martes, julio 31, 2007

Jaquemate

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Ni pedo, Ingmar... Ella siempre gana.

En un rato te alcanzo.

Omar Delgado
2007

Lo there do i see my father




Siguiendo con las escenas de cine que son poesía, les comparto esta:

Es el final de "The 13ª Warrior", película en donde un diplomático árabe (Antonio Banderas cuando todavía actuaba), se embarca en una expedición con un grupo de vikingos para enfrascarse en una sangrienta guerra contra una tribu salvaje.

Lo que recitan los guerreros es un canto fúnebre... para ellos mismos.

Omar Delgado

2007

lunes, julio 30, 2007

Ferias del libro

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Si a alguien hay que reclamarle acerca de que escribo, es a un simpático señor llamado Juan Colotla.

Y si fumo como camión materialista, también a él deben dirigirse las quejas.

Viví mis doce primeros años en un amplio departamento de la colonia Portales, criado por mi abuela y rodeado de mis tías solteras y mi madre, soltera también. En general, me formé con pocos modelos masculinos (Lo cierto es que mis tíos maternos no podían ser calificados como ejemplares), así que me fue necesario pepenar los que tenía a mi alcance: mis tíos políticos. Entre ellos había notables diferencias: mientras José era un vendedor serio y barbón, Poncho era un pícaro que más de una vez salió en calzones de alguna casa, perseguido por un marido celoso. Sin embargo, de todos ellos, el más importante en mi formación fue Juan, el esposo Rosario, la más joven de las hermanas de mi madre.

Hombre moreno, de lentes dorados y palabras algodonadas. La vida de Juan, por sí sola, merece una pluma mejor que la mia para ser narrada: hijo de un próspero sastre del barrio, decidió estudiar ingeniería mecánica automotríz, profesión que abandona después de darse cuenta de que le incomodaban los dedos llenos de grasa y las compañias beodas. Juan es un abstemio total, por lo que el medio de los mecánicos, tan lleno de adoradores del frasco, le fastidió sobremanera.
Decidió irse a hacer camino a Canadá, en específico, a Toronto, donde trabajó en uno de los hoteles más elegantes de dicha ciudad. Ahí, es preciso decirlo, se codeó con personajes de la talla de Jaques Costeau, a quien el mismo describió como "un viejito muy agradable... pero que hablaba como si siguiera dentro del agua". Al año de residir allá, regresó sólo para casarse con mi tía y llevarsela al norte.
Cuatro años estuvieron en los nortes hasta que a mi tia le dió una crisis nerviosa debido a la lejanía de la familia, así que decidieron regresar. Ya en México, Juan encontró trabajo en el departamento de difusión urante los ochentas, el trabajaba en Difusión Cultural de la universidad autónoma metropolitana (U.A.M); entre otras cosas, se encargaba de llevar las publicaciones de la institución a las ferias del libro del país. Yo, que en esos tiempos era un moco de siete años, me comenzó a llevar a dichos eventos. Cuando estudiaba la secundaria, después de clases, iba a ayudarle a las oficinas de la calle de Medellín, en la colonia Roma, en donde, todavía por esas fechas, existía un Tomboy (el tatarabuelo de los McDonalds), donde acostumbraba comer antes de inciar mi jornada laboral.

Lo cierto es que, además de en la Casa del Tiempo (Que era en donde estaba la oficina), pasé mis primeras aventuras laborales entre las cajas de libros en el Palacio de Minería, en el pasaje Zócalo- Pino Suarez, e incluso en las ferias de los estados, como las de Hidalgo o la FIL de Guadalajara. Yo me dedicaba a hacer inventarios y a vender libros que nunca había leído y que sin embargo me comenzaron a interesar. Fue ahí donde leí mi primera novela gotica: El Monje, de Lewis, que me tuvo como seis días sin dormir; también leí a Micrós y sus crónicas del méxico del siglo XIX, o los Relatos de una vida sin rumbo, del escritor vagabundo Chen Fou (Chino al que no le dijeron que Coopelala); también ahí me encontré la joyita titulada La estructura de la novela, de Edward Muir, la cual, a pesar de apenas entenderle, también devoré con gula.
Sin embargo, mi naciente acervo literario no se detenía ahí: gracias a las buenas relaciones que habíamos cultivado mi tío y yo entre los demás expositores (y a lo impreciso de los inventarios de aquel tiempo), podíamos intercambiar los textos que vendíamos por otros, más suculentos. Gracias a aquellas transas literarias me hice de algunos textos que aún conservo, tales como los Grabados de Posada o la colección completa de Calabozos y Dragones, de Timún Mas. En aquellos tiempos todavía existían algunas de las editoriales que actualmente son historia, tales como Novaro o Posada, empresas mexicanas que desaparecieron, bien por la muerte de sus dueños originales, bien por la incapacidad de los herederos, bien ante la aplanadora de las trasnacionales españolas en los años 90´s.
Sin embargo, la mayor parte de mi formación no provino de los libros, sino de todas las experiencias que acumulé en el tiempo que trabajé con Juan. Ahi conocí a los que serían los primeros gandallas con los que tuve que lidiar en mi vida laboral: los cargadores al servicio de mi tío, quienes me trajeron de bajada por años (Y a los que, por supuesto, les ajusté cuentas en cuanto crecí); mis primeros amorcillos entre las vendedoras de las ferias, (Fue en una feria del Pasaje en donde me dieron mi primera cahcetada al besar sin querer a una expositora más grande que yo... que además era Taekwandoka), las primeras chingas de cargar cajas de cincuenta kilos en el lomo, pero sobre todo, el amor a las letras. Mi tío siempre fue un hombre culto y un lector obsesivo, y tuvo el tino de guiarme a través del berenjenal que a veces es la oferta editorial en México. Gracias a él jamás caí en bazofias a la usanza de Cañitas o Juventud en Éxtasis. Gracias a sus consejos, descubrí al Marqués de Sade a los 12 años (¡Uta! Ahora entiendo muchas cosas), a Nietzsche, al Gabo y a Tolkien. (Aunque tambien,lo confieso, a J.J. Benitez) En verdad, algunos de los recuerdos más caros que tengo de mi infancia tuvieron como escenario, bien las mesas de las ferias del libro, bien la extensa bibilioteca de mi tío.
También por ese tiempo se formó mi carismática forma de ser, y para muestra, un botonazo: Estaba yo en un estant que había puesto la universidad en la estación La Raza del metro, cuando llegó una mujer de unos treinta y cinco años, guapetona, acompañada por un chico con retraso mental. Ella me preguntó un precio y yo le respondí con un "Sí, señora".
- ¡¡Señorita, si me haces favor!! -me gritó la muy cabrona.
- Y con ese pinche caracter, no me extraña -le respondí.
Evidentemente, la señito se fue mentándome la madre de la mano de su acompañante (¿Sobrino, primo?). Sin embargo, la cereza en el pastel la puso uno de los cargadores, quien le gritó frente a la multitud:
- Ya no se amargue, vieja culera, o los hijos le van a salir igual de mensitos...
Crecí y, como todos los adolescentes, me fuí alejando de las figuras importantes de mi infancia, entre ellas, de Juan. Cuando yo tenía 16 barrosos años, el y mi tía tomaron la decisión de irse a Ciudad Juárez a vivir y yo los dejé de frecuentar. Sin embargo, siempre que escribo, lo hago pensando en esas cajas de libros de la UAM, en esos ejemplares nuevecitos, con perfume de papel nuevo y tinta. En ese tiempo, nunca me imaginé que mi nombre estaría, años después, en la portada de un libro.
Gracias, tío.
Omar Delgado
2007

