martes, noviembre 13, 2007

The Lecter files

Notas sobre el caníbal preferido por los niños

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Es probable que dentro de quinientos años (si es que la humanidad aún existe), uno de los referentes literarios más importantes de esta época sea la obra de Thomas Harris (Tenessee, 1940), escritor que se ha especializado en el thriller policiaco. Muy en especial, se recordará a su hijo literario, el refinado psiquiatra que acostumbra comerse a la gente grosera: el impresindible doctor Hannibal Lecter.
Es posible que muchos académicos y escritores "serios" se sientan ofendidos ante tal afirmación. Muchos la consideraran cerca de la blasfemia, pues se tiene la idea de que la obra del escritor estadounidense es supérflua y sin contenido. Yo sostengo que la saga del doctor Lecter tiene una profundidad más allá del simple entretenimiento, y esto es debido a que el personaje ha encarnado al espíritu de toda una época.
En toda la historia de la literatura hay personajes y obras que, a pesar de los ataques que sufrieron en su tiempo, han pasado la prueba de los siglos y se han convertido en símbolos de la sociedad que los vió nacer. Ahí tenemos a Alonzo Quijano, el Quijote de La Mancha, quien es una alegoría perfecta de la decadencia de las instituciones medievales que cayeron bajo el impulso de las del renacimiento. Miguel de Cervantes (1547-1616) fue catalogado como un escritor pueríl por sus contemporáneos (lidereados por el genial, aunque insufrible, Lope de Vega), e incluso, en la época en que la prosa era un género "vulgar", se le calificó de prosáico (de ahí la carga peyorativa del terminajo, pues durante el siglo de oro español, cualquier obra que pretendiera pasar por culta debía de ir en verso).
Otros ejemplos similares los encontramos en Sherlock Holmes, representación del anhelado triunfo de la razón tan buscado por la sociedad victoriana, y en el conde Drácula, que orbíta en el extremo opuesto del detective. El papá de todos los vampiros encarnó en su tiempo el profundo miedo que en el europeo provocaba lo exótico (el Conde provenía de la misteriosa Europa Oriental) y de su atracción/ repulsión por lo sensual y lo abiertamente erótico (se han escrito miles de páginas acerca de la mordida del vampiro como metáfora de la penetración, y de la sangre como alegoría de los fluidos genitales). Ambos personajes, a pesar de que nunca han sido tomados en serio por los miembros de la intelectualité literaria, han tenido y tienen un profundo impacto en la cultura de occidente. En definitiva, son mucho más conocidas las criaturas de Arthur Conan Doyle y Bram Storker que las de, por ejemplo, Henry James o Joseph Conrad, considerados estos últimos escritores de mejor técnica y mérito.


