miércoles, octubre 25, 2006

El laberinto Del Toro

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Hay que decirlo: Sólo cuatro personas tienen permiso de hacer cine fantástico actualmente: Tim Burton (Indiscutiblemente, el rey), Peter Jackson (Su trilogía de El Señor de los Anillos le da permiso de hacer hasta mamadas como King Kong), Night Shyamalan (Cuya obra es más profunda de lo que muchos pueden apreciar) y (But of course), Guillermo del Toro.
Del Toro, tapatío que tuvo que llevar su talento al extranjero para poder desarrollar su obra, es más apreciado en España o en Francia que en México (Qué raro). Sin embargo, su última obra, El laberinto del Fauno (2005), representa un serio problema para los detractores y envidiosos, pues es simplemente excepcional.

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Una reseña pánica (Con perdón de Jodorowsky)
Ofelia es una niña soñadora que viaja con su madre, Carmen. Van a encontrarse con el Capitán Vidal, su nuevo padrastro. Vidal se establece junto con su familia en una zona boscosa del norte de España con la misión de exterminar los últimos brotes de la guerrilla republicana. Carmen espera un hijo del militar y el embarazo pone en riesgo su vida, en tanto que Mercedes, la encagada del servicio en el cuartel, está involucrada con los alzados. Cerca del molino, el centro de operaciones del capitán, la niña encuentra una ruinas antiguas que la ponen en contacto con el mundo de las hadas.
La película entonces nos muestra dos historias que transcurren en paralelo: la historia de Vidal y su relación con la niña y Carmen y, por otro lado, la peculiar amistad de Ofelia con el fauno. El ser le revela a la niña su verdadera identidad: es la princesa de un reino subterraneo, y le pone pruebas para mostrar su valía. Ofelia cumple con los trabajos que le impone la criatura al tiempo que lidia con su cruel padrastro, para quien lo único importante es el hijo en el vientre de Carmen. Una tercera historia, que amarra al final las dos principales, narra las peripecias de Mercedes y su relación con la guerrilla republicana.
Ofelia lidia con diversos trabajos tanto en el mundo fantástico como en la realidad: El fauno la hace enfrentar a un sapo gigante y a un ogro canibal, bestias que sin embargo no se comparan en vileza al real villano de la historia: El Capitán, un hombre frío y turbio, de gatillo fácil y con el muy saludable hobbie de torturar prisioneros.
Las cosas se complican cuando uno de los guerrilleros cae prisionero y es atendido por el atento Vidal. El doctor del cuartel, quien también ayuda a los rojos, lo mata con una sobredosis de morfina. El militar se da cuenta y, sin importarle el estado de su esposa, acribilla al médico por la espalda. La consecuencia de ello es que Carmen, después de dar a luz, se desangra y muere.
Despues del deceso de su madre, Ofelia es requerida por el fauno para su tercera y última prueba: dar la sangre de su hermano recién nacido. La niña se niega y, mientras los franquistas son atacados por los guerrilleros, Vidal la mata. La película termina con la ejecución de Vidal -al cual Mercedes condena a la muerte última al decirle que su hijo recién nacido no conocerá quien fue su padre-, y con la asención -o descenso-, de Ofelia a su reino.

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El Espinazo del Fauno
Del Toro ha declarado que El laberinto del Fauno es la película gemela de El Espinazo del Diablo (2001), dirigida por él mismo. por lo tanto, no es posible un análisis completo sin comparar ambos trabajos. En ambas producciones se pueden encontrar semejanzas temáticas: El marco de la España Franquista, los protagonistas niños, el entorno aislado, lo fantástico y los antagonistas. En el Espinazo... el protagonista es Carlos, un niño que llega a un orfelinato perdido en la Andalucía. En El Laberinto... Ofelia es una niña apenas mayor que Carlos que llega a un destacamiento militar en las montañas; ambos protagonistas tienen en común la inocencia, la cual será su arma para combatir los embates del destino. En los dos filmes lo fantástico es atemorizante, mas no maléfico: El fantasma de Santi busca venganza, pero no daña a Carlos a pesar de su aspecto. A Ofelia el fauno la pone en peligro con sus pruebas, pero no representa una amenaza. En ambos trabajos de Del Toro el mal, el auténtico, no proviene de lo sobrenatural, sino de lo humano: No son Santi o el Fauno sino la ambición vacía de Jacinto y la mecánica crueldad de Vidal las verdaderas potencias de la destrucción.
Además, como en todos sus trabajos, Del Toro se permite dar a éste sus improntas visuales: los insectos (El hada-insecto), los artilúgios mecánicos (El reloj de de bolsillo de Vidal), los monolitos y las grecas circulares como portal entre dimensiones (Recordar Hellboy y comparar con este filme).
En medio de la desnutrida oferta del cine Hollywoodense en materia de cine de géneros -y en general, de todo-, es refrescante ver un trabajo hecho con tanta pasión y cuidado. Lo efectos especiales son comparsa perfecta a un guión sólido y unas actuaciones solventes. El gordo mejora a cada filme, y conforme avanza, su trabajo se va consolidando, creciendo en calidad y contundencia. Lástima que Del Toro y otros talentos como González Iñarritu o Alfonso Cuarón tengan que buscar en el extranjero la oportunidad y el reconocimiento que su país les niega.
P.S. Hablando de los únicos cuatro que tienen permiso de hacer cine fantástico, quiero pedir un favor, si alguien ve a Terry Guilliam (El que hizo el adefesio ese de Los Hermanos Grimm), con una cámara, por favor rómpale un brazo. Será recompensado.
Omar Delgado
2006