Eugenia Grandet

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Autor: Honorato de Balzac
Género: novela

Balzac nos presenta en esta obra la vida de Eugenia, hija de un tonelero y avaro de pueblo. Eugenia, sus padres, y su ama de llaves viven frugalmente en un pueblo de la campiña francesa hasta que llega Carlos, sobrino de Papá Grandet y, por consiguiente, primo de Eugenia. Ya con el huésped en la casa, a los Grandet les llega la noticia de que el padre de Carlos ha quedado en la bancarrota y se ha suicidado, lo que ocasiona que el joven quede en la miseria y tenga que ir a las indias a rehacer su fortuna.
Durante su estancia, Eugenia se enamora perdidamente de Carlos quien, aparentemente, le corresponde. La muchacha llega al extremo de enfrentar a su padre al tomar la decisión de darle sus ahorros al amado para que pueda emprender algún negocio en las indias. Pasan los años y Carlos regresa como un hombre maduro y frío. Olvidando las promesas que le hizo a su prima, se compromete con una aristócrata sólo por conveniencia.
Al paso de los años, luego del deceso de sus padres, Eugenia se vuelve una atractiva y acomodada mujer. El presidente Bonfons, un amigo de la familia, le propone matrimonio, lo que ella acepta con la condición de que jamás haya contacto carnal entre ellos. Pocos años después, el Presidente muere, dejando a Eugenia como una viuda aún joven y bastante próspera. La novela acaba con una Eugenia que vive de manera monacal que venera el recuerdo de su ingrato amante y que se dedica a las obras de caridad.
Eugenia Grandet es una de las novelas que forman parte de La comedia humana, proyecto literario de gran envergadura en el que Balzac trabajó hasta su muerte. Es una de las primeras novelas que pueden ser calificadas como parte del realismo, corriente literaria y artística que estuvo vigente durante el siglo XIX en Europa y en ciertas partes de América. El realismo se caracteriza por tomar su inspiración de la realidad cotidiana y Eugenia Grandet es un ejemplo claro de ello. Honorato de Balzac utiliza en dicha novela un estilo en el que sobresalen las descripciones como parte de la acción. El autor francés consideraba que el fuero interno de sus personajes debía manifestarse en función del entorno en el que se movían y en función de sus actos, cuestión que se puede ver con claridad en el siguiente ejemplo:

“[…] Por fin, Eugenia apareció ante él con todo el esplendor de su singular belleza y admiró desde entonces la inocencia de aquellas costumbres, de las cuales la víspera se burlaba. Así, cuando Eugenia tomó de manos de Nanon el tazón de loza lleno de café a la crema, para servir a su primo con toda la ingenuidad de sus sentimientos, echándole una mirada buena, los ojos del parisiense se humedecieron de lágrimas, le tomó la mano y se la besó.
— Bueno, ¿y qué tenéis aún? —le preguntó ella.
— ¡Oh, son lágrimas de reconocimiento! —le respondió él.”[1]

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El estilo de Balzac, en especial las largas descripciones, pueden parecerle engorrosas a un lector actual. Sin embargo, en el “montaje” de de sus escenas, Honorato no escatimaba ningún detalle para presentar a sus personajes en toda su complejidad. Algunas de sus creaciones, tales como Carlos o el mismo papá Grandet, caen dentro del personaje estereotípico al no presentar graduación ni matices durante la historia. Sin embargo, el gran mérito de la prosa de Honorato es presentar a estos personajes de manera tan detallada y verosímil que se vuelven inolvidables. Eugenia… es la historia de un amor desdichado que, al contrario de las novelas románticas, no termina en tragedia, sino que desaparece bajo la lenta e implacable erosión de la vida diaria.

Omar Delgado
2007

[1] BALZAC, Honorato de, Obras selectas de Honoré de Balzac, México, D.F., 1976, Editorial Valle de México. p. 109.

lunes, julio 23, 2007

Hoist the colours

Esta es la introducción de la película "Piratas del caribe. En el fin del mundo", en la cual, los cómplices de los piratas son ejecutados por los británicos. La canción se titula "Hoist the colours", una expresión naval equivalente a la española "Izád las banderas".



Poesía pura.

El resto de la película es bazofia.

De nada.

