miércoles, diciembre 21, 2005

Crítica de "Diablo Guardián" de Xavier Velasco


DIABLO DE MI GUARDA, DULCE COMPAÑÍA.

Acerca de “Diablo guardián” de Xavier Velasco.

¿No te parezco demasiado gorda para problema, y aparte demasiado flaca para solución?
El dictamen se publicó en febrero de 2003, parco y directo, explica las razones por las cuales se otorgó el premio Alfaguara de Novela 2003 a la obra llamada “Diablo guardián”, de la pluma del mexicano Xavier Velasco. Este dictamen, de menos de media cuartilla, causó una revuelta en el mundo literario hispanoamericano. Las mafias de siempre se volvieron locas, devanándose los sesos para encontrar el porqué un ilustre desconocido como Velasco fue el ganador de uno de los premios literarios más codiciados de habla hispana.
Poco dice la solapa del libro acerca de él: nativo de San Ángel, desertor de ciencias políticas, practicante de deportes extremos (Tal vez la literatura entre ellos), escritor de crónica roquera-noctámbula, peregrino en los terrenos de la publicidad. Previamente el autor poseía tres obras, dos novelas y un ensayo, que formaban un flaco background antes del Alfaguara.
Después de la mención, la novela comenzó a alcanzar una legitimidad más allá del premio: la gente la leía, le gustaba, y la recomendaba. Las librerías pronto agotaban sus estantes de la publicación, y era endemoniadamente difícil encontrarla. “Diablo guardián” alcanzó lo que no se consigue fácilmente, aún con el Alfaguara, el Villaurrutia o cualquier otro galardón literario: el gusto en el lector.
Si se lee el dictamen del premio, el jurado aclara que ha “ …valorado el tratamiento del lenguaje oral al servicio de una narración que cautiva al lector por su dinamismo, gracia y tono picaresco…”, además, dice que la novela “...abre perspectivas originales al presentar los conflictos de lenguaje y cultura que surgen en el encuentro de lo hispano y lo norteamericano, a través de la voz y las peripecias de un extraordinario personaje femenino. …“
En fin, demasiado tentador para dejar de leerlo.



Porque a mujeres como yo no las conoces: las contraes.
La anécdota es sencilla en apariencia: Narra las peripecias de una jovencita de 16 años, llamada Rosalba, y auto-bautizada Violetta, que huye a Nueva York después de robarle más de 100 000 dólares a sus padres. Estos, unas finísimas personas quienes también le habían afanado mencionada lana a la Cruz Roja. Una vez en la gran manzana, después de que su botín se esfuma, Violetta sobrevive enganchando “mariditos” en hoteles, y enganchándose a sí misma con la conspicua doña Blanca (Dama que conoce la gente de grandes aspiraciones). Así se la pasa la chica hasta que un día llega Nefastófeles, falso junior y herdero, y se cuelga de Violetta como maldición. El Nefas, una vez que se gana la confianza de Violetta, se dedica a explotarla aprovechándose de su condición de wet back Cuando la chica se cansa, huye de nueva cuenta a la ciudad de México, y toma chamba de escort (eufemismo para maquillar el concepto de puta de alto nivel). Después de un sangriento incidente con judiciales, en donde casi pierde la vida, Violetta se reencuentra con Nefastófeles, quien la atrapa de nueva cuenta. Nefastófeles, llamado en México Rudy Ferreiro, es ejecutivo en una agencia de publicidad en donde obliga a Violetta a trabajar, ayudado por la finísima familia de ella. Ahí, la chica se dedica a convencer a los clientes potenciales por métodos heterodoxos y horizontales, ganándose el nombramiento de la Licenciada Posturopedic. La familia de Rosalba la mantiene en la casa, y le cobra los cien mil dólares ayudando al “fino y educado” licenciado Ferreriro a mantenerla a raya. Es en la agencia de publicidad en donde Rosalba/Violetta conoce a quien será su diablo guardián: El autodenominado Pig.
El libro está dividido en dos partes: en la primera, Rosalba cuenta su historia desde su escape a la gran manzana hasta su caída en la agencia de publicidad. Esta parte está contada en primera persona. La segunda parte relata la historia del diablo guardián Pig, desde su infancia como niño rico hasta su incursión forzada, a los treinta, en el mundo de la publicidad. La novela comienza con el entierro de Rosalba /Violetta visto por Pig, y después narra el cómo se llegó a este punto. Los capítulos se intercalan: uno para la historia de la chica, el otro para la historia de Pig. La anécdota del sepelio sirve para amarrar al lector, y lo obliga a descubrir la historia de Violetta, y en menor medida, la del diablo guardián.