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El caníbal como alegoría

Tiempo al tiempo. Lo mismo pasará con el doctor Hannibal Lecter debido a que es una perfecta metáfora de la sociedad de fin del siglo XX. Giles Lipovetsky (París, 1944), ha catalogado esta época como la era del narcisismo. Para el sociólogo francés son el individualismo, el hedondísmo y una especie de pulsión nilhista dirigida al placer personal los vectores morales que rigen a los ciudadanos del occidente actual.
El doctor lituano es la perfecta encarnación de estos valores. Nacido en tiempos anteriores a la segunda guerra mundial, Lecter proviene de una genealogía de guerreros y señores feudales a cual más terrorífico. Luego de experiencias traumáticas sufridas durante la guerra, Hannibal se nos presenta ejerciendo la psiquiatría en el Baltimore de 1980. El doctor es un hombre refinado, elegante y seductor, quien además goza de una privilegiada inteligencia y de una gran sensibilidad artística. Todo ello no le impide ser también un sanguinario asesino que acostumbra mutilar a sus víctimas para luego cocinarlas y degustarlas en una mesa finamente decorada. Luego de una decena de asesinatos, el doctor Lecter es descubierto y apresado por un agente del FBI llamado William Graham para luego ser encarcelado en una prisión para criminales dementes muy al estilo del Arkham Asylum de universo de Batman.
Thomas Harris desarrolla a su personaje a través de cuatro novelas: El dragón rojo, publicada en (1981), menciona a Hannibal de manera tangencial como aliado/adversario de Will Graham, quien se encuentra a la caza de otro temible asesino serial. En este libro se narra la manera en que el doctor Lecter fue capturado y su relación con el agente. Luego vendría El silencio de los Corderos (1988), en donde el doctor Lecter, ya preso de la justicia, ayuda a la novata investigadora Clarice Starling en la caza de otro siniestro criminal. En esta novela, el lituano tiene mucho más protagonismo, pues además de entablar una relación de mentor/pupíla con Starling, logra escapar de las manos de la policía durante la investigación. Lecter sería luego la estrella absoluta de Hannibal (1999), que cuenta su vida en libertad en los años posteriores a su escape. En esta obra, acertadamente ubicada en Florencia, Italia, el autor norteamericano ahonda acerca de los origenes del personaje y de las posibles causas de su compulsión asesina. De igual forma, es en esta novela en donde se nos presenta a un Hannibal profundamente humano a pesar de su condición de terrible. Hay que decir que muchos lectores no estuvieron de acuerdo con esta explicación del monstruo, pero a muchos otros les pareció acertado el intento de Harris de alejar al buen doctor del tópico del asesino serial común.
Finalmente, vendría Hannibal, el origen del mal (titulada en inglés Hannibal rising), en donde se narran los primeros años del doctor. Esta novela es quizá la menos lograda de toda la saga, pues se nota en el autor un desaliño que no está presente en las tres obras anteriores. A pesar de ello, Hannibal rising da algunas claves interesantes acerca de la enigmática persona del elegante antropófago.


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Celuloide asesino

Es imposible dejar de mencionar que el fenómeno Lecter no hubiera tenido los alcances que tiene sin las versiones cinematográficas que se filmaron a raíz de los libros de Thomas Harris. Hannibal Lecter es una creación tanto de las novelas que lo gestaron como de las películas que se basaron en su figura. Es muy cierto que el cine ha tenido mucho que ver en la construcción de los arquetipos modernos, tanto, que muchas de nuestras figuras culturales serían distintas si a algún director o guionista ocurrente no se le hubiera ocurrido poner elementos de su cosecha. Ahí está, por ejemplo, la gorra de caza de Sherlock Holmes, el cual nunca se menciona en las novelas de Conan Doyle y que es producto directo de las versiones cinematográficas. Por otro lado, muchos siempre pensarán a Drácula en la caracterización de Bela Lugosi, aunque para Bram Storker el conde haya sido más parecido al creado por Francis Ford Coppola y encarnado por el actor inglés Gary Oldman. Por último, podemos mencionar al señor Hyde, al cual se le ha representado en los medios audiovisuales como una criatura bestial y sanguinaria. (Se destaca la cotorra versión de los Loony Toons, el la cual el canario Piolín se convierte en un pajarraco monstuoso luego de tomar la fórmula de Jeckyl) En realidad, Stevenson describe a Hyde como un hombre normal, algo encorvado, incluso más bajo que su alter ego, pero con un rostro de perversidad inocultable.

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Anthony Hopkins interpretando a Hannibal Lecter

Con el Doctor Lecter pasó algo similar, pues gracias a la excelente interpretación que hizo Anthony Hopkins en El silencio de los Corderos (Johnathan Demme, 1994), Hannibal tendrá para siempre, en el inconsciente colectivo, el rostro del actor británico.
En las distintas adaptaciones cinematográficas que se le han hecho a la obra de Harris, han variado los rostros de los personajes que forman lo que podríamos llamar la "mitología" Lecter. Will Graham, Clarice Starling, Francis Dolarhyde, e incluso el propio doctor, han sido encarnados por distintos actores. Sin embargo, a pesar de algunas distorsiones mínimas, el caracter de los personajes se ha preservado. El caníbal lituano ha sido interpretado por Brian Cox, Anthony Hopkins y Gaspard Ulliel. Cox participó en la película Manhunter (1986), en donde da vida a un Hannibal sobreactuado y risible. Hopkins dio vida al psiquiatra en las películas El silencio de los Corderos (1991), Hannibal (2001) y El Dragón rojo (2007). Ulliel interpreta a un asesino en formación en Hannibal Rising (2007).
De todas estas adaptaciones, la que más se acerca al espíriu del personaje es El silencio... en la cual se consolida definitivamente la figura del doctor como símbolo cultural. Hannibal y El Dragón..., a pesar de no ser malas películas, parecen orbitar alrededor de la obra de Demme; más que funcionar como obras autónomas, complementan lo expuesto en El silencio... Manhunter no se puede medir con el mismo rasero de las tres anteriores, puesto que en ella la historia se centra en la caza del asesino conocido como el Dragón Rojo, por lo que Lecter aparece más como elemento folclórico que como un personaje con potencial.
Quizá la parte menos lograda de toda la saga sea el díptico película-novela Hannibal Rising, que narra la juventud del doctor y su génesis como asesino. Voy a permitirme analizarlos juntos, pues es imposible calificarlos de manera independiente; están tan entrelazados el uno a la otra que prácticamente se pueden considerar una obra unitaria. Casi podríamos decir que la última obra de Harris es la perfecta encarnación de cierto tipo de literatura que desde su génesis está pensada para ser adaptada al celuloide.