Omar Delgado
2007

domingo, julio 22, 2007

FIÓDOR Y EL DIABLO

El mal en la obra de Dostoievsky

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Pocos escritores han tenido una obra en la que reflejen tan claramente las inquietudes y fluctuaciones de su propia alma como lo fue Fiódor Dostoievsky (1821-1881). Cada uno de sus libros puede ubicarse, de acuerdo a su temática y sus personajes, en un momento determinado de su vida.
El autor ruso, aunque casi en ningún momento de su obra hace ejercicios autobiográficos, acude con frecuencia a su vida para narrar sus historias o construir a sus personajes. El libro que lo recrea con mayor fidelidad es El jugador, novela publicada en 1866, donde plasma sus vivencias como ludópata. En su extensa bibliografía, es posible seguir con claridad los cambios ideológicos, espirituales, sentimentales y familiares que sufrió en los años de su existencia. No obstante, hay un elemento que se mantuvo presente a lo largo de su obra: la preocupación por el mal en el ser humano.

Odiarás a tu padre…
La vida de Fiódor Dostioevsky sólo puede ser catalogada como turbulenta. Nace en el seno de una familia pequeño burguesa en 1821 en la que el padre, Mikaíl, era médico del hospital de Santa María, en Moscú. El futuro autor de Los Hermanos Karamazov pasó su infancia hacinado en dos pequeñas habitaciones del nosocomio, rodeado por sus numerosos hermanos. Mikaíl Dostoievsky era lo que se consideraría en la actualidad un profesionista de clase media, pero en la Rusia del siglo XIX, el ejercer alguna profesión bastaba para considerarse parte de la nobleza. El padre de Fiódor Dostoievsky fue un hombre estricto y avaro, quien mantenía en condiciones precarias a su esposa y a su prole.
La figura de Mikaíl Dostoievsky fue determinante en el carácter del futuro escritor, tanto, que en doctor Freud le dedicó a esa relación padre-hijo uno de sus ensayos: Dostoievsky y el parricidio, publicado en 1926. Cuando Fiódor tiene 16 años su madre muere, y Mikaíl lo fuerza a ingresar en la Escuela Militar de Ingenieros. Durante sus años de estudiante sufre la avaricia de su padre, quien se niega a mandarle recursos para comprar las cosas más indispensables.
El padre del futuro autor gozaba de una posición relativamente holgada. Se había jubilado del hospital y, con sus ahorros, compró una pequeña propiedad y consiguió algunos jornaleros para que la trabajaran. Con el paso de los años, Mikaíl se aficionó a la bebida y a maltratar a sus siervos, por lo que estos, hastiados de su crueldad, lo asesinan en 1839, el mismo año en que Fiódor concluyó sus estudios como ingeniero militar. Descontento con la profesión que le habían impuesto, decidió convertirse en escritor. Publica Pobres gentes, novela con temática social en la que llena de alabanzas a un grupo de siervos demasiado parecidos a los que lincharon a su padre. El libro resultó un éxito y Dostoievsky se convirtió en un prometedor hombre de letras.

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Los helados infiernos
Además de la ambivalente relación con su padre, otro de los factores que causaron una profunda huella en la vida y en la obra de Fiódor fue su militancia política. Una vez que se convirtió en autor de renombre, fue influenciado por los círculos socialistas y anarquistas de su tiempo. Militó en el Círculo Petravinsky, grupo que se reunía periódicamente para discutir, entre otros tópicos, la liberación de los siervos rusos y la lucha por la libertad de expresión. El grupo, originalmente sólo de estudio, se radicalizó y comenzó a planear el asesinato de Nicolás I. La policía zarista los descubrió y encarceló un día de abril de 1854. A los conspiradores, incluyendo al joven Dostoievsky, se les condena a muerte, pero justo cuando estaban frente al pelotón de fusilamiento, se les conmuta la sentencia por la de prisión con trabajos forzados. Al Fiódor, quien pudo el rostro de la muerte en los cañones del pelotón, lo mandaron cuatro años a la prisión de Omsk. Durante su periodo como presidiario, el escritor convivió con algunos de los peores criminales de la Rusia de los zares: asesinos, violadores, estafadores y ladrones violentos. A Fiódor le impactó, sin embargo, que esos hombres pudieran tener también rasgos de solidaridad y bondad. Luego de cumplir su tiempo en prisión, fue enviado como soldado raso a una aislada guarnición de las estepas siberianas. Muchas de estas experiencias carcelarias están reunidas en su novela titulada La casa de los muertos.
Durante su tiempo como prisionero y luego durante su temporada como soldado raso, Dostoievsky leyó compulsivamente el Nuevo Testamento. De ahí adquirió una espiritualidad, casi enfermiza, que contrastaba con su personalidad impulsiva y altanera. En Siberia también conoce a la que sería su primera esposa, una joven viuda llamada María Dmitrevna Isavena.

Los anárquicos endiablados
Años después, Dostoievsky escribe una de sus obras menos logradas: Los Demonios, en la que abjura de sus militancias anarquistas narrando las tropelías de un grupo de jóvenes fanatizados por el nihilismo terrorista. En esta novela el autor crea uno de sus personajes más demoníacos: Nikolai Stravrogin, rebelde corroído por el remordimiento y la culpa, pero incapaz de hacer un acto noble. Stravrogin es un joven influenciado por ideas muy parecidas a las que al escritor casi le cuestan la vida. Es capaz de cometer los actos más deleznables sólo por aburrimiento y hastío. En un capítulo de dicha obra, trabaja pacientemente por seducir a una niña de doce años, Matrioska, hija de la mujer que le hospeda. Una vez consumado el acto, narrado sin una gota de ternura, la niña se ahorca debido al remordimiento. Después de ello Stravrogin, en un impulso de autoflagelación, contrae matrimonio con una deficiente mental, a la cual humilla y maltrata. Vacío, errático, Nikolai continúa su caída hasta que, en el final del libro, se ahorca.
El pasaje de Los endemoniados que narra la seducción de Matrioska, al parecer, corresponde a un episodio real de la vida de Dostoievsky. En la carta que un conocido del autor, llamado Strakhov, dirige a Tolstoi, se refiere que:

