armaba la estampida de búfalos en cuanto una banda terminaba su presentación. Lo cierto es que fue bastante ameno ver a muchos de los asistentes correr como cucarachas por todo el autódromo (con un conejo al frente eso hubiera parecido una carrera de galgos). Además de los dos escenarios musicales, los organizadores se montaron diversos performances en otro foro colocado ex-professo. Ahí se vieron ciertos números de danza contemporánea (muy endulcolorada y diluida, por cierto), algunas pantomimas circenses, y el sufrimiento de los sufridos botargas, quienes heróicamente aguantaron las casi doce horas del Fest en zancos y disfraz.



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El clima fue algo que no favoreció al evento. Del luciferino sol del mediodía pasamos a una lluvia helada por aquello de las cuatro de la tarde, misma que ocasionó que muchos de los asistentes se aglutinaran bajo los escasos toldos que se habían instalado. Algunos vivales, por supuesto, comenzaron a vender impermeables de plástico a precio del Palacio de Hierro, haciendo su agosto a mediados de abril. Luego, por aquello de las seis, regresó el sol, por lo que el respetable decidió salir de sus guaridas y escuchar a sus grupos mientras oreaba su húmeda osamenta. Finalmente, cuando cayó la noche, el viento y la pertinaz lluvia convirtieron el autódromo en el frigorífico más grande de México, por lo que no sería raro que muchos de los asistentes hayan amanecido el domingo con una roquera pulmonía bajo su pecho.

El ambiente social fue otro hecho destacable, pues se dieron cita algunas de las tribus urbanas más representativas de la escena chilanga. En primer lugar, iban los ya célebres emos, muchos de ellos pubertos de secundaria acompañados por sus padres, todos con sus pantaloncitos y peinados tan característicos; luego, los rockers, quienes -debido a la inicial canícula-, se habían despojado de su representativa chamarra de cuero, acción por la que luego se andaban lamentando; tambien, bastantes fresillas se dieron cita para escuchar a la piernuda de Belanova y su musiquita azucarada. De entre todos, los más numerosos eran los emitos, quienes pudieron vivir la fiesta en paz gracias a que no se dieron cita sus némesis: los darkies y los Punks. Finalmente, tanto los vampiritos como los pelosparados tienen gustos musicales demasiado específicos -además de bolsillos bastante damnificados, la mayoría-, como para presentarse en un festival en el que, para pasartela decente, tenías que gastar el equivalente al PIB de Haiti.


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Otro hecho remarcable fue la logística comercial del evento. Había puestos de alimentos y souvenirs por todos lados. Eso sí, todo a tarifa primermundista: Una hambugruesa prefabricada costaba no menos de 35 pesos (3 U.S.D.); una cerveza, por ahí de cincuenta (como 4.5 U.S.D.). Una playera de cualquiera de los grupos costaba -en todos los puestos de la kermesita roquera), entre 150 y 180 pesos. Por lo mismo, además del precio del boleto (699 pesos, o 70 U.S.D), uno se gastaba, sólo en comer y en un recuerdito, más de 500 pelucones.
Los grupos, para ser sincero, se la rifaron. Todos echaron lo mejor de su repertorio con bastantes ganas. -Hasta my Emichal romance, hay que admitirlo-, pero quienes se llevaron la noche fueron The Mars Volta, cuyo vocalista, el Cedric Blixer Zavala con un look muy a lo Amanda Miguel, desmadró el escenario al enredarse en una de las lonas, y The Smashing..., que cautivó a sus treintones fans con algunas de sus rolas más entrañables.
En fin, que fue una noche entretenida gracias al buen desempeño de los grupos y a las curvas de Ely Guerra y la Belanovita. Sin embargo, el festival no dejó de tener en ningún momento los brillos plásticos de una caja de hamster. Por desgracia, el espíritu transgresor de los primeros festivales multibandas, tales como Woodstock y Avándaro, se ha esfumado dentro de una caja registradora. Ahora, estos eventos han transmutado en gigantescas kermesses de parroquia en donde únicamente se puede adquirir la rebeldía encerrada en una taza o estampada en una remera.
Ojalá y que en alguno de ellos aparezca alguna encuerada que me haga opinar lo contrario.
Omar Delgado
2008

lunes, abril 07, 2008

CAPÍTULO XXXIII

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En medio del camino de nuestra vida
me encontré por una selva oscura,
porque la recta vía era perdida.