Yo, Peter Parker

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Definitvamente, la pinche vida imita al arte.
Hay una secuencia en la película Spiderman II cuando Peter Parker llega a la universidad después de andar salvando al mundo y se encuentra cara a cara con uno de sus profesores.
- ¿Y la clase? -pregunta el nerd arácnido
- Terminó hace media hora -responde el profesor.
Hoy me sentí el Asombroso Hombre Araña cuando, al llegar a la universidad en la que estudio, me encontré con el profesor con el que hubiera tenido clase de haber llegado tres horas antes.
- No es cuestión de disculpas, sino de urbanidad -me dijo mientras yo me miraba los zapatos.
Y es que quien me lo dijo es Hugo Hiriart, uno de los escritores mexicanos más reconocidos actualmente, además de mi profesor de dramaturgia. Hiriart es un hombre bajito y rechoncho, de voz sutíl y telúrica. Tiene en su haber numerosas obras de teatro y narrativa, además de ser un cotidiano articulista de diversas publicaciones. Hiriart no es un hombre iracundo, sino más bien suave, cómo un temblor que apenas hace oscilar una lámpara.
-Recuerda que todo es disciplina -continuó-, y discúlpame si te lo digo así, pero cómo me dijo un amigo, la distancia entre una joven promesa y un gran fracaso se transita con la indisciplina.
(En ese momento sentía sus palabras como lozas cayéndome en la cabeza, cómo si en verdad fuera el temblorcillo del que habláramos y me estuviera tumbando la casa encima).
- En fin -Concluyó-. Nos vemos el viernes a las cuatro.
Nos despedimos con un apretón de manos. Lo ví alejarse mientras otra de sus frases, que me soltó al mero principio del regaño, me seguía zumbando en la cabeza. "Lo que no te apasiona, no vale la pena que lo hagas". Y recité una vez más la sarta de excusas que tengo para las ocasiones (muy frecuentes), en las que llego tarde a algúna cita: la chamba, el sueño, el tráfico, las arañas marchistas y la divina chingada (Nótese que ninguna de ellas es "Salvar al mundo del Duende Verde)". Y todas mis excusas quedaron bajo los escombros que tumbaron las palabras de Hiriart.
Y yo solo tengo que decirle a Hugo: Gracias.
P.D. Si algún día caminan en las calles de la Ciudad de México y ven a alguien columpiándose entre los edificios, descuiden: No soy yo (Estoy muy gordo para ser el Araña)
Omar Delgado
2006