“[…] No puedo considerar que Dostoievsky como un hombre bueno y feliz. Era malo, rencoroso, libertino y estaba lleno de envidia. A lo largo de su vida fue presa de pasiones que le hubieran hecho sentirse ridículo y desdichado de haber sido menos inteligente o menos malvado […] Dostoievsky era incapaz de dominar su carácter… Lo peor es que se enorgullecía de ello y jamás se arrepentía de sus innobles acciones […] Vikastov, un profesor, me confesó que [Dostoievsky] alardeaba una vez de haber violado a una niña en la casa de baños, niña que le fue llevada por su institutriz. ”[1]

La autenticidad de la anécdota referida es no muy creíble, dada la animosidad con la que el mencionado Strakhov habla del autor ruso. Por otro lado, es posible que Fiódor haya por lo menos fantaseado con la idea de violar a una menor. Ese conocimiento, práctico o no, de un hecho tan recriminable fue lo que le llevó a retratar al personaje de Nikolai Stravrogin con amplia verosimilitud.
Es a partir de Los demonios o Los endemoniados (como también se le conoce), cuando el mal y su naturaleza se hacen evidentes en su obra. Como fiel cristiano, cree en la existencia de Lucifer; sin embargo, en contadas ocasionas lo retrata con un ente concreto. Para Dostoievsky: “[…] el diablo es un poder espiritual trascendente, aunque se le observa mejor por sus efectos en el comportamiento humano. Su hogar no es el infierno, sino el alma humana”.[2] Dicha preocupación estará presente, ya sea velada, ya sea evidente, en toda su obra posterior.

El mal redimido
Si Nikolai Stravrogin es un malvado sin posibilidades de perdón, entonces Raskolnikoff, de Crimen y Castigo, es su contraparte. En dicha novela se relata cómo el protagonista (el mencionado Raskolnikoff) planea y perpetúa el asesinato de una vieja prestamista, así como la posterior carga de remordimientos que dicho crimen le hacen padecer. Publicada en 1866, cinco años antes de que escribiera Los Demonios, la historia del estudiante asesino posee un tono menos político, inclinándose más hacia el lado psicológico de la trama.
Dostoievsky juega en esta historia con el lector, lo hace simpatizar con el asesino a fuerza de humanizarlo Raskolnikoff es un joven estudiante, idealista, y algo soberbio, que se ve en serios apuros económicos. Por otro lado la víctima, la usurera, Alena Ivanova es una mujer fría y cruel, por la que no se puede sentir ninguna compasión. El protagonista la mata, pero luego del crimen es atormentado por sus propios remordimientos. A pesar de que puede eludir a la justicia, al final de la historia, se entrega, acción que le devuelve la paz del alma.
En Crimen y castigo, el autor ruso representa al mal como inherente al ser humano, un mal compuesto por la vanagloria y los aires de superioridad. Se abstiene de tratar lo maligno como concepto metafísico, sino como una de las condiciones naturales del hombre. Raskolnikoff mata a Ivanova debido a que se cree superior moral e intelectualmente a ella. Es el asesino la parodia del superhombre Nitetzcheniano al que vuelve humano su conciencia y su posterior aceptación de la culpa.

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Caín, Abel y Alexei
Los hermanos Karamazov, considerada la obra máxima del autor ruso, fue su última novela, pues una hemorragia acabó con su vida en febrero de 1881, apenas unos meses después de concluirla. Es probablemente que sea el trabajo más complejo de Dostoievsky, pues en él vierte todas las contradicciones que atormentaban su propio ser, desde las políticas hasta las morales. La trama gira alrededor del asesinato de Fiódor Pavlovich Karamazov, hombre de 55 años, a manos de uno de sus cuatro hijos. Dimitri, el mayor, es inculpado y condenado injustamente por el crimen. Como en Crimen y Castigo, Dostoievsky juega otra vez con la moral del propio lector, pues Fiódor es un ser egoísta, despiadado y altanero, con el que es casi imposible simpatizar. Así, su asesinato aparece como comprensible, e incluso, como un acto justiciero
Si Fiódor Karamazov es un retrato casi exacto de Mikaíl, el propio padre de Dostoievsky, sus hijos son piezas de una superestructura que bien puede ser la misma mente del autor. Cada uno de ellos corresponde a diferentes desdoblamientos de su personalidad: Dimitri es un sensualista y derrochador controlado por sus impulsos; Iván, el segundo, es el racionalista ateo que niega toda implicación moral; Alexei es el esperanzado, el que cree profundamente en el cristianismo y en la posibilidad de redención del ser humano; Smerdyakov, hijo ilegítimo de papá Karamazov y criado de la familia, es un asesino nato que adopta la ideología atea de Iván, como pretexto para cometer el parricidio.
De manera independiente a los enormes méritos literarios que tiene la novela, es en Los hermanos… en donde el autor ruso expone algunos de los debates más intensos acerca de la existencia del mal. En el libro quinto, Iván y Alexiei contraponen sus filosofías: mientras el menor de los Karamazov sostiene la existencia de Dios, el racionalista se limita a leer los diarios de la época. Las noticias que le comparte a su hermano menor hablan por sí mismas: un noble ordena a sus perros de caza despedazar a un niño campesino ante los ojos de su madre; un soldado que retiene a una criatura y le permite jugar con su pistola sólo para volarle la tapa de los sesos minutos después; un hombre que azota los ojos de su caballo hasta dejarlo ciego. Para Iván, el principal argumento en contra de la existencia de un ser superior, bondadoso y sabio es la existencia de tales atrocidades. Ante tales alegados Alexis sólo puede ofrecer su propia fe.
Sin embargo, es en el libro decimoprimero donde Satanás se manifiesta en todo su esplendor. Después de que Smerdyakov le confiesa que él mató al padre de ambos, Iván sufre una alucinación en la cual se le aparece un caballero apuesto y encantador que va cambiando de forma y expresión conforme debate con el racionalista. Le confiesa que “es un ángel caído”, y que “nada humano le es ajeno”. No obstante, la revelación más perturbadora que le hace el Maligno a Iván es que, en realidad, el mal auténtico vive en el racionalismo ateo que tanto defiende.
El final de la novela no es nada autocomplaciente: Smerdyakov se suicida, Dimitri es condenado, e Iliushechka, niño que murió como consecuencia de los actos de Dimitri y Fiódor, es sepultado. Alexiei, ante tales hechos, sólo puede presentar su propia vida y su inmensa esperanza como argumento de la existencia de Dios.