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Bryan Cox caricaturizando a Hannibal Lecter

Para empezar, Hannibal Rising, el libro, es probablemente la peor que haya escrito el autor de Tenessee (si es que lo escribio él). Se le nota una hechura negligente y descuidada. Además, como bien me lo decía mi amiga Rebeca, la historia no tiene la fuerza de las otras debido a la ausencia de un adversario digno de Hannibal. Desde Aristóteles se sabe que para que una historia funcione, las fuerzas antagónicas al héroe deben ser poderosas y amenazantes. Hay que recordar, por ejemplo, que en El Dragón... el adversario es el imponente y sanguinario Francis Dolarhyde; en El silencio... Lecter se mide tanto con el asesino Jame Gumb como con la agente Clarice Starling; en Hannibal el enemigo es Mason Verger, el enloquecido millonario al que el doctor indujo a automutilarse. En Hannibal rising , en cambio, no existe ningún adversario de esa envergadura, ni siquiera Grutas, el lider de los desetores que se comieron a su hermana, o el inspector Popil, quien lo investiga, son rivales dignos del caníbal.
El libro, más que ser una novela, parece la escaleta de un guión a realizar. En términos narrativos, paradójicamente, la película está más lograda, pues su desarrollo es más verosímil que el de su contraparte escrita. Sin embargo, el filme también tiene grandes deficiencias, pues el final es incongruente con las demás novelas-películas de Harris. Recordemos: El Dragón..., El Silencio... y Hannibal, ordenadas en esa secuencia, cuentan la historia de un Lecter maduro, un psiquiatra de Baltimore que es capturado por el FBI debido a sus crímenes seriales. Si Hannibal rising cuenta la juventud del futuro asesino, no se puede conectar de manera lógica el final de esta película con el personaje que aparece el El Dragón Rojo, simplemente por el hecho de que un asesino buscado por crímenes en la francia de los 50´s NO podría ejercer como psiquiatra en los Estados Unidos de los 80´s.
Por otro lado, la elección de Gaspard Ulliel para interpretar a un Hannibal joven es contradictoria, pues a pesar de que el actor nos entrega una interpretación solvente, no se parece en lo absoluto a Anthony Hopkins. Quisiera conocer al cirujano que cambió el rostro alargado del Hannibal adolescente por el redondo de su versión adulta. En fin, la magia del cine.


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Gaspard Ulliel como un joven Hannibal

Sin embargo si algo hay rescatable en Hannibal rising es el esfuerzo de los autores (tanto del escritor como del director de la película), de llevar al doctor Lecter más allá del cliché del asesino en serie. Gracias a los elementos que da Lady Murasaki, la tía-amante del futuro psiquiatra, es posible ver a Hannibal más como un guerrero de la antiguedad que como un psycho killer; más parecido a algún samurai o guerrero teutón que a Henry Lee Lucas. Hannibal es un refinado combatiente al que se le ha perdido el siglo de las batallas; un Netzahualcóyotl que lo mismo podía escribir hermosa poesía o deleitarse con el aroma de las flores de su jardín que extraer el corazón palpitante del pecho de una víctima del sacrificio.
Así pues, Hannibal sigue. A pesar de las malas adaptaciones, novelas hechas por encargo y pésimas interpretaciones que ha sufrido, el psiquiatra asesino está en camino de convertirse en la encarnación del espíritu de nuestra sociedad, tan sofisticada y antropófaga como el lituano mismo.
Omar Delgado
2007
P.S: No soy el poeta caníbal