¡Ay, que decir lo que era es cosa dura
esta selva salvaje, áspera y fuerte
cuyo recuerdo renueva la pavura!
Tanto es amarga, que poco lo es más la muerte:
pero por tratar del bien que allí encontré,
diré de las otras cosas que allí he visto.

Dante Alighieri. La Divina Comedia. Canto I.


Y finalmente llegué a los 33 años.
La misma edad en la que Jesús de Nazareth estaba haciendo sus desmadres allá en la Galilea del siglo I, por los que fue condenado a servir de alfiretero para volverse superstar de los martirológios de la humanidad; la misma edad que tenía Alejandro Magno cuando ya era señor de la mitad de Asia y su patio de juegos se extendía de Macedonia a la India. Por desgracia, al tocayo le dieron su agüita sabrosa antes de que pudiera gozar sus dominios.
También tenía 33 años Dante Alighieri cuando se encontró perdido en medio de una selva umbría y fue atacado por tres pecados encarnados en fieras. (¿Nomás tres? En que poquita agua se ahogaba) Para el poeta, ese fue el inicio del viaje literario- místico que le ganaría la posteridad como cartógrafo de las latitudes infernales y celestiales. (Que bueno que el papa Ratzinger reinaguró hace poco el Infierno´s Social Club: el bardo toscano hubiera estado muy triste de saber que sus trabajos hubieran valido para ni madres).
No en balde Alighieri sitúa el punto medio de su existencia a los 33 años. En aquellos tiempos pre-antibióticos, las pestes, las guerras y las deficientes prácticas higiénicas hacían una proeza el hecho que una persona superara los treinta y cinco. Sin embargo, la muerte no era igual para todos, pues mientras las clases privilegiadas (a las cuales pertenecía el versificador), tenían un poco más de espectativas de vida, las clases miserables morían como moscas. 66 años era lo que esperaba vivir Dante. A ver cuantos me asignan a mí.
Treinta y tres es la edad en la que te preguntas si los caminos de tu vida han sido lo que has pensado; a esta edad, te cuestionas acerca de tus vocaciones y de la existencia que te has forjado. ¿Vas bien, o te regresas? ¿Es hora de explorar nuevos mares? ¿Quizá de buscar puerto seguro? Aquí es cuando haces un balance acerca de tus logros y los comparas con tus fracasos. Del resultado, y de la dirección que marque la brújula que traes en medio del pecho, dependerá el resto de tu vida.
A esta edad, según la usanza social, ya debería de ser todo un ñor con esposa, hijos y panza (ejem... bueno, esa ya la tengo), y no el prángana que aún colecciona juguetes e inventa mundos que soy. A mis 33, aún busco la peripecia en los rincones de la ciudad, aun navego en estas oscuras avenidas esperando maravillarme con las constelaciones de luz, aún me dejo llevar por la vorágine de versos que de cuando en cuando (de cuando en siempre) forman remolinos alrededor mío; aún valoro más la palabra, los amigos y las risas que el oro; aún veo el mundo como mi casa posible; aún no pongo paredes que rodeen mi alma.
Por que sí... En esta ancianidad de 33 años, uno también comienza a ver a los otros, a los amigos que se han ido, a los que tomaron camino al norte a buscar futuros más probables. Buscas a aquellos a quienes ya decidieron fotocopiarse en "un muñequito de carne, mitad tú, mitád yo -o mitad el sancho-" (Amado Nervo Dixit); aprecias a aquellos que siguen niños y que no se entregan. En este punto tomas nota acerca de aquellos que te fueron impresindibles y que hoy apenas si recuerdas; de aquellas a las que amaste y que dejaste en el escollo de las sirenas gracias a la cera de Ulíses; de aquellos compañeros de tripulación que encallaron, de los que murieron jóvenes, de los que se volvieron huéspedes del frescobote, de los que renunciaron a sus juramentos y se convirtieron en lo que siempre odiaron.
Y me veo y agradezco no estar entre ellos.