Los muchos Dostoievskys
A lo largo de la obra del ruso, se puede apreciar que su principal fortaleza, que no la única, son sus personajes que, curiosamente, pueden ser calificados como repetitivos. Todos se parecen demasiado entre sí, y muchos se parecen al autor. Fiódor mismo fue un hombre de tempestades: lo mismo podía ser generoso que cruel. Era casi siempre incapaz de refrenar sus propios arrebatos al tiempo que buscaba la paz interna en distintas ideologías. En general, casi todos los protagónicos de sus obras se le parecen, como bien lo dice Somerset Mauhgam:

“[Dostoievsky] se sentía satisfecho por tener que entendérselas con un grupo reducido de personajes, y estos se repiten novela tras novela. Alyosha de Los hermanos Karamazov, es el mismo hombre, a excepción de la epilepsia, del príncipe Myshkim de El idiota. Stravrogin de Los demonios es simplemente una repetición de Svidrigáliov de Crimen y castigo. El héroe de este libro, Raskolnikoff, es una versión más recia de Iván de Los Hermanos Karamazov. Todos son emanaciones de la torturada, retorcida y morbosa sensibilidad de Dostoievsky.”[3]

En definitiva, sus creaciones tenían mucho de él. Dostoievsky escribió las aventuras y desventuras de esa pandilla tan terrible e interesante, debido a que él, dentro de su propio pellejo, sufría las pulsiones maléficas que con tanta exactitud y genio retrató. Fiódor, como los protagonistas de sus historias, era también un endemoniado que buscaba —y huía— su propia redención.

Omar Delgado
2007

[1] DOSTOIEVSKY, Fiódor. Los Demonios. Introducción de W. Somerset Maugam. 2001. México D.F. Editorial Porrúa. p. XX
[2] BURTON Russel, Jeffery. El príncipe de las tinieblas. 1996. Santiago de Chile. Editorial Andrés Bello. p. 303
[3] DOSTOIEVSKY, Fiódor. Los Demonios. Introducción de W. Somerset Maugam. 2001. México D.F. Editorial Porrúa. p. XXIII

lunes, julio 16, 2007

Rata de cocina: Rattatouille

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Definitivo: los actores de Hollywood necesitan digitalizarse.
Es probable que, por ejemplo, Johnny Deep, esté pensando seriamente en mandar hacer su doble virtual con los locos de Pixiar, o con los orates de Dreamworks sólo para tener el gusto de salir, de nueva cuenta, en una película inteligente A pesar de la probada capacidad del Juanito Profundo, algunas de las últimas producciones en las que ha participado sólo pueden ser calificadas de churros. Muy especialmente, Piratas del Caribe. El fin del mundo (2007) en donde ni el carisma y buen trabajo del actor pudieron evitar que la producción naufragara en el mar de los bodrios.

Los mejores blockbuster de esta temporada han sido de animación. Es probable que los estudios que han producido películas como la mencionada Piratas... , Spiderman III o Los cuatro fantásticos y Silver surfer hayan gastado demasiado en efectos especiales y demasiado poco en contratar guionistas competentes. El resultado de esto está a la vista: filmes preciosistas, de imágenes deliciosas, pero con una historia que se cae al primer ventarrón de lógica.

Por el contrario, películas como Shrek III o Rattatouille, al no depender de los actores, deben de contar con una historia sólida y con personajes bien dibujados. En ese sentido, las aventuras de la rata chef puede ser catalogada como la mejor del verano, por encima incluso de las andanzas del ogro neurótico.

La historia es sencilla, como corresponde a una película para niños, más no por eso pueril ni estúpida. Remy es una rata de alcantarilla con unos sentidos muy desarrollados. El roedor admira en secreto al conocido chef Gusteau, quien muere después de una crítica adversa a su restaurant. Al enterarse de la tragedia, y siguiendo las enseñanzas del chef (Cualquiera puede cocinar) Remy decide convertirse en cocinero de alta escuela. Un accidente ocasiona que llegue a la mismísima ciudad Luz y se vuelva huesped del changarro de su ídolo, en donde con la ayuda de un lavaplatos de nombre Linguini, inicia su carrera de artesano de la comida. Ya como cocinero clanestino, Remy se las tendrá que ver con el ambicioso Skinner, heredero de Gusteau, quien pretende convertir el restaurant del fallecido en una franquícia de comida rápida. El oficio de la rata azul será de tal calidad que seducirá incluso al insufrible y lapidario crítico de comida Gastón Ego, causante indirecto de la muerte de Gusteau.
El enorme mérito de la cinta (que no el único), radica en la construcción de los personajes: los protagónicos Remy y Linguini, así como Gastón Ego son coherentes y presentan matices de caracter. De todos los personajes tal vez el más plano en ese sentido sea el chaparro del chef Skinner, remedo de Felipe Calderón y torturador de Linguini, quien es un malo muy plano, pero que sirve para la progresión dramática de la cinta. Los demás personajes, tanto los cocineros como las ratas familiares de Remy, están perfectamente delineados a pesar de su relativamente corta aparición.
Finalmente, la fábula de Rattatouille, del director Brad Bird, trata de los diferentes, de aquellos que, sin nacer con las condiciones adecuadas, tienen el talento y la voluntad suficientes para alcanzar sus sueños (frase cliché, pero adecuada en este caso). Bird nos enseña, sin las gandilociencias ni las melcochas hollywoodenses, que hasta una rata de alcantarilla tiene el derecho a ser más.
Omar Delgado
2007

Ahí va el trailer:

miércoles, julio 11, 2007

Fe de Ratas (1)

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(Y que Virginia le dice al Lobo: "¡Esquizofrénica tu chingada madre!")

No, este no es otro post sobre mis obsesiones políticas.