La vida era un Nintendo inagotable, un pinball sin agujero, una puta ruleta con el imán debajo de mi número…
La construcción de personajes de Velasco es uno de los puntos fuertes de la narrativa. Violetta es una prostituta que se aleja totalmente del lugar común: está más emparentada con el lazarillo de Tormes que con Naná. Desparpajada y directa, Violetta no tiene reparos en poner el dedo en la llaga en los vicios de la clase media mexicana o incluso en parodiarse a sí misma. Nunca es plañidera, ni siquiera cuando está bajo la bota de Nefastófeles. No es un ángel y lo exhibe con desparpajo: es capaz de enganchar clientes en una iglesia, frente a las esposas de estos, o de desnudarse frente al hijo del jardinero de su familia, para que este la ayude en el robo de los cien grandes; a pesar de esto (o quizá por esto), Violetta es adorable, nunca autocomplaciente, nunca hipócrita.
No es posible descifrar a Violetta sin conocer a su familia: media clase, pretenciosa y amiga de lo ajeno. Obliga a sus hijos a teñirse el pelo y a hablar en ingles para parecer gringos, y no tiene reparos en explotar a su hija mayor. Ella se reconoce en esta familia, y acepta esos defectos en su persona: le encanta la lana, no tiene reparos en usar cualquier medio para conseguirla, y es clasista al extremo. Tal vez esto sea uno de los puntos más creibles y disfrutables de la novela: Violetta evidencia con su actitud dos de los defectos más evidentes del mexicano: su adoración por lo extranjero y su irremediable clasismo. Siempre habrá otro por debajo de ti: el clasemediero define como naco al que vive en los arrabales; este le dice chundo a la gente de campo, y esta última se pitorrea del indito del monte. En esta clasificación taxonómica solo hay alguien por encíma de todos: el Quetzalcóatl rubio y ojiclaro, de habla incomprensíble, que llega cargado de baratijas, y a quien se admira y se envídia. Ver esta exhibición de los vicios del wannabe mexicano es como encontrar un enorme barro en la imagen que te devuelve el espejo: desagradable, pero real.
Acerca del diablo guardián, se puede decir que es el último eslabón de una familia de abolengo en decadencia. Sus padres mueren cuando es muy pequeño, y él es adoptado por su abuela, a quien llama “mamita”. Su vicio es escribir, y lo hace con el sigilo del onanista. Tiene amigos, pero éstos no tienen mucho impacto en su vida. Cuando mamita muere, se dedica a dilapidar la herencia familiar, al tiempo que incursiona en la crítica periodística de cine, donde se dedica a dinamitar los filmes sin importar lo dorado del nombre del director en los créditos. Es un provocador nato, nihlista y ausente, a quien se le percibe una gran angustia, apenas disimulada bajo la máscara. A los treinta, llega (con ganas de no quedarse), a la agencia de publicidad donde conoce a Rosalba/ Violetta.
Los demás personajes de Velasco son unidimensionales, debido a que son retratados por dos puntos de vista parciales: Violetta (En la narración en primera persona), y el narrador omnisciente que cuenta la historia de Pig (Que es muy cercano a él). Probablemente este sea el rasgo más débil de la novela, pues salvo la chica y el diablo guardián, los demás personajes carecen de consistencia, y funcionan solo como vehículo para los principales. Si en la novela funcionan, es por la empatía que Violetta causa en el lector, haciendo que éste se crea los personajes sin importar su falta de desarrollo
Mención aparte merece el antagonista: Nefastófeles/ Rodolfo Ferreriro. Este personaje se sale de lo superficial debido a que Velasco supo construir un personaje absolutamente repugnante, y al mismo tiempo verosímil. Violetta describe muy bien su personalidad, y la manera de abordarla, en este pasaje: “...los lambiscones se esmeran como putas menopáusicas para hacerte creer que son muy útiles. Se vuelven herramientas, aparatos, utensilios, lo que sea con tal de que los acomodes en cualquier cajón. Cuando ya están ahí,, se la van arreglando para tomar posiciones.” El Nefas llega casi imperceptiblemente a la vida de una Violetta cocainómana y dealer, y poco a poco toma control de su vida. Aprovecha sus debilidades y las revierte contra ella. En cuanto menos lo espera, él ya la está regenteando. La vida que la chica había ganado se le vuelve cárcel, y tiene que escapar, regresar a México, para sacudirse tamaña sanguijuela del lomo. Lo que nunca esperó Violetta, es que el Nefastófeles reencarnaría en la figura de Rudy Ferreiro, y que la volvería a reclutar a su servicio.
Un rasgo particular del Nefastófeles es su absoluta falta de gusto (que el dinero no esconde, sino más bien acentúa), visible en sus camisas de seda color rosa mexicano y en su costumbre de dar caviar al gato. Es un arribista dispuesto a todo por trepar, y por tanto, creible en la medida en que cualquier lector lo podrá identificar con alguno de sus conocidos.

