lunes, septiembre 24, 2007

La familia bonita: Fred y Rosemary West

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Fred y Rosemary justo después de conocerse

Pocos conceptos hay tan alabados y santificados como La Familia. El lugar común dice que es la base de la sociedad, que todos los bienes posibles se desprenden de ella y que todos los males esperan a cualquiera que se le aleje. En las sociedades latinoamericanas, nos vanagloriamos de que nuestros lazos familiares son más fuertes que en el mundo anglosajón, que gracias a ellos somos más morales que los europeos y norteamericanos en general. De hecho, más de uno ha aventurado que gracias a ello los asesinos seriales, la supuesta "depravación de costumbres", el libertinaje sexual y demás horrores son mucho menos frecuentes en nuestros países. Sí, cómo no. Las mafias sicilianas, los carteles de droga latinoamericanos y los Yacuzas japoneses, entre otros, serían impensables sin un alto sentido de lealtad familiar; nuestro sistema de corrupciones, compadrazgos y amiguizmos tiene como orígen precisamente la creencia de que es más importante el lazo hacia los cercanos que hacia el grupo en general (Mis hermanos, primos, compadres y cuates antes que el país). Efectivamente, la familia, cuando mantiene relaciones sanas entre sus miembros y hacia el resto de la sociedad es una fuerza generadora de bienestar. Cuando no, puede llegar a ser una calamidad.



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Fred y Rosemary poco antes de ser detenidos

La adorable familia West, cuyas cabezas fueron Rosemary y Frederik, son un ejemplo claro de lo siniestra que puede ser una relación familiar.
Fue en 1968 cuando la joven Rose Letts conoce a Fred West en una parada de autobús en Glasgow, Inglaterra, e inmediatamente quedó prendida del varonil individuo. Jamás le importó la diferencia de edades (Ella era una adolescente mientras que él pasaba al treintena), ni que el fuera ya casado y tuviera dos hijas. Para ese entonces el simpático Fred ya era todo un delincuente que acostumbraba hacer pequeños robos y chapuzas para vivir y que, además, ya había matado y enterrado a Anna McFall (adolescente que, por cierto, esperaba un hijo de él). Por otro lado, la señorita Letts había tenido una infancia dificil en la cual sufrió abuso sexual por parte de su padre. A sus 16 años, Rose poseía un inusual apetito sexual, tenía un temperamento explosivo y efectuaba pequeñas rapiñas. En cuanto se vieron, Fred y Rosemary no podían sino atraerse.


Dos de sus primeras víctimas juntos fueron Charmine West y Rena Costello, hija y esposa de Fred West, respectivamente. A la primera, aún niña, Rosemary la mató mientras Fred estaba en prisión. A Rena, quien también era madre de Charmine, ambos la eliminaron por que hacía demasiadas preguntas. Ambos cuerpos fueron desmembrados por los West y enterrados en estrechas fosas por Fred. A Rena le tocó descansar en un bosque cercano; a Charmine, le hicieron un lugar en las cercanias de la casa familiar.



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Charmine West (izquerda), Heather West (centro) y Anne Marie West(Derecha). Las dos primeras asesinadas por Fred y Mary . Anne Marie sobrevivió y actualmente goza de una nueva identidad
En 1972, los tórtolos contraen matrimonio y se mudan a la casa ubicada en el 25 de Cromwell Street. Para ese entonces ya tenían dos niñas: Heather y Mae. Fred era un hombre comprensivo y abierto, y decidió que Rose debía dedicarse a la prostitución por puro hobbie, mientras que el trabajaba como obrero y se allegaba un dinero extra rentando los cuartos que sobraban en su casa. Además, el buen esposo, obsesionado por la legendaria potencia sexual de los negros, se esmeró en encontrarle amantes jamaiquinos a su esposa sólo para tener el placer de verlos y escucharlos en pleno brinco. Tanto se esmeró que, de los ocho hijos que tuvieron como pareja, por lo menos dos eran producto de sus aventuras con antillanos (cuestión de la cual Fred estaba más que orgulloso). La casa pronto se llenó de los amantes de Rose, inquilinos de los West y buscavidas de los alrededores. El 25 de Cromwell se había convertido en un lugar para pasar un rato agradable entre las piernas de la señora de la casa.