The show must go on.

Omar Delgado
2008

viernes, abril 04, 2008

Conde Blues

No, no es la bruja cósmica.



Es Rosina Conde, escritora mexicana y profesora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, echándose un palomazo en el segundo encuentro internacional de Blues.

Nomás pa´que se den un quemón.

Omar Delgado
2008

Genocidas Malboro

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Hace apenas unos días entró en vigencia la ley antitabaco en la ciudad de México. Ahora, en ningún lugar bajo techo -incluidos bares, cantinas y congales-, se podrá, siquiera, encender un cigarrillo. Cualquier persona que trate de inflingir la ley se expone a pagar una multa de 3000 pesos (por ahí de 300 U.S.D), e irse a disfrutar de unas cortas vacaciones en el Chirona´s Suites.
La ley, a pesar de las múltiples molestias que nos causa a los fumadores habituales, se promulgó por razones justas. No podemos obligar a nadie a que se sople junto con nosotros el aroma de nuestro tabiro. Mucho menos, el hacerle disfrutar el aroma de nuestro puro o de nuestro tabaco de pipa. Sin embargo, la legislación peca de extremista al prohibir totalmente que se fume en lugares públicos, pues es mucho más fácil -y tolerante, y democrático-, el obligar a los establecimientos a crear secciones para fumar cerradas, aisladas del paraíso ascéptico de los no- fumadores. Otra opción sería que los bares, cantinas, restaurantes y demás lugares de relajación y fandango escogieran ser Libres de humo o no. Así los purísimos no-fumadores podrían ir a un bonito lounge en donde se sirvieran bebidas color pastel y se repirara aire proveniente de las capas aúreas del cielo mientras los fumadores podríamos estar en antros hardcore, nadando en nuestros propios humos tóxicos y escuchando heavy metal al lado de carnosas y desnudas fumadoras.
Lo cierto es que la nueva ley toma su espíritu de la ideología anti-tabaco desde hace algunos años se ha fomentado en la sociedad. El fumador, para muchos, no es sino un genocida bonsai, un Himmler que lleva en su bolsillo la cámara de gas y que su única meta en la vida es asesinar lentamente a los pobrecitos no-fumadores. Al humo del tabaco se le atribuyen cualidades infernales: cada bocanada -podría decir sin mucho empacho más de uno-, lleva miriadas de espíritus impuros dispuestos a carcomer el organismo de los muy sanos individuos que no fuman. Nicotina, Alquitrán, Monóxido de carbono, todos ellos no son sino nuevos nombres de la Demonología del siglo XXI.
Por supuesto, a los cristalinos no fumadores no se les ocurre que todos los días ingieren muchos agentes tan o más dañinos que los que contiene el humo de cigarro. Las cancerígenas sopas Maruchan, la Coca Cola Zero que desbarata el páncreas, o su contraparte light que erosiona las neuronas, los miles de colorantes y saborizantes arficiales que cualquier comida instantanea tiene y que son fuente infinita de cáncer. Incluso las radiaciones del omnipresente teléfono celular le puede causar a alguno de esos sanísimos individuos un tumor que lo haga convertirse en el Joseph Merrick del nuevo siglo. Pero en fin...

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Es por eso que desde ahora la inmensa mayoría de los lugares públicos van a sufrir una merma importante en sus clientes habituales. Gracias a las nuevas prohibiciones, muchos de los ritos que se llevan a cabo con el tabaco (impensable un cafecito sin cigarro, o unas cervezas sin el acompletador nicotínico), van a tener que efectuarse en la comodidad y privacía de los hogares. Y no es que nosotros, los nefastos fumadores, no estemos conscientes del daño que nos hace nuestro vicio (finalmente, algún día lo dejaremos).
Es solo que nos hincha las gónadas que algún santurrón nos diga dónde debemos fumar.
Omar Delgado
2008
Glosario
Chirona: En el caló del hampa de la ciudad de México, la cárcel.

miércoles, abril 02, 2008

Detectives de fantasmas

Las aventuras de John Silence con lo paranormal

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La vida después de la muerte siempre ha sido la gran preocupación del hombre. Desde el Neardental que dejaba puntas de lanza y jícaras con alimento en las tumbas de sus muertos hasta el yuppie newage que dispone que sus cenizas sean comprimidas en una cápsula y arrojadas al espacio exterior, el hombre siempre ha encontrado maneras de explicarse (y tratar de eludir) su propia finitud.