Fraude 2007

El trailer de la película de Luis Mandoki aquí:



Omar Delgado
2007

jueves, noviembre 01, 2007

Ensayo de un crímen

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Cartél de la versión cinematográfica de la novela, dirigida por Luis Buñuel


El hombre se llama Roberto de la Cruz y es todo un caballero. Nadie sabe de donde proviene su fortuna, pero vive bien a pesar de su ociosidad. Es un tipo maduro, de buena constitución, y dueño de unos inquietantes ojos de tono ambarino que son un enigma para las damas por las que se interesa. Roberto tiene una inusual suerte en el poker, y algunos buenos amigos entre los miembros de la huevona burguesia de los años cuarenta. Es alguien casi normal, aunque los acordes del vals El príncipe rojo le hagan evocar recuerdos terribles y le provoquen el instinto depredador.

El señor de la Cruz sólo tiene una ambición: ser recordado como un gran criminal.

Rodolfo Usigli (Ciudad de México, 1905-1979), es más recordado por su trabajo como dramaturgo, quizá el más importante de la época posterior a la revolución mexicana. Algunas de sus obras, tales como el gesticulador (1938), aún se consideran paradígmas en las escuelas de artes escénicas y para cualquiera que tenga el deseo de montar una obra dramática. Es por eso que cuando publica su novela Ensayo de un crímen (1944), la crítica la trató como un capricho de un competente dramaturgo al que de repente se le ocurrió escribir una historia de género negro. Sin embargo, al correr de los tiempos, el relato de Usigli ha sido revalorado, y hoy día muchos la consideran su mejor creación (por encima, incluso, de sus obras de teatro).
Usigli utiliza toda su experiencia como dramatugo al escribir el Ensayo..., armando una historia perfectamente montada, que tiene como escenario una ciudad de México que aún oscila entre la ciudad de provincias y la metrópoli de nivel mundial. De igual manera, la sociedad que plasma el autor, entre la cual se mueve Roberto de la Cruz, presenta esta condición híbrida. El novelista nos retrata una comunidad chilanga en la que conviven el extranjero con título de nobleza, el político postrevolucionario, la aristócrata en decadencia, el policía secreto, la damita de compañia (abuela de las escorts), las espigadas princesas de polanco y los tarzanes que bailaban mambo.



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Paradójicamente, la novela no se ciñe a las convenciones del género negro, cuyo máximo paradigma es El halcón Maltés de Dashell Hammet. Más bien, es el estudio de un personaje con profundas contradicciones y con un deseo intenso de trascender. El autor, habilmente, toma los estereotipos de este tipo de novela (la femme fatale, el investigador desaliñado, el torvo y gorilesco delincuente), y los recombina en una historia que orbita alrededor de un protagónico tan oscuro como sugerente. Roberto de la Cruz es un caballero nilhista y amante de los placeres de la vida, sin otra meta que ser recordado como un asesino memorable. Hay mucho de esteta en el señor De la Cruz. Quiere cometer un bello homicidio a la manera del exhaltado por Thomas de Quincy. Primero, trata de matar a Patricia Terrazas, insportable dama de sociedad que se derrite por él. Luego, al afeminado y paranóico conde extranjero. Cuando finalmente comete su ansiado homicidio de manera prácticamente accidental, tiene que luchar para que lo consideren el culpable, e incluso, lo ve reducido a un vulgar crimen pasional que perdona incluso la madre de la víctima.
Roberto de la Cruz puede ser considerado el predecesor del antihéroe criminal actualmente tan de moda. No es un asesino serial a la manera de Hannibal Lecter (aunque más de un lector encontrará vasos comunicantes entre ambos personajes), sólo es un hombre sensible a la belleza, incluso a la que irradía de un cuerpo acuchillado.
Indispensable leerla, así como ver la versión cinematográfica dirigida por Luis Buñuel.
Omar Delgado
2007