lunes, octubre 23, 2006

La culpa la tiene Hitchcock

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Siempre es cómodo echarle la culpa a alguien más de nuestros errores.
Mi caso no es diferente. Después de ver una vez más Marnie (1960), del llamado Amo del suspenso, no puedo sino responsabilizarlo por mis fracasos amorosos.
Y es que mi problema ha sido, desde hace algunos años, lo que en cine se llama Misscasting, es decir, la pésima selección de actrices que jugarán el rol de Miss Wolf en la ya choteada película "La vida con el Lobo" (1975). Tengo un "ligero" problema con mis elecciones sentimentales. Lo cierto es que -sin que yo me asuma como paradígma de la salud mental-, me he echado al lomo verdaderos casos clínicos que harían las delicias del doctor Freud. Veamos: una mitómana y embustera, varias neuróticas, dos bipolares, dos borderline con tendencias suicidas, una psicótica potencial (que me regaló una fractura en la naríz con un golpe de cabeza) y varias maniacodepresivas. Me acabo de dar cuenta (hace algunos años y sigo en mi terquedad), que a quien realmente busco es a Marnie Edgar.
Ladrona de corazones y cajas fuertes.
Marnie es una película extraña dentro de la filmografía de Hitchcock debido a que representó varias rupturas en la obra -y en la vida- , del director ingles. Dicho Filme, protagonizado por la hermosa "Tippy" Hedren y el mismísimo Sean Connery, no pudo ser clasificado en ninguna categoría ni género (El pelonson del Hitchcock jugó con ello en un trailer para cine). La película es un filme policiaco, un estudio sobre la presonalidad perturbada, una historia de amor... y más aún. El relato fílmico gira alrededor de la ya mencionada Marnie (Hedren), una ladrona y mitómana compulsiva que tiene el honrado oficio de desfalcar las compañias en donde les dan trabajo. La trabajadora chica llevaba su vida viento en popa hasta que su nuevo patrón, Mark Rutland (El 007), la cacha en la maroma. Mark es un hombre viudo, acaudalado y -pareciera que no-, inteligente. Dejó una carrera en zoología -especializándose en predadores y animales peligrosos-, para encargarse de Rutland Co., la empresa familiar. El buen Mark, al descubrir a Marnie, en lugar de entregarla a la policia para que la entamben, se casa con ella. (Diría una amiga: Eso es quererle joder la vida a álguien)
Pero esto sólo es el principio de los problemas de la pareja. Marnie es frígida. No soporta el contacto físico debido a un trauma infantil. Así que Mark se aguanta todo lo que puede hasta que, en el crucero de su luna de miel, exige sus prebendas conyugales de manera poco delicada. Mark, quien ama "sinceramente" a Marnie, le ayuda a escarbar en su pasado para encontrar la causa de sus perturbaciones, búsqueda que los lleva a enfrentarse a Berenice Edgar, madre de Marnie y prostituta retirada.
Marnie fue una de las obras más criticadas del Amo del suspenso, y se le consideraba, en aquellos sesentas, como uno de sus peores trabajos. Afortunadamente, se ha ido revalorando hasta convertirse en una película que, sin llegar al nivel de Psicosis o Trama Macabra, se considera muy solvente.
El calvo las prefería rubias
Más que la calidad de la pelicula, lo que llamó la atención (y el chisme) fueron los hechos que se dieron alrededor de ella. Hitchcock contaba con sesenta años a la hora de filmara y estaba perdídamente enamorado de "Tippy" Hedren. El director cortejó a su actriz al punto del acoso, y la relación entre ellos se descompuso a tal grado que ambos terminaron la filmación hablándose a través de intermediarios. Hitchcock nunca le tronó sus huesitos a la Hedren -con la que había tomado el papel de tutor y protector, tal y como lo había hecho con otras de sus protagonistas en el pasado). Así que, en venganza, prácticamente destruyó la carrera de la actriz.
La relación entre la Hedren y el director puede leerse a través de la película. La fascinación con que la cámara se posa en el rostro de la actríz, un rostro hermosamente fiero, rostro que bien pudiera ser el de una ménade o una walquiria; el pudor con el que Hitchcock filmó la violación de Marnie; los diálogos entre Mark y su perturbada esposa (que pueden ponerse, con un poco de imaginación, en la boca de Alfred y de "Tippy"), y la final domesticación de la fiera la cual el director sólo pudo consumar en el celuloide.
A partir de ahí, Hitchcock nunca volvió a fungir de Pigmaleón de alguna joven y rubia actríz, y su trabajo se hizo más sobrio. "Tippy" apenas si pudo participar en dos películas más después de Marnie, y Sean Connery demostró que podía sacar adelante papeles más complejos que su protagónico en la saga del cero-cero-siete.
Y para mí la película (que por cierto es la obra de Hitchcock que más me gusta, incluso por encima de las andanzas de Norman Bates), me demostró que debí de estudiar zoología -o de mínimo, psiquiatria-, y que me debí de llamar Mark Rutland. (O de mínimo, James Bond)
Omar Delgado
2006

sábado, octubre 14, 2006

Yo mato (El género de los Psyco killers)