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Rosemary West ofreciendo sus servicios sexuales en una revista

Sin embargo, los West no se conformaron con esos juegos sexuales, los cuales pronto consideraron pueriles. A ellos lo que les gustaba era el placer de martirizar a otros. Primero fue a sus hijas, a quienes ambos iniciaron en lo que ellos llamaban una vida sexual sana; luego, a las chicas que por alguna razón llegaban a su casa, desde las inquilinas hasta las niñeras. Pronto los West se hicieron de una buena cantidad de juguetes sexuales, de entre los que destacaban consoladores de gran tamaño, cadenas y correas para jugar con sus visitas. Prácticos, cuando alguna de las amantes que ambos tenían no estaba de acuerdo en participar en sus juegos, la asesinaban y la enterraban en el patio. Fred acondicionó un cuarto de la casa como salita de "juegos", en el cual, gracias a un aislante contra ruido, podían permitirse realizar sus rutinas sexuales. Las primeras que tuvieron el honor de estrenar dicha habitación fueron sus propias hijas.


Fred y Rosemary nunca supieron mucho de límites, ambos tenían unos gustos eróticos peculiares que se fueron haciendo más sanguinarios conforme pasaban los años. Los cadáveres se fueron juntando bajo su patio de 1975 hasta 1994, año en que son descubiertos y encarcelados. En el momento de su arresto, los West habían asesinado a 9 jóvenes de entre quince y veinticinco años, siguiendo exactamente el mismo ritual: la chica era secuestrada (aunque en algunos casos excepcionales, llegaba por su propio pie al nidito de amor de los West), atada, violada tanto por Fred como por Rosemary, estrangulada, desmembrada y enterrada en el patio. La pareja alternaba sus diversones con el negocio de prostitución de Rose, el abuso sistemático a sus hijas Anne Marie y Heather, el incesto con el padre de Rose (que Fred consentía) y sus fiestas de chocolate.

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Frederick West
Paradójicamente, cuando Rose entraba en acción, ya sea con algún cliente o con alguna víctima, Fred prefería observar. Desde joven tuvo problemas de eyaculación precoz, por lo que se deleitaba fotografiando y filmando a su mujercita en plena acción. Quiza por esa razón el señor West tenía una fijación fetichista por las herramientas: no podía tener relaciones si en la habitación ho había un martillo o un desarmador. Por supuesto, cuando ocurria que alguna de sus compañeras sexuales involuntarias tenía que morir, el era quien les rompía el cuello, las despedazaba y las desaparecía. Todo un caballero el señor West.


Los juegos de los señores West llegaron a su fin el 24 de febrero de 1994 la policía de la localidad descubre los huesos de Heather enterrados en el patio del 25 de Cromwell. La agente Hazel Savage tenía indicios de las actividades de Fred y Rosemary por lo menos desde siete años antes (más o menos en las épocas de la desaparición de Heather), e inició una investigación que finalmente culminó en la exhumación de los huesos de la mayor de los hijos de los West. En la fosa se encontraron tres fémures, por lo que las pesquizas se extendieron a todos los rincones de la vivienda, donde finalmente encontraron siete esqueletos más. Fred West es arrestado, y durante los interrogatorios cuenta detalladamente el asesinato y desmembramiento de su hija para, al otro día, desmentirlo todo. Luego de que se concluyen las exhumaciones, Fred es procesado por doce asesinatos, incluyendo los de Rena y Charmine. La defensa de los West trata de desvincular a Rosemary de los crímenes de su marido alegando que ella no sabía nada de ellos. Los esfuerzos fueron infructosos, pues las pruebas indicaron que la señora participó en varios de los homicidios. Los West fueron condenados a varias cadenas perpétuas. Frederick West no quiso esperar mucho. Durante su estancia en prisión, atesora pacientemente jirones de tela para con ellas, tejer la cuerda con la que finalmente se ahorca el 1º de enero de 1995.
Es probable que el caso de Fred y Rosemary West sea uno de los más pulidos y espeluznantes ejemplos de lo que la asociación de dos antisociales puede ocasionar. Tanto Fred como Rosemary como individuos eran disfuncionales: delincuentes juveniles con antecedentes de maltrato infantil y de abuso sexual (en el caso de Rose), y de homicidio en el caso de Fred. Además, los hermanaba el hecho de que los dos, aparentemente, habían sido inciados sexualmente por sus padres (Rose fue amante involuntaria de su padre desde los 12 años y se cree que a Fred su dominante madre lo inició en los ritos sexuales). Tal vez por separado, los West no hubieran sido tan dañinos. Sin embargo, juntos, configuraron una mortífera personalidad unitaria. Los West actuaban como tandem; se apoyaban y alentaban entre sí hasta las últimas consecuencias. Para ellos no había nada prohibido: desde violar juntos a sus hijas (cuestión que ellos consideraban un privilegio, pues eran los padres quienes debían de educar a sus hijos en la cuestión del sexo), hasta la tortura y muerte de sus amigas de juego. Cuando son detenidos en 1994, Rosemary trata de suicidarse con una dosis de medicamentos. Fred se quita la vida a los pocos meses de ser separado de Rose. Las cartas que se escribieron son prueba de su vínculo, un amor tan fuerte como patológico.