En el escrito que les compartí acerca de los escritores suicidas, afirmé que Virginia Wolf era esquizofrénica. Estaba yo mal informado. En realidad, la autora de Las olas y La Señora Dalloway sufría de trastorno bipolar de la personalidad.

Una disculpa a ustedes por tal impresición.
Gracias a mi hermana rbk que me hizo percatarme del error.

Omar Delgado
2007

lunes, julio 09, 2007

El derecho a la estulticia

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Aclaración del lobo: si me ponen una selección así como la de la foto, a huevo que me vuelvo hincha.

Unas reflexiones para documentar nuestro optimismo (Carlos Monsivais Dixit):

Cuando en México se está gestando un gobierno represor, enemigo de las libertades individuales al tiempo que la desigualdad económica, el desempleo y la corrupción se profundizan a zancadas... ¿Cual es la principal preocupación de la gran mayoría de los mexican courius? Los partidos de la selección nacional.

Cuando en los Estados Unidos hay un grupúsculo que gobierna para sus propios intereses, que es capaz de mantener una ocupación en Irak que está costando miles de vidas en ambos bandos. ¿Cual es la preocupación de la mayoría de los gringous? Las penurias de una princesita decadente llamada Paris Hilton.

Cuando en Francia ha llegado un presidente que pretende desarticular el aparato de seguridad social de su país, un presidente que no tendría empacho en mandar a sus gobernados a las guerras imperiales de papi Bush ¿Cual es el pendiente que a los franchutes les quita el sueño? La vida amorosa de la señora Sarkosy.

Llamar a estos regímenes democracias es muestra de una ironía muy fina. Supuestamente este sistema político es mejor debido a que permite a la gente, por medio del voto "libre", elegir quien lo gobernará. Lo que no le dicen a los ciudadanos es que las opciones políticas que se disputarán su sufragio son, en el fondo, cabezas de una misma hidra: los candidatos son impuestos por una misma elite nacional e internacional; todos tienen planes de gobierno que, en el fondo, perpetúan un sistema económico lesivo contra las mayorías. Además, cuando surge un candidato y un proyecto político que no se ajusta totalmente a la visión de esa aristocrácia, son ferozmente combatidos y (la mayor parte de las veces), exterminados por todos los poderes fácticos de su respectivo pais.... ¿Ejemplos? ...Sobran.

Probablemente el único derecho efectivo que tiene el ciudadano de las democracias occidentales (además del muy sacrosanto derecho a morirse de hambre si no se tiene dinero), es el de la estupidez. Como habitantes de estos preclaros régimenes, tenemos todo el derecho a seguir las andanzas de once tarados que con trabajos saben patear un balón, condolernos o alegrarnos de las desgracias y reventones de una princesita siliconeada o comentar apasionadamente los desordenes afectivos de una renacida madame Bovary. Sí, señores, tenemos el derecho constitucional, humano y absoluto de ocuparnos de nimiedades mientras los políticos corruptos y los empresarios deshonestos hacen las jugadas subterraneas que, de a poco en poco, hacen más dificiles nuestras condiciones de vida.

Y, por supuesto, el ciudadano de estos países defiende con pasión su derecho a ser baboso. Con esto no se condena la evasión, un recurso totalmente necesario para descansar un poco de la realidad en que vivimos (la literatura también es una evasión, en el fondo). Lo criticable es que la mayoría de los habitantes de las llamadas democracias no asuman su papel como ciudadanos (lo cual conlleva no solo derechos, sino también obligaciones), y se dediquen a gastar su tiempo y sus energías en asuntos banales; aclaro: lo criticable no es que nos guste el futbol, los chismes de la farándula o el cine (Todos tenemos pasatiempos), sino cerrarnos en esos temas sin preocuparnos de lo que pasa en nuestro entrorno.

Es cierto: la política es un negocio mierdero y desgastante, pero también es un asunto que nos afecta directamente en la vida diaria. La guerra en Irak no desaparece sólo con cambiar al canal E!; el desempleo no se detiene ni se corrige al irse a gritar "México", al Ángel de la independencia; nuestras autoridades no dejan de robar cuando estamos viendo Lety la Fea. Los medios de comunicación deslegitiman a propósito el ejercicio de la política para que el hombre o la mujer comúnes no se interesen por ella (además de, por supuesto, la deslegitimación que de ella hacen los propios políticos), la presentan como corrupta, chueca, propia de malandros de traje y escoltas. Esta es una visión parcial. La política también es organización comunal, es acción afirmativa (por utilizar un termino propio del gabacho), es también la lucha por los derechos de las minorías y contra las injusticias que sufre la mayoría empobrecida.

Evidentemente, las oligarquias que nos gobiernan están encantadisimas con este ciudadano posmoderno que ni por equivocación lee un periódico o compra una revista de análisis. Aplauden con furor al individuo que hace cara de fuchi cuando le mencionan las palabras "partido", "candidato", "derechos" o "movimiento"; ponen como ejemplo de chico ejemplar al adolescente que chasquea la boca en cuanto alguien intenta debatir alguna idea. Nos mandan el mensaje: "No´mbre ¿Para qué te interesas por eso? Son puras mamadas. Mira, la neta es el fucho, lo mero importante es la Niurka que anda de nalgasprontas; lo que debes de saber a detalle son las profundas opiniones de Dulce María y de los demás Rebeldes".
Así pues, si Francis Fukuyama (El takataka que vaticinó el fin de la historia) no le acierta, y vuelve a gestarse otra revolución a la manera de la rusa o de la francesa, el grito se revalorará.
Igualdad, libertad, fraternidad... y estupidez.
Con todo respeto a mis amigos panboleros (Lo confieso, yo también fui al Ángel alguna vez)
Omar Delgado
2007

sábado, julio 07, 2007

Ciudad Lago

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Ciudad de México. Plano del siglo XVIII

Cada temporada de lluvias, en la ciudad de México, los chilangos peleamos a brazo partido en contra de Nuestro Señor Tlalóc. Aparentemente, el dentudo dios está necio en que el altiplano central, en donde se encuentra la zona metropolitana, vuelva a ser la hermosa zona lacustre en la que extendió sus dominios.