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Del serial killer al serial book
Desde que Thomas Harris escribió su ya mítica trilogía de Hannibal Lecter (The red dragon, The silence of the lambs, Hannibal), las novelas de saicoquillers se conviertieron en todo un subgénero de la novela policiaca. En ellas, ya no es el policia, investigador o forense el centro de la atención, sino el criminal.
Ya mucha tinta y más celuloide se ha gastado en tratar de comprender al asesino en serie, nueva encarnación del mal en nuestra mitología posmoderna. El asesino serial es el nuevo diablo de un mundo secular y descreido, es el que tiene la estafeta de lo incomprensible, es el agente del caos. Si se compara la realidad de dicho personaje con su contraparte mediática será posible ver una disparidad en el hombre. El psyco real en la mayoría de los casos es un ser patético, de inteligencia por debajo de la norma o en ella, con profundas disfunciones sociales y sexuales. La mayor parte de ellos son hombres -pocas féminas, pero las hay-, es impotente, pusilánime, con dificultad para relacionarse con el objeto de sus deseos (sea un individuo del sexo opuesto o no). En general, el asesino en serie mata para que su Yo (poniendonos Freudianos), no se aiga en pedazos, es su jodida manera de ganarse un lugar en el mundo.
Por el contrario, el Psyco Killer (Así, con mayúsculas y en negritas), del cine y de los bestsellers es prácticamente un superhombre en el mejor sentido Nitetzcheniano: culto, inteligente al punto de la genialidad, dueño de un oscuro y terrible atractivo (La fascinación del abismo, ese sentimiento contradictorio que tenemos cuando estamos al borde de un precipicio). Hannibal Lecter, el ejemplo paradigmático, es tan cruel como simpático, es el individuo que muchas personas, en sus noches más secretas, han deseado ser. Ninguno, el asesino de la novela que estamos analizando, va más alla, pues parece un Hibrido entre el doctor Lecter y James Bond.
Yo Escribo
La novela Yo mato, de Giorgio Faletti, a pesar de ser un ejercicio interesante en lo que respecta al desarrollo de personajes, no deja de caer en el lugar común. La historia se desarrolla en el principado de Mónaco, uno de los paises más seguros del mundo. En una estación de radio local se transmite un popular programa conducido por Jean Loup, quien recibe una inquetante llamada de un escucha. El Fan from hell le confiesa su intención de cometer un asesinato; poco tiempo después, aparecen muertos un famoso piloto de carreras y su novia, Arijane Parker, una ajedrecista profesional que para acabarla de amolar es hija del General Parker, poderoso militar estadounidense que tiene derecho de picaporte con el mismísimo presidente de Gabacholand. Dos colmilludos agentes, Frank Ottobre, del F.B.I. y Nicolas Holout, inspector de la policía Monegasca, son asignados al caso. Los asesinatos de Ninguno son, además de sádicos, todo una lección de estrategia, pues sus víctimas son figuras prominentes. Multimillonarios, estrellas internacionales, playboys que sin importar cuantos guardaespaldas puedan pagar, caen bajo su cuchilla.
La historia, a pesar de que hace agua por algunos lados, (La conspiración del general Parker peca de burda), se mantiene por la agudeza narrativa de Faletti, quien no permite un respiro al lector, pues lo lleva a través de una historia en la que lo mismo convergen militares norteamericanos corruptos que buscavidas italianos. Faletti desarrolla con cuidado cada uno de los personajes, lo cual los hace creibles a pesar de que las situaciones sean, en algunas ocasiones, inverosímiles. Mención especial merece Ninguno, personaje multidimensional e incluso agradable. Tan carismático es el muchacho que la novela no pierde interés a pesar de que su identidad es revelada poco después de la mitad del libro. Los policías también tienen una dimensión interesante, sólo que en ellos el autor cae en el tópico de tragedia personal-muerte en la familia-hombre atormentado y rudo rudísimo.
Faletti se permite a través de su narrador en tercera persona deslizar sus propias reflexiones acerca del mundo, la sociedad y la violencia. Opiniones que no enrarecen la lectura a pesar de que, en algunas ocasiones, son inoportunas. Además, sus referencias literarias y cinematográficas son demasiado evidentes. (Incluso hay un diálogo que está transcrito literalmente de la película Chinatown). A pesar de todo, el extravagante autor promete.
Ya veremos su siguiente obra.
Omar Delgado
2006
Pa´que lo lea:
YO MATO
Temas: POLICIAL-SUSPENSO-NOVELA NEGRA
Autor: FALETTI, GIORGIO
Editorial: Grijalbo
ISBN:950-28-0377-9
631 páginas
Peso estimado: 750 gramos