Por eso, no es extraño que desde las primeras ficciones que enhebró el hombre, el Más Allá fuera uno de los temas imprescindíbles. Gilgamesh, el primer superhero de la literatura, tuvo que refrendar su condición bajando al submundo; Odiseo necesitó consultar a la sombra de Tiresias para encontrar el camino a Ítaca. En tales historias, el mundo de la vida y el de la muerte eran dos esferas de límites difusos, y no era antinatural que hubiera intercambios entre uno y otro.

Sin embargo, hay otro tipo de historias en donde la patria de los muertos se ve como un lugar que, si bien existe, debe de tener fronteras bien claras con nuestro mundo. Muchos de los ritos funerarios de la humanidad estaban encaminados tanto para honrar al muerto como para prevenir su regreso. El ser de ultratumba (llámese fantasma, vampiro, no-muerto, demonio o espíritu impuro) se convirtió en el invitado indeseable, el borracho que se cuela en la fiesta a acabarse las botellas y hacer estropicios. Algunos incluso eran capaces de poner en riesgo la viabilidad del mundo. Era entonces, necesario, que surgieran profesionales que los apaciguaran y, en caso necesario, que los mantuvieran en su sitio. Así es como surgen los exorcistas, chamanes, ocultistas, espiritistas, parapsicólogos e investigadores de lo paranormal; figuras misteriosas y algo menospreciadas, outsiders de la sociedad a los que se acude cuando las cosas se ponen demasiado aterradoras.

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Se podría afirmar que el primer cazafantasmas de la historia fue el filósofo estóico Atenodoro. Cuenta Pilino el joven que en Atenas existía una casa que, a pesar de ser amplia y cómoda, nadie quería habitar, pues tenía fama de estar encantada; por lo mismo, el alquiler que se pedía por ella era muy bajo. El filósofo, hombre sin mucha plata -como la mayoría de su gremio-, la habitó pensando en que era mejor enfrentarse a algún espíritu furibundo que a la intemperie. Durante la noche, Atenodoro escuchó ruidos metálicos en la casa y, al explorar, se encontró cara a cara con un anciano traslúcido, de apariencia miserable y grilletes en los tobillos, al cual siguió. Ya en el patio, el espectro le señaló un punto junto a un olivo. Al otro día, el filósofo removió la tierra del lugar y encontró unos huesos. Luego de enterrarlos, el fantasma finalmente descansó, y Atenodoro pudo finalmente disfrutar de tranquilidad para sus reflexiones.

Historias similares se repiten en todas las tradiciones literarias y orales, en todas partes del mundo. Sin embargo, no fue sino hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando lo paranormal se volvió cool. Con el auge del espiritismo, aparecieron cientos de pseudocientíficos que afirmaban poder comunicarse con otros planos de existencia, e incluso, de pelear con los espíritus de caracter maléfico.