Una cosa es tragar mierda de vez en cuando,y otra es pedir que te sirvan otro plato.
Muchas cosas son memorables en la obra de Xavier Velasco, no solo los personajes o la situación picaresca. Además, trata ciertas cuestiones sociales de manera muy actual y sincera, tal como el clasismo (que ya se mencionó), o el fenómeno de la prostitución.
Violetta es una suripanta atípica en la literatura: no espera a su redentor, como cualquier Magdalena; no es castigada a la manera de Naná o de Santa; Tampoco es una femme fatale sin entrañas ni matices. Sus razones para entrar al oficio más viejo no son las de siempre: no es por pobreza, ni por engaños, sino su vehículo para rebelarse de un entorno al que sabe que pertenece, pero que detesta. Su discurso es creíble (y eso lo sabe cualquiera que trate o haya tratado con sexoservidoras) porque no cae en los clichés. Violetta no se la pasa flagelándose por sus acciones, ni es un ser sin esperanza. Es vivaz sin ser ingenua, y realista sin ser amargada. Como todas las suripantas, ella elige un nombre-máscara. Llamada Rosalba de nacimiento, escoge ser Violetta, un nombre que su abuelo había definido “de puta”. Pero al contrario de sus compañeras de oficio, ella no usa su nombre “artístico” para esconderse, sino para mostrarse. Violetta es quien ha escogido ser, no Rosalba. (Rosa del Alba: nombre odiado por naco y pretencioso). Así, su nombre-máscara es ella, y su nombre original es el que usa como parapeto.
A nivel narrativo, la novela tiene un acierto en la narración de Violetta: ella está grabando cintas con la historia de su vida para el Diablo Guardián, por lo que su narración es muy oral, suena más como una buena plática que como un escrito bien redactado. Violetta se desvía del tema que cuenta, suelta exabruptos, saca conclusiones, lo cual ocasiona que el lector caiga en el truco: más que leerla, uno la escucha susurrando su vida, obra y milagros. Su narración siempre es creíble, por que Velasco emula muy bien el hábla y la psicología de una chica de veinticuatro años, con inteligencia, pero sin mucha cultura formal: ella nunca citará a Nietzche, pero sí hablará de Superman. Además, su narración no lo hace en un español puro, sino en la lengua de alguien que ha vivido en Estados Unidos. Velasco une los dos idiomas, creando un tercero alejado incluso del Spanglish. Sus “Pochismos” se escuchan fluidos y no molestan.