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Rosemary (West) Letts

Toda la odisea de los West se consigna puntualmente en el libro Felices como asesinos, de Gordon Burn, editado por Anagrama. Algunos datos extras de tan linda pareja se pueden consultar aquí.
Omar Delgado
2007

domingo, septiembre 16, 2007

A la orilla de la carretera...

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La mujer de blanco me pidió un aventón, nos canta Jaime López. Lo cierto es que el cantautor tamaulipeco, en esta rola, nos muestra las constantes de una de las leyendas urbanas más conocidas a lo largo del mundo.

La dama de la carretera, la mujer que de noche anda, buscando trasnochadores y borrachos; la seductora, la que lleva entre las piernas todo el poder de la muerte. Los espectros femeninos han estado presentes en casi todas las mitologías de la humanidad, y en todos lados en donde se le encuentra, es sinónimo de desgracia. Invariablemente, casi cualquier localidad tiene su versión autóctona del fantasma nocturno. Hay damas de Blanco en Mexicali (especialmente en la Rumorosa), en Tuxtla Gutierez, en Ciudad Guzmán, Jalisco, en la Ciudad de México, en Torreón, Coahuila, en Tampico, en Aguascalientes, en San Luis Potosí y en cualquier localidad de cierta importancia. La histortia es básicamente la misma: un hombre transita por una carretera solitaria a altas horas de la noche, cuando a la orilla del camino ve una silueta blanca. Es una mujer, generalmente hermosa, que le pide un aventón. Si se detiene, la dama se sienta en la parte de atrás, y permanece en silencio aunque el conductor intente charlar con ella. Si el hombre, por otro lado, no se detiene a recogerla, al rato descubre aterrorizado que aparece en la parte trasera de su automóvil. El final de la historia difiere: en ocasiones, el hombre la deja en un camposanto, en donde ella se mete; en otras, desaparece sin dejar rastro, dejando al hombre diabético del pinche susto. En ciertas versiones más elaboradas, el conductor la deja en una casa, y cuando ella desciende, el conductor se da cuenta de que le ha dejado alguna prenda (que puede variar desde una joya hasta una chamarra). El hombre, al otro día, va a la casa, en donde lo atiende alguno de los padres de la muchacha, aclarándole que ella lleva años muerta.