miércoles, octubre 11, 2006

La Bruja de Jules Michelet

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Jules Michelet (París, 1798- Hyères, 1874), es uno de los historiadores franceses más reconocidos. Su clásica Historia de Francia es aún texto canónico para quien quiera adentrarse en el conocimiento del país galo. Michelet, de unos años para acá, ha sido duramente criticado por otros medievalistas por sus métodos poco rigurosos de investigación: generalmente hacía sus estudios de memoria, citando y mencionando libros y documentos que había consultado años atrás. Estas irregularidades no son para nada raras enla mencionada disciplina. Sólo hay que recordar, como ejemplo, que Bernal Díaz del Castillo escribió su célebre Historia verdadera de la conquista de la Nueva España cuando era un anciano, a más de cinco décadas de distancia de los hechos que le tocó presentar como soldado veniteañero.
Quiza la pugna se debe a la concepción que la obra de Michelet sostuvo respecto a la Edad Media. El historiador trató ese periodo oscuro como una edad en donde la ignorancia y la barbárie reinaban. Para él -como para muchos-, el mundo occidental no comenzó su avance sino hasta que llegó el renacimiento. En cambio, otros estudiosos, de entre los que destaca Régis Boyer, han intentado revalorar el medievo presentándolo como un periodo en donde las artes, las ciencias y la vida social tuvieron un avance significativo, interrumpido, entre otros factores, por la catástrofe de la peste negra (1350), que mató en poco tiempo a una tercera parte de la población de Europa.
De acuerdo a los descubrimientos de los detractores de Michelet, los primeros tres siglos del segundo milenio (1000-1300), hubo regiones en donde las ciencias y las artes alcanzaron un gran desarrollo, y donde, al contrario de la creencia popular, ciertas clases sociales como los siervos y las mujeres gozaban de un estatus, si no privilegiado, por lo menos aceptable. Como ejemplos de ello enarbolan a personajes de la talla de Leonor de Aquitania (1122-1204), mujer de gran belleza y poder, mecenas de numerosos artistas y pionera en la emancipación femenina en occidente.
Lo cierto es que la obra en general de Jules Michelet perpetúa la idea de que toda la Edad Media (476-1450), fue un agujero negro en la historia de occidente, una época llena de de hachazos, inquisidores locos, derechos de pernada, barbacoas brujeriles, señores feudales sanguinarios, cruzadas, mujeres objeto, potros, calabozos, catacumbas y monjes perversos y lujuriosos.
Un ejemplo de ello es su obra La Bruja.
La esposa y la hechicera
Michelet comienza a escribir su obra en el invierno de 1861, inspirado por las enseñanzas de su esposa. Años antes, en el invierno de 1853, el historiador se encontraba en una profunda depresión consecuencia del fracaso de la segunda república francesa, y sólo la sensibilidad de su mujer, Athenaïs, lo salva. Ella le enseña a leer el libro de la naturaleza: los pájaros, los insectos, el campo y la armonía natural del mundo, además de que le devela los secretos del bosque y del mar. Michelet, entusiasmado, deja la elaboración de su magna obra, la mencionada Historia... y se consagra al estudio de la hechicería medieval.
La historia de Ella.
El resultado es La bruja. Un estudio de las superticiones en la edad media, un libro que cabalga entre la elaboración literaria y el dato histórico. La obra está dividida en dos libros. En el primero, Michelet abandona el rigor del estudioso y narra, con las herramientas propias del prosista, la historia de la bruja, la hechicera propotípica. Ella en un inicio es la mujer campesina, noble e inocente, casada con el siervo que obedece al gran señor, y se enfrenta a las difíciles condiciones de la vida en la época: la enfermedad, la muerte prematura, la indefensión ante el amo del feudo y los poderosos, eclesiásticos incluidos. Ella recrea las creencias de la religión natural, que durante los primeros tiempos del medievo conviven amigablemente con los preceptos de la religión católica. Para La bruja, cada fuente, cada pozo, cada árbol del bosque tiene un espíritu particular, un daemon en el más puro sentido griego, a los cuales ora y venera al igual que a los santos católicos. Los espíritus no son sino los dioses antiguos, la brava Diana, la tenebrosa Hécate, el cornado Cerunnos, quienes han decidido esconderse en la floresta ante la expansión de la religión de la cruz. Pero, para ella, siguen presentes. Ninguna noche falta un pocillo con leche o miel para que se alimenten, ni una brasa en el hogar para que no sufran por el frío. Ellos, los espíritus, las hadas, las prixis, los elfos, los gnomos la escuchan, son su compañia. A ellos los siente, los percibe en la naturaleza. A diferencia de los santos católicos, son cercanos. No están en el cielo, sino a su alrededor.