En los ojos de Violetta cabían todas las enormidades posibles, por eso eran inmensos.
¿Por qué leer a Xavier Velasco? ¿Por qué saber de Violetta, y enamorarse de ella, y querer el puesto del Diablo guardián?
En primer lugar, por que Velasco se aleja de toda pretensión; no echa machincuepas lingüísticas ni malabares literarios para recibir el aplauso de los de siempre. Él simplemente realiza un labor que a muchos escritores se les olvida: contar una historia.
Velasco no suelta netas, simplemente cuenta situaciones; no predica, pero a través de sus personajes y las aventuras de estos el lector se involucra, saca conclusiones, asiente con una sonrisa, se vuelve cómplice.
En segundo lugar, por que su prosa es adictiva. No se lee: se inhala, se esfinta. Su ritmo es trepidante, y lleva al lector de Nueva York a México, de la quinta avenida a los arrabales neoyorquinos, de una fiesta de narco-tiras al tédio de una agencia de publicidad. El ritmo recuerda mucho la novela beatnik, en especial a On the road, de Jack Kerouac. Violetta es una beatnik posmoderna, que narra rapeando, así como los beats narraban a ritmo de Bop[1].
En tercer lugar, por que critica sin criticar. Pone en la picota los vicios de una sociedad mexicana que mira hacia el norte como el Musulman a la Meca, al tiempo que desdeña lo que tiene al sur. La historia es actual y uno la reconoce por que Violetta encarna las dos condiciones que el libre mercado trata de imponer a los habitantes del mundo: hablar ingles y ser puta.
En cuarto lugar, por que Velasco recrea frases hechas, lugares comunes, y las vuelve memorables. Los subtítulos de este escrito son solo algunos ejemplos de ello.
Y en quinto lugar hay que leerla por que es la mar de divertida.

Ser puta es como bailar: es cuestión de agarrar el ritmo

Para finalizar, agrego dos fragmentos particularmente memorables de la novela “Diablo guardián”.
Ejemplo de narración de Violetta:
“¿Cómo quieres que empieze? Daddy had a little lamb? Soy oveja, ya sé, mi destino es vivr entre el rebaño. Pero eso sí: primero negra que mestiza. Mís papás son ovejas mestizas, yo salí negra y con modales de cabra. Soy la verguenza del rebaño, y en eso estamos más que correspondidos. Por mí, ni los conozco. Soy el cordero que le saca lo cerdo al buen pastor, pero también lo buen pastor al cerdo ¿no te parece lógico que a mi diablo guardián le digan Pig? “

Parábola del buen postor.
“Había una vez un buen pastor, que un día se escapó con la oveja más negra del rebaño. Nadie podía explicarse como un hombre tan bueno se había dejado seducir por aquella putilla de mala entraña. Cierta vez sus antiguas ovejas, que por supuesto eran todas mestizas, los vieron bajar juntos de un corvette amarillo . Cuando le preguntaron de donde había sacado ese coche tan lindo y tan cabrón, el pastor les contó que se había ganado el dinero apostando la lana de su oveja negra, y ellas, claro, se derretían de rencor, por que sabían que nunca en sus re corrientes vidas iban a tocar un coche tan lindo y tan cabrón. Pero se equivocaban, por que al siguiente día vino el corvette y las atropelló, por envidiosas. Mientras sus almas de borrego rascuache se elevaban al cielo se escuchaba una voz en la tierra diciendo: yo soy el buen postor, quien apueste por mí no volverá a ser prángana “
[1] Un tipo de blues muy popular en los años 50´s

sábado, diciembre 03, 2005

La última de Cronenberg: una historia de violencia.