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Hay versiones nacionales de este fantasma: En el México central tenemos a la Llorona; En el sureste es la Xtabay. Venezuela es feudo de la Sayona. La Pelona es el terrible ser que se les aparece a los borrachos argentinos. La Calchona y la Pucullén espantan a los Chilenos que beben algo más fuerte que el mate; La espantosa Tulivieja ronda los ríos panameños en tanto que la Salvadoreña Sihuanaba les da una espantosa sorpresa a los hombres que la piensan hermosa. Dichas mujeres divinas pertenecen a esa estirpe infame que inicia con Lilith, espectro de los desiertos del medio oriente que se especializaba en seducir y matar niños. Lammia, en la Grecia antigua, vagaba con sus pies de bronce en busca de víctimas. La Striga, aún hoy, de deleita chupando a los niños italianos... Y por supuesto, sin olvidar a las Valquirias escandinavas, a las Banshees irlandesas, y a las damas blancas inglesas, todas ellas agoreras de la muerte en sus respectivos paises.
Todas ellas tienen elementos arquetípicos en común: sus víctimas son varones, casi siempre jóvenes y niños recién nacidos; generalmente son hermosas, lo que induce a sus víctimas (cuando son hombres creciditos) a quererlas seducir. Casi siempre se les vincula con algun cuerpo de agua (río, arroyo, lago); están condenadas, casi siempre, por matar a sus propios hijos o por llevar una vida disipada. Además, nunca traen nada bueno. Aquel que las ve, si sobrevive al encuentro, está condenado a sufrir penurias y muerte. En general, haciendo un rápido análisis psicológico, estos espectros reflejan el miedo hacia el poder de lo femenino que existe en las sociedades altamente machistas. Es la Medea, el reflejo de la madre terrible, capaz de matar a sus hijos; es la mujer que vive su sexualidad más allá de los cánones falocráticos que la condenan a ser fábirca de hijos y semiesclava de un baquetón. La emancipada, finalmente.
Como todas las leyendas, la de la Mujer de blanco ha evolucionado para adaptarse a los nuevos tiempos. Este video que les presento es una reelaboración del mito, hecha por unos aficionados en Portugal. Si se fijan, está filmado muy a la usanza de la Bruja de Blair, y la linda fantasma es demasiado Fashion como para ser creíble. Sin embargo, este video tuvo tal impacto que ha sido analizado como genuino en varios programas de televisión. Lo dejo a su criterio. Sólo les recomiendo no verlo de noche, si son muy sugestionables.




Omar Delgado
2007

jueves, septiembre 13, 2007

Los gandallas también lloran

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Ayer fue un espectáculo bastante agradable (por lo menos para los que aborrecemos a los zares de los medios de comunicación), el ver cómo los loritos de la pantalla chica soltaban el llanto y escupían sangre ante la aprobación de la nueva ley electoral mexicana.
Y no es para menos, pues para tan distinguidos señores (Emilio Azcarraga Jean y Ricardo Salinas Pliego, los principales), los pagos por publicidad en tiempo de elecciones resultaban un redondo y pingue negocio. En tiempos electorales sólo tenían que estirar la manita para recibir miles de millones de pesos por inundar el espectro radioeléctrico de spots, calumnias, opiniones mañosas y mierda en general. La reforma de la ley electoral, aprobada el día de ayer por el senado de la república, restringe enormemente la publicidad partidista: el negocio se les fue a los señores.
Por supuesto, Televisa y TV Azteca no se quedaron callados ante lo que consideraron un despojo. Como medida de presión al congreso, durante semanas atacaron la consabida reforma, tomando como estandarte la defensa del inutil de Luis Carlos Ugalde, consejero presidente del IFE (Instituto Federal Electoral, organismo que regula las elecciones en México).
El martes 11, sin embargo, las televisoras llegaron al borde del ridículo al protagonizar una cuasi-manifestación con sus empleados, encabezados por esos baluartes de la objetividad que son Javier Alatorre (informador estrella de la TV del Ajusco), y Joaquin López Dóriga (Prima Donna de Televisa); para su desgracia, esa acción tan contestataria tuvo el ejemplo contrario, pues los senadores de la república, esa misma noche, aprobaron la nueva legislación.
Por primera vez en mucho tiempo, los senadores merecen un aplauso: por una vez cumplieron con su deber. Sin embargo, esto no tuvo que ver con su celo democrático o por su profesionalismo, sino por puro y simple cálculo político. El 2006 demostró el temible poder de persuación de los medios de comunicación electrónicos en una elección que dejó fracturada a la república. El grupo político al que pertenece Felipe Calderón, actual dizque presidente, logró obtener el apoyo de los concesionarios para tomar el poder. Las acomedidas (en ese entonces), televisoras fueron un apoyo indispensable para denostar y atacar al candidato izquierdista a la presidencia, Andres Manuel López Obrador. Azcarraga Jean, Salinas Pliego, los panistas y la oligarquía mexicana en general, emprendieron una guerra sucia de un dolo e intensidad pocas veces vista para evitar que el tabasqueño ganara la elección.
Gracias a la Tele, es presidente el Peléle, eso, ni quien lo dude. Sin embargo, tanto él como los priistas se dieron cuenta de que, si bien en esta ocasión los medios electrónicos los apoyaron, tienen el poder suficiente para quitarlos si así conviene a sus intereses. Se dieron cuenta de que Azcarraga Jean y Salinas Pliego tenían demasiado poder. En realidad, el PRI y el PAN tuvieron miedo del tigre que habían creado (el cual les ayudo a despedazar al Peje), así que decidieron, una vez eliminado el enemigo (por lo menos, en apariencia), quitarle colmillos y garras.
Todavía falta por verse si las reformas a la ley electoral pueden ser puestas en práctica (El presidente, en un arrebato de niño héroe hertziano, puede vetar la ley); sin embargo, la nueva legislación es un avence importante para hacer del juego electoral una competencia más equilibrada.
Omar Delgado
2007