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El detective de lo paranormal (o cazafantasmas científico), nace a fines de los 1800´s. Sus exponentes más famosos fueron, por supuesto, el doctor Abraham Van Helsing, nemesis del Drácula de Bram Stoker, y el doctor Helessius, azote de la Carmilla de Sheridan Le Fanu. Ambos personajes, puesto que lidiaban con un tipo muy bien definido de seres de ultratumba -los vampiros-, apoyaban sus métodos de investigación más en el folcklore que en los conocimientos científicos. En 1887, con el surgimiento de Sherlock Holmes, los escritores de suspenso comenzaron a incorporar los métodos racionales del habitante de Baker Street en sus personajes. Además, en aquellos tiempos había una gran cantidad de información científica, derivada del hacer de mediums y espiritistas. Es así como nacen los detectives de lo paranormal, hombres que incorporaban el saber científico a la caza de espectros. Los más ilustres miembros de esta estírpe son el doctor Carnaki, de Hobson, y John Silence, de Blackwood Algernon.
John Silence quizá sea el más singular de ellos, pues se parece más al compañero del doctor Watson (incluso físicamente) que al sanguíneo Van Helsing. Algernon crea a su personaje en 1906, justo en el ocaso de la era victoriana. Por lo mismo, las historias de Silence pecan de cierta inocencia conmovedora, (propia de una época en la que todavía no se vivian los horrores de las guerras mundiales) pero aún así, el también autor de la obra maestra titulada Los Sauces los lleva a buen puerto gracias a una notable capacidad de descripción y a un amplio conocimiento de las teorias espiritualistas- metafísicas de su tiempo. Si bien las aventuras del investigador de lo paranormal son bastante logradas (aunque algo lineales), desde el punto de vista narrativo, también son verdaderos muestrarios de las ideas que se tenían en aquellas épocas acerca del mundo de los espíritus. Algernon explica (por medio de su creación), la transmigración de las almas, el desdoblamiento del cuerpo astral, la impregnación psíquica, y otras teorias parapsicológicas con el mismo rigor -y la misma certidumbre-, con el que un físico explicaría las tres leyes de Newton.
Editorial Valdemar editó hace tiempo una compilación de las aventuras más representativas de John Silence. Bajo el título de John Silence, investigador de lo oculto, se agrupan los relatos Antiguas Brujerías, una invasión psíquica,Culto secreto, la némesis del fuego, Una víctima del espacio exterior y El campamento del perro. En todas ellas se muestra algún caso perturbador (generalmente con alguna pobre víctima martirizada por un ser de otros mundos), minuciosamente explicada por el investigador. En Antiguas Brujerías, un hombre se enfrenta a brujas quemadas siglos antes; en La némesis del fuego, Silence ayuda a un coronel retirado a deshacerse de una maldición egipcia; La cuarta dimensión devora poco a poco a un iluso joven en Una víctima del espacio exterior, en donde el autor tiene oportunidad de mostrar todas sus dotes de narrador; Una invasión psíquica versa sobre un escritor que, al experimentar con fármacos, abre por accidente las puertas del Más allá y por último, El campamento del perro aborda el conmovedor idílio entre una joven y su licántropo amante.

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Los cuentos de Blackwood están escritos correctamente, siguen todas las convenciones de la narrativa y muestran con destreza un mundo tan fascinante como dificil de imaginar. A pesar de ello, se les nota cierto acartonamiento. Esto no es extraño, pues fueron las primeras incursiones del autor en las letras. Luego de Silence vendrían los trabajos con los que se consagraría como el gran autor de misterio que inspiraría a H.P. Lovecraft a crear sus inombrables entidades.
La influencia de Blackwood y su hijo literario, sin embargo, van más allá, pues fue también una de las fuentes de las que se basó Alan Moore para crear a su Hellblazer (conocido popularmente como John Constantine), y de Mike Mignola para escribir al guarro Hellboy, hoy dos referencias culturales innegables. Incluso los inenarrables Ghostbusters (Ivan Reitman, 1984) presentan, en su hechura, rastros del personaje del autor de El Wendigo.
Además, cualquier escritor en ciernes podría encontrar en estos relatos ejemplos precisos del uso de algunas de las técnicas narrativas más complejas, tales como la descripción de conceptos abstractos o la evocación de atmósferas. De cualquier manera, (sea uno o no escritor) el doctor Silence es un personaje lo suficientemente fascinante como para conocerlo.
Omar Delgado
2008

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Acá estan los datos del libro:
JOHN SILENCE, INVESTIGADOR DE LO OCULTO
(Valdemar)
Idioma: Español
ISBN: 8477024197.
ISBN-13: 9788477024194350
p. ; 25x17 cm.
(2002). ç
Y acá esta una liga para no pagarle a Valdemar