Todos los años nos topamos estas lluvias cuasibíblicas que tratan de inundar nuestra capital. Las calles se llenan de agua, las avenidas se transmutan en rios que nada tienen que envidiarle al Papaloapan, las alcantarillas, hastiadas de tanta mierda, se rebelan y nos la regresan. En serio, es un milagro que no nos hayamos (todavía) despertado una mañana navegando en una laguna color cerote.
La relación de Chilangolandia con el agua siempre ha sido, por lo menos, extraña: esta ciudad se fundó sobre un islote rodeado de lagos; la región estaba llena de rios que fueron entubados y puestos bajo tierra conforme crecía la urbe. El centro de la ciudad está sembrado de mantos acuíferos que año con año se desecan más... Y al mismo tiempo, gran parte de los habitantes de la ciudad sufre por falta de agua. El líquido que consumen los habitantes de esta ciudad hay que traerlo desde el plan Cutzamala mientras que todas las aguas residuales que genera deben ser extraídas por pantagruélicos sistemas de bombeo que la arrojan hacia el gran canal.



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La gran Tenochtitlan. Mural de 1930

la ciudad de México, de todos mis amores, se funda históricamente en 1325, cuando un grupo de pránganas norteños, los aztecas, encontraron un águila en un nopal y una serpiente (las fuentes clásicas dicen que el ave devoraba al ófido; otras, menos serias y más divertidas, afirman que ambas bestias estaban en plena orgía inter- especies).

Cuando llegaron, los aztecas se tuvieron que subordinar al imperio dominante de ese entonces: los tepanecas de Azcapotzalco, quienes les permitieron quedarse en la región siempre y cuando actuaran como mercenarios para sus ejercitos y habitaran una fea peña que estaba justo enmedio del lago de Texcoco, habitada sólo por serpientes y alimañas (las tepocatas aún no estaban de moda). Los aztequitas muy comedidos comenzaron a construir su casa y a almorzarse con singular alegría a los ófidos con los que compartían la tierra. Además, los recién llegados descubrieron que podían ganar tierra cultivable por medio del sistema de chinampas: se delimitaba un cuadro a las orillas del lago, se clavaban cuatro postes sumergidos en el agua, se hacía una tarima de madera sobre ellos y, sobre el entablado, se cernía tierra cultivable. Este sistema no era invención de los aztecas, pues los acolhuas (genericamente se le llama así a los pueblos originarios del lugar, independientes de los tepanecas, que habitaban Culhuacan, Xochimilco, Mixcoac, Coyoacan y Cuahunahuac), lo utilizaban desde hace tiempo, pero los recien llegados lo perfeccionaron. La invasión del lago había iniciado.

Luego de la caída del imperio de Azcapotzalco, se formó la triple alianza, formada por las ciudades de Tenochtitlan (fundada por los aztecas comeculebras), los Texcocanos y los Tepanecas de Tacuba. Dichos pueblos consolidaron, en menos de cincuenta años, la civilización más poderosa de la américa del norte. Tenochtitlan, la capital del imperio, llegó a tener hasta doscientos mil habitantes a la llegada de los españoles, en 1519.

Los gobernantes de las tres ciudades de la triple alianza se encontraron que, conforme crecían sus respectivos dominios, también crecían los problemas relacionados con el agua. Y no era para menos: en la región convivían por lo menos cinco cuerpos acuosos: los lagos de Texcoco, Xochimilco, Zumpango, Xaltocan y Chalco. De estos, al primero, el más grande, lo formaban aguas saladas y a los otros cuatro, dulces. Era por ello que, aunque los lagos estaban naturalmente separados, el choque de las dos diferentes densidades ocasionaba constantes inundaciones. Nezahualcóyotl, el señor de Texcoco, decidió construir un dique que separara las aguas del lago de Texcoco de las de los otros lagos, lo cual disminuyó el problema.



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Dibujo de una inundación del centro de México. Siglo XVI

Aún así, antes de la llegada de los españoles hubo legendarias inundaciones en el año 1500, por lo que los mexicas, los habitantes de Tenochtitlan, iniciaran sus propias obras hidráulicas, las cuales ocasionaron, irónicamente, la muerte del tlatoani tenochca Ahuizotl. Dicho gobernante quiso apropiarse de las aguas dulces de un manantial de Coyoacan construyendo un acueducto entre ambas urbes, pero el gobernante de aquella se negó a aflorarselas (las aguas). Ahuizótl, enchilado, lo mando estrangular con una guirnalda de flores. El coyoacanense muere, pero no después de maldecir al tenochca anunciándole que las mismas aguas que se estaba robando iban a ser su perdición. Le atinó. En 1502, el acueducto de marras ocasiona una inundación en Tenochtitlan que cobra numerosas víctimas y ocasiona graves destrozos. Cuando el Tlatoani Ahuizotl inspeccionaba las obras de reparación, una de las vigas de construcción se le fue a estrellar en la imperial cabeza, provocando su muerte al poco tiempo.