COLOFÓN: Dame la gasolina


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Apenas estabamos celebrando la nueva ley electoral, cuando los legisladores (en este caso, los diputados), se les ocurre la puntada de aprobar el nuevo gasolinazo, es decir, un impuesto de 5% a los combustibles de vehículos automotor.
Algunos políticos han declarado, así de frente, sin morderse la lengua, que dicho aumento sólo afectará a los dueños de automóviles. Estos finos caballeros seguramente creen que el pueblo de México está conformado por subnormales si piensan que les creemos tales barrabasadas.
Cualquier mercancía (desde una alcachofa hasta un motor) debe ser transportada a través del territorio nacional por tierra... por medio de camiones, que utilizan diesel. Es obvio que el aumento a la gasolina traerá un aumento proporcional a todas las mercancías que se venden en el país.
Es decir, todo será más caro...
Lo bueno es que los diputetes pensaron en el pueblo mexicano, pues decidieron que el aumento sería gradual, a aplicarse en los próximos 18 meses...
Detallazo... Nos la van a meter, pero en abonos.
Omar Delgado
2007

miércoles, septiembre 12, 2007

300 (Y pico)



Hace mucho que un video no me hacía caerme de la silla de la pinche risa.

Omar Delgado
2007

De talachas y apariencias

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Esta tarde aprendí el concepto de deja vû cuando, en el puente de Aquiles Serdán (En la Gloriosa Chingatitlán) un bache reventó una de las llantas de mi coche. Lo increíble es que, justo el día de ayer, otra goma se me había reventado en el mismo lugar y a la misma hora.
Independientemente de las reducidísimas probabilidades de que eso le ocurra dos veces a la misma persona, me encontré, dos días seguidos, cambiando la llanta en la misma esquina. Para mi fortuna, siempre llevo dos repuestos, por lo que no me quedé ahí, inmovilizado cual señora gorda de Las lomas. Una vez que terminé, me dirigí a una vulcanizadora cercana para que parcharan mis dos maltrechos hules.

Luego de 15 minutos me atendió un esmirrado talachero con pinta de buscavidas, quien en menos de dos patadas y media reparó las gomas de mi coche. El chistecito me salió en 90 del águila (algo así como ocho dólares). Mientras abría mi cartera, el maistro me contó que conmigo eran catorce automóviles los que habían perdido sus llantitas en dicho puente, sólo ese día.

Hice cuentas y me asombré. si el mencionado talachero que me atendió les cobró a los accidentados un promedio de 50 pesos, se había ganado desde las once de la mañana hasta la hora de mi accidente (Las 18:30) no menos de setecientos pesos. Si asumimos que los insumos que utiliza en su trabajo (parches, goma, pegamentos, renta del local y luz), serían de, aproximadamente, doscientos pesos diarios, el hombre, así de mugrosillo y cábula, se está llevando, libres de polvo y paja, alrededor de un quinientón diario, nomás para sus chuchulucos.
Justo en el momento en el que abandonaba el changarro, llegó un individuo de esos de traje y corbata, celular en mano y aires de suficiencia; conducía un Chevrolet compacto con aspiraciones (Es decir, un Chevy con rines de magnesio, tan mamón como su dueño). Se estacionó chirriando llanta, saltó de su vehículo y llamó con prepotencia al maistro. “Hey, oye, tú. Arréglame la llanta ¿Quieres?” Me cagué de la risa. Es probable que ese pobre almidonado, de cabello lleno de gomina y lentes, apenas le llegué en sueldo al sufrido y carero maestro de las gomas.