Es inusual ver en las famélicas salas de cine en México al ,mismo tiempo, dos películas de dos maestros del cine, en este noviembre.diciembre del 2005 tenemos el honor de ver a David Cronemberg y Roman Polansky compartiendo marquesina. (Aunque claro, para ver tan notable maravilla tendremos que conformarnos con ver también bodrios como Doom: puerta al infierno o En tus Zapatos). El segundo con una versión de la novela de Charles Dickens, Oliver Twist, y el canadiense Cronemberg con un filme en apariencia sencillo: A history of Violencie.
Una constante temática en la obra de Cronemberg son las transformaciones, desde las físicas, cómo en su remake de La mosca, hasta de consciencia y gustos sexuales, como en la inquietante Crash. El director canadiense ya nos metió en la mente de un ezquizofrénico con su obra anterior, Spider, y ahora, con Una historia Violenta (A history of Violence, en su título original, extrañamente no mancillado por las distribuidoras), nos mete en la visión de una sociedad enferma.
La anécdota es sencilla: un hombre común llamado Tom Stall, padre de familia caroñoso y esposo amante, tiene una cafetería en algún pueblo perdido de los Estados Unidos. Un día, a dicha cafetería, llegan dos asesinos a sangre fria que tratan de asaltar en changarro de Tom. Para sorpresa de todos, el apacible hombre despacha a los dos criminales con una facilidad pasmosa y se convierte, muy a su pesar, en héroe y celebridad local. Pasado este acontecimiento, llegan al pueblo un trio de mafiosos comandados por el padrino Carl Fogarty que aparentemente conocen muy bien a Tom, y develan que la aparente capacidad innata de Tom para el asesinato tiene una razón, pues es el tranquilo y bondadoso Stall tiene un pasado y un nombre: Joe Cusak, mafioso de la ciudad de Filadelfia y criminal sádico.
Esta historia, en manos de cualquier otro artesano Hollywoodense, pudo derivar en un bodrio protagonizado por Vin Diesel o Silverter Stallone (A Arnold ya no lo metemos por que está ahorita de gobernador cazamigrantes). Pero Cronemberg es un realizador demasiado inteligente, y deriva la historia hacia una crítica de la sociedad americana, tan enferma o más de lo que dice condenar.
Dentro de la historia, es evidente el esfuerzo que ha hecho Tom Stall por dominar su pasado. De ser un mafioso sanguinario, hermano de uno de los godfathers de Filadelfia, se convirtió a fuerza de voluntad en un hombre sencillo, mediocre incluso. Así, el expectador crea empatía con Stall/Cusak, y le rsultan dolorosas las muestras de rechazo que hacia él tiene su familia: las recriminaciones del hijo Jack, la repugnancia de Edie, esposa de Tom y la indiferencia del pueblo que antes admirba al apacible Stall. Este rechazo es lo que obligará al hombre a regresar a Filadelfia y enfrentar a Richie Cusak, su hermano, con el fin de dominar, de una vez por todas, a su mounstro interno.
A pesar del tono, siempre sobrio, que le imprime Crónemberg y los actores a la historia, la ironía siempre está presente, y ella está en la situación misma. Para una sociedad cuyo promueve invasiones y crímenes a lo largo y ancho del mundo, cuyo ejercito es la fábrica de sociópatas más grande, cuyo poder económico y político se hizo hombro a hombro con la mafia (¿Quién construyó Las Vegas?), es intolerable que uno de sus vecinos, que uno de sus integrantes tenga un pasado. Para una famillia que ha conocido a Tom Stall durante quince años de pronto les resulta insoportable Cusak, el alter ego del padre de familia. Tom Stall ha hecho cosas de las que se arrepiente, y ha pasado la mitad de su vida tratando de redimrse viviendo una vida simple. Ahora, tendrá que llamar a su bestia, a Joe Cusak, si quiere conservar a su familia, y sobre todo, conservar su cordura.
Más que una anécdota del "mi papá no es quien dice ser", la película de Crónemberg es toda una tesis sobre la naturaleza dual del hombre. Todos podemos ser el criminal más despiadado, y el santo más bondadoso. O bien, parafraseando a San Agustín: "Dios y el diablo combaten eternamente en el corazón de caza hombre" y no es negando la parte oscura, ya sea de uno mismo o de una sociedad, como se puede alcanzar la integración.
Mención aparte merece la actuación de Vigo Mortenssen, quien está excelente caracterizando a Tom Stall. El actor se olvida de su papel de Aragon en el Señor de los Anillos y ahora plasma a un hombre que, con una sola mueca, puede erizar el pellejo del espectador.
Sitio Oficial: www.historyofviolence.com
UNA HISTORIA VIOLENTA(A History of Violence) Dirección: David Cronenberg; Guión: Josh Olson, basado en la novela gráfica escrita por John Wagner y dibujada por Vince Locke; Producción: New Line Productions Inc., y Bender-Spink Inc., Chris Bender, David Cronenberg y J. C. Spink; Fotografía: Peter Suschitzky; Música: Howard Shore; Edición: Ronald Sanders; Elenco: Viggo Mortensen (Tom Stall), Maria Bello (Edie Stall), Ed Harris (Carl Fogarty), William Hurt (Richie Cusack), Ashton Holmes (Jack Stall), Peter MacNeill (sheriff Sam Carney), Stephen Machattie (Leland Jones), Greg Bryk (William Orser), Sumela Kay (Judy Danvers) y Kyle Schmidt (Bobby Jordan) EE.UU., 2005, 96 min.
Tomado de: www.revistacinefagia.com, donde los críticos son unos verdaderos hígados, pero saben de lo que hablan.