Durante la conquista, los españoles aprovecharon los lagos para vencer a los mexicas. Cortéz, viendo que Tenochtitlan (a la cual la rodeaban las aguas) se había fortificado, mandó construir trece bergantines (No es albur, sino el nombre de un pequeño barco de batalla), que fueron botados en los lagos del altiplano. Las naves españolas, mejor diseñadas y con armas más poderosas, vencieron con facilidad a las canoas tenochcas. Finalmente, el 23 de agosto de 1521, gracias a sus barquitos y a la viruela, Hernán Cortéz y su grupo de finos caballeros pudieron entrar a la capital del imperio. El conquistador dudó en reconstruir Tenochtitlan, pues sabìa del problema de las inundaciones en el islote. (Que, por cierto, había empeorado al destruir el sistema de diques durante los ataques con su flota) Finalmente, no pudo soportar la tentación de fundar su nueva ciudad en lo que fue la regia Tenochtitlan.
Ni la sociedad ni los problemas con el agua cambiaron mucho durante el virreinato. Siguieron las inundaciones sistemáticas durante todo el siglo XVI y XVII, llevándose a la gente de pueblo y a uno que otro conde despistado. La cuidad continuaba lacustre, y la agricultura de chinampa siguió representando la principal fuente de alimentos para sus habitantes. En 1605, bajo el gobierno del virrey Luis de Velasco, se le encargó al italiano Enrico Martínez el crear un sistema dediques y canales que desviara las aguas del lago de Zumpango hacia el rio Tula, lo cual, en teoría, disminuiría notablemente los problemas de la capital. En 1629, con las obras aún incompletas, se sucitó una tremenda crecida en el río Cuautitlan (uno de los que alimentaba el lago de Texcoco), y Martínez tomó la decisión de cegar los diques que había construido para que el agua no los dañara. La ocurrencia del italiano fue catastrófica, pues el río se desbordó hacia la ciudad, ocasionando centenares de muertos y una inundación que llenó el centro de la ciudad de México por meses. Enrico Martínez fue culpado de negligencia y entambado con rapidez, aunque después fue liberado (se supone que por un ancestro del juez que liberó a Carlitos Ahumada). El contratista Martínez murió al año siguiente, en 1630, ain haber concluido su obra.

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Iztacalco. Canal de la viga. Siglo XIX
(Nótese el barco de vapor)


Llegó la independencia y la reforma, y los chilangos seguían sufriendo de sobrehidratación (además de malos gobiernos, guerras, revueltas, invasiones gringas e imperios de pacotilla). Durante su larga presidencia, Porfirio Díaz inició un proyecto que consistía en abrir un gran canal hacia el norte de la ciudad. Dicho desague, a diferencia del construido por Enrico Martínez, no desfogaba en el río Tula, sino por el rumbo de Tequisquiac (o sea, más al oriente que Huehueteoca, que era donde originalmente iban a llegar las aguas negras chilangas). La obra funcionó y fue inaugurada en 1900. Las inundaciones de la capital disminuyeron notablemente.

Durante la segunda mitad del siglo XX México capital se pobló a lo bruto. De los quinientos mil habitantes que había antes de la revolución, pasamos a ser más de veinte millones de chilaquiles hacia 1980. En realidad, lo que acabó con el agua del Anáhuac fue la sobrepoblación, aunque, por supuesto, recibió alguna ayuda. Durante su sexenio (1964-1970) Gustavo Díaz Ordaz ordenó el entubamiento de los rios que aún existían en la ciudad de México. Al parecer, el trompudo, además de odiar a los estudiantes, también aborrecía los rios, pues por su voluntad desaparecieron el canal de la viga, (el cual era navegable) el río Churubusco y el de La piedad, entre otros. La antigua Tenochtitlan había desaparecido junto con sus aguas; los ajolotes y garzas se fueron a mejores lares.



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Canal de la viga. 1910. Archivo Casasola.

Muchas y muy variados sistemas se han diseñado, desde hace siglos, para desecar la cuenca del Anahuac. En apariencia, han tenido éxito, aunque a últimas fechas en el 2007, los gobernantes han dado la voz de alarma: el sistema de desague de la capital está a punto de colapsar y el centro de la ciudad de México se puede volver a inundar de un momento a otro. A pesar de que dichos llamados mueven a la suspicacia debido a las tensiones políticas del país, no debemos ignorar una verdad evidente:

Esta ciudad fue lago y quiere volver a serlo.

Omar Delgado
2007


lunes, julio 02, 2007

Antimonitor

Estos son los últimos diez minutos del informativo Monitor.



Personalmente, yo nunca tragué (ni trago mucho) a José Gutierrez Vivó: me parece un tipo algo facista que promueve la represión como vía para la solución de conflictos sociales.
Sin embargo, también es un periodísta valiente, que sabe argumentar y sostener sus posturas aunque no coincidan con las mías. Más de un político quedó hecho polvo después de una entrevista-debate con él.
Gutierrez Vivó podrá ser muchas cosas, pero también es un comunicador ético: durante el conflicto post- electoral, su noticiero Monitor fue el único que mostró las millonarias marchas y concentraciones en el Zócalo. Aunque el periodísta despotricaba contra el movimiento lopezobradorista, es loable su postura de NO esconder la realidad, de mostrarla tal cual era y de dejar que el espectador sacara sus propias conclusiones.
Esta postura ética le acarreó multiples enemigos en el poder, comenzando por el pueril Vicente Fox, quien promovió un boicot para asfixiar el proyecto informativo de Gutierrez, meta que, desgraciadamente, logró en estos días gracias a la indiferencia del presidentito Felipe Calderón
Cosita bien bonita son estos panistas: durante los más de 30 años de vida periodística, Gutierrez Vivó siempre fue mucho más cercano a las posturas de Acción Nacional que a las de cualquier instituto político de izquierda. Además, es muy probable que sin su labor periodística el PAN nunca hubiera llegado al poder en el 2000. Ahora, los neofranquistas del poder, indignados por que el comunicador no acataba las órdenes que le querían imponer, decidieron reventar su labor quitandole los patrocinadores y haciendo que grupo Radio Centro (grupo de medios al cual pertenecía Monitor), le negara -o atrasara-, el pago de adeudos.
Este tipo de censura empresarial (asfixiar a un medio incómodo quitandole el flujo monetario), es usual en los regímenes autoritario-empresariales: técnicamente, es legal, (nadie puede obligar a una empresa a patrocinar a nadie), pero es ilegítimo y cobarde de parte de un gobierno que se define a sí mismo como "garante de la libertad de expresión"
La caída de Monitor muestra, por un lado, la integridad de Gutierrez Vivó (Nada más fácil en México que ser corrompido); por el otro, la naturaleza totalitaria y represora del partido en el poder, al cual no le importa arremeter contra sus anteriores aliados con tal de imponer su proyecto político.

Lo que ignoran, por supuesto, es que la verdad prevalece siempre.
La haremos prevalecer.

Omar Delgado
2007