Nuestra mexican society adora las apariencias; tendemos a asociar la prosperidad, la clase y la educación con la pulcritud. Casi todo el mundo piensa que aquel que viste de jeans y camisa raída seguramente es un pelagatosmuertodihambre; en cambio, tendemos a ver con respeto al hombre de portafolios y corbata o a la mujer de traje sastre. Lo paradójico es que, la mayoría de esos maestros manchados de grasa automotriz son más prósperos que muchos de sus acartonados clientes. Mientras que un licenciado, en promedio, al salir de la universidad, gana 7000 pesos en turnos de doce a quince horas, el humilde talachero que le arregla sus llantas gana más que eso por ocho relajadas horas de trabajo. En lo que el oficinista tiene que sufrir estrés, regaños de los jefes, fechas límite de entrega, acoso laboral, inventarios, dos horas en el automóvil, auditorias, pagos a doce meses sin intereses, comidas hechas de prisa y mal, el malvestido talachas realiza su trabajo con calma, bebiéndose sus chelas, bataneando unos sabrosos tacos, cotorreando con sus cuates del barrio, cachondeando a las vecinas. Al contrario que su cliente, el maistro ríe, pues sabe que, a pesar de que aquellos trabajan en una oficina lo ven con desprecio, él se la lleva cachetona y tiene tiempo de apreciar la vida.

Y lo mismo aplica para mecánicos, hojalateros, pintores de automóviles y demás oficios calificados como sucios.

Moraleja: Ya no mame. Tire su título de Contador de la Universidad ICEL y aprenda hojalatería. Su hígado y su humor se lo agradecerán.

Omar Delgado
2007

martes, septiembre 11, 2007

Cuernos de chivo en papel: Un asesino solitario

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No es Jorge Hank Rohn, es Elmer Mendoza