La vida para ella y su esposo es más dificil día con día. El señor feudal y su corte se vuelven cada día más agresivos, prepotentes y crueles. Cada mes el impuesto crece para financiar las guerras y un ejercito cada vez más abultado. La pobreza, ya antes invitada en casa, llama a su pariente la miseria. A ello, se aunan las prerogativas cada vez más grandes del amo. La tierra es de él, y por lo mismo, un día decide que la mujer del siervo es una extensión de su propiedad. Ella sufre los ujtrajes, y desesperada, se refugia en sus espíritus. Uno de ellos en particular se le revela. Es el príncipe del mundo. Le enseña las lenguas antiguas, los mecanismos de la naturaleza y la manipulación de los mismos. Ella se vuelve poderosa, y se puede defender, puede proteger a su esposo y a su casa. Pero todo tiene un costo: la antes inocente mujer se corrompe, ahora es orgullosa, impúdica y arrogante. Ya no es la dulce aldeana que el esposo conoce y ama, y por lo mismo, un día él la abandona.
Ahora el antiguo espíritu benévolo no lo es más, se rebela y obliga a la mujer a firmar un pacto. Se convierte en el amo, y ella, en su consorte. Ella obtiene más poder, pero es repudiada. s temida, los demás aldeanos la miran con temor, le preguntan acerca de maleficios, le piden favores especiales, pero en el fondo la tratan como la proscrita que decidió ser. Llega el tiempo de los aquelarres, de la fusión de los cultos antiguos con la nueva religión demoniaca,y ella se convierte en la oficiante, en la papisa de la iglesia nocturna.
La segunda parte de La Bruja, el libro segundo, se acerca más a el estudio histórico. En él, Michelet da cuenta de la creación del Santo Oficio, de la edición del infame Maellus Malleficarium (El martillo de las brujas), y las circunstancias históricas de la caza y exterminio de las hechiceras. Ella ahora tiene una perfecta contraparte en el Inquisidor, hombre religioso, casi siempre dominico, bienintencionado y por lo mismo, terrible. Para él, la tortura que sufre la bruja sirve para purgar su alma; el fuego de la pira, para limpiarla. Así, destrozarla en la rueda o quemarla viva no son para el eclesiásticos sino actos de piedad. Es el tiempo de las denuncias. Los vllanos, aterrados, comienzan a denunciar a sus conocidos antes de ser denunciados ellos mismos. Los juicios absurdos, las declaraciones y acusaciones que rayan en el delirio, el exterminio sistemático de regiones enteras se vuelven la norma.
El historiador galo concluye su obra con la narración de algunos de los procesos más célebres de brujería: Gauffridi (1610), Loudon y Urbano Grandier (1632-1634), Louviers (1633-1647), y el proceso de la Cadière (1730-1731), famosos por sus absurdos, sus contradicciones y sus -casi siempre-, trágicos descenlaces.
La Bruja no puede ser considerado un libro de historia aunque esté basado en documentos de la época. Para escribirlo Michelet deja a un lado la objetividad y se vuelve parte de su texto. Asume un narrador en tercera persona que está presente con sus juicios y sus opiniones en lo que está estudiando. Cuando el lector se adentra en La bruja, ahí está Michelet interpretando los datos, adelantando juicios, escandalizándose por lo que debería de estudiar más sobriamente.
En conclusión, La Bruja es malo como tratado de historia, pero como obra literaria es una delicia.
Referencia Bibliográfica
JULES MICHELET. La bruja. Un estudio de las superticioens en la edad media. Akal ediciones. Madrid. 2004.

domingo, octubre 01, 2006

Julio López

Este cartel se pega a petición del Blguero Jack, cuya casa electrónica es www.jugodeladrillo.blogspot.com

¿Quién es Julio López?

Es un militante de Izquierda Argentino, que fue prisionero durante la dictadura militar, torturado y encerrado en un campo de concentración del régimen de Videla.

Es un hombre que era testigo clave para encerrar a uno de los hombres que lo torturaron.

Es un hombre que desapareció desde el mes pasado.
Es un hombre valiente.

Es un hombre al que exigimos volver a ver con vida.

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