El arte se nutre de la realidad diaria. Los creadores, como cualquier otra persona, viven, comen, trabajan, cogen, sufren y gozan en un determinado momento histórico y en un lugar preciso. Es entonces comprensible que sus obras reflejen los sucesos que los rodean. Cuando se viven tiempos convulsos, entonces, se generan obras convulsas. En esos momentos, es usual escuchar a los espantadizos y pusilánimes clamar a gritos por la censura: "No editen TAL libro"; "Cierren ESA exposición"; "No distribuyan ESA película"; "ÉSTE videojuego lleva a la violencia". Dichas personitas (dicho así, con toda la mala fe) piensan que, en una sociedad ahogada por la delincuencia, por ejemplo, una novela que hable de delincuentes hará que se incrementen en la realidad. Nada más falso. Si un escritor vive en un país peligroso, su obra estará impregnada por el riesgo; si un cineasta ve la miseria en su sociedad, necesariamente la incluirá (de manera consciente o no), en sus filmes; un pintor empobrecido teñira sus lienzos de frugalidad. El arte no crea la realidad, unicamente se alimenta de ella.
Por ello, es comprensible que en las últimas décadas un buen número de escritores se hayan dedicado a la tarea de formar algo que, a estas alturas, ya se podría nombrar Literatura del narco. Este nuevo sub-sub género, cultivado en su mayoría por escritores del norte de la república mexicana, vendría siendo una mezcla extraña de novela negra y relato costumbrista, aderezada con pizcas de realismo mágico. El narcotraficante (y fauna que lo rodea), con su cuerno de chivo, sus trocas arregladas, sus pacas de a kilo y sus cadenotas de oro, ya es todo un personaje de ficción, tanto como lo es Gargantúa , Don Quijote o Macbeth.
Ejemplos de esta reciente narrativa se encuentran en La reina del sur, fallida novela en donde Arturo Perez Reverte trata de construir a Teresa, humilde mujer que se convierte de manera inverosímil en una de las mafiosas más grandes de México; en Tiempo de alacranes, en donde Bernardo Fernandez (BEF) retrata con brevedad y maestría a un sicario avejentado, y en la novela que en este caso nos ocupa: Un asesino solitario, de Elmer Mendoza.
El Europeo es un matón underground al servicio de los capos de la política mexicana, apodado así por su precisión y puntualidad. Es oriundo de Culiacán, a donde viaja en ocasiones a visitar a su jefita y a cuchiplancharse a la Charis, amor imposible y esposa de uno de sus amigos. Luego de anda sin trabajo por un tiempo, al sicario lo contacta un antiguo compañero, el Veintiuno, quien le ofrece una jugosa gratificación a cambio del trabajo más peligroso de su vida: matar al candidato a la presidencia de la república. El Europeo acepta, sólo para verse envuelto en una conjura que alcanza los más altos niveles del poder, del narcotráfico y de los cuerpos de seguridad. Más aún, el Europeo y su compa del alma, el Willi, se dan cuenta de que sus empleadores lo han contactado no para ser el ejecutor, sino para ser un triste chivo expiatorio.
Elmer Mendoza (Culiacán, Sinaloa, 1949), explota con buena pluma las posibilidades del lenguaje delincuencial. Su obra está narrada en primera persona, y no es sino el Europeo quien la cuenta. Los giros de la lengua, los tropos y los localismos de la mafia sinaloense son perfectamente embonados en el relato de manera que el lector nunca se pierde. La historia está solventemente hilvanada, y aunque cae en la fórmula clásica de la novela negra (lo cual la hace un poco preisible), concluye de manera satisfactoria. Los personajes tienen un desarrollo suficiente para el relato, aunque sería deseable que Mendoza hubiera ahondado en algunos (el Venintiuno, la Charis), para hacer el relato más rico y complejo.
Sin embargo, el mérito más grande de Un asesino... es haber logrado plasmar, desde el punto de vista de un asesino, el convulso entorno político y social que se vivió durante el año de 1994. A pesar del uso de seudónimos y nombres falsos, es notable que algunos personajes de la novela están inspirados en personalidades de carne y hueso (Luis Donaldo Colosio,Carlos Salinas de Gortari, Cuahutemoc Cárdenas), gracias a lo cual Mendoza logra dar un cuadro fidedigno de las circunstancias que rodearon el asesinato del candidato del PRI en el 94. Otro punto a resaltar de la obra es el mismísimo Europeo, personaje repulsivo y simpático a la vez, heredero en más de una manera del inolvidable Filiberto García de El Complot Mongol.
El autor sinaloense nos entrega una obra amena y reflexiva (aunque sea de esa relfexión chacotera y cínica que emana del matón a sueldo), acerca de las condiciones que prevalecían y prevalecen en nuestro país. Mendoza vaticina, sin quererlo, una realidad espeluznante: en México, el género negro está por convertirse en relato costumbrista.
Omar Delgado
2007
Chéquelo usted:
Título: Un asesino solitario
Autor: Elmer Mendoza
Editorial: TUSQUETS EDITORES
Sección: Lit. Ibero.Mexicana
ISBN: 9706990437

jueves, septiembre 06, 2007

Chao, Luciano



Luciano Pararotti, junto con Lou Reed, echándose "A Perfect day" en perfecto acople.
Y se nos fue el gordito Pavarotti
Buena onda el cabrón, y además, talentoso. Tal vez fue el tenor más grande después del mítico Enrico Caruso. Sin embargo, además de dedicar su vida al bel canto, trató de hacer de esta canica un lugar un poco mejor (Sólo basta recordar los conciertos Pavarotti & Friends, en donde se juntaba a su raza para apoquinar una feria para los niños de Bosnia, de África o de donde se ofreciera.
¿Protagónico, narcisista? Tal vez. Más de uno dirá que lo hizo por pura vanidad. Tal vez tengan razón, pero lo importante de una persona, al final, no son los motivos de sus actos, sino los resultados de los mismos. Somos lo que hacemos, no el porqué lo hacemos.
Cachondón, también. Sus lios de faldas eran la comidilla de todos. De bueno gusto, el gordito, guapisimas sus mujeres y sus fajes. Galán a pesar de tamaña timba que se cargaba.
Y ayer, al fin, la celosa flaca le pidió que le cantara al oído.
La vemos, bambino.
Omar Delgado
2007

La fiesta del Chivo

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1996. Urania Cabral, hermosa y amarga mujer de 49 años, regresa a su natal República Dominicana para visitar a su padre, Agustín "Cerebrito" Cabral, antiguo ministro del régimen de Rafael Trujillo. Ella es una exitosa abogada que radica en New York, que trabaja en un organismo internacional y que tiene un amisajo de resentimiento en la entraña, uno de esos que sólo puede ser vomitado frente a quien se lo causó. En ese viaje, Urania se encuentra consigo misma, con su moribundo padre, con su familia, pero sobre todo, con el recuerdo del que, por décadas, fuera el señor de horca y cuchillo de su país.
Treinta y cinco años antes, un grupo de militares y políticos conspira para matar al mismo hombre. Ese mítico dictador, apodado El Chivo por su legendaria potencia sexual, ese que nunca sudaba y que seguía controlando a la República a través del presidente de opereta Balaguer. En la novela, se narra como, una vez muerto el Chivo, el presidente fantoche deja su condición, como crece hasta convertirse en el mandatario que hará posible la transición del país hacia la democracia.
Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936), logra trenzar con maestría estas dos historias (Ficticia la de Urania; histórica la de los conspiradores), para unirlas en un sólo punto: Trujillo. El autor peruano hace posible la recreación narrativa de ese periodo de la sociedad dominicana, del magnicidio, de sus protagonistas y de las subsecuentes negociaciones de los políticos dominicanos (muy especialmente, las de Balaguer), que perimitieron superar la tiranía del Chivo. La pluma de Vargas Llosa le da voz a todos los participantes, incluyendo al mismo Rafael Trujillo, haciendolos perfectamente creíbles y humanos. De manera habil, La fiesta... desentraña los mecanismos del poder en la dictadura, los entretejidos y complicidades que hicieron que un hombre como El Chivo, en apariencia tan insignificante, pudiera encantar -y someter- a toda una nación por más de tres décadas.



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Son de sobra conocidas las inclinaciones políticas del autor peruano hacia ese adefesio que nos venden como democracia liberal; también son sabidas sus fobias hacia el comunismo (y la izquierda en general), y su apenas disimulada admiración por el régimen estadounidense. Sin embargo, es de agradecer que el Vargas Llosa político se logre disociar del Vargas Llosa literario, pues logra crear un retrato perfectamente equilibrado del tirano: fuerte, autoritario, cruel, y al mismo tiempo tan frágil al tomar conciencia de sus propias limitaciones (Cuando ni siquiera puede contener su orina o tener una erección); excelente también, el retrato de la figura de Johnny Abbes, siniestro jefe de inteligencia del Chivo, quien representaba el rostro más brutal del régimen trujillista, de su mano izquierda, con sus torturas, sus prisiones y sus ejecuciones extrajudiciales.
El oficio literario del peruano es evidente y disfrutable. Las reflexiones de Urania, tan dolorosas, alcanzan la contundencia que tienen gracias al uso de la segunda persona; el narrador avec, el cual estructura toda la historia, hace posible el ver los movimientos de los protagonistas. Gracias a estor artilúgios, podemos saber sus más profundas emociones mientras los vemos hacer las labores más mundanas; gracias a la maestría del autor, esos personajes, que bien podían caer en los estereotipos del folletín, quedan entrañados en la memoria del lector.
Omar Delgado
2007
Ficha técnica:
VARGAS, Llosa, Mario. La fiesta del Chivo.México, D.F., 2006. Editorial Punto de lectura.
ISBN:978-970-770-771-9

martes, septiembre 04, 2007

Para los que siguen resistiendo...

Pues bueno, en el primer informe del presidente pirata, Felipe Calderón, la izquierda no se portó tan mal.
Por lo menos, tuvo la decencia de salirse; además, Ruth Zavaleta, la presidenta de la cámara de diputados, de estracción perredista, se echó un discurso bastante aceptable acerca del caracter irregular e ilegítimo del gobierno actual (discurso, por supuesto, censurado por gobernación y por los zares de la televisión, a quienes el derecho a la libre expresión les sigue provocando ronchas)
La ausencia de los perredistas fue, simbólicamente, una buena estrategia. Ahora lo que sigue es que la resistencia, el FAP, la izquierda y demás necios (en el sentido silviorodrigueziano de la expresión) se deje de cuestiones simbólicas (muy bonitas, pero algo inútiles), para continuar con la lucha civil pacífica.

En honor a los que resisten, a los que siguen de tercos, a los que no se han dejado llevar por el desencanto y la apatía, a todos aquellos que han cantado el himno nacional en el zócalo con los toletes a pocos metros, va esto: una de las escenas más conmovedoras del cine mundial:



Omar Delgado
2007